¿Qué pasa entre Colombia y Venezuela?

Todo sobre lo conflictos militares actuales o de otras épocas

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Notapor Remula el Sab Mar 08, 2008 5:56 am

Los presidentes de Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua dieron por superada este viernes la crisis desatada tras la incursión colombiana a territorio ecuatoriano, lo que desvaneció los temores de una escalada bélica en América Latina, durante la cumbre del Grupo de Rí­o.
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Notapor Pablo el Sab Mar 08, 2008 10:21 am

Desde luego muy buenas noticias Remula, porque la cosa no pintaba nada bien.



Saludos.-
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Notapor blitzkrieg el Sab Mar 08, 2008 6:06 pm

afortunadamente la situación no se salio de control, reino la cordura entre los presidentes.

latinoamerica 1 - los que nos quieren ver desunidos 0 :wink:

saludos
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Notapor M-16 el Sab Mar 08, 2008 8:06 pm

Hola

Me alegro que todo se haya solucionado.

Pero no se si os habeis fiajdo en la cara del presidente de Ecuador, la cara que ha puesto cuando le ha dado la mano a Uribe.Parecia que lo iba a matar con la mirada.

Todo se ha solucionado afortunadamente por sentido comun,por presiones internas o externas o lo que sea.

Pero al presidente de Ecuador con la cara que puso al darle la mano a Uribe no creo que haya quedado todo zanjado para el.


Creo que si por él fuera y si tuviese el potencial militar adecuado las cosas hubieran sido muy dierentes.

Pero todo ha quedado ahi.Lo unico que quedara de esta crisis es el odio que el presidente de Ecuador le tiene a Uribe.
M-16
 

Notapor blitzkrieg el Sab Mar 08, 2008 10:23 pm

si, el presidente Correa aun estaba arrecho, eso es algo que no se va a borrar de la noche a la mañana.

saludos
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Notapor Remula el Mié Mar 12, 2008 8:40 pm

Yo me alegro de que todo salio bien pero no dudo que miestrastanto esten los mismos precidentes en el poder este peo se quede asi a lo mejor en 1 año o meses sale otra vaina y quedamos otra ves arrechos ya estamos acostumbrado a esos peos...
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Notapor A.M.E. Nº 4 el Vie Mar 14, 2008 9:12 pm

Israel en Latinoamérica

Para conocer detalles acerca de la incidencia militar de Israel en los paí­ses latinoamericanos consultamos a Efraí­m Davidi, profesor de Historia de América Latina, vinculado a la Universidad de Tel Aviv, quien ha investigado en profundidad el tema.

Radio Nederland: La eliminación de un alto jefe de las FARC en Ecuador ha creado una situación explosiva en la zona. Colombia dio un paso drástico al actuar más allá de su frontera. ¿Considera usted que esto tiene que ver con la asesorí­a que ex militares israelí­es de alto rango brindan al Gobierno de Álvaro Uribe?

Efraí­m Davidi: La asesorí­a que ex militares o altos oficiales israelí­es brindan a Colombia no es un secreto. No creo que una decisión de este tipo haya sido tomada por un alto oficial israelí­. El Ejercito de Colombia tiene suficiente experiencia en la lucha anti subversiva como para decidir sólo lo que hacer. Me parece que para decidir realizar un ataque en territorio vecino se debe tener algún tipo de conocimiento del alto mando y del Presidente de Colombia. Es cierto que Israel ha vendido armas, y que el ministro de Defensa de Colombia viaja en muchas ocasiones a Israel, pero no creo que un oficial israelí­ esté dando órdenes o explicando qué hay que hacer y qué no.

R.N: ¿Por qué piensa usted que hay asesores militares israelí­es en Colombia?

E.D.: Primero, hay que entender que Israel vende armas a Colombia, y que, desde hace muchos años, Colombia, Israel y Egipto son los mayores receptores de armas norteamericanas. Por lo tanto, desde el punto de vista polí­tico, en el marco de la visión norteamericana del mundo, existe algún tipo de coordinación entre Israel, Colombia y Estados Unidos en los planos estratégico y polí­tico, pero también en lo militar. Por otra parte, algunos sectores en Colombia han recurrido a los servicios de ex oficiales de la reserva de Israel para todo tipo de acciones, incluyendo los grupos de las autodefensas, que son en realidad grupos paramilitares de extrema derecha y que ayudan a ganaderos o grandes hacendados.

