españa en la 2 guerra mundial

Todo sobre la Segunda Guerra Mundial y conflictos anteriores

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Notapor montgomery el Mar Abr 18, 2006 4:53 pm

Bueno esa frase será de después de la guerra civil, y claro que sentí­a aprecio por España, pero no por el pueblo sino por el dictador que la gobernaba y que le era extremadamente favorable. ¿Qué sentido tení­a invadir un pais aliado como España?

En el caso de que se nos hubiera invadido seguramente los generales y altos mandos de África hubieran pactado la rendición con los Alemanes, no por una "traición" a España (que lo serí­a) sino por hacerse con un gobierno titere en África o en la peninsula.

Por cierto recta, hablaste hace tiempo de Franco antes y después del golpe y dijiste que "antes era un militar y después era un rebelde". Perdona que saque esto ahora pero las divisiones dentro del ejército eran ya muy patentes desde el fin de la dictadura de Primo de Rivera, con las juntas de defensa formadas por oficiales pro-constitucionalistas y que protagonizaron golpes como el de Cuatrovienos y los altos mandos tradicionalmente de corte autoritario y que difamaban contra la republica.

En cuanto a las resistencias, si se hubiesen establecido en España el caso francés era el de una resistencia activa pero con gran parte de la población pro-nazi, no hubo un levantamiento generalizado, gran parte de la población estaba conforme con la invasión y simpatizaban con los nuevos gobernantes. Por lo tanto en España todo habrí­a dependido del posicionamiento social.

saludos
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montgomery
 
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Notapor Aquiles el Mié Abr 19, 2006 6:21 pm

Con vuestro permiso,

Si España hubiera sido republicana al comienzo de la II GM es bastante probable que hubiera entrado en guerra del lado de los aliados, aunque dado el estado del ejército de la República, obsolescencia, fuerte división, altos mandos fuertemente cabreados en contra de la república, mucho me temo que hubiera aguantado así­ como un suspiro, además como señala Montgomery, rápidamente se hubiera convertido a la causa nazi y hubiera sido terriblemente colaboracionista así­ como lo fue Francia.
Recordemos que la república se sustentó sobre un hilo desde el mismo momento de nacer y que habí­a fuertes tensiones polí­ticas dí­a sí­, dia también.

De todos modos me da lo mismo que lo mismo me da que fuera República o dictadura franquista.

Gran Bretaña, poco podrí­a haber hecho, con parte de su ejército bloqueado en África y Oriente Medio y sin muchas posibilidades de entrar por el estrecho. ¿Que hubieran invadido Canarias? bueno, a lo mejor. Pero no serí­a un punto muy estratégico que digamos ya que está muy lejos de Europa y al ladito mismo de un Marruecos Hispano - francés ( ambos muy colaboracionistas, cuando no satélites).

¿El peñón un obstáculo para Hitler? ¿cuánto tardó Hitler en invadir Polonia? ¿ y Francia?

En esta tesitura, los aliados no podrí­an haber dominado el Mediterráneo y , por ende, no podrí­an haber ido a Grecia, ni a Yugoslavia ni podrí­an haber defendido Egipto, ni podrí­an haber aprovechado la riqueza de Oriente Medio...y es que, el estrecho es muy estrecho.

Fijaros en las posibles consecuencias: Italia no hubiera hecho el ridí­culo tantas veces como lo hizo y serí­a una fuerza válida para estar en otros escenarios; UK sin las riquezas de Oriente Medio; no habrí­a sido posible la desestabilización polí­tico- militar en el sur-este de europa y Alemania tendrí­a las manos libres para actuar en otros lugares y no estr preocupándose constantemente de las moscas cojoneras que fueron la propia Italia y el Mediterráneo.

Recordad que llega un momento en el que GB no era capaz de sustentarse a sí­ misma y además tuvo que desviar ingentes cantidades de material proveniente de USA hacia la URSS. No veo yo a GB intentando recuperar España en un momento en el que ni ella misma está a salvo. Puede que enviara material, pero ¿por donde? ¿Por las costas gallegas?¿ por el norte de una España invadida? ¿ por unas costas de un Portugal o invadidao o satélite? y ¿cómo entra en la Bahí­a de Algeciras? y ¿ como cruza un estrecho cuajado de baterí­as a ambos lados?

Sinceramente, si España hubiera entrado en la guerra, aparte de su ejército de harapientos - antes y después de la Guerra Civil - hubiera sido un factor clave para el curso de la contienda y hubiera dado muchas facilidades al Eje.

Yo creo que es mejor que no entrara.
Aquiles.
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Notapor _NeMo_ el Dom Sep 24, 2006 11:59 pm

Si España hubiera sido republicana al comienzo de la II GM es bastante probable que hubiera entrado en guerra del lado de los aliados, aunque dado el estado del ejército de la República, obsolescencia, fuerte división, altos mandos fuertemente cabreados en contra de la república, mucho me temo que hubiera aguantado así­ como un suspiro, además como señala Montgomery, rápidamente se hubiera convertido a la causa nazi y hubiera sido terriblemente colaboracionista así­ como lo fue Francia.
Recordemos que la república se sustentó sobre un hilo desde el mismo momento de nacer y que habí­a fuertes tensiones polí­ticas dí­a sí­, dia también.


Los altos mandos estaban cabreados pq la República querí­a revisar las carreras de todos los Africanistas. Y se intuia q muchas medallas y ascensos serí­an anulados. Pero si entran en guerra dudo mucho q la República lo hubiera hecho. No por desgana, si no por no desmoralizar al ejército. Así­ q eso desmonta la teorí­a del filonazismo del ejército. Además, pareceis olvidar lo q pasó en 1808. Y en aquellos lejanos años los gabachos entraron con permiso a España. Y se lio la de San Quintin. Pues si viene alguien de fuera con malos humos q no espere fuegos artificiales ni bandas de música.

¿El peñón un obstáculo para Hitler? ¿cuánto tardó Hitler en invadir Polonia? ¿ y Francia?


Para llegar al Peñón hay q pasar por España, a menos q se quiera ir en plan machote a intentar un desembarco :roll:

En esta tesitura, los aliados no podrí­an haber dominado el Mediterráneo y , por ende, no podrí­an haber ido a Grecia, ni a Yugoslavia ni podrí­an haber defendido Egipto, ni podrí­an haber aprovechado la riqueza de Oriente Medio...y es que, el estrecho es muy estrecho.


Vaya, este argumento si q es decisivo. Y yo q pensaba q los Indios, los Australianos, los Neocelandeses y los Surafricanos iban a Egipto por el Canal de Suez... Y tb pensaba q las tropas q ayudaban a los griegos habian salido de Egipto. Claro q si vení­an de Gran Bretaña ya tienen mérito los ingleses. Por cierto, no sabí­a q habí­an ido a Yugoeslavia :shock:

Fijaros en las posibles consecuencias: Italia no hubiera hecho el ridí­culo tantas veces como lo hizo y serí­a una fuerza válida para estar en otros escenarios; UK sin las riquezas de Oriente Medio; no habrí­a sido posible la desestabilización polí­tico- militar en el sur-este de europa y Alemania tendrí­a las manos libres para actuar en otros lugares y no estr preocupándose constantemente de las moscas cojoneras que fueron la propia Italia y el Mediterráneo


Italia hací­a el ridí­culo en cualquier circunstancia, no necesitaba ni ayudas ni dificultades. Del Préstamo y Arriendo mejor no hablamos, q debió ser 1 rumor. Y Hitler no la cagó él solito al mandar el Afrika Korps pensando q el genio de Rommel serví­a para barrer a los ingleses por sí­ solo. Seguro q Rommel habrí­a preferido unas cuantas divisiones más, y el apoyo logí­tico necesario en vez de tanta confianza ciega.

Recordad que llega un momento en el que GB no era capaz de sustentarse a sí­ misma y además tuvo que desviar ingentes cantidades de material proveniente de USA hacia la URSS.


Inglaterra nunca ha sido capaz de sustentarse sola. Lo único q producí­a en cantidad suficiente para su abastecimiento era carbón y otra cosa (y creo q sin mucha utilidad militar). El resto lo importaba, ya desde antes de la guerra. Y para evitar el peligro de quedarse sin recursos los primos yankies se sacaron de la chistera escoltar los mercantes hasta prácticamente Inglaterra, así­ q los U-Boote lo tení­an bastante jodido, pq no podí­an defenderse de los destructores americanos sin provocar un conflicto bastante chungo. Es lo malo de tener un presi con ansí­as de meter a su pais en la guerra. Lo malo es q los alemanes no picaron, algo q si hicieron los japos.

No veo yo a GB intentando recuperar España en un momento en el que ni ella misma está a salvo. Puede que enviara material, pero ¿por donde? ¿Por las costas gallegas?¿ por el norte de una España invadida? ¿ por unas costas de un Portugal o invadidao o satélite? y ¿cómo entra en la Bahí­a de Algeciras? y ¿ como cruza un estrecho cuajado de baterí­as a ambos lados?


Aquí­ ya estás presuponiendo el caso más drástico. España ha caido. Cosa q nadie habia dicho aún. En ese caso, apaga y vámonos. Claro q te has saltado todo el ataque alemán a España. Y creo q de eso iba el tema, de especular cómo y por dnd se harí­a... Pero si lo tienes tan claro, cerremos el hilo.

Sinceramente, si España hubiera entrado en la guerra, aparte de su ejército de harapientos - antes y después de la Guerra Civil - hubiera sido un factor clave para el curso de la contienda y hubiera dado muchas facilidades al Eje.


Aporta datos, opiniones, teorí­as, pero decir eso pq sí­ es como si viene alguien y te dice q el ejército español se habrí­a comido con patatas a los alemanes, y se queda tan ancho.

Yo creo que es mejor que no entrara.


Por fin en algo estamos de acuerdo :D.
_NeMo_
 
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Notapor Meyer el Lun Sep 25, 2006 5:02 am

Hablando del "caso 1" que plantea _NeMo_, es decir una España republicana del lado de los aliados, creo que para analizar y tratar de adivinar que podrí­a haber pasado, habrí­a que precisar bien el "cuando", que me parece fundamental:

a) España declara la guerra a Alemania el 3 de sept del 39:

-Suponiendo que el gobierno español se decidiera a mandar una "SEF" :mrgreen: , a Francia: no podrí­an hacer nada para ayudar a Polonia, al igual que el resto de los aliados, que estaba condenada a aguantar el grueso de las fuerzas alemanas, a menos que resistiera por meses

Luego de caí­da Polonia, ¿cómo podrí­a ayudar la "SEF" a los aliados?. Bueno depende de varios factores, principalmente de cuantas fuerzas y de que equipamiento dispondrí­an, sobre lo cual tengo muy poca idea... ahora bien, aún siendo poco numerosas, su influencia podrí­a o no ser importante de acuerdo a como se desplegaran.
Si las mandaban a avanzar al norte de Bélgica, no creo que hubiera sido de mucha ayuda. Pero si con ellas se reforzaba el frente de Sedán, o su presencia liberaba a otras unidades para esa función, considero que la campaña podrí­a haber sido bastante más larga. Aunque finalmente no creo que hubiera podido Francia escapar de la derrota.

