La Agencia Europea de Defensa juntó el 15 de enero a Bélgica, Chipre, Grecia, España, Italia, Países Bajos y Portugal, junto con constructores navales, para debatir el diseño, las necesidades y los próximos pasos de un futuro Buque de Combate Europeo, materializándose en una nueva familia de fragatas. La reunión se celebró tras una carta de intención firmada a finales de 2024, en un momento en que las armadas europeas se enfrentan al envejecimiento de sus flotas, a tecnologías obsoletas y a entornos marítimos cada vez más congestionados.
Los siete Estados miembros participantes aspiran a que las nuevas fragatas estén listas para entrar en servicio en la década de 2040, con la posibilidad de que otros países de la UE se unan a la iniciativa. El Buque de Combate Europeo está diseñado para responder a una amplia gama de deficiencias navales, desde el control submarino y del fondo marino hasta la ciberdefensa, la defensa antimisiles y las operaciones con sistemas no tripulados y autónomos.
Como es habitual el pisto de siempre ya que el Buque de Combate Europeo no se concibe como un solo buque, sino como una familia de buques que comparten tecnologías comunes, aunque varían en tamaño y configuración para satisfacer las necesidades nacionales y específicas de cada misión. Mediante un enfoque de sistemas a casco, se espera que los buques también funcionen como centros de mando flotantes, capaces de coordinar buques, aeronaves, drones y personal durante las operaciones.
Francia ya anunció que no se suma a esta iniciativa.
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