RN: Justamente por eso tenemos el antecedente de Yair Klein, ex teniente de la reserva israelí­ que fue detenido por Interpol en Rusia, y será extraditado a Colombia. Después de esa experiencia, ¿cómo se explica que vuelvan a contratar y asesorarse con militares israelí­es?

E.D.: En primer lugar, porque hay, al parecer, mucho dinero de por medio y gente dispuesta a pagar por ese servicio. En segundo lugar, se debe tener en cuenta que, desde el punto de vista israelí­, sin el beneplácito del Ministerio de Defensa, nadie puede otorgar servicios de este tipo, vender armamento o asesorar a ejércitos o personas extranjeras en el campo de la seguridad militar. Este ministerio tiene una División llamada CIBAT, que se ocupa tanto de la exportación de armas como de las cuestiones de asesoramiento, y, de acuerdo a la Ley, todo israelí­, hablamos de altos oficiales, debe obtener el visto bueno del Ministerio. Se trata de un proceso formal, es todo un tramite con el que se concede una aprobación que no posee mero carácter formal, sino también de tipo polí­tico. ¿Por qué? Acabo de explicar que Israel vende armas a Colombia, justamente en estos dí­as, 24 aviones militares. Pero, hace un año y medio, Venezuela quiso comprar armas a Israel, repito, la Venezuela de Hugo Chávez quiso comprar armas por una suma mucho mayor a la involucrada en la transacción con Colombia, lo que, desde el punto de vista económico, significaba mucho más beneficios. Entonces, para Israel hubiera sido mucho más lucrativo venderle a Venezuela que a Colombia. No obstante, el Ministerio de Defensa israelí­ torpedeó esta venta en relación con un veto norteamericano. O sea, Israel no vende armas a ningún paí­s que tenga algún tipo de incompatibilidad con los intereses de Estados Unidos en Asia, África o América Latina. Más aun, Israel vende armas en lugares en los que, en relación con derechos humanos, Estados Unidos no puede vender armas abiertamente. En otras palabras, estas ventas de armas están subordinadas a intereses estratégicos norteamericanos, porque, evidentemente, Israel no tiene ningún tipo de interés estratégico en América Latina. Esas jugosas ventas de armas no obedecen exclusivamente a una lógica económica, sino que también benefician a Estados Unidos.

RN.: ¿Se puede decir que hay una incidencia militar importante israelí­ en América Latina?

E.D.: Si tomamos en cuenta la cantidad de habitantes, Israel tiene la mayor industria militar del mundo, pues sólo cuenta 7 millones de habitantes. Mas si consideramos el volumen de negocios y de producción, por ejemplo, evidentemente Israel no es la mayor industria a escala internacional, sino la norteamericana, seguida a prudente distancia por la rusa.

RN.: Una duda que suscita esta asesorí­a israelí­, particularmente en Colombia, guarda relación con las practicas que utiliza el Ejercito israelí­ en su lucha contra los palestinos, es esto en verdad preocupante

E.D.: En Israel se ejerce algún tipo de control mediático y democrático sobre lo que hace en los territorios ocupados, donde ocurre una flagrante violación de los derechos humanos en general, y en particular los de los palestinos. En América Latina, este control es mucho menos efectivo, y si hablamos concretamente de paí­ses como Colombia, donde la violación de los derechos humanos es tema diario, y donde es muy difí­cil controlar las actividades de los organismos de represión y el Ejército, evidentemente mucha gente puede dar, y da, rienda suelta a todos sus mas bajos instintos, En Israel aún funcionan algunos mecanismos de control públicos, la prensa y el aparato judicial.
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Notapor Remula el Sab Mar 15, 2008 6:00 am

yo veo a colombia un minicampo de guerra de los gringos para entrenarc y probar sus armas, yo no apoyo a los guerrilleros pero eso de bombardear territorios ajenos es grave...
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Notapor Hornblower el Sab Mar 15, 2008 11:50 am

Pues ya me dirás qué armas sofisticadas tiene Colombia que EEUU necesite probar allí­ y no haya hecho en otro parte........ :roll:
"Quien quiera vivir en una sociedad de bien y justicia, venga conmigo; los que quieran casarse con sus primas vayan con Shellvyville."