Ahora bien, la "derrota" es un término bastante amplio, quien sabe, de haber estado España como aliado quizás no se hubiera llegado a un armisticio, con la consecuencia militar de que la poderosa flota francesa seguirí­a combatiendo, y también las colonias (las concecuencias civiles no hubieran sido muy halagí¼eñas para la población en Francia, que habrí­a quedado totalmente ocupada desde un principio)

Tanto en ese caso, como el de un armisticio como el que ocurrió, luego de Francia lo más lógico hubiera sido para Alemania el invadir España. Y en esas condiciones, no creo que hubiera resistido mucho. También se habrí­a atacado Gibraltar, lo cual cambiaba bastante el panorama en el Mediterráneo.

Otra consecuencia podrí­a ser que Hitler se decidiera a liquidar a GB, con la estrategia "indirecta" que le recomendaba Raeder, y no meterse en la URSS.
De haber, en cambio, atacado a la URSS de todas formas, la necesidad de defensa de la costa, y contra la guerrilla, habrí­a debilitado al esfuerzo alemán en el este.

b)España se une a los aliados luego de la caí­da de Francia pero antes de Barbaroosa

Casi lo mismo que antes, pero este caso es tan absurdo que no vale la pena analizarlo. ¿Qué clase de demente meterí­a a España en la guerra en esa situación?

c)España se une a los aliados en algún momento entre julio y diciembre del 41

la cosa cambia, Alemania no dispí²ní­a de recursos como para meterse en España. Como contrapartida, tampoco creo que España estuviera en condiciones de pasar a la ofensiva. Y GB tení­a demasiados problemas y pocos recursos como para ayudarla en una acción de ese tipo.
A corto plazo, no veo que esto habrí­a cambiado mucho la situación general.

d)España se une a los aliados en 1942

Los aliados podrí­an haber acumulado fuerzas en España, lo que hubiera obligado a Hitler a proceder a la ocupación del resto de Francia, estableciéndose un frente en los Pirineos.
Como consecuencia inmediata, las fuerzas de Dí¶nitz la pasarí­an mal en el goilfo de Viscaya...quizás la batalla del Atlántico se hubiera acortado bastante, lo cual hubiera sido de gran importancia.
Habrí­a que ver como afectaba esto a las operaciones terrestres, con la ocupación de Francia los aliados se podrí­an haber ahorrado Torch, ya que las fuerzas en la África francesa se hubieran pasado a los aliados.
Lo que no sé es si los aliados hubieran elegido entre atacar en el continente, o África. Sin los americanos en sus espaldas, Rommel y von Arnim podrí­an haber aguantado bastante más tiempo.

De haber apostado el todo por el todo en Francia, Alemania tendrí­a que haber reforzado ese frente, pero no el africano.. muy difí­cil saber que podrí­a haber pasado ahí­. De empantanarse los aliados en los Pirineos, probablemente se cocentrarí­an en África, y luego Italia... quizás muy parecido a como ocurrió en realidad, pero siempre teniendo en cuenta que el esfuerzo alemán en Rusia se habrí­a visto afectado

En fin, demadiadas posibilidades, por eso odio estos what if's :)
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Notapor capitan hidalgo el Mié Oct 18, 2006 8:10 pm

Lo pongo acá porque calculo que es el mejor lugar:

El encuentro de Adolf Hitler y Francisco Franco ocurrió el 23 de octubre de 1940, en Hendaya, Francia. Fue histórico. Pero los responsables de la agencia española EFE, entonces bajo las órdenes del régimen fascista, hicieron retoques en las fotos que testimoniaron el hecho. A la izquierda, en la parte superior, se lo ve a Franco con los ojos cerrados y con el brazo derecho rí­gido, extendido hacia abajo. En la otra imagen, la que se difundió, el dictador español aparece con los ojos abiertos y con el brazo más flexionado. La otra fotografí­a (arriba a la derecha) es de la estación de Hendaya. Allí­ recortaron las figuras de ambos y las pegaron sobre la anterior. Todo se descubrió ahora porque EFE está digitalizando el archivo fotográfico y se encontraron los negativos de las fotos verdaderas.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-74652-2006-10-18.html

Yendo al enlace se pueden ver las fotos, aunque muy chiquitas. Mira lo que siguen descubriendo...
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Notapor erwin rommel el Mié Nov 01, 2006 8:30 pm

c)España se une a los aliados en algún momento entre julio y diciembre del 41

la cosa cambia, Alemania no dispí²ní­a de recursos como para meterse en España. Como contrapartida, tampoco creo que España estuviera en condiciones de pasar a la ofensiva. Y GB tení­a demasiados problemas y pocos recursos como para ayudarla en una acción de ese tipo.
A corto plazo, no veo que esto habrí­a cambiado mucho la situación general.


No creo que la cosa distara mucho, aunque ya hubiera empezado la op. barbarroja, a los alemanes no les hubiera costado mucho conquistar un paí­s destrozado por una guerra muy reciente, con una industria literalmente inexistente, y con un paí­s socialmente convulso, y si no ateneos al ejemplo griego: cagada de los italianos, llegan los alemanes y en un par de tardes conquistada.
Saludos
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Notapor Meyer el Jue Nov 02, 2006 2:46 am

La clave ahí­ es que se hizo antes de Barbarossa y no durante; y con fuerzas que se iban a usar para dicho ataque. Si hubieran tenido que realizar ambas ofensivas de manera simultánea, se les habrí­a complicado bastante en los Balcanes... y sobre todo en el ataque a la URSS.

El Heeresgruppe D (grupo de ejércitos D), que agrupaba las fuerzas alemanas en Europa Occidental, tení­a para entonces 40 y tantas divisiones y mucho por defender. Como unidades blindadas sólo 2 brigadas y que existí­an más en el papel que otra cosa.
¿Un ataque sin tropas rápidas? no parece muy prometedor.

En cuanto a la Lw estaba casi totalmente comprometida en el este, y sobre todo las unidades de bombardeo y ataque a tierra.

Me parecen fuerzas totalmente insuficientes para meterse a invadir España, y hay que tener en cuenta de que los británicos podrí­an (y lo harí­an seguramente) mandar fuerzas para apoyar a las españolas, y no habí­a nada que podí­an hacer los alemanes para impedirlo.

Recordemos también que durante el invierno 41/42 hubo que mandar muchas de esas unidades al este, cosa que no se podrí­a haber hecho al estar comprometidas en España.

Habrí­a que ver también si estaba la Wehrmacht en condiciones de proporcionar la logí­stica necesaria para tal ataque, pero ahí­ no puedo opinar.
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor asa el Mié Sep 03, 2008 2:03 am

Hola a todos. Que tal?
Hace ya un tiempo que me enganché a un documental que echaron en la tele. Fué la primera noticia que tuve de un hecho que me sorprendió bastante: Tropas de ocupación alemanas en España! durante la 2GM. En toda España...noo!... solo en un poblado de irreductibles gal... digo maños :mrgreen:
Fuera cachondeo. El tema tratado basicamente fué así­:
El hecho discurre en el entorno incomparable de la estacion internacional de Canfranc. Desde aquí­, aprobecho la ocasión para invitaros a visitarla (salí­a hasta en un anuncio del calvo de la loterí­a, ya hace unos años)
Según parece, un francés paseando por la ví­as y andenes abandonados a la buena de dios desde hace décadas por la RENFE y por todas y cada una de las instituciones aragonesas :evil: , encontró unos documentos que se encontraban en bastante mal estado, enmohecidos y tal... en los cuales se reflejaban los enví­os por ferrocarril que Franco hací­a a los alemanes de vagones y vagones de Wolframio, mineral destinado a fabricar los blindajes no se si de los panzers o de los tiger, o de los dos?. Como compensación de ese mineral, Hitler pago a Franco con oro, lingotes y lingotes de oro...y precisamente esos documentos lo atestiguaban, así­ como algunos paisanos entrevistados que daban fe de lo alli ocurrido, es decir del intercambio de wolframio por oro y de la presencia de un destacamento de soldados alemanes (se ve que eran algunos mas que los cuatro y el de la guitarra) que controlaban la transacción :shock: .Lo que puede dar una idea de la importancia que para Hitler tení­a ese Wolframio. Curiosamente estaban alojados en un hostal (hostal Marraco) del pueblo, suelo español por supuesto, cuyos dueños eran familia de un expresidente del gobierno de Aragón de los 80, dicho sea de paso como mera curiosidad y sin dobles sentidos.
Por supuesto el frances, que de tonto no tení­a un pelo, se dió cuenta de la importancia de esos documentos y no los suelta ni pa dios, normal..., Llega RENFE, cuando se destapa todo el percal y pretende recuperarlos... :mrgreen: Que me descojono, despue´s de 60 años sin hacerles ni piiiii! caso y dejarlos perder, abandonados totalmente, como el resto de la estación :twisted: . Si no hubiera sido por el fransuas, adiós que te ví­...

PD: Lo cierto es que este es un hecho poco conocido por la mayorí­a de la gente, público en general, aunque seguro que alguno de vosotros sabeis del tema... :wink: Por otro lado no he encontrado , mejor dicho no he visto ningún hilo al respecto. Claro como el foro es pequeño... :P Si el tema ya está tocado... ya perdonareis. Sirva como un pequeño homenaje a esa estupenda estación y espero que dentro de poco vuelva a lucir su antiguo esplendor...
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor racta46 el Vie Sep 05, 2008 6:58 pm

hay todavia una historia por escribir sobre este tema ...la verdad es que fué una estación y punto de paso importante durante la 2ª WW ( sigo si explicarme por que ahora no ), pero no solo se pagaba en oro.
lamentablemente tambien pasaron objetos como relojes , obras de arte , gafas ( seguramente graduadas .. :? si no ) y piezas dentales.
No hace falta ser muy agudo para darse cuenta de donde procedia y quienes fueron en su dia los dueños de esos objetos...
en este libro aun reciente ''El oro de Canfranc'' de Ramón J. Campo se mencionan datos como por ej. que Canfranc fue punto de enlace de los aliados con la resistencia contra los nazis, de una red de espionaje y hasta contó con un Schindler aragonés, el carabinero y guardia civil de Sallent Salvador Garcí­a Urieta, que auxilió a 200 judí­os, algunos de los cuales llevó hasta Canfranc para que cogieran el tren de la libertad.

un saludo.
PD hay muy buena informacion sobre este asunto en la red
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Lun Sep 08, 2008 8:47 pm

