La Guerra Desconocida

Todo sobre la Segunda Guerra Mundial y conflictos anteriores

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La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Sab Feb 07, 2009 12:51 pm

Saludos, aqui dejo algo que me a interesado bastante, un poco para expresar sobre papel lo que muchos hemos sabido desde siempre, para analizar, y aprender a ver las cosas desde otro punto de vista.
Basado en propias opiniones de los protagonistas de la EPOCA, y frases, que han existido, pero que hoy en dia ni se mencionan.

SEGUNDA GUERRA MUNIDAL, TABUES Y FALCIFICACIONES
Josef Skála


"MEMENTO VIVERE"

En ví­speras de las elecciones presidenciales estadounidenses de 1984 el semanario New Yoker publicó la "Carta a un norteamericano". La habí­a escrito George Kennan, uno de los pocos seres vivientes que no conocen los acontecimientos históricos más significantes de los últimos cincuenta años sólo de la prensa y la pequeña pantalla. Fue durante largos años embajador de los Estados Unidos en la Unión Soviética. Cuando la guerra frí­a entró en escena, dirigí­a la sección de planificación del Departamento de Estado de EE.UU. En la primavera de 1947 publicó en Foreign Affairs un artí­culo que todos los estudiantes de polí­tica internacional conocen. La firma "X" proponí­a por primera vez una "justificación cientí­fica" de la polí­tica del "containment" - la contención del comunismo, desde la necesidad de "construir un telón de acero" hasta la "filosofí­a del chantaje nuclear".

Por ello resulta interesante escuchar la voz de George Kennan reaccionando a las realidades de nuestro tiempo en su "Carta a un norteamericano".

"No dudo que este inesperado mensaje mí­o le sorprenda. Pero decidí­ dirigirle esta carta a usted, quizá el único de cuántos se encuentran cerca de la cúspide del poder en Washington que sabrá mantener su honradez y su sinceridad a la hora de evitar una catástrofe universal. Sin consideración del eventual triunfo electoral, los meses más inmediatos deben anunciar una nueva etapa en las relaciones americano-soviéticas. Si bien en las relaciones entre ambos paí­ses no vemos ningún problema polí­tico que justifique la guerra, los preparativos de la misma pasaron a ser una tradición profundamente arraigada tanto en nuestras fuerzas armadas como en una parte importante de nuestra sociedad civil... La Unión Soviética figura como el "enemigo" en centenares de documentos redactados a diario en el Pentágono. El potencial de las fuerzas americanas se compara constantemente con lo que éstas podrí­an lograr en un conflicto bélico con las fuerzas soviéticas. ¿Hay acaso alguien realmente dispuesto a creer que la fuerza motriz de esta fiebre belicista no impacta de modo decisivo en la polí­tica?

... No podemos seguir hablando constantemente sobre la guerra con la Unión Soviética, afirmando al mismo tiempo que deseamos evitarla. No podemos ir afianzando constantemente nuestra vigilancia patriótica ensalzando el heroí­smo y el chovinismo en manifestaciones dentro del paí­s y, al mismo tiempo, intentar de sugerir al mundo, incluyendo a nuestros adversarios polí­ticos, que la paz es nuestra única aspiración...

La cuestión de la paz y la guerra tiene significación decisiva. Todos los problemas restantes, reales o construidos, deben quedar relegados al segundo plano. Pero no es posible aplazar la solución del problema decisivo. Para lograr algún progreso en su solución (en ello estriba precisamente lo esencial que quiero comunicarle en la presente) debemos mirarnos con más atención que en el pasado, debemos tomar en consideración nuestras posibilidades, nuestros actos, todos los procesos que van configurando nuestra sociedad".

Los hechos del presente son el único motivo para una reflexión de esta Á­ndole. Hace cuarenta años terminó la segunda guerra mundial. El mundo ha cambiado radicalmente desde aquel entonces. Sin embargo, lo que más nos preocupa hace recordar con sobrada evidencia el clima imperante en ví­speras de aquella horrenda masacre.

61 paí­ses se vieron arrastrados por la vorágine. En ellos viví­an cuatro quintos de la población mundial - centenares de millones de hombres que en su aplastante mayorí­a no deseaban la guerra. No obstante ello, más de cincuenta millones la pagaron con sus vidas . ¿Podrí­an inventariarse los sufrimientos y los daños causados?

¿Por qué no fue posible impedirlo? ¿Qué probabilidad de éxito tení­an las ambiciones cuyos partidarios colocaron a Hitler a su cabeza? ¿Qué veredicto pronunció la historia sobre los hombres que apostaron por la polí­tica del "apaciguamiento" con respecto a Hitler? ¿,Quién detuvo a Hitler? ¿A quién le corresponde el papel decisivo en su derrota? ¿Y a quién en la liberación de los pueblos de Asia y Europa, ví­ctimas futuras del genocidio fascistas?

La ciencia de la historia no es la única en plantear estas interrogantes. En primer lugar las plantean las amenazas que poner en peligro el destino de las generaciones actuales. El peligro de una nueva conflagración mundial es una espada de Dámocles pendiente sobre la civilización y la vida en el Planeta. Que aquellos que tratan de tranquilizarnos con sus fábulas sobre una "guerra nuclear limitada" ajusten sus eventuales dudas al respecto con sus conciencias, suponiendo que conciencias tengan. Además, a los europeos ni se nos concede la oportunidad de convencernos de lo quimérico de dichos planes. Sus autores no disimulan que el destino de nuestro continente quedarí­a irreversiblemente cortado los primeros minutos del holocausto nuclear.

A ello se debe también la enconada confrontación en torno al significado actual de los acontecimientos de hace cuarenta años. La verdad no se enfrenta únicamente con las confabulaciones destinadas a rehabilitar los hijos póstumos declarados de Hitler. Hoy dí­a nos aturden los que tomaron el designio de "ganar la guerra nuclear". En defensa suya falsifican a propósito precisamente lo que más les acusa. Sólo un supuesto permite un juego tan fraudulento; mantener en secreto los datos que ponen de manifiesto su desmesurada aventura.

Resulta oportuno, en esta coyuntura, recurrir al testimonio de los documentos de la época. Una razón concluyente nos induce a hacerlo - más de la mitad de los que hoy vivimos hemos nacido después del año 1945. Los que hayan podido presenciar su cruel prólogo con una visión de adulto se encuentran hoy dí­a, en el mejor de los casos, en los lí­mites de la edad activa.

Centraremos nuestra atención en documentos y materiales que nadie podrá acusar de tendenciosos.

LA TRAGEDIA DEL "APPEASEMENT" - ¿QUIEN SE VE EN EL ESPEJO?

El 9 de mayo de 1945. La liberación de Praga, los últimos disparos de la segunda guerra mundial en Europa. El "milenario imperio" de Hitler se desmorona entre ruinas y escombros. En cientos de lugares de encuentro de las primeras lí­neas de los aliados antifascistas, la victoria se celebra en común. Millares de amistades personales, ahí­ nacidas entre soldados soviéticos y estadounidenses, británicos, canadienses y otros resistieron incluso a los vendavales más violentos de la guerra frí­a.

El triunfo de la coalición antihitleriana fue un testimonio elocuente. A partir de este momento no serí­a posible desacreditar la cooperación de paí­ses con regí­menes sociales diferentes como una utopí­a caprichosa. La necesidad histórica de esta ví­a quedó demostrada por los acontecimientos decisivos para el destino de la humanidad. A todas luces resultaba evidente que de haberse constituido dicho frente a tiempo, la campaña de Hitler hubiera quedado condenada a fracasar desde el principio.

