Estoy de acuerdo con algunas cosas y menos con otras. Es cierto que el proyecto inicial era franco-alemán y que solo debía abrirse una vez sentadas unas bases sólidas. Fueron los alemanes quienes insistieron en incluir a España. Al principio, si no me equivoco, el Gobierno español quería a Indra y a la empresa de los motores ITP o TP algo así (no recuerdo el nombre). Al final, nos encontramos con Airbus, que dice: ¡ah, pero no! Ahora somos dos, Airbus Alemania y Airbus España. Fíjate en que no son ni el Gobierno español ni el alemán los que hablan, es Airbus. Mi análisis es que Airbus ha jugado así para parecer más importante que Dassault, ya que 30 + 30 es más que 30. Es manipulación. En sí mismo, no sería grave, si no fuera porque los dos 30+30 son menos competentes para construir un caza, sencillamente porque nunca han diseñado un caza por su cuenta, no poseen las tecnologías ni un fabricante de motores.
Uno puede refirse al Eurofighter como la séptima maravilla del mundo. La realidad es que resultó difícil poner de acuerdo a los socios para desarrollar este avión y que, sin los ingleses, no existiría. Que el reparto de tareas ha acarreado sobrecostes: multiplicación de las cadenas de montaje, que funcionan a ralentí o están directamente paradas, y todo lo demás va en la misma línea. Finalmente, los socios desarrollaron dos radares diferentes. Desde el punto de vista de los británicos, había cierta lógica: el Eurofighter como interceptor (consiguieron lo que querían), luego el F-35, y lo mismo para los italianos; y ahora, probablemente el Tempest para apoyar al bombardero F-35 y tomar el relevo del Eurofighter (¿entonces el Tempest, cazabombardero o más bien interceptor?). Para los alemanes y los españoles, la cosa está mucho menos clara. Por cierto, en la práctica, ¿cuáles han sido los beneficios reales, tecnológicamente hablando, para España?
Si analizamos la cuestión del FCAS sin tener en cuenta el contexto, no se entiende nada. Hay que considerar la estrategia alemana en su conjunto. Sí, es cierto que es uno de los países más dependientes de EE. UU., forma parte de su ADN desde el final de la guerra (quizá también sea el caso de España, en parte, desde 1953). Probablemente los alemanes piensen (ilusión) que Trump es una mala racha que hay que superar (dos años más) y que EE. UU. volverá a la normalidad después. Sin duda también esperan el fin de la guerra en Ucrania, para poder volver a hacer negocios, gas barato, etc. Otra ilusión. Mientras tanto, para hacer frente a su crisis industrial, apuestan por su producción de armamento.
Y si quieres mi opinión, no quieren enfadarse con los franceses diciendo las cosas claramente, sino que «marean la perdiz…»; es evidente en el programa de los carros de combate: Marte es un club de clientes del Léo, para vender el sucesor.
Porque, es cierto, los franceses tienen una visión política, la Europa de la defensa y bla,bla,bla, más que industrial, y esto es muy visible con el Sr. Macron.