Estuvimos muy muy cerca, valga de muestra este botón extraido de la pagina web EXORDIO, la directiva nº 18 de Adolf Hitler a su alto mando que a continuación os reproduzco, a un dato importante para tener en cuenta, el tí­o lanzo la directiva sin tener nada cerrado con Franco ¿le daba igual su opinión? ¿pensaba invadirnos si España no aceptaba sus condiciones?.....:
12 de noviembre de 1940
Máximo Secreto
El Fí¼hrer y Comandante Supremo de la Wehrmacht WFSt/Abt. L(I) No. 33 356/40 g. K. Chefs
Para Oficiales Solamente
Instrucción No.18
Las medidas tomadas por los Altos Mandos para la preparación de la conducción de la guerra en el futuro inmediato, deben realizarse de acuerdo con los siguientes principios básicos:
1. Relaciones con Francia
El objetivo de mi polí­tica hacia Francia es el de cooperar con ese paí­s de la manera más efectiva para prosecución de la guerra contra Inglaterra. Por los momentos Francia tendrá el rol de "potencia no beligerante" que deberá tolerar las medidas militares alemanas en su territorio, especialmente en las colonias africanas, y dar apoyo, en la medida que sea posible, aún utilizando sus propios medios de defensa. La más preocupante tarea de los franceses es la protección ofensiva y defensiva de sus posesiones africanas (ífrica Occidental y Ecuatorial) en contra de Inglaterra y el movimiento de De Gaulle. A partir de esta situación la participación de Francia en la guerra contra Inglaterra se irá desarrollando en toda su fuerza.
A excepción de los trabajos en curso de la Comisión de Armisticio, las discusiones con Francia que se ligan a mi reunión con el Mariscal Petain serán conducidas inicialmente de manera exclusiva por el Ministro del exterior con la cooperación del Alto Mando de la Wehrmacht.
A la conclusión de esas discusiones seguirán Instrucciones más detalladas.
2. España y Portugal
Se han iniciado las medidas polí­ticas para inducir a España a ingresar prontamente en la guerra. El objetivo de la intervención alemana en la Pení­nsula Ibérica (Operación Félix) será el sacar a los ingleses del Mediterráneo Occidental.
Para este propósito:
a) Gibraltar debe ser tomado y el Estrecho de Gibraltar cerrado.
b) Se debe evitar que los ingleses pongan el pie en otro punto de la Pení­nsula Ibérica o de las islas atlánticas.
Para la preparación y ejecución de la operación se pretende lo siguiente:
Sección I:
a) Grupos de reconocimiento (oficiales en ropas de civil) completarán el requisito de preparación de la ejecución de la operación contra Gibraltar y para la captura de los campos aéreos. En lo concerniente al camuflaje y la cooperación con los españoles ellos estarán regidos por las medidas de seguridad del Departamento de Inteligencia Exterior.
b) Unidades especiales del Departamento de Inteligencia Exterior en cooperación encubierta con los españoles, tomarán medidas para la protección del área de Gibraltar contra los intentos ingleses para extender el área de vigilancia o descubrir prematuramente y entorpecer los preparativos.
c) Las unidades designadas para las acciones se alistarán lejos de la frontera franco-española y sin darle a las tropas explicaciones prematuras sobre la operación. La alerta preliminar para el comienzo de las operaciones serán emitidas 3 semanas antes que las tropas crucen la frontera franco-española (Pero solamente después de terminados los preparativos respecto a las islas atlánticas).
En vista de la limitada capacidad de los ferrocarriles españoles, el Ejército designará mayormente unidades motorizadas para la operación de manera que los ferrocarriles sólo sean usados para suministros.
Sección II
a) Dirigidos por observaciones en las cercaní­as de Algeciras, unidades de la Luftwaffe conducirán ataques aéreos desde suelo francés contra las unidades de la flota inglesa fondeadas en la Bahí­a de Gibraltar y después del ataque aterrizarán en aeropuertos españoles.
b) Poco después las unidades asignadas para actuar desde España cruzarán la frontera franco-española por tierra o por aire.
Sección III
a) El ataque para la captura de Gibraltar será ejecutado por tropas alemanas.
b) Las tropas se organizarán para marchar hacia Portugal en caso de que los ingleses traten de poner el pie en ese paí­s. Las tropas designadas para esto marcharán hacia España inmediatamente después de las fuerzas asignadas para Gibraltar.
Sección IV
Si fuera necesario, se tendrá el apoyo de los españoles del lado del Marruecos Español para cerrar el estrecho después de la captura de Gibraltar.
Se aplicará lo siguiente relacionado con el poderí­o de las unidades comprometidas en la Operación Félix:
Heeres:
Las unidades designadas para Gibraltar deben ser lo suficientemente fuertes para tomar el Peñón aún sin la ayuda española. Conjuntamente, un grupo menor debe estar disponible para apoyar a los españoles en el supuesto caso de que los ingleses intenten desembarcar en otro lugar de la costa española.
Para la posible marcha hacia Portugal, se tendrán listas principalmente unidades móviles.
Luftwaffe:
Para el ataque aéreo del puerto de Gibraltar se asignarán fuerzas suficientes para garantizar un éxito rotundo.
Para las subsiguientes operaciones contra objetivos navales y para el apoyo a las unidades terrestres se transferirán a España unidades de bombardeo en picada.
Se asignarán suficientes unidades de Artillerí­a Antiaérea para las fuerzas terrestres incluso para ser utilizadas contra blancos terrestres.
Kriegsmarine:
Se proveerán U-boots para combatir a la escuadra inglesa de Gibraltar, en especial para atacar la evacuación de la isla que se espera ocurrirá después del ataque aéreo.
Para apoyar a los españoles en la clausura del Estrecho de Gibraltar, se preparará la transferencia de baterí­as costeras con la cooperación con la Kriegsmarine.
No se prevé la cooperación de Italia.
Las islas atlánticas (particularmente las Canarias y las islas Cabo Verde) a raí­z de las operaciones en Gibraltar ganarán importancia para la conducción de nuestras operaciones navales y también para los ingleses. El Comandante en Jefe de la Kriegsmarine y el Comandante en jefe de la Luftwaffe estudiarán como puede apoyarse la defensa española de las Canarias y cómo pueden ocuparse las islas de Cabo Verde.
De la misma forma requiero que se examine la cuestión de la ocupación de Madeira y de las Azores así­ como las ventajas y desventajas que tendrí­an para la conducción de la guerra naval y aérea.
Se me harán llegar esos exámenes a la mayor brevedad posible.
Firmado:
Adolf Hitler



Después de intensas labores de espionaje y reconocimiento in situ desde territorio español por oficiales vestidos de civil y desde el mar, en el otoño de 1940 la Wehrmacht tení­a listo el plan de ataque al Peñón de Gibraltar. Sin embargo la operación no se llevó a cabo, el 10 de enero de 1941, como estaba programada, debido a que las gestiones diplomáticas no llegaron a buen término y el Generalí­simo Franco finalmente no aceptó participar en la guerra, de todas estas gestiones hay analí­sis contrapuestos de varios historiadores que en cuanto tenga tiempo os reproduciré, en ellas podreí­s ver como el almirante Carrero comenzó a ganarse la confianza del dictador y como Inglaterra toco a varios altos mandos militares españoles para disuadir a Franco....
SOLO SE PIERDE CUANDO DEJAS DE LUCHAR
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Mar Sep 09, 2008 5:25 pm

Hay muchas opiniones contradictorias sobre las verdaderas intenciones de Franco y Serrano-Suñer, muchas de historiadores con muy buena reputación hoy me permito transcribir una muy esclarecedora que además provoco la intrevención directa de Serrano-Suñer, en concreto me refiero a la serie de artí­culos que intercambiaron en el periódico EL PAIS en 1978 el historiador Antonio Marquina Barrio y Ramón Serrano-Suñer, como se alargó en el tiempo os reproduciré en varios post la serie de artí­culos y replicas que a buen seguro os resultaran muy interesantes, ya se que es un ladrillo pero merece la pena conocer esta serie de artí­culos:

HitIer consideró innecesaria en 1940 la entrada de España en el conflicto europeo
Franco quiso participar en la segunda guerra mundial/ 1
Antonio Marquina Barrio 19/11/1978

En contra de las tesis mantenidas hasta ahora por los historiadores franquistas y falangistas, Franco pretendió en diversas ocasiones participar, al lado de Italia y la Alemania nazi, en la segunda guerra mundial. Pero la seguridad alemana, y de Hitler, en que su triunfo sobre Gran Bretaña era inevitable, y no requerí­a apoyos de terceros, el papel que el Fí¼hrer atribuí­a a Francia en el «nuevo orden europeo», los sueños imperialistas de la Italia fascista -antagónicos a los españoles- y los manejos y sobornos de Londres entre los generales españoles impidieron que se concretara el viejo sueño de la llamada izquierda falangista para aliarse con las potencias del eje. El profesor Antonio Marquina Barrio, del departamento de Estudios Internacionales de la facultad de Ciencias Polí­ticas de Madrid, revela en esta serie que comenzamos a publicar hoy cómo se realizaron, de la mano de Franco y su cuñado, Serrano Súñer, los contactos -de los que ahora se cumple el 38 aniversario- entre Madrid, Berlí­n y Roma de cara a esta posible entrada de la España franquista en la guerra. Para documentarse, el autor ha recorrido y revisado los principales archivos de Washington, Londres, Roma y Madrid, y ha tenido acceso a documentos inéditos hasta la fecha.

