La realidad de hoy en día, cuando entren en servicio, estas patrulleras quedarán integradas en un nuevo grupo dedicado a la patrulla y defensa de superficie, una solución con la que Japón busca cuadrar una ecuación cada vez más incómoda: más misiones, más espacio marítimo que cubrir y menos margen en personal. Ahí está, precisamente, una de las claves de la clase Sakura, que no se trata sólo de sumar cascos, sino de liberar a unidades mayores de tareas de presencia cotidiana y vigilancia persistente.