Los cráteres de la segunda guerra mundial no fueron la primera proclamación de las desorbitadas ambiciones del nazismo. El "Mein Kampf" de Hitler no disimulaba que la lucha por "ampliar el espacio vital alemán en el Este como en el Oeste" serí­a sostenida por "todos los medios de la polí­tica de poder". En primer lugar por el "filo de la espada alemana". Esto se escribió en 1923, más de quince años antes del comienzo de la guerra.

Sin embargo, "Mein Kampf" también contení­a otras consignas. El comunismo no quedó definido tan sólo como algo inaceptable para un oscurantista reaccionario. Hitler lo declaró una "plaga". "Esta infección de viruela", clamaba a todos los vientos el futuro Fí¼hrer, "supone la amenaza principal para la civilización y la cultura". Prometió a la reacción en Alemania - y no sólo en Alemania- que el comunismo serí­a descuajado a fuego e hierro".

El paí­s destinatario de todas estas amenazas presentó un proyecto de tratado internacional sobre el desarme general ya en el año 1922 en la conferencia de Génova - primer foro de esta clase en que pudo participar. Intentando dar el ejemplo, redujo a mediados de los años veinte el número de sus fuerzas armadas casi a la décima parte. "La república soviética", escribe el profesor americano R. Garthoff en su libro "La polí­tica militar soviética: un análisis histórico" (Soviet Military Policy: A Historical Analysis 1966, New York), "renunció a los derechos económicos y polí­ticos de Rusia en el extranjero - en Turquí­a, Persia, Afganistán, Sinkiang, Manchuria y China... A partir de 1921 la Unión Soviética no recurrió a la fuerza militar. Asumió el papel del protagonista en la lucha por el desarme".

Al cernirse las nubes de la agresión fascista, la URSS desplegó un esfuerzo imponente con el fin de constituir un sistema de seguridad colectiva. Ingresó en la Sociedad de la Naciones. A mediados de los años treinta concluyó tratados sobre la ayuda mutua con Francia y Checoslovaquia. No escatimó esfuerzos a fin de lograr que pasaran a ser la base de garantí­as más amplias contra una guerra mundial, solicitando la participación de Inglaterra, Polonia y otros paí­ses europeos. La Unión Soviética propuso en noviembre de 1933 la celebración de un Pacto Regional del Océano Pací­fico a fin de impedir la guerra en el Lejano Oriente. Se manifestó enérgicamente en defensa de las primeras ví­ctimas de la agresión - China, Etiopí­a, España, Austria, Checoslovaquia, Albania. La Unión Soviética supo dar una respuesta militar contundente a la agresión del aliado japonés de Hitler ya en 1938, cuando intentó atacar el territorio soviético. Lo mismo se repitió un año más tarde, cuando los japoneses traspasaron las fronteras de Mongolia.

¿Por qué no fue seguido este ejemplo? Demos la palabra a Summer Welles, durante la guerra adjunto del secretario de Estado de EE.UU. En su libro "Tiempo de decisión" (Time of Decision, Nueva York, 1944) escribió al respecto: "En los años de preguerra los representantes de los altos cí­rculos financieros y comerciales de los paí­ses occidentales democráticos estaban firmemente convencidos de que una guerra entre la Unión Soviética y la Alemania hitleriana resultarí­a en beneficio de sus propios intereses. Por un lado afirmaban que Rusia quedarí­a derrotada, exterminándose de este modo el comunismo, por otro Alemania saldrí­a de la contienda sumamente debilitada, dejando de ser un peligro real para el resto del mundo".

El 3 de octubre de 1935 fue agredida Etiopí­a. Un ejército de más de cuatrocientos mil hombres de la Italia fascista, el aliado principal de Hitler, masacraba a los patriotas, en muchos casos armados sólo con lanzas. Los cí­rculos mencionados por Summer Welles mantuvieron una "neutralidad" ostentativa. A la pregunta de Mussolini acerca de la reacción británica ante la agresión italiana, el primer ministro británico Ramsay Mac Donald contestó: "Inglaterra es una dama. A las mujeres les gusta el modo de actuar de los varones a condición de que éstos sepan dar muestra de discreción. Por lo tanto, obren con delicadeza y nosotros no nos meteremos por medio". La barbarie más despiadada no iba en contra de los modales de esta "dama". ¡En el curso de la agresión italiana contra Etiopí­a y la posterior ocupación del paí­s fueron exterminados unos 750 mil etí­opes!

El historiador militar británico Basil Liddel Hart constató que precisamente esta polí­tica "llevó a Hitler en marzo de 1936 a otro acto provocador". Las fuerzas militares alemanas invadieron el 7 de marzo de ese año la Renania desmilitarizada. "Moscú debe quedar arrinconado y en cuarentena", clamaban los altavoces de Goebbels. Declaraba la ocupación de Renania "una preparación de la retaguardia para la campaña oriental". Pero Hitler se expandí­a hacia Occidente.

"Se trataba de una aventura peligrosa, porque Inglaterra y Francia contaban en ese tiempo con una superioridad significativa", dice el volumen 29 de la última edición de la "Enciclopedia Americana". El general Jodl, uno de los más Á­ntimos de Hitler, confesó más tarde: " Tení­amos el sentimiento excitante de un jugador que apuesta por una carta toda su carrera". Alentado por el triunfo fácil, Hitler no disimuló su pensamiento: "El espí­ritu del Tratado de Versalles ha sido destruido. Hay que poner orden en Europa". El historiador británico John Wheeler-Bennet escribió con pleno derecho: "Permitieron a Adolf Hitler ganar la primera batalla de la segunda guerra mundial sin un disparo".

En julio de 1936 se produce el golpe fascista en España. No tarda en convertirse en una extensa agresión fascista. Más de 300 mil mercenarios extranjeros combatieron entre 1936 y 1939 contra el gobierno español legí­timo. Más de la mitad de éstos eran procedentes de la Alemania y la Italia fascistas. Estos paí­ses también suministraron a Franco centenas de aviones militares modernos, tanques, cañones y otros pertrechos de guerra. La Unión Soviética fue el único paí­s dispuesto a apoyar a los republicanos y a suministrarles armas. El pacto de no intervención propuesto por el gobierno francés y adoptado por 27 paí­ses europeos en agosto de 1936 prohibí­a la exportación, la reexportación y el tránsito de toda clase de armas y material bélico a España. La ley sobre "la neutralidad norteamericana", adoptada un año más tarde, tení­a la misma significación real.

Hoy nos asombra sólo el siniestro trapicheo en torno a la libertad de otra nación y el desprecio a millares de vidas humanas. Un documento de la embajada alemana en Madrid de otoño de 1936 dice que si Alemania e Italia llegan a apoderarse de la Pení­nsula Ibérica, "podrán atenazar a Francia desde el Sur y así­ los franceses podrán conocer lo que supone sostener una guerra en dos frentes". En un memorándum del Ministerio del Exterior hitleriano de octubre de 1938 se afirma: "Colmar el vací­o militar y polí­tico en la Pení­nsula Ibérica (objetivo logrado en gran medida) significa un cambio fundamental de la posición de Francia... Gibraltar pierde su valor, el libre paso de la flota británica y francesa por el estrecho dependerá de España, sin hablar de la posibilidad de emplear fuerzas navales y aéreas... El conflicto europeo entre el eje Berlí­n-Roma e Inglaterra y Francia tendrá caracterí­sticas totalmente distintas en cuanto España se sume al eje". España al lado de Hitler, como lo subrayaban varios documentos nazis, pasarí­a a ser el trampolí­n para la agresión en África y en el continente americano.