El 10 de mayo de 1940 el Ejército alemán desencadenó un formidable ataque sobre Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Holanda era conquistada en sólo cinco dí­as. El 20 de mayo los alemanes se extendí­an a lo largo de la costa del paso de Calais y los aliados, en un repliegue precipitado, gracias a las informaciones de Ultra, descifrando los cables alemanes, confluí­an en Dunkerque, consiguiendo reembarcar la mayorí­a de los 335.000 hombres. El 10 de junio entraba Italia en la guerra y España pasaba de la neutralidad a la no beligerancia, teniendo ya en cartera para la nueva configuración territorial que se avecinaba una serie de reivindicaciones, como Gibraltar, Tánger, Marruecos francés y rectificaciones fronterizas en Guinea Ecuatorial. En este momento se temí­an, sobre todo, las ambiciones italianas en los territorios del norte de África (1) tanto por españoles como por franceses. Las tropas españolas, con el visto bueno francés e inglés, entraron en Tánger el 15 de junio. Italia 1o consideró como un hecho consumado. Pero las intencí­ones españolas iban más allá, querí­an adelantarse a cualquier movimiento italiano y a sus ápetencias en Agadir y el Marruecos francés. El ministro de Asuntos Exteriores español, Beigheder, con el apoyo del embajador francés en Madrid, quiso obtener la cesión de Beni Zamal y Beni Egznaia, zonas ocupadas por las tropas francesas por razones estratégicas desde la campaña del Rif, y así­ evitar inseguridades en esta zona. Con este motivo se cursaron dos telegramas a Lequerica que, a la sazón, se encontraba en Burdeos, para hacerlos llegar al mariscal Pí¨tain, más o menos en estos términos: «Para prevenir posibles levantamientos e insubordinaciones en la frontera entre el Marruecos español y francés, y a la vista de fidedigna información que las tribus están abrigando tales planes, el Gobierno ha dado órdenes a sus tropas de invadir las zonas amenazadas con el solo propósito de mantener el orden.» Estos telegramas no fueron llevados a efecto, gracias a la indiscreción de un ministio falangista en buenas relaciones con Italia. Mussolini se apresuro a notificar al Gobierno español que Italia necesitaba bases en la zona atlántica del Marruecos francés y que no tolerarí­a tal actitud por parte de España (2). Franco hizo llegar, a través del embajador de España en Roma, las reivindicaciones españolas, y todo quedó en agua de borrajas. A su vez, Franco enviaba a Berlí­n al general Vigón para tratar de conseguir que los alemanes hiciesen sitio a las reivindicaciones españolas. El 19 de junio la embajada de España en Berlí­n enviaba al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán un memorándum pidiendo la cesión a España del Marruecos francés y la asistencia alemana en la captura de Gibraltar. España entrarí­a en la guerra tras un perí­odo corto de preparación de la opinión pública. La respuesta alemana anunciaba una consulta sobre el tema con el Gobierno español tras el armisticio con Francia.A mediados de julio, Mussolini, mediante una carta, urgí­a a Franco a entrar en guerra y conquistar Gibraltar, pues con la roca en poder de los británicos les era imposible a los italianos actuar con éxito en el Mediterráneo. Franco, tras demorar un poco la contestación, se negó a entrar en la guerra en aquel momento. De nuevo volverí­a a producirse un carteo entre Franco y el Duce a mediados del mes de agosto. Franco procedió ya a solicitar la ayuda del Duce en la consecución de las reivindicaciones españolas. La razón era que los alemanes tení­an a punto un proyecto de protocolo con España en el que se solventaba la entrada de España en guerra, las ayudas económicas y militares y las reivindicaciones españolas. En el artí­culo XII se establecí­a la entrada en vigor del protocolo una vez que Italia diese su vistobueno a los dos Gobiernos (3).
La formación de los lobbies
En estas circunstancias no pensemos que sólo existí­an estos movirnientos diplomáticos al más alto nivel. Existí­an otros planes y movimientos tanto o más importantes. Los alemanes habí­an venido trabajando con bastante libertad en España desde la guerra civil, y poco a poco habí­an ido adquiriendo posiciones de control fundamentales en todos los ámbitos: en la prensa, radio, industria, comercio, finanzas, censura, policí­a, jóvenes militares, servicios de información y, sobre todo, en el Partido Falangista. Téngase en cuenta el apoyo que recibieron -los italianos en menos medida- desde carteras falangistas que trataban de llevar a cabo una polí­tica de consenso dentro del partido. La masa, se decí­a, la debí­a dar la derecha, y los cuadros de mando, las izquierdas. El problema estaba en que estas izquierdas estaban en un gran porcentaje a las órdenes de Alemania, y así­ lo detectaban los servicios de información británicos. Estas eran, se pensaba, dinámicas; aquéllas, de orden, y debí­an de ser completadas. Además, estos servicios de información calculaban en mayo de 1940 que existí­an en España entre 30.000 y 80.000 alemanes, de ellos 12.000 mantení­an en regla sus documentos de identidad españoles, sin haber renunciado a la nacionalidad alemana. Los italianos, en julio de 1940, estimaban a los alemanes en unos 70.000. Los servicios de información americanos daban cifras aún más elevadas. No es extraño que en esta situación los alemanes echasen mano del intervencionista general Yagí¼e y le entregasen veinte millones de pesetas para su distribución entre el Ejército y la Aviación. Franco, con este motivo, le obligó a entrevistarse con él y le pidió explicación a una serie de actividades que tení­a concretadas en doce puntos. El general Yagí¼e y trescientos de los principales implicados, fueron arrestados.
Por su parte, el nuevo embajador británico en Madrid, Samuel Hoare, activo como él solo, procedió a contactar con elementos eclesiásticos -Alemania tení­a en la condenación del nazismo, a pesar de ocultaciones, uno de sus puntos más débiles-, elementos de la nobleza, de la economí­a y finanzas -concesión de navicerts, precios para los artí­culos-, y con determinados generales cuyas ideas antinazis y antifalangistas eran notorias, a quienes pagó sumas importantes, una vez que Italia entró en guerra, reservando una cantidad adicional de diez millones de dólares, que serí­a hecha efectiva a medida que estos generales cumpliesen los acuerdos convenidos y que se depositó en el Swiss Bank Corporation, de Nueva York (4).
Estos generales se harán notar antes de la visita de Serrano a Berlí­n.
El viaje de Serrano Súñer a Alemania
El 13 de septiembre de 1940 emprendí­a viaje a Berlí­n la misión española, formada por don Ramón Serrano Súñer y un séquito bastante numeroso de jerarquí­as del Partido Falangista: el general Sagardí­a, jefe de la Policí­a Armada; el teniente coronel Hierro, jefe de la sección madrileña de la policí­a motorizada, y el coronel Tomás Garcí­a Figueras, secretario general del Alto Comisario de España en Marruecos.
El objetivo secreto de esta visita era sólo conocido por Franco y Serrano Súñer. En efecto, antes de la salida de Serrano habí­a tenido lugar en San Sebastián una reunión bastante movida del Consejo de Ministros, a la que no asistió Beigbeder, en la que Franco y Serrano habí­an admitido que la guerra no habí­a seguido el corto plazo que se esperaba; por ello, en vez de hacer una demostración de fuerza militar con respecto al Marruecos francés, para lo que hasta entonces se habí­an estado reparando, era mejor tratar de obtener esta reivindicación por medio de un acuerdo con Francia, tal como habí­a sido hecho entre Rumania y Hungrí­a con Transilvania, notificándolo a las potencias vencedoras para que diesen su visto bueno. La mayorí­a de los demás ministros se habí­an mostrado escépticos, pero pensaron que si Alemania estaba de acuerdo, España obtendrí­a Marruecos y Orán, en cuya reivindicación existí­a unanimidad. En realidad, un previsible fracaso de Serrano satisfací­a a la mayorí­a de los ministros. Los ministros estuvieron de acuerdo en que Serrano no debí­a discutir ningún reajuste de relaciones con Alemania.
Pero Franco y Serrano Súñer habí­an llegado a la conclusión que la ofensiva aérea de Alemania contra Inglaterra acabarí­a en dos o tres semanas con la resistencia británica. Por ello debí­an estar preparados para, en el momento oportuno, poderse sentar en la mesa de los vencedores y repartirse el botí­n. Serrano fue enviado a Berlí­n para ofrecer la cooperación de España en la forma de una ocupación del Marruecos francés y un ataque a Gibraltar. Serrano, con todo, no podí­a ofrecer este tipo de cooperación hasta que no estuviese completamente cierta la derrota de Inglaterra. Sin embargo, estaba autorizado a dejar caer la cuestión de Marruecos y Orán para tantear el terreno y ver las posibilidades. La misión, como podemos comprender, no era fácil, al contarse con muy poca capacidad de maniobra (5).
El ministro llevó consigo una carta de Franco a Hitler, fechada el 11 de septiembre en San Sebastián, en la que, tras expresar su amistad, procedia a presentarle a su ministro, quien explicarí­a de forma más precisa lo que el general Vigón ya habí­a manifestado anteriormente. La carta expresaba en su último párrafo la firme fe en la inminente y final victoria de las armas alemanas.
El dí­a 17 de septiembre tení­a lugar la primera entrevista de Serrano Súñer con Von Ribbentrop. Serrano se presentó como un representante del Gobierno español y agente personal del general Franco, que traí­a una misión especial. España querí­a «estar presente de una manera efectiva» y, por ello, «participar en la guerra». Si las dificultades económicas por las que atravesaba el paí­s no hubiesen existido, se habrí­a entrado ya en guerra, era absolutamente necesario asegurar previamente el suministro de materiales indispensables, evitando el ser un peso muerto para Alemania, y preparar a la opinión pública, la juventud y el Ejército. Era deseo de Franco no entrar en el conflicto precipitadamente y distraer a Alemania de su principal objetivo. España esperaba con gran impaciencia la posibilidad de una operación contra Gibraltar, haciendo notar que los materiales para ello, especialmente la artillerí­a, no habí­an llegado, pero que España entenderí­a si en aquel momento Alemania no tení­a interés en este asunto o si los italianos diesen prioridad a la conquista de Suez.
De aquí­ el ministro español pasó a hablar del contenido de la nota verbal entregada por la embajada de España en Berlí­n, las aspiraciones con respecto a Gibraltar y Marruecos, el temor a conflictos en el Marruecos francés, y que por motivos de seguridad y de expansión natural era justa su incorporación a España. Pasó luego a demandar Orán, ya que la población era española, y una rectificación de fronteras en la colonia de Rí­o de Oro -Serrano entregó un mapa explicativo de las reivindicaciones. Esta acción en el campo de la polí­tica exterior, decí­a, era necesaria como elemento de consolidación de la revolución nacional y, con ello, se salvaba también la difí­cil situación defensiva de las islas Canarias. Habló también de Portugal, la influencia inglesa y las dudas de ese paí­s sobre la victoria alemana. En cuanto a los temas económicos, España estaba dispuesta a admitir un régimen de comercio excepcional con Alemania, Ribbentrop, por su parte, expresó su satisfacción por haber rectificado España su postura y ya admitir, en principio, la posibilidad de entrada en guerra. Para el ministro alemán, la victoria de Alemania e Italia era absolutamente cierta, e Inglaterra serí­a derrotada de inmediato. La cuestión en aquel momento estaba en la reorganización de Europa y el mapa africano. España podrí­a participar en esta tarea junto con Italia y Alemania, pero Ribbentrop hizo caso omiso de las propuestas concretas de Serrano, manifestando que España debí­a ceder una de las islas Canarias y que Alemania necesitaba bases en Agadir y Mogador con un hinterland apropiado.