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Notapor Remula el Lun Mar 17, 2008 7:35 am

colombia ninguna los gringos si y las prueban ahi y en cualquier pais donde exista algun problema...
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Eí­, si...

Notapor juantono carro 001 el Lun Mar 17, 2008 10:08 am

Yo soy más pragmático y reticente, y digo que el que nace burro muere pollino, así­, que creo que esa "cantarina" paz propiciada en un festival cancionero no durará mucho... y si no, ya me lo direí­s.
Saludos.

PD. Creo que si hubiera sido al revés; que Venezuela tuviera el gran problema del terrorismo, Chaves no lo hubiera pensado dos veces y se hubiera colado en Colombia o en cualquier otra nación fronteriza. Amén.
...Aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie...¡Resistiré!...
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Notapor Remula el Mié Mar 19, 2008 7:15 pm

PD. Creo que si hubiera sido al revés; que Venezuela tuviera el gran problema del terrorismo, Chaves no lo hubiera pensado dos veces y se hubiera colado en Colombia o en cualquier otra nación fronteriza. Amén



eso es lo que yo digo si nosotros nos metemos a colombia y bombardeamos ya nos estubieramos matando con ellos pero ellos lo hacen y se hacen los paisas...
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Notapor A.M.E. Nº 4 el Jue Mar 27, 2008 8:56 pm

Hallazgo de uranio evidencia ambición terrorista de FARC, dice Bogotá
Hace 2 horas

BOGOTA (AFP) — El gobierno colombiano asegura que las FARC intentan fortalecer su papel como grupo terrorista internacional tras hallar en las afueras de Bogotá 30 kg de uranio que dijo pertenecen a los guerrilleros, aunque expertos minimizaron la posibilidad de usarlo para hacer daño.

El ministerio de Defensa afirmó que el uranio se encontró el 20 de marzo en una zona rural colindante con Ciudad Bolí­var, un conjunto de barrios pobres en el suroeste de Bogotá habitado por más de 500.000 personas.

"La muestra fue enviada a los expertos del (estatal instituto geológico) Ingeominas" y el martes "se confirmó que se trataba de uranio empobrecido", dijo el comunicado del ministerio.

Pero Mario Ballesteros, director del Ingeominas, dijo que recién el fin de semana esa entidad podrá certificar el grado de radioactividad de la sustancia. "Estamos analizando en qué condiciones está y que caracterí­sticas tiene", precisó.

Ballesteros subrayó que la sola presencia de uranio empobrecido no constituye un riesgo directo para la población.

El uranio empobrecido es un subproducto del enriquecimiento y del reprocesamiento de uranio. Tiene baja radioactividad y entre sus aplicaciones militares sirve para fabricar proyectiles capaces de penetrar blindajes e inflamarse luego.

Como hipótesis, también podrí­a usarse para una "bomba sucia" que dispersarí­a contaminación radioactiva y provocar cáncer en las personas, aunque "nadie puede saber verdaderamente la eficacia real de un artefacto semejante", según Georges Le Guelte, experto del Instituto de Investigaciones Internacionales y Estratégicas de Parí­s.

Pese a esas opiniones, las autoridades colombianas consideran muy grave el hallazgo.

"Las FARC están dando pasos fundamentales en el mundo terrorista para inscribirse como un gran agresor internacional, global", sostiene el general Oscar Naranjo, director de la policí­a, uno de los primeros en denunciar que la guerrilla más antigua de América Latina intentaba hacerse de uranio para explorar sus usos militares.

"No estamos hablando de una guerrilla doméstica", agregó. Por ello "neutralizar la actividad terrorista de las FARC (...) debe ser un interés continental", dijo.

El uranio fue encontrado menos de un mes después de que el gobierno mencionó que habí­a hallado documentos que mostraban que la guerrilla intentaba comprar esa sustancia.

Según el gobierno, los documentos estaban en uno de los computadores recogidos tras el ataque en territorio ecuatoriano el 1 de marzo que mató al número dos de las FARC, Raúl Reyes.

Según el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla, la operación que llevó al uranio fue posible gracias a dos informantes cercanos a un guerrillero conocido como "Belisario", al que Reyes habí­a "encargado de conseguir el material radioactivo".

A comienzos de marzo, el vicepresidente colombiano Francisco Santos habí­a denunciado ante la Conferencia del desarme de la ONU reunida en Ginebra que las FARC buscaban negociar material radioactivo "para generar armas sucias de destrucción y terrorismo".