Pero la "lucha contra el bolchevismo", escudo y consigna ostentada por el agresor, fascista, también fue en este caso antepuesta a los propios intereses de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. El propio Franco escribirí­a más tarde: "Sin camiones y créditos norteamericanos no hubiéramos podido ganar la guerra". El 27 de febrero de 1939 Londres y Parí­s que también mantení­an con Franco "relaciones comerciales mutuamente ventajosas" rompieron las relaciones diplomáticas con el gobierno español legí­timo y reconocieron la dictadura fascista. El ministro de Relaciones Exteriores republicano Julio Alvarez del Vayo escribí­a en su libro "España acusa", publicado en 1937: "En la práctica la no intervención significaba una auténtica intervención directa e inmediata en favor de los sublevados".

La historia se repitió de nuevo al ocupar Hitler Austria. Cuando Hitler ordenó en marzo de 1938 la anexión, incluso las cúspides de su ejército objetaron que este podrí­a provocar medidas de desquite de Londres y Parí­s. El historiador francés J. Benoist-Méchin documentó los pormenores del desarrollo de los acontecimientos en la cancillerí­a de Hitler - en el cuarto tomo de su "Historia del Ejército Alemán": "Hitler silenció a sus generales afirmando que ni Inglaterra ni Francia apoyarí­an a Austria". El 27 de mayo de 1938 el ministro de Relaciones Exteriores galo Bonnet recibió al embajador de Alemania von Welczeck. "El gobierno francés", declaró Bonnet en dicha ocasión, "aprecia sinceramente el esfuerzo desplegado por el gobierno alemán en nombre de la paz".

El "apaciguamiento" de Hitler culminó por otro acto de agresión, esta vez contra Checoslovaquia, en el humillante dictado de Munich. En éste se acentuaron todos los rasgos que tanta actualidad confieren a estos capí­tulos de la historia con respecto al presente. El tratado de alianza con Francia garantizaba la seguridad de la Checoslovaquia democrático-burguesa. Este tratado también condicionaba los compromisos de la URSS para con Checoslovaquia. Londres y Washington también consideraban Checoslovaquia un aliado suyo. Pero el profanado guión por el cual suelen justificarse las agresiones - hoy igual que en los tiempos de Hitler - recibió en este casó luz verde. Checoslovaquia quedó declarada "foco de peligro rojo". Hitler llegó a vociferar sobre "el portaaviones insumergible de bolchevismo". Un diluvio de infundios absurdos fue lanzado contra el pequeño paí­s en el centro de Europa, ví­ctima de decenas de agresiones sin haber provocado ninguna. Hoy dí­a esta situación parecerá muy familiar a los pueblos de Granada, Nicaragua y varios paí­ses más. Hitler, encabezando un paí­s incomparablemente más fuerte en cuanto a potencial militar y económico, - ese Hitler que no disimulaba sus preparativos para una "cruzada" universal - inculpó precisamente a Checoslovaquia de "amenazar la seguridad y los intereses vitales de la nación alemana".

Incluso el primer ministro francés Daladier veí­a entonces el mayor peligro en "la invasión de cosacos y mongoles a Europa". El 23 de mayo de 1938 confió esta preocupación suya al embajador alemán en Parí­s. El historiador checo Jan Slaví­k que nunca manifestó excesiva simpatí­a por la Unión Soviética ni por los comunistas checoslovacos escribió en octubre de 1938: "Entre los gobernantes de Francia prevaleció en el momento crí­tico la consideración de sus intereses de clase. El temor a la revolución social preponderó. Consideraron que el peligro alemán serí­a menos grave. La decisión tuvo el mismo resultado en Inglaterra... Las clases dominantes, el capital londinense, prefirieron concertarse con los regí­menes fascistas. El pacto de Munich de los cuatro fue, a fin de cuentas, resultado del conocimiento que los intereses de las clases pudientes de Inglaterra y Francia coinciden más con los intereses de Alemania e Italia. Los representantes de la reacción social formaron una nueva Santa Alianza".

El mariscal hitleriano Keitel declaró ante el tribunal de Nuremberg: "Estoy firmemente convencido que si Daladier y Chamberlain hubieran dicho en Munich: «Estamos dispuestos a luchar», en ningún caso hubiéramos recurrido a la acción militar". Sin embargo, Daladier y Chamberlain firmaron con Hitler y Mussolini un dictado que era el prólogo de la "solución final de la cuestión checoslovaca". La ocupación de Checoslovaquia, iniciada por la Alemania fascista menos de medio año más tarde, el dí­a 15 de marzo de 1939, entregó a la Wehrmacht el armamento del ejército checoslovaco: 1,582 aviones, 501 cañones antiaéreos, 2,175 piezas de artillerí­a , 469 tanques, 43,876 ametralladoras, 785 lanzaminas, más de un millón de fusiles, 114 mil pistolas, millones de proyectiles de armas de fuego de mano, 3 millones de proyectiles de artillerí­a y otro material bélico. ¿Cuántos patriotas fueron después ví­ctimas precisamente de este material al defender Polonia, Francia, Bélgica, Yugoslavia u otros paí­ses europeos agredidos por la Alemania nazi?

El 1ro de septiembre de 1939 Hitler ataca Polonia. Una semana antes de esta fecha se celebró el tratado germano-soviético sobre la no agresión. El lector conocerá de sobra las versiones insulsas forjadas en torno al tema. Pero los verdaderos cómplices, responsables de la segunda guerra mundial, quedan claramente designados por mucho que se intente rehabilitarlos. Las razones por la cuales muchos documentos siguen siendo tabúes para la "gran prensa" son obvias.

Consideremos, a tí­tulo de ejemplo, la documentación del británico Public Record Office, el folio F.O. 371/23.071 (pág. 240 y siguientes). Se trata de estenogramas de los debates celebrados en el verano de 1939 en el comité de asuntos exteriores del gabinete británico: "El primer ministro Chamberlain: Los rusos hacen todo para que concluyamos con ellos un acuerdo... Lord Halifax: Informaciones de varias fuentes señalan que es indispensable... concluir un acuerdo con Rusia, de otro modo la situación podrí­a tener por resultado acciones violentas de Hitler... Concluyendo un acuerdo con Rusia evitarí­amos el peligro más horrible... y garantizarí­amos la seguridad de Polonia. Es obvio que Rusia tiene interés por el mantenimiento de la independencia de Polonia y no desea su liquidación"

La celebración de un acuerdo entre Londres, Parí­s y Moscú a fin de prevenir la agresión hitleriana tení­a en el verano de 1939 el apoyo del 81 por ciento de los franceses y del 87 por ciento de los británicos, interrogados por las oficinas gubernamentales para la encuesta de la opinión pública de dichos paí­ses. El 21 de agosto de 1939 la Unión Soviética comunicaba a Francia y Gran Bretaña que en caso de agresión alemana pondrí­a en acción contra Hitler 120 divisiones de infanterí­a y 16 de caballerí­a, 5 mil cañones pesados, 10 mil tanques y más de 5 mil aviones de combate. Las propuestas urgentes y reiteradas de la Unión Soviética fueron desoí­das. "El acuerdo con Rusia serí­a como una piedra que llevarí­amos colgada del cuello durante largos años y que incluso podrí­a obligar un dí­a a mis hijos a luchar por intereses rusos", leemos varias páginas más adelante las palabras de Chamberlain en la documentación citada.