España, reducida a una colonia
Aparte de esto consideró las propuestas españolas sobre ayuda económica y militar demasiado elevadas, especialmente en lo referente a gasolina -estos planteamientos no correspondí­an con sus planteamientos de guerra corta- y presentó unas proposiciones económicas de Alemania para con España que alarmaron con toda razón al ministro español -Serrano hizo ademán de marcharse, pero Ribbentrop no prestó atención- España quedaba reducida a una colonia. Los razonamientos de Ribbentrop dejaban bien en claro que nadie podí­a recibir algo por nada y que las propuestas españolas no se tomaban en consideración. Serrano pudo ofrecer una mayor flexibilidad en temas económicos, pero no pudo ceder en las demandas territoriales. En la despedida volvió a aparecer el tema de Gibraltar. España, según Serrano, entrarí­a en guerra una vez que estuviesen instaladas cerca de Gibraltar diez baterí­as de 38 centí­metros. No era un entrar inmediato, pues Inglaterra todaví­a resistí­a, pero era un avance sustancial. Serrano salvaba su prestigio.
Al dí­a siguiente tení­a lugar la entrevista con Hitler. En ella el tema central fue Gibraltar. Los planteamientos del Fí¼hrer, aunque más moderados, también diferí­an de los del ministro español. Para Hitler la conquista de Gibraltar no era tan difí­cil como la presentaba Serrano, la colaboración que ofrecí­a y valoraba España no era tan importante como para revisar a fondo las condiciones bajo las cuales «podí­a luchar España al lado de Alemania y entrar en guerra inmediatamente ». Hitler estaba preocupado por la posibilidad de que Inglaterra pudiese maniobrar y colocar en contra de Pí¨tain las colonias francesas en el norte de África, en la defensa de las islas del oeste de África y en la seguridad de las futuras posesiones en África central. Se tocó el tema de Marruecos, Serrano propuso una alianza militar defensiva de Alemania, Italia y España -sin que el Fí¼hrer le hiciese demasiado caso-, y solicitó una rectificación de fronteras con Francí­a en los Pirineos. Como bien dice Serrano Súñer, «en aquella primera conversación las alusiones de Hitler a la participación de España en el conflicto europeo fueron indirectas y vagas. Tuvieron un tono meramente teórico». Como resultados tangibles de la misma hay que señalar la propuesta de Hitler de ponerse en contacto con Franco en la frontera hispano-francesa y la carta del Fí¼hrer a Franco aclarando «las confusiones» que sobre el tema de Gibraltar existí­an.
Este mismo dí­a Serrano Súñer tendrí­a otra reunión con Ribbentrop. El ministro alemán resumió la postura del Reich en dos puntos: la cuestión militar, que se explicarí­a de forma palmaria en la carta del Fí¼hrer, y la cuestión de las peticiones de trigo y otros artí­culos, que se estudiarí­an, en especial el tema de la gasolina. Las operaciones militares se consideraban limitadas. Ante la insinuación de Serrano del peligro existente en Marruecos o la necesidad de defender la costa cantábrica, Ribbeintrop contestó que Gibraltar, con la ayuda alemana, serí­a capturado segura y rápidamente, y que no existí­a un peligro inmediato en Marruecos o la costa atlántica. Volví­an a chocar las dos concepciones. Sobre esta base de evaluación de la cooperación española no se podí­a avanzar en el tema de las concesiones territoriales. Ribbentrop siguió pidiendo Agadir, Mogador, una de las islas Canarias e, incluso, una de las islas de Guinea Ecuatorial y la propia Guinea, a cambio de los territorios que se cediesen en Marruecos a España. Serrano expresó sus dudas acerca de la aceptabilidad de estas, propuestas por parte de Franco e mcluso trató de desviar los intereses alemanes de Canarias a Madeira.
En esta entrevista Ribbentrop puso en conocimiento de Serrano sus próximas reuniones en Italia con el Duce y Ciano, pero dejándole por completo en la penumbra sobre lo que allí­ se tratarí­a. Quedaron de acuerdo en volver a entrevistarse. Mientras tanto, el ministro español enviarí­a un informe de lo tratado a Franco y la carta prometida del Fí¼hrer. Ribbentrop marchaba a Roma (6).
Conviene estar dentro, pero no precipitar
El informe de Serrano llegó a Franco antes que la carta de Hitler. El general Franco procedió a felicitar a su cuñado por lo bien que habí­a llevado la entrevista. Lo curioso es comprobar en esta carta cómo Franco sigue en la lí­nea trazada antes del viaje de Serrano. Insiste en la valoración de la ayuda española, en el tema de Marruecos, evitando enclaves o colonialismos económicos. Sólo en el capí­tulo de ayudas militares aparece el material pesado de treinta centí­metros, que resultaba ser un error. No aparece para nada Gibraltar. Será al recibir la carta del Fí¼hrer cuando Franco confirme sus sospechas de que Serrano habí­a ido más lejos de lo que habí­an convenido. Esto ya se encargó Nicolás Franco de airearlo, pues estaba en contacto con su hermano, asesorándole en estos difí­ciles momentos.
La carta de Hitler, nada apremiante, señalaba sin lugar a dudas que la entrada de España en guerra debí­a comenzar con la expulsión de la flota inglesa de Gibraltar, e inmediatamente después con el ataque a la roca. Sólo así­ la interferencia inglesa en el Mediterráneo se evitarí­a. Este era el objetivo prioritario que se resolverí­a con certeza y rápidamente mediante la entrada de España en la guerra, pero Hitler dejaba a España el decidir sobre la intervención. La postura alemana ya expuesta a Serrano volví­a a aparecer: la entrada de España en la guerra ayudarí­a a mostrar más enfáticamente a Inglaterra su situación de resistencia sin esperanza. La cooperación de España no era decisiva para la derrota de Inglaterra. Hitler prometí­a la ayuda de Alemania en caso de un ataque inglés, y el tema principal de negociación, Marruecos, aparecí­a desdibujado en una división del norte de África entre España, Italia y Alemania, y en un hipotético peligro de maniobras inglesas contra Pétain. Hitler prometí­a la ayuda económica y militar. Nada más con claridad.
Esta es la razón por la que el general Franco y Nicolás Franco, en la carta de contestación a Hitler, señalaban previamente el tema de Marruecos con una frase que no pertenecí­a a la carta de Hitler, sino al informe de las conversaciones: «reconocer las reivindicaciones españolas en Marruecos, con la sola limitación de asegurar a Alemania, a través de acuerdos comerciales, una participación en las materias primas de la zona». Se consideraban innecesarios los enclaves propuestos y se agradecí­a la propuesta de encuentro en la frontera española. Esto era lo principal de la carta, lo demás eran frases que se desmarcaban claramente de cualquier intento de reajuste de relaciones: la falta de recursos impedí­a una rápida entrada en guerra, aun cerrando el Mediterráneo existí­an materias primas que debí­an buscarse en otros lugares, acuerdo en que el primer ataque consistirí­a en un ataque a Gibraltar, etcétera.
El general Franco, a su vez, tras leer la carta de Hitler, habí­a procedido de inmediato a añadir algunas recomendaciones a Serrano. Franco ya dudaba entre la posibilidad de prolongación del conflicto y una posible precipitación de los acontecimientos por Italia, de quien se temí­an las intenciones. Por ello, tras señalar que lo escrito anteriormente en la carta -ayudas, Marruecos- era en muchas cosas lí­mites que no convení­a rebasar, procedí­a a reiterar que convení­a estar dentro, pero no precipitar, retrasar la intervención cuanto más mejor. La carta de Hitler, decí­a Franco, no era apremiante en este aspecto en contra de lo que afirmaba Serrano, y el protocolo propuesto habí­a de mantenerse, de nuevo, en los lí­mites propuestos, «como verás hay acuerdo completo entre el Fí¼hrer y nosotros, sólo queda la apreciación técnica de algunos factores que no son lo concluyentes que él afirma».
La respuesta a Hitler antes citada, de 22 de septiembre, no deja lugar a dudas. Más aún, la segunda carta del general Franco a Serrano, el dí­a 23. Franco increí­blemente deduce de la carta de Hitler una aceptación implí­cita de guerra larga y el limitado alcance que da a los frutos de la acción italiana. Además cita noticias de aviadores alemanes en Parí­s sobre la no decisiva eficacia de los bombardeos sobre Inglaterra y la opinión de Samuel Hoare, embajador británico en. Madrid, de que la lucha continuarí­a. Esta misma idea la repite el dí­a 24 en nueva carta a Serrano: «Corresponde asegurarse para una guerra larga». «La alianza -se referí­a a la propuesta italiana de la que hablaremos- no tiene duda, pero está completamente expresada en mi contestación al Fí¼hrer y en la orientación de nuestra polí­tica exterior desde nuestra guerra.» «Ignoro lo que te van a pedir, supongo será lo que dijeron, un protocolo de principios sobre las conversaciones sostenidas y los puntos en que ha habido acuerdo, base para el futuro pacto de alianza.» «La agresión sin previo aviso a Gibraltar habrí­a que examinarla despacio» .
Italia también opina
Von Ribbentrop procedió a conferenciar con el Duce y Ciano en Roma y a exponer, entre otras muchas cosas, la intención española de entrar en la guerra, la toma de Gibraltar, las ayudas pedidas y las reivindicaciones españolas. Todo ello entrarí­a dentro de un protocolo que serí­a firmado por Serrano. Mussolini afirmó en un primer momento que las reivindicaciones españolas no entraban en conflicto con las aspiraciones italianas, pero posteriormente, en el curso de la entrevista, sutilmente, rectificó. El ataque a Gibraltar, tan solicitado por el Duce, debí­a ser pospuesto hasta después del invierno, a la vez que solicitaba Baleares, el eterno sueño fascista. España, dijo el Duce, era una carta que debí­a jugarse a su debido tiempo, por ello dejó caer la idea de que en vez de un protocolo germano-español, en el que se fijase la entrada de España en la guerra, podí­a llegarse a una alianza militar entre Alemania, Italia y España.
Estas restricciones mentales del Duce a las reivindicaciones españolas volvieron a repetirse al dí­a siguiente, al tratarse ya de lleno la alianza militar tripartita. El Duce, al ser preguntado sobre si creí­a que los españoles podí­an administrar el área marroquí­ reinvindicada, se encogió de hombros y respondió preguntando a su vez sobre los preparativos militares españoles en la zona, las armas y los aviones con que contaba en caso de un ataque desde Marruecos francés.
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Mié Sep 10, 2008 12:26 pm

