Más allá de las cosas que hacen Pum...
Durante décadas, en Europa nos creímos un cuento muy bonito: que la globalización era solo un mercado, que China era simplemente nuestra fábrica barata y que la tecnología no tenía ideología. Tres errores que han resultado suicidas. Mientras Occidente celebraba la apertura de fronteras, en Pekín construían en silencio una auténtica estructura de poder. No necesitaron tanques; les bastó con meterse en nuestra industria, nuestra energía, nuestros datos, nuestros coches. Se infiltraron, literalmente, dentro de nuestras decisiones)
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