El profesor británico L. Kettenacker escribió a finales de los años setenta en la miscelánea "Verano de 1939, las potencias y la guerra europea", publicada en Stuttgart: "Si Londres hubiera manifestado sin dilaciones y excusas su disposición de aceptar la propuesta soviética de alianza, manifestando una actitud seria con respecto al de la seguridad en Europa, el «frente de la paz» se hubiera podido constituir. Precisamente esta experiencia transcendental movió a Churchill a tender la mano a la URSS con miras a concluir la alianza ya el 22 de junio de 1941, el primer dí­a del ataque alemán en el Este".

Las respuestas del gobierno reaccionario polaco a las propuestas soviéticas en el verano de 1939 fueron similares. El 20 de agosto el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia comunicó oficialmente: "Ningún tratado militar vincula Polonia con los Soviets y el Gobierno polaco no tiene la intención de concluir un tratado de esta Á­ndole". Los tergiversadores de los acontecimientos del verano de 1939 deberí­an darnos una respuesta seria a esta pregunta: ¿Qué otro remedio tení­a la Unión Soviética, sino el de aceptar el paso que aplazaba la agresión Hitleriana a la URSS?

Las fobias chamberlanianas resultaron ser un mal consejero. El balance del "apaciguamiento" del agresor es de todos conocido. Antes de atacar a la Unión Soviética Hitler ya se habí­a apoderado de casi toda Europa. Antes de que lanzara a "ajustar terminantemente las cuentas con el bolchevismo" ya perecí­an miles de británicos en las atronadoras explosiones de las bombas por medio de las cuales la Luftwaffe de Goering introducí­a el "nuevo orden en Europa". La sombra de la invasión fascista también se cerní­a amenazadora sobre las británicas.

Es un memento sumamente actual. Intentemos imaginar cómo actuarí­a varios decenios después de los acontecimientos relatados el agresor en Vietnam, Granada o el Lí­bano, si no se tomara a la ligera esta lección histórica. De no ser por la benevolencia y el apoyo con los que puede contar en algunas partes y de no ser los prejuicios que refleja con tanta precisión el fracaso de las ambiciones muniquenses.

La tragedia del "appeasement" es una grave advertencia. Previene ante la collera de toda "cruzada". Pues precisamente en el guión de ésta vuelve a aparecer lo que rompió la nuca a Hitler. La hecatombe a la cual el mundo fue llevado por la polí­tica del "apaciguamiento" es un memento de alarma de cara a los pershing y los misiles de crucero. Pues éstos - aún sin ser los únicos - constituyen el arsenal de los inspiradores de la "guerra nuclear limitada". Una apuesta descabellada a costas de todos los europeos hasta el instante en que inevitablemente se convertirí­a en una conflagración mundial. Después de ésta hombres sólo lucharí­an con mazas y pedruscos, como ya lo dijo Albert Einstein. El fracaso del "appeasement" es una advertencia alarmante contra la ofuscación antisoviética y anticomunista. Alarma contra la ilusión de poder que empuja a poner en peligro la seguridad y soberaní­a de los pueblos, el destino de nuestro continente, el porvenir y la existencia misma de la humanidad.

"LA GUERRA DESCONOCIDA"

Este fue el nombre de una serie emitida en los años setenta por una modesta compañí­a de televisión en Estados Unidos. El tí­tulo era acertado. La voz del actor mundialmente famoso, Burt Lancaster comentaba los documentos sobre la Gran Guerra Patria del pueblo soviético. La mayorí­a de los espectadores los veí­a por primera vez. No precisamente porque la lucha sostenida en el mundo contra Hitler y su satélites careciera de atractivo para los lectores y los editores. En EE.UU. ya se publicaron más de diez mil libros sobre esta lucha. ¿Por qué motivo estos libros - en los Estados Unidos así­ como en otros paí­ses - salvo contadas honrosas excepciones, hacen caso omiso del papel del pueblo soviético en esta lucha? Recurramos al testimonio de los documentos históricos sobre este papel. Nos ofrecen la mejor explicación de este sorprendente tabú.

Hitler lanzó al ataque contra la Unión Soviética una masa jamás vista de soldados y de técnica militar - 190 divisiones, más de 4 mil tanques, unos 5 mil aviones y 200 embarcaciones de guerra. Exactamente un año antes, el 22 de junio de 1940 terminó la campaña fascista en Occidente. Habí­a empezado el 10 de mayo. El 14 de mayo capituló Holanda, el 28 de mayo Bélgica, el 22 de junio Francia. Junto con Gran Bretaña habí­a opuesto a Hitler 147 divisiones (total, 3 millones 785 mil hombres), más de 3 mil tanques y 3.8 mil aviones de combate. El agresor puso en acción 130 divisiones (en total 3 millones 300 mil hombres), 2,850 tanques y 3,824 aviones de combate.

En base a las experiencias obtenidas el servicio de inteligencia británico pronosticó: Hitler ocupará Moscú en seis semanas. Pero ya la primera etapa, la más difí­cil, de la guerra en el frente oriental tuvo un resultado distinto. Hasta el mes de abril de 1942, es decir diez meses, Hitler perdió más de millón y medio de hombres, unos 4 mil tanques y cañones automotrices, más de 7 mil aviones de combate. Ello suponí­a casi el quí­ntuplo de las pérdidas totales en todas las campañas anteriores en Polonia, en el Oeste y el Noroeste europeo y en los Balcanes.

En el discurso pronunciado en la radio el dí­a del ataque, el 22 de junio de 1941, el primer ministro británico Churchill dijo: "Nadie ha sido a lo largo de los últimos veinticinco años adversario más consecuente del comunismo que yo. No pienso desdecirme de nada de lo que declaré sobre el tema. Pero ahora todo pasa al segundo plano frente al espectáculo que se nos ofrece... Hitler quiere destruir el Estado ruso, para poder retirar del Este las principales fuerzas de su ejército y su aviación y lanzarlas contra nuestra isla... Su invasión a Rusia es sólo el prólogo de la invasión contemplada a las islas británicas".

La Unión Soviética y las fuerzas progresistas no estaban equivocadas al advertir que la "erradicación del bolchevismo" no serí­a el único objetivo de Hitler. La suerte del continente europeo lo patentizaba. Documentos hitlerianos de la primavera del 1941 confirman que la agresión antisoviética no era el último objetivo. En el diario de servicio del estado mayor de las fuerzas armadas alemanas del dí­a 17 de febrero de 1941 se apunta la directiva de Hitler: "Después de concluir la cruzada del Este es preciso contemplar la ocupación de Afganistán y la preparación del ataque a la India".