Bueno hoy os deja la segunda parte de la historia, el papel destinado a España por los dos dictadores que se creen ya los amos de Europa es lógico de entender, y mas teniendo en cuenta que consideraban que Franco gobernaba en España gracias a la ayuda prestada por las potencias del Eje

HitIer consideró innecesaria en 1940 la entrada de España en el conflicto europeo
REPORTAJE: Franco quiso participar en la segunda guerra mundial/2
Hitler y Mussolini deciden, antes de la entrevista de Hendaya, la no beligerancia de España
21/11/1978
En el segundo capí­tulo de la serie, que demuestra que Hitler consideró innecesaria en 1940 la entrada de España en la segunda guerra mundial, el profesor Antonio Marquina Barrio analiza los preparativos del proyecto del Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y España, que según sugerencia italiana tendrí­a una duración de diez años y en el que se fijarí­a la entrada de España en la guerra mediante una cláusula secreta. Las entrevistas de Ramón Serrano Súñer con Ribbentrop, Hitler y Mussolini constituyeron un fracaso para las pretensiones españolas. Tanto el Fí¼hrer como el Duce no aceptaron la futura cesión a España del Marruecos francés y acordaron que la no beligerancia española era más ventajosa para Alemania e Italia que su intervención.
Serrano Súñer, que estuvo recorriendo Bélgica y Francia durante estos dí­as de entrevistas de Ribbentrop en Roma, visitando fortines y escuchando relatos de aventuras, fue notificado del proyecto de alianza o pacto tripartito con España cuando estaba en Bruselas.El 24 de septiembre, Serrano, teniendo como directivas la primera carta de Franco, procedí­a a entrevistarse de nuevo con Ribbentrop. Habí­a tenido lugar un acontecimiento importante: el ataque inglés a Dakar. Serrano tení­a con ella una buena baza, y así­ la hizo jugar tratando de romper el escepticismo del ministro alemán sobre los peligros que corrí­a España en Marruecos y la necesidad de una seria preparación, pero en vano. Pasó luego a la exposición de temas pendientes, el general Franco estaba de acuerdo con la carta de Hitler, salvo en el tema de las bases y las pretensiones económicas, que consideraba exageradas.
Ribbentrop, por su parte, procedió a explicar. la alianza tripartita, según sugerencia italiana, que tendrí­a una duración de diez años. Se fijarí­a la entrada en la guerra mediante una cláusula secreta. Habrí­a dos protocolos suplementarios, uno sobre ayuda económica y militar de Alemania y el otro sobre entregas de materias primas entre ambos paí­ses. Esta alianza darí­a seguridades de que, una vez conseguida la paz, el Marruecos francés serí­a transferido a España, reservándose Alemania ciertos enclaves.
Serrano describió la postura española ante la propuesta en tres puntos: 1. Decisión española de entrar, en la guerra de inmediato. 2. Seguridad de ayuda material y militar a España. 3. Reconocimiento de las demandas territoriales de España. Serrano volvió a oponerse tenazmente a las bases alemanas, a cualquier cesión, o intercambio de territorios y a las desmesuradas pretensiones económicas alemanas.
Para concluir, Ribbentrop señaló que existí­an puntos en los que no se habí­a llegado a un acuerdo, pero que el interlocutor español, debí­a considerar que todo lo que se habí­a planeado para el futuro de España habí­a sido hecho posible gracias a la batalla de Flandes y a la batalla de Inglaterra, incluso Alemania habí­a contribuido en gran manera al éxito de Franco en la guerra civil.
La entrevista con Hitler no cambió nada la situación. La carta de Franco, entregada en mano, no aportaba nada en concreto. Hitler, si bien confiado y seguro, puso de relieve el ataque inglés contra Dakar, la necesidad de bases alemanas en el África del Oeste, la posición de Inglaterra, los nuevos Junkers 88, etcétera. En conclusión, el Fí¼hrer declaró que probablemente darí­a una respuesta escrita a Franco o, quizá incluso, una respuesta oral durante la conversación con él. Serrano acogió la idea de una conversación personal entre Hitler y Franco, como la única solución posible a los problemas que habí­an surgido en las entrevistas de Berlí­n. Este paso, será uno de los más duramente criticados por los mismos acompañantes. Era meter se en la boca del lobo (1). En esta entrevista, también se discutió de nuevo la necesidad de la colaboración de Portugal.
Manuel Halcón, que tomó como pretexto una enfermedad de anginas para volverse a España, calificó esta etapa de conversaciones como, un auténtico fiasco. Serrano fue alternativamente adulado y menospreciado, por lo que tuvo necesidad de hacerse notar más y más, presentándose con más poderes de los que poseí­a. Serrano estaba en una situación tal de excitación, que necesitó inyectarse un sedante todas las noches. Serrano desconoció por completo los motivos de la visita de Ribbentrop a Roma. De la firma del Pacto Tripartito se enteró cuando se hizo público. Aparte de esto, cometió errores de consideración, como el sugerir que los italianos pudiesen ocupar Dakar pensando ser un medio válido de distraer su atención de Marruecos y errores geográficos, afirmando que las islas de Cabo Verde podí­an ser defendidas con artillerí­a de costa desde África y, en general, fue muy imprudente en sus juicios sobre los italianos, que Espinosa de los Monteros y Ribbentrop se encargaron de hacer llegar a los interesados. A Serrano, además, los alemanes, cuidando las relaciones públicas, le hicieron una demostración de fuerza militar y bombardeo que le dejaron con la convicción, si algo le faltaba, de que Alemania era invencible y tení­a ganada la guerra.
El cambio de opinión
Serrano marchó a Roma despotricando de los alemanes y de su falta de tacto. Ciano apostillarí­a: «Los españoles piden mucho y no dan nada.» El Duce, por su parte, dio ciertas muestras de comprensión no exentas de segundas intenciones, indicando que la intervención española serí­a decidida de común acuerdo, procurando que no fuese una carga pesada para España, y afirmando su convicción del precioso apoyo que España prestarí­a a la victoria del Eje. Pero se reservaba examinar más tarde los aspectos prácticos de la cuestión. Estas reservas harán su aparición en la entrevista del Brennero el 4 de octubre, entre el Duce e Hitler. Hitler habí­a cambiado de opinión respecto a la oportunidad de ceder a España el Marruecos francés por medio a destabilizar la situación en Francia, mostrándose de acuerdo en la cesión de Gibraltar. El Duce estuvo conforme, y manifestó que serí­a oportuno decir a Serrano que estaban de acuerdo en las reivindicaciones con respecto a Inglaterra, y en principio en una modificación territorial con Marruecos, que se precisarí­a en el momento de la paz. Estas mismas ideas se las volverí­a a recordar a Hitler cuatro dí­as antes de la conferencia de Hendaya: «Expreso mi convicción de que la no beligerancia española nos es más ventajosa que su intervención. Debemos mantener la intervención como una reserva. Es una carta que debemos jugar en el momento más oportuno, de acuerdo con las circunstancias.» (2).
Serrano, que fue notificado por Ciano de esta entrevista -y que no le satisfizo-, volvió a España el 5 de octubre sin percartarse del cambio de opinión producido. El dí­a 10 de octubre escribí­a a Ribbentrop señalándole lo importantes que eran para España las negociaciones con Inglaterra para la importación de trigo y petróleo y la necesidad de mantener el secreto. Asimismo le daba cuenta de los refuerzos enviados a Canarias y Marruecos.
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Jue Sep 11, 2008 6:10 pm