Pero la dirigencia rebelde calificó de fantasí­as esas aseveraciones en un comunicado emitido hace dos semanas, tras subrayar que "sólo paí­ses desarrollados como Estados Unidos y otros tienen condiciones y tecnologí­a requerida para procesar uranio, y no una guerrilla que aún pelea por la dignidad de un pueblo con fusiles y hasta con palos".
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Notapor Remula el Dom Mar 30, 2008 12:07 am

como les dije unos comentarios atras, la llama esta prendida y no falta mucho para que se prenda otro problema y nos libre dios si entran mas paises:::
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Notapor A.M.E. Nº 4 el Dom Mar 30, 2008 7:27 pm

Zona FARC La ley de la selva

Esto es un viaje a la intimidad de la guerrilla más antigua de América Latina. Un fotógrafo les acompañó en sus operaciones en la selva colombiana y fue testigo de sus manejos

REPORTAJE

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE

Esto es un viaje a la intimidad de la guerrilla más antigua de América Latina. Un fotógrafo les acompañó en sus operaciones en la selva colombiana y fue testigo de sus manejos con la cocaí­na, su principal fuente de ingresos junto con los secuestros. Uno de los más importantes escritores de Colombia relata la actualidad de un grupo terrorista que cada vez se encuentra más solo en el mundo.

A los soldados, a los marineros e incluso a los cuatreros les concedí­a el doctor Johnson “the dignity of danger”, la dignidad del peligro. Quizá ésta sea la única dignidad que todaví­a conservan en Colombia los guerrilleros de las FARC: la de poner cada dí­a en riesgo su vida. Surgida hace 44 años (el 20 de julio de 1964 es la fecha oficial del bautizo) como una milicia de campesinos acosados y desesperados, este grupo armado evolucionó hacia una guerrilla marxista en los setenta y ochenta, pero luego sus ideales se han venido degenerando hasta llegar a la miseria ideológica de hoy. Si uno lee sus comunicados, de una sintaxis tan confusa como su pensamiento, difí­cilmente entiende sus propósitos. La pobreza del discurso, además, se acentúa por la degradación de sus métodos de lucha, que incluyen la práctica del secuestro, el tráfico de cocaí­na, el asesinato de civiles, los atentados terroristas a torres de energí­a, a pueblos e incluso a templos y escuelas, el reclutamiento de menores y la explotación de niñas y mujeres en trabajos sexuales y serviles.
Su discurso, fuera de unos eslóganes repetidos que parecen espectros de la guerra frí­a, no ha podido revitalizarse ni siquiera con la reciente inyección chavista de supuestos ideales bolivarianos. El barniz que les ha querido dar el fogoso presidente vecino (Hugo Chávez, que después de su pelea con Uribe se declaró amigo de las FARC y hasta homenajeó con un minuto de silencio al “comandante Raúl Reyes”, caí­do en un bombardeo del ejército colombiano) no les ha servido para aumentar su popularidad en el paí­s. A pesar de las tremendas injusticias y desigualdades de la realidad colombiana -un paí­s donde el 50% de la población vive en la pobreza-, la base social de la guerrilla es mí­nima, y el apoyo que este “Ejército del Pueblo”tiene dentro del pueblo real está más cerca del cero que del 3%. Los pobres surten, sí­, su mano de obra, pues siempre hay muchachos que quieren recibir una paga por cualquier oficio; pero no hay base social de las guerrillas ni entre los pobres colombianos: casi nadie las apoya, y hasta el partido polí­tico más a la izquierda -el Polo Democrático- condena con vehemencia sus formas sanguinarias de lucha.

Paradójicamente, no es la pobreza de Colombia la que alimenta nuestra guerra, sino las inmensas riquezas naturales del paí­s. Pueden citarse algunos casos emblemáticos: una empresa como Chiquita Brands (la de los bananos, la antigua United Fruit Company) ganaba tanto dinero en el paí­s que podí­a permitirse pagar impuestos de guerra al Estado, financiar a los paramilitares -por lo cual ya ha sido condenada en tribunales norteamericanos- y pagar vacunas a la guerrilla. Algo muy parecido ocurre con terratenientes y compañí­as petroleras. Los primeros han pagado secuestros a la guerrilla, trabajos sucios de vigilancia a los paramilitares e impuesto de patrimonio al Gobierno. Y a pesar de que todos paguen porcentajes a los tres principales combatientes de la guerra, todaví­a obtienen ganancias suficientes para seguir siendo ricos. Con otros negocios ocurre lo mismo: cocaí­na, oro, esmeraldas, ní­quel... La gran riqueza nacional financia a todos los actores de una guerra que, alimentada así­, parece no tener fin.