El dí­a 11 de junio de 1941 quedó aceptada la propuesta de la directiva No.32 "Preparación para el perí­odo posterior a la realización del Plan Barbarossa" (es decir después de derrotar y ocupar la Unión Soviética). Dicha propuesta preveí­a, una vez derrotado el Ejército Soviético, la ocupación por la Wehrmacht de las colonias británicas y francesas y de algunos paí­ses independientes en el Mediterráneo, Cercano y Medio Oriente, la invasión a las islas británicas y la preparación de la agresión a Estados Unidos. Se contaba con la conquista de Irán, Egipto y todo el territorio en torno al canal de Suez ya en otoño de 1941, así­ como con la ocupación de la India donde la Wehrmacht deberí­a unirse con las fuerzas del Japón militarista. La directiva No.32 también preveí­a la ocupación de Suecia y Suiza.

"Una vez resuelta la «cuestión inglesa»", decí­a la directiva, "quedará eliminada la preponderante influencia anglosajona en Norteamérica". Se preveí­a la ocupación de los Estados Unidos y Canadá por medio de poderosas operaciones de paracaidistas en las costa oriental de Estados Unidos desde bases en Groenlandia, Islandia, el Archipiélago de las Azores y el Brasil así­ como ataques similares a la costa occidental de Estados Unidos desde bases en las islas Hawai y Aleutianas. Según la directiva, "la derrota fulminante de la Unión Soviética" era condición principal de la realización de todos estos planes.

Los "apaciguadores" de Hitler apoyaban los planes de avasallamiento del pueblo soviético. La lucha de este pueblo pasó a ser el factor decisivo y de ella dependí­a la posibilidad de impedir una agresión nazi en el Oeste. Suponí­a una ayuda inmediata y de excepcional significación precisamente para Gran Bretaña. La batalla aérea de Inglaterra costó grandes sacrificios. Los incesantes ataques de la Luftwaffe acompañaban las operaciones de los submarinos alemanes. En febrero de 1941 de la flota británica perdió más de 400 mil BRT; en marzo 530 mil; en abril 687 mil. Se planteaba con creciente gravedad la amenaza de un bloqueo marí­timo total de las islas británicas.

"La lucha de la Unión Soviética también es nuestra lucha", decí­a la resolución del mitin masivo de londinenses celebrado a finales de junio de 1941 en el Hyde Park. El arzobispo de Canterburry Hewlet Johnson declaraba en su mensaje al pueblo británico fechado el 29 de junio de 1941: "El destino de la humanidad está e juego en esta gran batalla... por un lado vemos la luz y el progreso, por el otro las tinieblas, la reacción, la esclavitud y la muerte. Rusia defiende su libertad socialista y al mismo tiempo lucha por nuestra libertad. En Moscú también se defiende Londres".

En la Cámara de los Comunes resonó entonces la voz del diputado Artur Woodborn: "No siempre nos damos plenamente cuenta de que una Rusia fuerte, incluso antes de intervenir en la contienda, era como una bola de plomo en las piernas de Hitler y le impedí­a abalanzarse contra nosotros". Winston Churchill escribió en sus memorias: "La entrada de los ruso en la guerra desvió la aviación alemana de los ataques aéreos a Gran Bretaña y disminuyó el peligro de invasión. También hizo más fácil nuestra situación en el Mediterráneo".

"El cese de los ataques aéreos a Inglaterra que estamos disfrutando", escribí­a el 10 de agosto de 1941 el, periódico británico News of the World, "no es mérito nuestro; lo debemos a que Alemania se ve obligada a concentrar todas sus reservas fí­sicas y psí­quicas en la guerra contra Rusia".

El conservador Archibald Southbee constató en el Parlamento el 6 de agosto del mismo año: "El cese de frica operaciones ofensivas de los hitlerianos en Africa del Norte fue facilitado por la actividad combativa del aliado ruso que ocupa las fuerzas alemanas en el frente oriental. Reconozcamos esta realidad y rindamos el homenaje debido a la valentí­a, la resolución y el arte militar de las fuerzas armadas rusas que defienden, junto con nosotros, la causa de la libertad. Reconozcamos también que su ayuda llegó en el momento más oportuno".

El libro "Churchill, Roosevelt, Stalin" fue publicado en 1957 en la Universidad de Princeton que hoy dí­a forma el equipo de cerebros de esos cí­rculos que poco aprendieron de la suerte de Hitler. En aquel año el historiador H. Fels escribió: "Si Rusia hubiera abandonado la lucha cuando Estados Unidos seguí­an manteniendo una actitud indecisa, el imperio británico difí­cilmente hubiera podido resistir".

En el informe presentado en 1945 al presidente y ministro de la guerra de EE.UU. por el ex-jefe del estado mayor del ejército estadounidense Marshall se decí­a: "Desde el comienzo mismo de la guerra el tiempo fue para nuestro paí­s el factor decisivo... Obtuvimos este tiempo merced a la resistencia heroica del pueblo soviético. El pueblo soviético rescató para nosotros ese tiempo con su sangre y su valentí­a. Sin lugar a dudas, la defensa heroica del pueblo soviético y el pueblo inglés preservaron Estados Unidos de una guerra en territorio propio. Si la URSS e Inglaterra hubieran sido derrotadas en 1942... nos hubiéramos visto enfrentados a un enemigo que controlarí­a la mayor parte del mundo".

E. Stettinius, durante la guerra secretario de Estado de EE .UU, escribió en sus memorias: "El pueblo americano no debe olvidar que en el año 1942 se encontraba al borde de la destrucción. Si la Unión Soviética no hubiese podido mantener su frente, los alemanes hubieran podido conquistar Gran Bretaña. Asimismo hubieran podido apoderarse de África y construir su cabeza de puente en Latinoamérica".

El estudioso británico John Fulier señaló otro aspecto significativo. En el libro "La segunda guerra mundial 1939-1945", publicado en los años cincuenta, dice: "Fue precisamente a finales del año 1941, después de la batalla de Moscú, cuando la gente en Alemania empezó a admitir por primera vez la eventualidad de la derrota. Era la primera fisura diminuta en el granito del frente interior alemán, por el momento una fisura apenas perceptible, primera prueba de que los cimientos ya empezaban a resquebrajarse".

Es una paradoja sintomática. Las lí­neas citadas se publicaron hace más de veinticinco años. Los nubarrones de la guerra frí­a oscurecí­an el mundo. Pero el recuerdo de la lucha común contra Hitler seguí­a demasiado vivo. Incluso aquellos que no tení­an en mucha estima la verdad se sentí­an en la obligación de conocerla.

Hoy dí­a, al contrario, se apuesta por la "permutabilidad del pasado", para emplear las palabras de los héroes de Orwell. El fenómeno pudo observarse incluso en la Feria del Libro celebrada en octubre último en Francfort, Alemania Federal. Herman Wouk, un ejemplo entre otros. Por las tiradas de sus libros ocupa un puesto imbatible en Estados Unidos. Los libros que pienso examinar sirvieron de base para una serie televisiva. La compañí­a ABC gastó en esta serie 40 millones de dólares. Medio minuto de publicidad insertado en la transmisión de la serie costaba 175 mil dólares. "Los vientos de la guerra" de Herman Wouk tiene unas mil páginas. Su libre continuación "La guerra y los recuerdos" tiene quinientas más. Descubrámonos ante el talento literario de Herman Wouk. Pero de modo alguno podemos adoptar una actitud similar con respecto al contenido del libro.

La alianza constituida en 1941 entre Moscú, Washington y Londres se presenta en el libro como pura casualidad. En realidad se tratarí­a de una "desviación" del "cuadro general de la segunda guerra mundial". Este cuadro general consistirí­a en el "conflicto entre la democracia y el totalitarismo". Claro está que el señor Wouk no conoce sólo un totalitarismo "pardo" sino también otro "rojo". Para reanimar este engendro del oscuro imperio de las fantasí­as dullesianas y repetirlo precisamente en este contexto histórico hace falta tanto cinismo como ignorancia.

