Y cada año hay que recordarlo..
23 de julio de 1921. Más de 600 jinetes, la mayoría campesinos analfabetos cuyas familias no tenían las 2000 pesetas que costaba ser soldado de cuota y eludir el servicio en África, escucharon las palabras del jefe de la Plana Mayor de su Regimiento, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera quien estaba al mando por haber caído el coronel Manella en la salida de Annual:
“¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada uno cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas, dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos!”
Debían desalojar enemigos de unas laderas sobre el río Igan, para que una columna de supervivientes de Annual pudieran cruzar sin ser masacrados. Los escuadrones desplegaron en línea para cargar contra los fusiles y ametralladoras rifeñas.
Aquellos muchachos, a los que les habían nombrado a sus novias y madres, se prestaron para cargar, y lo hicieron con el empuje de tener compañeros galopando a tu lado, lo hicieron con el ejemplo de sus jefes de Escuadrón a la cabeza.
Cargaron tantas veces como se les ordenó, las últimas cargas al paso porque los animales, heridos o reventados, ya no podían galopar. Cargaron los jinetes, el médico, los 3 veterinarios, los practicantes y la docena de chiquillos de la banda de cornetas del Regimiento.
El Regimiento dejó de existir, 526 hombres encontraron la muerte aquel día, realizando un gesto de generosidad supremo, porque nadie da más que quien da la vida por los demás. Se sacrificaron por sus compañeros, demostrando que el heroísmo de unos pocos puede salvar la vida de otros muchos.
Nadie pudo decir jamás que fueron unos cobardes.