Pero volvamos a las FARC. Aunque tengan algunos cuadros de apoyo en las ciudades e incluso en el exterior, “la guerrilla más vieja del mundo”es eminentemente rural. Incluso rural es una palabra inexacta, pues, más que rural, la guerrilla de las FARC se ha convertido en una guerrilla selvática. Son las selvas desmesuradas e inextricables de Colombia las que explican que todo el poderí­o militar de Estados Unidos (que entrega a Colombia, después de Israel y Egipto, la tercera ayuda militar más grande del planeta) haya sido incapaz de rastrear el sitio donde se encuentran, por ejemplo, los tres contratistas norteamericanos secuestrados desde hace cinco años en el sur del paí­s. Y es la selva también lo que le da su carácter (salvaje) a este conflicto, porque allí­, al decir de un poeta colombiano, “los hombres aprenden a ser crueles”.

Tampoco un Gobierno como el actual, alérgico a todo acuerdo de paz y absolutamente inclinado a la solución militar del conflicto, que cada año dedica una porción más grande del presupuesto a financiar las Fuerzas Armadas, ha sido capaz de derrotarlas del todo después de casi seis años de lucha sin cuartel. Ha disminuido el secuestro, es cierto; los ha alejado aún más de los centros urbanos y de las carreteras principales; pero la victoria definitiva no parece inminente, a pesar del creciente tono triunfalista de los comunicados del Gobierno. En la guerra de guerrillas, dicen los estrategas militares, el ejército regular pierde si no gana, mientras que a la guerrilla le basta no perder para seguir soñando con el triunfo.

En las últimas semanas, sin embargo, la balanza parece inclinarse con fuerza del lado del Estado. El Secretariado, es decir, la cúpula directiva de las FARC, está compuesto por siete miembros. En el último mes, dos integrantes de esa cúpula han muerto: Raúl Reyes, por una acción “al estilo Israel”de la aviación colombiana en territorio ecuatoriano (en el bombardeo murieron 17 personas, entre ellas algunos simpatizantes mexicanos de la guerrilla), e Iván Rí­os, que cayó por una traición de un guerrillero cercano a él que quiso cobrar la recompensa de dos millones de dólares ofrecida por el Gobierno por su cabeza. Esta práctica de recompensas no deja de tener graves riesgos de degradación del conflicto. El solo hecho macabro de que el hombre que traicionó a Rí­os haya matado también a su compañera y le haya cercenado una mano para demostrar la identidad del muerto revela el grado de degradación de esta guerra tropical. El pago de recompensas, al estilo del Oeste norteamericano, indica que también los métodos de lucha del Estado se están degradando, haciendo perder legitimidad a una democracia que parece estar incluso dispuesta a dejar de serlo con tal de ganar la guerra.

Hasta ahora, la geografí­a colombiana ha jugado a favor de la guerrilla, y no sabemos si estos golpes recientes son el comienzo del fin de las FARC. Hasta ahora habí­a sido casi imposible derrotar a una guerrilla bien entrenada que se mueve en selvas impenetrables del tamaño de Suiza, con ciento por ciento de humedad y cuarenta grados de temperatura a la sombra, infestadas de alimañas y enfermedades (paludismo, cólera, fiebre amarilla, leishmaniasis). Además, aunque el Gobierno colombiano publica cada año cifras crecientes de bajas, deserciones o capturas de guerrilleros, éstos parecen reproducirse como por encanto. Mueren o se retiran muchos, es cierto, pero otros los reemplazan. Cuando en un paí­s abunda la miseria, tampoco escasea la mano de obra barata, incluso la criminal. Gracias al tráfico de cocaí­na y al dinero de los secuestros se les puede pagar una mesada a los guerrilleros nuevos, y esto hace que las FARC, pese a las bajas, cuenten con muchos hombres. Nadie sabe exactamente cuántos son, pues los datos son contradictorios y las cifras van desde 8.000 hasta 30.000 combatientes. Todos estos factores, unidos a la corrupción que existe en las Fuerzas Armadas, hacen que la guerra en estos trópicos sea particularmente dura y larga.