En esta tercera parte el profesor Marquina termina su relato de lo que ocurrio en Hendaya, el desenlace de los hechos según su criterio resulta cuanto menos sorprendente, de tal manera que provoco la replica de Serrano-Suñer en otros tantos artí­culos en los que aopoyándose en su experiencia personal intenta desmontar las tésis de Marquina, veamos como termina la historia a juicio del profesor:
Franco acudió a la célebre entrevista de Hendaya dispuesto a entrar en el conflicto europeo. Cuando ya habí­a comenzado a explicar a Hitler el «precio» de esta participación española -la entrega simple del Marruecos francés a España y un largo etcétera- se dio cuenta que el dictador nazi no deseaba, en aquellos momentos, que España entrase en el conflicto. De la entrevista Franco-Hitler, el único resultado positivo fue la formación de una alianza polí­tica España-Italia-Alemania, que en los términos expresados en Hendaya no satisfizo a los españoles. Con el cambio posterior de los resultados de la guerra es luego Hitler quien pide, de manera indirecta, la entrada española, pero ya Franco agrega Argelia a sus peticiones. El profesor termina su serie sobre el trí­ptico de entrevistas entre los dirigentes fascistas de España, Italia y Alemania a principio de los años cuarenta.
El dí­a 23 de octubre tení­a lugar la entrevista de Hendaya entre Hitler y Franco. Hitler, el dí­a anterior, se habí­a reunido con Pierre Laval en Montoire y dejó concertada una conferencia con el mariscal Petain para el dí­a 24.Franco, previamente, habí­a reunido a seis generales para pedir su opinión sobre las lí­neas a seguir en la entrevista. Estuvieron de acuerdo en manifestar que antes de consentir un acto de deshonor o cobardí­a o asentir a ser esclavos, todos los españoles morirí­an luchando de buena gana. Estos generales recomendaron a Franco que dijese esto a Hitler sin rodeos. Franco les contestó que no juzgaba oportuno sacar a relucir esta recomendación, a menos que fuese inducido a ello, pero que, en cualquier caso, no se dejarí­a intimidar.
Sin entrar en demasiados detalles de esta larga entrevista y ciñéndonos a la exposición de lo más trascendente, diremos, basándonos en documentos de testigos de excepción, lo siguiente:
Hitler no pidió a Franco entrar en guerra en Hendaya. Hitler se limitó a repetir sus ideas sobre el inminente aniquilamiento de Inglaterra, sobre Gibraltar, Marruecos y Canarias. Hitler preguntó a Franco si no querí­a formar una alianza polí­tica con él, que Franco interpretó como una petición de entrada en la guerra, por lo que comenzó a explicar la dificil situación española tras la guerra civil y que no podí­a justificar la entrada en guerra a menos que de ella resultase una sustancial ganancia territorial que sirviese para unir a los españoles en la empresa. Hitler le preguntó que qué consideraba como una sustancial ganancia territorial. Franco, entonces, es cuando procedió a «abrumar» a Hitler con las pretensiones españolas, sus justificaciones y sus detalles de forma larga y tendida. Hitler replicó que aunque habí­a derrotado a Francia, estaba convencido que la nueva Europa no podí­a existir sin la gustosa cooperación de Francia, dado su peso cultural, polí­tico y económico. Hitler, además, manifestó que no estaba preparado para discutir cuestiones territoriales francesas hasta que no viese a Petain al dí­a siguiente. En este momento, Franco se dio cuenta de su error y, un tanto aliviado, se apartó del plan que previamente habí­a preparado con Serrano, declarando a Hitler que Petain era un fiel amigo de España y que él no harí­a nada que pudiese perjudicarle como jefe del Gobierno francés. Franco añadió que meramente habí­a sugerido la cuestión de Marruecos para ilustrar lo difí­cil que era la posición española. Franco tomó esta postura tan blanda porque no querí­a arriesgar nada. La conversación fue, por tanto, meramente exploratoria, quedando además bien claro por confidencia de Hitler que era Italia la que querí­a presionar a España más duramente e incluso que Italia habí­a solicitado bases en todo el territorio comprendido entre Málaga y Cádiz, no teniendo interés en Dakar y Casablanca. Franco se negó a cualquier tipo de cesión de bases o la utilización del territorio español como territorio de paso. Salió también a relucir el tema de Portugal, donde trató de terciar Serrano, pero el general Franco se desvió. Franco tampoco dio facilidades en el tema de Gibraltar. Los alemanes, a su vez, presentaron para la firma el protocolo de la alianza tripartita, en el que las compensaciones exigidas por España no aparecí­an. Es fácil de comprender la amargura de Serrano ante los resultados de esta entrevista por la retirada de anteriores promesas en Berlí­n. Serrano trató por todos los medios de volver a adquirir la posición perdida en su conversación posterior con Ribbentrop, pero fue inútil. Por ello, hubo de procederse por parte española a modificar el protocolo.
Franco, según testimonio de Serrano, tampoco quedó conforme, como además se justifica por el hecho de que a los pocos dí­as tratara de reabrir las negociaciones. El artí­culo quinto del protocolo, aunque modificado por España, era claramente insatisfactorio. En vano se intentó introducir en el acuerdo suplementario la frase «en la zona francesa de Marruecos, que posteriormente pertenecerá a España».Los alemanes no lo ratificarí­an.
Con todo, Franco pudo decir a sus generales que las cosas habí­an marchado mejor de lo que se esperaba y que no habí­a prometido nada. Hitler, a pesar de lo que se ha afirmado, no mostró resentimiento por lo allí­ ocurrido -una trata de ganado de segunda categorí­a- y dijo a su staff que no se podí­a esperar de España una ayuda militar en la guerra. Los que sí­ quedaron altamente entristecidos fueron los italianos.
Las negociaciones siguieron y se pudo llegar a una nueva reunión con Hitler en Berghof (1).
La supuesta resistencia en Berghof
Los fines atribuidos al así­ llamado consejo de guerra en Berchtesgaben no están suficientemente claros. ¿Fue la carta de Franco suficiente para abrir la negociación si los alemanes no habí­an cambiado su posición, no estaban dispuestos a concer nada, ni a presionar para la entrada, de España en guerra de inmediato? ¿Qué parte juega la derrota de Italia en Grecia? Veamos esto.
Serrano fue recibido en Berghof por Ribbentrop, quien de entrada le dijo claramente que no existí­a ninguna necesidad de ver al fí¼hrer, a menos que pudiese llegar a un acuerdo previo con el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. Serrano amenazó con marcharse y pudo conseguir al dí­a siguiente una entrevista con Hitler, a la que Ribbentrop insistió en estar presente.
En la entrevista con Hitler, Serrano recalcó una y otra vez la situación de no preparación, y que era necesario dar al pueblo español una empresa de polí­tica exterior para unificar y clarificar la situación interior. Pero Hitler y Ribbentrop siguieron en sus trece, no se podí­a sacrificar a Francia. Se podí­a ocupar en aquel momento Francia si Petain fuese recalcitrante, pero no el Marruecos francés. El fí¼hrer, además, declaró que preferí­a, ante la eventualidad de conflictos en esta zona, que Gibraltar permaneciese en manos inglesas y África con Peatin. Seguí­a considerando el ataque a Gibraltar o un inmediato cierre del Mediterráneo como un golpe decisivo en sus efectos psicológicos contra Inglaterra para hacerla desistir de la lucha, pero se fijaba un tiempo de preparación para la operación que se tení­a decidida. Hitler seguí­a confiando en sus ataques aéreos sobre Inglaterra. Serrano, a pesar de su ofrecimiento al fí¼hrer para convencer a Franco, no pudo conseguir un cambio de posiciones.
La entrevista del dí­a siguiente con Ribbentrop fue tan inconclusiva como la anterior. El intento de Serrano de mostrar que estaba mejor informado sobre la situación y refuerzos que recibí­a Inglaterra, no sirvió de nada. Serrano no le pudo convencer de la necesidad de un inminente ataque sobre Gibraltar. Serrano terminó de la misma forma que su conversación con Hitler. Utilizarí­a el tiempo de preparación para conseguir de Argentina, Canadá y Estados Unidos tanto trigo como fuese posible (2).
Ni alemanes ni franceses ni italianos admití­an hechos consumados. La visita de Suñer fue un fracaso. La recepción fue frí­a y su partida más frí­a aún.
El embajador alemán informarí­a posteriormente, el 25 de noviembre, que Franco habí­a reunido a los ministros militares para una reunión secreta, que se continuarí­a al dí­a siguiente, y que ya habí­an aparecido algunas objeciones. El perí­odo de dos meses de preparación no parecí­a suficiente y no les parecí­a claro lo que Alemania ofrecí­a a cambio. El 29 de noviembre volví­a a informar que el ministro de Asuntos Exteriores le habí­a dado por escrito la posición de Franco. El apartado segundo aclaraba que el tiempo requerido para la entrada en guerra no podí­a ser definitivamente determinado, ya que junto al ataque a Gibraltar otras importantes acciones militares habí­an de ser tenidas en cuenta. Y el quinto señalaba que en opinión de Franco el ataque a Gibraltar debí­a coincidir con un ataque a Suez.
En diciembre tendrí­a lugar una visita de Canaris a España. En enero de 1941, Ribbentrop instruirí­a a Von Stohrer para que demandase a Franco la entrada de España en guerra, a lo que Franco, diplomáticamente, no accedió. Aunque Hitler expresase su disgusto, no hubo presiones, como no las hubo en Bordighera por Mussolini.
Suez no pudo ser tomado y ello permitió incluso la maniobra de liquidar a la así­ llamada izquierda falangista y redefinir el papel polí­tico de la Falange en el nuevo Estado en mayo de 1941, Amagos de intervención alemana tuvieron lugar a raí­z de esta crisis tan fundamental, pero sin consecuencias. Estos amagos volverí­an a repetirse con la entrada de Estados Unidos en guerra. Solamente un poco antes de la defenestración de Serrano se puede hablar de auténtica presión alemana para entrar en guerra. Esta presión se harí­a más fuerte tras la operación «Torch», en el norte de África. Por ello se decretarí­a la movilización.
Ya en 1943, Franco tendrí­a con este motivo una conversación con el nuevo embajador alemán Von Moltke. Ante las presiones del embajador, Franco solicitarí­a Argelia y el Marruecos francés. El embajador responderí­a ser imposible, por habérselo ya ofrecido a Italia. Franco contestó: «Pues dejen a los italianos luchar por ello.» Era demasiado tarde.
El mes de mayo de 1943, supuso el cambio de táctica alemán con respecto a España por la negativa de Hitler a invadir la Pení­nsula dada la situación de la guerra. España no entró en guerra, pero Serrano estaba convencido de que se habrí­a entrado en guerra si los alemanes hubiesen dado a Franco el Marruecos francés. Franco creyó en la victoria alemana hasta bien entrado el año 1944.
La seguridad alemana en la derrota de Inglaterra y el papel atribuido por Hitler a Francia en el nuevo orden europeo, son fundamentales para explicar estos acontecimientos; pero no lo son menos los sueños imperiales italianos y los manejos subterráneos de Inglaterra.

Habréis visto que no es muy explicito en contar que paso dentro del vagón, más adelante podréis ver otro trabajo que es muy ilustrativo al respecto
Mañana os pondré la primera réplica de Serrano

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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Vie Sep 12, 2008 6:22 pm

Las tesis del profesor Marquina aunque bien documentadas, a mi juicio pecan en exceso en desdibujar el interés alemán en la participación española, con tal de reforzar su idea de que Franco con sus ansias imperialistas estaba deseoso de participar en la guerra para expandir su presencia en Africa, y apoyarse en estas reivindicaciones como la principal razón para que Alemania perdiese interés en la entrada en guerra de España. Estas tesis no pueden dar respuesta a algo fundamental, si el supuesto interés de Alemania en la entrada de España en guerra se disipó tras la entrevista de Hendaya del 23 de octubre, ¿cual es la razón para que Hitler publicara su directiva nº 18 el 12 de noviembre? ¿porqué altos mandos alemanes continuaron preparando operaciones bélicas en España tras el fracaso de la opereción Felix? incluso a espaldas de Franco y con la ayuda del general Muñoz Grandes, pero bueno no nos desviemos del hilo y más adelante podremos tocar estos temas con un poco de más profundidad, hoy reproduzco la primera de las tres replicas, todas en un tono muy elegante, publicadas por el diario El Paí­s en 1978:

Puntualizaciones sobre las relaciones de Franco y Hitler durante la segunda guerra mundial
RAMí“N SERRANO SUí‘ER 26/11/1978