¿No podrí­a, acaso, el señor Wouk explicarnos de modo satisfactorio qué empujo al pueblo soviético a ese heroí­smo ante el cual el mundo entero se inclinaba? ¿De dónde ese heroí­smo, en tantas ocasiones ensalzado incluso por Winston Churchill, anticomunista de cuerpo entero?
Ya el 7 de julio de 1941 este primer ministro británico escribió a Stalin: "Todos recibimos con suma satisfacción noticias sobre la resistencia fuerte, audaz y valiente del los ejércitos rusos. La gallardí­a y la tenacidad de las tropas y del pueblo soviéticos merecen la admiración de todos". El secretario de Estado norteamericano Cordell Hull escribió en aquel tiempo: "La Unión Soviética fue la mayor sorpresa de todas las sorpresas de la segunda guerra mundial. De repente, como de un dí­a a otro se desgarró la densa neblina mostrando al mundo la semblanza real y el pensamiento verdadero de la nación rusa, sus lí­deres, su ejército, su economí­a, su pueblo y la nobleza de su fervor patriótico".

¿De dónde brotó esa inquebrantable fortaleza moral? Claro, el señor Wouk no puede proponernos ninguna explicación. No nos sorprende. La inepcia de la ilusión a la cual no es el único en sucumbir saldrí­a a relucir con nitidez. Porque incluso el diletante más completo en temas de polí­tica se burlarí­a de la explicación de que un implacable vergajo totalitario regí­a la heroica gesta de la Gran Guerra Patria. Incluso el general jubilado de la Wehrmacht, H. Friessner, admite en su libro "La batalla perdida", publicado en los años sesenta: "Vi incontables veces por mis propios ojos que el soldado soviético luchaba por sus ideas polí­ticas a plena conciencia".

Las estanterí­as en el nuevo pabellón de Francfort, al igual que en los pabellones construidos hace años, contení­an también "obras literarias" más curiosas aún. Comparado con ellas, Herman Wouk resulta un progresista empedernido. Varias obras de esta Á­ndole ni se dan la pena de revestir la careta de la "opinión personal" que suele llevarse en estas ocasiones. Una de ellas, "El ataque a la Unión Soviética", fue publicada por el Centro histórico militar de la Bundeswehr. Este "estudio documental" de l,192 páginas se publicó en el marco de una serie de varios volúmenes editados por esta institución semioficial bajo el tí­tulo "El imperio alemán y la segunda guerra mundial". En este caso ya no echaron mano sólo de Dulles sino directamente de Goebbels.

Según los historiadores que figuran en la RFA en la nómina del ejército, hubieran debido pasar, ante el tribunal de Nuremberg: Churchill, Roosevelt y también Truman. Porque la agresión a la Unión Soviética, con la cual estos estadistas se aliaron en la coalición antihitleriana, tení­a, según estos historiadores, un objetivo "preventivo" y "de anticipación". Los Herodotos en uniforme deberí­an leer también al adjunto de Goebbels, Hans Fritsche. Precisamente ante el tribunal de Nuremberg declaró entre otras cosas: "Organizamos una extensa campaña de propaganda antisoviética a fin de convencer el público de que la guerra no habí­a sido provocada por Alemania sino por la Unión Soviética... No tení­amos ningún motivo para acusar a la Unión Soviética de preparar un ataque contra Alemania".
Última edición por R.Gusarof el Sab Feb 07, 2009 12:53 pm, editado 1 vez en total
" Rusia no es tal pais que se pueda conquistar , ni ocupar . Tal pais , puede ser derrotado unicamente por sus propias debilidades , mediante acciones internas, mediante enfrentamientos en su interior."
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Sab Feb 07, 2009 12:52 pm

EL PRIMERO Y EL SEGUNDO FRENTE

Es muy temprano por la mañana, el 6 de junio de 1944. En la neblina que se despeja con lentitud la primera lí­nea de la invasión aliada va agarrándose en los peñascos de la costa de Normandí­a. La operación "Overlord" empieza. La mayor invasión de la segunda guerra mundial. La concentración de tropas y material es imponente. Dos millones 800 mil hombres intervendrán en la operación; un millón y medio de este total ya desde la primera fase de la invasión. El heroí­smo de los hombres que entregaron sus vidas en este lugar o en cualquier otro del camino hacia la guarida de Hitler desde el Oeste merece en Checoslovaquia y en los paí­ses de nuestros aliados tanto respeto como en los paí­ses donde dejaron a sus mujeres e hijos, sus padres y sus hermanos.

Pero no podemos estar de acuerdo con la indigna especulación practicada con su preclara memoria. Máximo cuando no sólo la verdad histórica está en juego. Esto quedó patentizado también en el discurso pronunciado por el presidente estadounidense en Normandí­a el 6 de junio de 1984. El monumento ahí­ levantado en frases floridas a Estados Unidos como principal y - por poco - único "libertador de los pueblos de Europa" - no fue expresión de orgullo patriótico, sino un cí­nico empleo abusivo del mismo en favor de dos grandes mistificaciones.

En primer lugar trataba de acreditar la falaz ilusión de que los perhing y los planes de agresiones nucleares "de las galaxias" "prolongadas" o "limitadas" son una continuación de esta tradición. Con el objetivo de acallar la preocupación y la protesta tanto en Europa Occidental como en los propios EE.UU.

Y al mismo tiempo - sustentar la ficción de que el ocaso de Hitler no comenzó hasta en junio de 1944. A fin de sugerir la idea que sin la invasión en Normandí­a la lucha sostenida contra Hitler por el pueblo soviético y por el movimiento antifascista de las masas populares en toda Europa tendrí­a un desenlace completamente distinto. Esta ficción intenta conferir a las amenazadoras armas de hoy dí­a una falsa apariencia de "realismo".

Los documentos de la época dejan al descubierto esta insensatez. Aquellos que describen el marco inmediato del desembarco en Normandí­a son elocuentes al máximo:

Las fuerzas aliadas tení­an una superioridad - el triple - en fuerza viva y tanques. Su número de aviones de combate era sesenta veces superior al del enemigo. Su hegemoní­a en el mar era prácticamente total. El periódico estadounidense Journal escribió sobre ello el 26 de junio de 1944: "El Ejército Soviético ayudó del mismo modo que si estuviera también atacando la costa francesa. Rusia, iniciando una amplia ofensiva obligó a los alemanes a dejar en permanencia en el frente oriental las tropas que de otro modo hubiera lanzado a Francia a fin de resistir a los norteamericanos".

En junio de 1944 se concentraban en Francia, Bélgica y Holanda 58 divisiones nazis. No llegaban a un millón de hombres. Más de la mitad de este total eran "unidades estacionarias". Es decir que prácticamente no disponí­an de parque automóvil. Eran "divisiones de infanterí­a del final de la primera guerra mundial" - según la expresión del dirigente hitleriano Speldel. Más de la tercera parte de las tropas destinadas a hacer frente a un ataque desde el Occidente se estaba formando o renovando. En septiembre de 1944, cuando Hitler desocupó Francia y trasladó una parte de sus fuerzas del frente occidental a otros sectores, los aliados se enfrentaban con 700 mil soldados alemanes con 100 tanques y piezas de artillerí­a pesadas.