Pero a la dureza del sitio están mejor adaptados los guerrilleros, en general oriundos de esas zonas, y en cuanto a la duración, si algo tiene la guerrilla de las FARC es una percepción parsimoniosa y dilatada del tiempo. Con secuestrados que llevan hasta diez años en las selvas, con una lucha que va para medio siglo (hay guerrilleros hijos de guerrilleros que ni siquiera conocen una ciudad), se entiende que ellos, para quienes la guerra, el secuestro y el tráfico de cocaí­na se han convertido en un modus vivendi, estén dispuestos a darle a su lucha la duración eterna del infierno. Un proceso de paz no parece nada fácil porque la guerrilla no tiene ningún prestigio entre la población civil, y aunque haya entre sus programas reivindicaciones justas (por ejemplo, la reforma agraria), serí­a difí­cil que el Gobierno las aceptara en una mesa de negociaciones. Por paradoja, quizá lo más conveniente serí­a que la guerrilla aceptara convertirse en un nuevo partido bolivariano que midiera sus fuerzas en las urnas, y para esto convendrí­a la intermediación de Chávez, que es vista con odio por la mayorí­a de la población colombiana.

El viajero que venga hoy a Colombia, si se limita a frecuentar ciertos barrios de las ciudades, si va a zonas rurales o a poblados que no estén muy lejos del corazón de casi todas las regiones, no percibirá una presencia fí­sica de la guerrilla. Durante muchos periodos, los mismos colombianos nos hemos olvidado de su existencia, mirándonos el ombligo más o menos civil de las ciudades y campos conquistados. Cerca del corazón no se percibe el temor de un ataque, y ni siquiera ahora se corren graves riesgos de secuestro. Pero si el visitante se aparta, cuanto más se aleje notará que la mano del Estado llega cada vez más débil. Allí­ gobierna la fuerza y se vive en la ley de la selva, bien sea que ésta la impongan los guerrilleros, los paramilitares reencarnados -a pesar del proceso de paz- o los caciques.

Colombia no es un solo paí­s, y ni siquiera sus ciudades son una sola ciudad. A media hora de distancia, en nuestras capitales conviven opulencias del Primer Mundo europeo o norteamericano con miserias africanas. Como un microcosmos, como un resumen del mundo, en las ciudades de Colombia se puede pasar en un rato de Suiza a Sierra Leona, y en esta imagen se incluye desde el color de los habitantes, pasando por el verdor de los prados y la tranquilidad de las vacas que pastan en valles paradisiacos, hasta llegar, no mucho más allá, a las basuras y albañales al aire libre, a la miseria desnuda, al hambre -casi siempre vestida de piel más oscura- y al ardor estéril de las tierras baldí­as o semidesérticas.

Un elemento que no se puede olvidar en el conflicto colombiano es que al virus guerrillero le resultaron unos anticuerpos tan virulentos e incluso más mortí­feros que la enfermedad que pretendí­an combatir: los paramilitares. Si en los últimos años se ha registrado un gran descenso en las cifras de asesinatos en Colombia, esto se debe al proceso de paz con los paras, que resolvieron dejar de matar. Y como eran ellos quienes más mataban, con métodos salvajes y viendo guerrilleros en cualquier persona crí­tica, las cifras han mejorado. Lo malo es que en muchas regiones su poder permanece intacto, y a veces da la impresión de que este proceso de paz no es otra cosa que la llegada a la edad de retiro de una generación de comandantes narco-paramilitares que, después de jubilada, podrí­a ser reemplazada por otra. Otra interpretación es que, en algunas zonas rurales, ellos ya ganaron la guerra, tienen el poder polí­tico y ahora controlan a la población con métodos de extorsión que no requieren tantos asesinatos como antes.

La mayorí­a de los colombianos queremos creer que nuestras pesadillas no serán eternas, y para protestar contra ellas participamos hace poco en dos marchas: una contra la guerrilla, de muchos millones de personas, y otra contra los paramilitares, que incluyó también a personas de todas las extracciones y categorí­as sociales. Creo que al fin las mayorí­as estamos de acuerdo en que hay que oponerse a unos y a otros.

Fuente: NOTIVER
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