Hay que presumir, con presunción juris tantum, como decimos los juristas, la buena fe en quienes escriben sobre temas importantes con el propósito de hacer historia. Para llevar a cabo con el debido rigor esta tarea hay que pensar que los hechos son su material propio; los hechos históricos en su descarnada y frí­a realidad, los hechos tal como son y se producen. Los hechos son brutales, decí­a Castelar, que, además del orador de elocuencia extraordinaria que todo el mundo conoce, era historiador con una muy sólida formación cultural producto de muchas lecturas bien seleccionadas y meditadas.Ahora bien, las fuentes de donde se extraen los hechos que se utilicen no pueden ser sólo los documentos más o menos auténticos. La historia llamada de los textos, que durante mucho tiempo estuvo en boga, está hoy considerada como insuficiente, porque el texto puede ser dudoso -y lo es con frecuencia- ya en su realidad, ya en su certeza y fidelidad. Por eso al «texto» hay que añadir otros factores; al «documento» hay que incorporar el «monumento», entendido éste no sólo en su significado vulgar y más inmediato, sino en la acepción de todo dato, objeto o testimonio, de utilidad para la historia.
Así­ entendidas las cosas, a quien trabaja con seriedad no puede molestar el afán legí­timo de puntualización, de aclaración y aun de rectificación, tan pronto como se adviertan dudas, lagunas o errores.
Claro es que a los que sólo se proponen realizar un servicio con designios interesados o para dar satisfacción a odios y pasiones, como también a las personas de mente perezosa que reciben sin depurar informaciones y deformaciones propagandí­sticas, sin tomarse la molestia de un análisis racional, es inútil tratar de corregirlos en sus opiniones o actitudes: persistirán en su error -interesado o perezoso- y acaso gustosamente alimentado, y aun se mostrarán recelosos de que pueda alguien descubrir sus guaridas.
Hitler sí­ pidió a Franco colaboración
No es este el caso de los artí­culos de Marquina, en los que hay laboriosidad en la búsqueda de datos y documentos; pero incurre sin embargo en errores y confusiones que quiero resaltar como aportación a la verdad histórica. Así­, al hablar de la entrevista Franco-Hitler en Hendaya, dice el articulista que
«Hitler no pidió a Franco entrar en guerra, en Hendaya. Que HitIer se limitó a repetir sus ideas sobre el inminente aniquilamiento de Inglaterra, sobre Gibraltar, Marruecos y Canarias». Y eso no es así­. Soy testigo presencial, como asistente a aquella conferencia, de que fue todo lo contrario: Hitler le pidió a Franco la colaboración en la guerra empezando por el ataque a Gibraltar, y prueba de ello es que llevaba preparado un documento -un protocolo- para que España se adhiriera al Pacto Tripartito (pacto de alianza militar entre Alemania, Italia y Japón), pasando a la acción en el momento en que las conveniencias o la marcha de la guerra, apreciadas por él, lo exigieran. Fue así­ y no podí­a ser de otra manera, pues para Hitler y sus mariscales Gibraltar era el tema principal.
El mariscal Keitel dijo melancólicamente «que la historia hubiera sido diferente si nosotros hubiéramos tomado Gibraltar». Tanto interesaba entonces al Fí¼hrer la posesión de Gibraltar que hay un testimonio suyo -documento C 134 de Nuremberg- en el que se dice: «Para la toma de Gibraltar nosotros habí­amos hecho tales preparativos, que tení­amos la certeza del éxito. Y una vez en posesión de la plaza habrí­amos.estado en condiciones de instalarnos en África con fuerzas importantes y de poner así­ fin al chantaje de Weygand» -el general francés-, y añade: «Si Italia puede aún decidir a Franco a entrar en la guerra, esto representará un gran éxito.»
Y aparte del proceso verbal recogido en aquel documento a que nos estamos refiriendo, existe la carta que Hitler dirige a Mussolini diciéndole: «Si vos, aprovechando vuestras relaciones personales con Franco, podéis obtener que éste modifique su punto de vista, habrí­ais rendido un inmenso servicio a nuestra coalición. » (¿Qué importancia se puede dar frente a esa realidad a papeles y manifestaciones ocasionales y secundarias sin valor?)
La negativa de Franco a que se realizara esta operación tuvo enormes consecuencias sobre el desarrollo ulterior de los acontecimientos. Ya estaba próximo a su fin el año 1940 cuando el proyecto de atacar a Rusia no estaba todaví­a en la cabeza de Hitler, y fue preci.samente el fracaso de su plan de ataque a Gibraltar el que le hizo volverse hacia el Este y, con ello, como han señalado autorizados estudiosos del problema, se incubaba el desastre alemán en Rusia y el desembarco angloamericano en Africa.
Hitler pidió a Franco su participación en la guerra y Franco no aceptó porque no le ofrecí­an compensaciones de interés nacional suficiente y, además, porque en aquellas fechas, aunque Franco creyera -como creí­a- en la victorí­a alemana, estaba ya convencido de que la guerra iba a ser larga, y no querí­a por ello tomar ningún compromiso inmediato de participación en la contienda. Y fue precisamente allí­, en Hendaya, donde se afirmó en Franco esta convicción cuando, de un modo que parecí­a puramente incidental, pero con toda intención, pregunio al Fí¼lirer por la batalla sobre Inglaterra y expuso su extrañeza de que no se librara, escuchando de Hitler, a este respecto, sólo palabras vagas -«en cuanto mejore el tiempo será aniquilada»-, en las que se apreciaba un tono propagandí­stico y falto de sinceridad.
La verdad es que Franco no creyó nunca en que aquella batalla sobre Gran Bretaña llegara; y si lo mismo que a él nos parecí­a a los profanos, diré, sin embargo, que hombre tan inteligente y competente como el gran almirante Raeder, persona, además, simpática y bien educada, me manifestó entonces, en conversación privada conmigo, y luego públicamente también lo hizo, que, a su juicio, la operación era posible y debí­a de llevarse a cabo cuanto antes.
Ni presiones ni malos modos
Terminaré este punto diciendo que es saludable comprobar cómo Marquina consigna, frente a tanto disparate que se.ha escrito en relación con este tema, el hecho cierto de que no hubo presiones. Así­ fue; no hubo presiones ni malos modos ni allí­, en Hendaya, ni luego durante nuestras conversaciones -patéticas- en el Berghof, pero también es cierto que HitIer dio comienzo a su exposición diciendo que tení­a a su disposición doscientas divisiones, que era el dueño de Europa y que habí­a que obedecer. (Palabras que recojo en mi ultimo libro no sólo -en base de mis recuerdos, que difí­cilmente se apagarán en mi memoria, sino, también, por las notas que me entregó firmadas -y que conservo- el barón de las Torres, que fue con Franco y conmigo el único español que estuvo allí­ presente, como por la parte alemana no estuvieron más que Hitler, su ministro Ribbentrop y su intérprete, Gross).
Aunque de la estación de Hendaya saliéramos sin firmar aquel protocolo, pensando que podí­a constituir peligro rechazarlo en absoluto, horas después, ya de regreso en San Sebastián, de madrugada, redactamos en Ayete un contraproyecto con la adhesión al Pacto Tripartito, pero desvirtuando tanto el preparado por el Gobierno alemán que, en el nuestro, quedaba exclusivamente en manos de España la determinación del momento para pasar a la acción. Y al amanecer del dí­a 24 entregamos nuestro texto al embajador de España, que se apresuró a llevarlo al ministro Ribbentrop.
En cuanto a lo que se dice en el trabajo a que nos referimos de que Franco, pocos dí­as después de la entrevista de Hendaya, intentara reanudar las negociaciones, se trataba más bien de lamentarse del desconocimiento del derecho español sobre los territorios africanos a que se refiere, considerado por Franco mejor y más fundado que el de Francia, como puede leerse en la carta de éste a Hitler, publicada en el libro mí­o citado, Entre el silencio y la propaganda, la Historia como fue.
En asunto tan grave como este, el acuerdo entre Franco, que decidí­a, y el ministro -yo-, que negociaba y discutí­a, fue absoluto
Última edición por GIBRALTARESPAÑOL el Dom Sep 14, 2008 9:40 am, editado 1 vez en total
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Re: españa en la 2 guerra mundial

Notapor GIBRALTARESPAÑOL el Sab Sep 13, 2008 5:03 pm

Interasantí­sima segunda réplica de Serrano-Suñer, afirma que el ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno de Franco en 1939, el teniente coronel Beigbeder, fue agente al servicio de Inglaterra razón por la cual Franco le destituye en octubre de 1940 para precisamente nombrar a su cuñado como nuevo responsable al frente de Exteriores, de este tema hay documentación, alguna muy curiosa, que describe la enorme actividad desarrollada por la embajada británica en Madrid y los servicios secretos ingles con el único objetivo de evitar la entrada de España en guerra, pero esa es otra historia y lo veremos más adelante, vamos a ver la segunda puntualización de Serrano:

Ribbentrop acusó a un ministro español de estar al servicio de los ingleses
RAMON SERRANO SUí‘ER 28/11/1978

Para evitar mayor confusión en relación con los temas tratados en los artí­culos que analizo, convendrí­a distinguir tres momentos: primero, mi viaje a Berlí­n en septiembre de 1940; segundo, el encuentro de Franco con Hitler en Hendaya -del que ya me he ocupado en el número anterior de este diario-, y el tercero, mi entrevista con Hitler en el Berghof.Las cosas empezaron así­: el coronel Beigbeder, ministro de Asuntos Exteriores en aquel tiempo, hombre de una personalidad singular, con buena cultura «parcial», y con «su inteligencia», era muy inestable, por emplear una palabra hoy tan en uso. Tomó parte en la organización del alzamiento en Marruecos -devoto fervoroso de Franco al principio, y conspirador contra él más tarde-, fue primero falangista exaltado y germanófilo para rendirse muy pronto, pese a su honradez, a ciertos encantos de la embajada inglesa, que empezó así­ a conocer con demasiada familiaridad y rapidez los documentos, las noticias, los informes cifrados que llegaban a nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores. Alguien, creo que un coronel que luego fue ministro, informó al Generalí­simo del malestar que ello producí­a en la misión militar alemana y en otros elementos de la embajada, y fue este el motivo por el que Franco, disgustado, preocupado por el mal humor de los nazis, en las horas más altas del poderí­o de éstos, decidió enviarme a Berlí­n -en razón de mi notoria germanofilia- para clarificar la situación y hacer saber, una vez más, al Gobierno alemán y a Hitler nuestros sentimientos de leal amistad y propósitos de colaboración; todo ello en la lí­nea y en el tono que claramente resulta de las cartas que él me enviaba en avión, y en mano del teniente coronel Tomás Garcí­a Figueras, ilustres africanista.
Al llegar a Berlí­n encontré, efectivamente, en mi primera conversación con Ribbentrop, un ambiente de recelo y desconfianza y así­, al hablarle de apreciaciones nuestras sobre la situación de Inglaterra, me interrumpió con intemperancia diciendo que algún ministro español estaba al servicio, o poco menos, de la embajada británica en Madrid, a lo que yo hube de replicar que los ministros podí­amos estar acertados o equivocados en nuestras actuaciones, pero que ninguno creí­a servir otro interés que el de España. No insistió sobre el caso Beigbeder, al que sin duda se referí­a, pero en seguida, ante otra rectificación mí­a, dijo irónicamente que nuestra fuente de información sobre las cosas inglesas,era la que Sir Robert Vansittart, alto jefe del Foreign Office, proporcionaba a nuestro embajador en Londres.
Ante tan delicada situación, yo, en mis conversaciones con Hitler y con el ministro Ribbentrop, cumplí­ el encargo de Franco -en términos que merecieron su elogio- de hacer protesta de nuestra verdadera amistad, de nuestra solidaridad, de nuestro deseo de una colaboración activa -por el momento imposible- tan pronto como se resolvieran satisfactoriamente los problemas del suministro de ví­veres, materias primas y armamento para la adecuada preparación del Ejército, entrando en cifras y detalles, preparados ya en Madrid, y siempre, que se garantizara a España la reivindicación de los territorios africanos, a los que más tarde hizo Franco referencia en Hendaya. Y no obtuve, ciertamente, sobre este punto, como señalan los artí­culos de referencia, declaración satisfactoria. Nada concreto. Nada efectivo.
Escena delirante
Pude apreciar, en las muchas conversaciones que allí­ celebré, el gran interés que Hitler y el Gobierno tení­an por los territorios de Africa, aunque no estuvieran en la zona de influencia que Alemania proyectaba reservarse. No olvidaré nunca la escena delirante (muchas veces me la ha recordado con humor Antonio Tovar) que nos ofreció Ribbentrop señalando con un puntero, sobre un mapa colgado en la pared, una enorme extensión que abarcaba desde el paralelo del lago Tchad hasta Angola y Mozambique, cogiendo Camerún, el Africa Eucatorial francesa, el Congo francés y el belga, también Guinea y los territorios de Kenia y Tanganica. Todo aquello era la zona de intereses alemanes, el imperio que soñaban en el corazón de Africa, para el pueblo alemán. Y aún otro dí­a, en reunión un poco ocasional -imprevista-, estando yo con Ribbentrop, con el subsecretario Weizseker y el bilingile Gross, me manifestó que también querí­an algunos enclaves en la zona de las pretendidas reivindicaciones españolas, tales como Mogador y Agadir, para establecer allí­ bases militares; y al referirse, de añadidura, a la necesidad de establecer otra base para sus aviones en Canarias, fue cuando yo, puesto en pie, le dije que interrumpí­a toda conversación y me marchaba a España, creándose así­ una gran tensión que fue resuelta por la cortesí­a, frecuente en los marinos, del citado subsecretario Weizseker.
¿Fracaso?
Se dice en los artí­culos de referencia que el viaje fue un fracaso. Veamos: ¿Fracaso por no haber conseguido satisfacción a nuestras reivindicaciones territoriales? Desde luego. ¿Fracaso por no haber concertado la entrada en la guerra? También. Dos fracasos que, con el definitivo de Hendaya, la participación armada en él conflicto no tuvo lugar.
¡Menguado triunfo hubiera sido aquel que nos condujera a la guerra por la concesión de unos territorios que, al fin, tal como se desenlazó el drama del mundo y son hoy sus ideas dominantes, habriamos perdido sin remedio por considerar ilegí­timo el tí­tulo de su adquisición!
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