En ese mismo tiempo 239 divisiones enemigas combatí­an con el Ejército Soviético. De este total, 181 divisiones de la Alemania fascista. Un total de 4.3 millones de hombres. Hitler tuvo que trasladar al frente oriental 40 nuevas divisiones a fin de hacer frente a la ofensiva desplegada por el Ejército Soviético en el invierno y la primavera del año 1944.

Veamos que nos dice la mencionada "Enciclopedia Americana". "Los rusos", afirma esta fuente oficiosa, "ayudaron indirectamente a Hitler al no manifestar de modo alguno su disposición de facilitar el desembarco de los aliados". En aquel entonces, sin embargo, personalidades prominentes de los aliados occidentales tení­an opiniones completamente distintas. Citemos, para ilustrarlo, tres manifestaciones de Winston Churchill poco tiempo después de la invasión aliada. El mensaje al Jefe del Estado soviético del 1ro de julio de 1944: "Es éste el momento oportuno para comunicarle qué impresión colosal nos causa a todos en Inglaterra la grandiosa ofensiva de los ejércitos rusos que van derrotando con intensidad cada vez más fuerte los ejércitos alemanes en el espacio entre ustedes y Varsovia y Berlí­n". El 7 de agosto en la Cámara de los Comunes: "No hay en el mundo otra fuerza capaz de destruir el ejército alemán y de causarle pérdidas tan colosales como el Ejército Soviético ruso". En el mismo lugar, a finales de septiembre: "Rusia ocupa y destruye fuerzas incomparablemente superiores a las que impiden el avance aliado en Occidente".

En el verano y el otoño de 1944 el Ejército Soviético avanzó unos 600 - 900 kilómetros hacia Oeste. Llegó hasta las fronteras de Prusia Oriental y Alemania. Expulsó al agresor de Bielorrusia, y de casi todo el Báltico soviético, así­ como de las zonas orientales de Polonia, Checoslovaquia, Hungrí­a y Yugoslavia. Liberó Rumania y Bulgaria. Aniquiló 96 divisiones y 24 brigadas independientes del enemigo. En ese mismo perí­odo, las fuerzas de los aliados occidentales destruyeron 35 divisiones fascistas.

En el invierno 1944 - 1945, los aliados se vieron en una situación grave en los Ardennes. A finales del mes de diciembre los alemanes abrieron una brecha de 80 km de anchura en la lí­nea norteamericana y lograron avanzar unos 100 kilómetros. El 1ro de enero de 1945 más de mil de aviones de la Luftwaffe llevaron a cabo un ataque sorpresa a 27 aeropuertos, almacenes y puntos de concentración de tropas y técnica militar. Las pérdidas fueron importantes. El comandante en jefe del 3er ejército norteamericano general George Patton apuntó el dí­a 4 de enero en su diario: "Aún podemos perder esta guerra".

La Unión Soviética atendió sin demora la solicitud de los aliados y aceleró los preparativos de su ofensiva. "Si no fuera por esta ayuda soviética", escribió entonces el general americano y posterior presidente de EE.UU. Dwight Einsenhower, "las tropas aliadas se hubieran encontrado en la situación más difí­cil de lo que pudiésemos imaginar". Tan sólo en el curso de las operaciones en el invierno y la primavera de 1945 el Ejército Soviético aplastó 170 divisiones fascistas. Casi tantas, cuantas destruirí­an las fuerzas de los aliados occidentales en el transcurso de toda la segunda guerra mundial - 176 divisiones.

Pero la lucha contra el fascismo en el principal teatro de guerra - el europeo - no comenzó tan sólo en junio de 1944. Tres años antes de abrirse el segundo frente en el Oeste - desde el mes de junio de 1941 hasta el mes de junio de 1944- el peso principal de la guerra recaí­a en el ejército y el pueblo de la URSS. Fue en la Unión Soviética - en las puertas de Moscú - donde el agresor fue, por primera vez, detenido. Fue ahí­ - en las orillas del Volga - donde se produjo el viraje decisivo para el desarrollo de la segunda guerra mundial. En su mensaje a los defensores de Stalingrado Franklin Delano Róosevelt escribí­a: "En nombre del pueblo de los Estados Unidos de América dirijo este saludo a la ciudad de Stalingrado, en testimonio de nuestro entusiasmo por los gallardos defensores, cuya valentí­a, fuerza de espí­ritu y sacrificios en el transcurso de la batalla desde el 23 de septiembre de 1942 hasta el 31 de enero de 1943 serán una inspiración eterna para los corazones de todos los hombres libres. Su victoria gloriosa detuvo la oleada invasora y operó un viraje en la guerra de las naciones aliadas contra las fuerzas de la agresión".

El agresor quedó definitivamente privado de la iniciativa precisamente en el primer frente - en el Este. El historiador americano G. Jukes constató hace años que después de la batalla de Kursk "la iniciativa estratégica quedó plena e irrevocablemente en manos de los soviets y desde aquel momento ninguno de los generales alemanes competentes podí­a pensar en volver a reconquistarla". En el verano de 1943 Roosevelt escribió, poco tiempo después de la victoria del Ejército Soviético en Kursk: "Si las cosas siguen en Rusia como hasta ahora, es posible que en la primavera del año próximo ya no haga falta un segundo frente".

En el primer frente - el de Este - estuvieron concentrados durante tres años enteros - de junio de 1941 a junio de 1944 - del 92 al 95 por ciento de las fuerzas armadas de la Alemania fascista. Precisamente en este frente el agresor sufrió los golpes más duros. Estos fueron decisivos para su derrota final. El antiguo embajador de los EE.UU. en la URSS J. Davies declaró al respecto en un discurso, pronunciado en la radio norteamericana en ocasión del tercer aniversario del comienzo de la Gran Guerra Patria del pueblo soviético: "En este aniversario de la entrada de la Unión Soviética en la guerra, todos los hombres y todas las naciones amantes de la libertad deben rendir homenaje a nuestro gran aliado soviético... El pueblo soviético y sus dirigentes defendieron durante tres largos años sus posiciones con tenacidad, con inmensa paciencia y persistencia. Dieron al mundo entero la posibilidad de movilizar todas las reservas y elaborar los planes que hoy dí­a van aportando sus frutos... A partir del dí­a que hoy conmemoramos, la derrota final de los bandidos fascistas pasó a ser sólo una cuestión de tiempo".

En su discurso pronunciado el 19 de julio de 1945 en el Congreso, el general Dwight Eisenhower declaró: "La campaña del Ejército Soviético desempeñó el papel más significativo en la derrota de Alemania. Las capacidades del mando soviético, la valentí­a y la tenacidad de sus combatientes - hombres y mujeres - causan profunda impresión a todos... El pueblo soviético ofrendó enormes sacrificios en su propio territorio, asolado por la bestialidad alemana. Su resolución inquebrantable de no admitir otro desenlace de la guerra que la victoria al verse obligado a retroceder hasta Stalingrado, será respetado siempre en la historia".

El libro de S. Patrick "El frente ruso. La guerra alemana en el Este 1941-1945" se publicó en 1978 en Londres y Melbourne. El autor escribe en el libro: "Son muy pocos los que en Occidente se dan cuenta de la envergadura colosal de la guerra en el Este. Alemania perdió la segunda guerra mundial en los campos de Rusia y no en los arrecifes de Normandí­a".

