Algo tendrá el agua cuando la bendicen, los primeros en acudir bajo el ala de la OTAN, fueron sus antiguos vasallos, les faltó tiempo, por algo será, quizás una experiencia traumática del 45 al 91. Nadie sabía como iría la cosa y rápidamente buscaron cobijo y sinceramente no se les puede reprochar que tuvieran miedo.
Y visto el comportamiento en cuanto su situación interna empezó a despejarse, todos los que se vinieron a amparar pensaron que hicieron lo mejor.
El problema ruso es pensar que los vamos a atacar, y solo leyendo los periódicos occidentales y con la información que le pasaran sus diplomáticos, se darían cuenta del happy flowers en que se convirtió esto, claro que lo sabía, y le importa una higa al actual Zar y su pandilla, el típico enemigo externo, cuando tienen graves problemas en casa y además saben que ya no pintan tanto por el mundo. Y si antes iba el tema por las ideologías, en 1991, se puso de manifiesto que la cosa no funcionaba y la desbandada posterior fue un ejemplo para el mundo de que Rusia ya no tenía nada que ofrecer.
Yo pensé inicialmente, que se podría abrir otra era y un entendimiento con ellos. Pero en menos de once años me convencieron que no admiten la situación y vuelven a ejercer una política de abarca y devora sin tapujos y sin la careta de la ideología.
Independientemente de que unos seamos más que otros, los considero un país inestable, con la arrogancia y fuerza suficiente para llegar a un enfrentamiento, apoyándose en que si las cosas se tuercen siempre les queda la amenaza nuclear.