El historiador germanooccidental K. Riecker constató ya en los años cincuenta: "Cuando los aliados occidentales lanzaron en el verano de 1944 el ataque a la «fortaleza Europa», el resultado de la segunda guerra mundial prácticamente ya habí­a sido decidido por la derrota de Alemania en Rusia. Alemania perdió la segunda guerra mundial antes de la invasión occidental".

Con respecto a lo que hoy se difunde, sobre todo por iniciativa de Reagan, creemos necesario abordar un capí­tulo más de los testimonios de aquella época. Ponen de manifiesto que la historia del segundo frente de la guerra no estuvo exenta de las especulaciones egoí­stas que tan elevado precio costaron al comenzar la guerra. Estas maniobras se encontraban en flagrante contradicción con todo lo que pedí­a el amplio público de los paí­ses de la coalición antihitleriana. La carta entregada en junio de 1941 a la embajada soviética en Londres es un ejemplo entre cientos. Un grupo de obreros de la construcción británicos escribí­a en ella: "Nos comprometemos a plantear a nuestro gobierno la exigencia de que les ayude por medio de un ataque inmediato en el frente occidental".

Incluso Lord Beaverbrook - en los años treinta fue uno de los "promuniqueses" - declaró a finales de 1941, siendo ministro del abastecimiento, en una sesión del gobierno británico: "La resistencia de los rusos nos ofrece nuevas posibilidades. Ha creado una situación casi revolucionaria en todos los paí­ses ocupados y abrió casi dos mil millas de costa a la invasión de las fuerzas inglesas. Pero los alemanes pueden lanzar impunemente sus divisiones hacia el este solamente porque nuestros generales consideran el continente una zona vedada a las tropas inglesas. Los comandantes en jefe de nuestros estados mayores querrí­an hacernos esperar hasta que se haya cosido el último botón en el último uniforma y sólo entonces estarán dispuestos a lanzarse al ataque. Hacen caso omiso de la oportunidad favorable actual".

El plan de abrir el segundo frente fue contemplado por primera vez el 1ro de abril de 1942 en una reunión en la Casa Blanca. El 3 de abril Roosevelt delegó a sus colaboradores Harry Hopkins y George Marshall para negociarlo con Churchill. En el mensaje personal que llevaron a Londres, Roosevelt escribí­a: "Comparto con todo mi corazón y con toda mi razón los que le darán a conocer Harry (es decir H. Hopkins - J.S) y G. Marshall. Los pueblos de su paí­s y del mí­o reclaman un frente que reduzca la presión contra los rusos y son naciones lo suficiente sabias para saber que hoy dí­a los rusos destruyen más alemanes y liquidan más técnica militar que Ud. y yo juntos". Poco después se informó sobre esta intención también al gobierno soviético. El comunicado oficial sobre las deliberaciones del ministro de Relaciones Exteriores de la URSS con Churchill y Roosevelt, celebradas a finales de mayo y comienzos de junio, decí­a: "Se logró pleno acuerdo respecto de los preparativos urgentes del segundo frente en Europa en 1942".

El desembarco en Normandí­a no se realizó hasta junio de 1944. La demora no tení­a casi ninguna causa objetiva; tanto más robustas eran sus causas subjetivas. Después de la victoria de Stalingrado, el frente germano-soviético empezó a desplazarse irresistiblemente hacia el Oeste. Hasta ese momento los cí­rculos gobernantes de EE.UU. y Gran Bretaña temí­an al extremo una victoria rápida de Hitler. Pero ahora contemplaban con creciente preocupación el avance del Ejército Soviético. Empezaban a darse cuenta de que la Unión Soviética serí­a capaz de defenderse e incluso de conseguir la derrota total de Hitler. La postergación intencionada del segundo frente formaba parte de la polí­tica ambigua adoptada por Washington y Londres de cara a este desarrollo.

El senador Harry Truman expresó la opinión de la reacción norteamericana con ese cinismo, en el cual batirí­a más tarde, estando en la Casa Blanca, todos los récords. Ya a comienzos del Julio de 1941 declaró: "Si vemos que Alemania va ganando, ayudaremos a Rusia, y si va ganando Rusia, tenemos que ayudar a Alemania, para que se masacren mutuamente al máximo". Pero la reacción se vio privada de aprovechar esta oportunidad. El Ejército Soviético expulsó las tropas de Hitler del paí­s. Emprendió su misión libertadora - compromiso asumido para con los pueblos avasallados desde el comienzo mismo de la Gran Guerra Patria. La resistencia antifascistas de las masas en los paí­ses ocupados se fortalecí­a. Las fuerzas de izquierda y democráticas tení­an en ella una influencia primordial y creciente. Los comunistas ocuparon entre ellas un puesto de primer orden.

La otra postergación de la apertura del segundo frente hubiera tenido resultados opuestos a las intenciones que la inspiraban. Roosevelt habló sobre el tema al reunirse con los comandantes en jefe de los estados mayores de las fuerzas armadas norteamericanas el 19 de noviembre de 1943, a bordo del acorazado Iowa. "Las fuerzas soviéticas", subrayó, "se encuentran a 60 millas de la frontera polaca y a 40 millas de Besarabia. Si cruzan el rí­o Bug, cosa que pueden conseguir dentro de dos semanas, estarán a las puertas de Rumaní­a... Por eso es indispensable que ocupemos sin demora la parte más grande posible de Europa". Según opinaba Roosevelt, Gran Bretaña deberí­a ocupar de urgencia Francia, Bélgica, Luxemburgo y el sur de Alemania. "Estados Unidos deben ocupar el Noroeste de Alemania. Podemos penetrar en puertos como Brema y Hamburgo, al igual que en los puertos de Noruega y Dinamarca, y debemos llegar hasta Berlí­n. En ese caso los soviets pueden ocupar el territorio al Este de Berlí­n. Pero Berlí­n debe ser tomado por los Estados Unidos". El general estadounidense Bradley escribió más tarde: "El derrumbamiento total de Alemania bajo los golpes soviéticos mezclarí­a todas las cartas y nos obligarí­a a abandonar la operación «Overlord». A fin de prevenir el caos, tení­amos que lanzar a Europa todas las fuerzas a nuestra disposición, cruzar de urgencia el Canal de la Mancha, invadir Alemania, desarmar su ejército y tomar en nuestras manos el control del paí­s".

Las conclusiones de un grupo de historiadores nipones se encuentra más cerca aún de la verdad. En la "Historia de la guerra en el Pací­fico", publicada en japonés ya en los años cincuenta, constataron: "Los movimientos antifascistas de resistencia de las masas populares, que se formaron en Francia para extenderse después por toda Europa occidental, el rápido crecimiento de la autoridad y de la popularidad de los partidos comunistas encabezando esta lucha, en cuyo transcurso los comunistas tuvieron más bajas que ningún otro partido, y en particular el ataque aterrador del Ejército Soviético que liberó su territorio de los ocupantes alemanes y obligó a las tropas alemanas a retroceder al Oeste - todo esto hizo que Churchill y Roosevelt abrieran el segundo frente, a fin de mantener su control en Europa".

Después de la guerra Albert Einstein escribió: "El triunfo del Ejército Soviético no sólo consiguió defender y preservar los excepcionales logros de la Unión Soviética; también pudo conjurar el peligro mortal al que se veí­a expuesto el porvenir de toda la humanidad".

Charles de Gaulle declaró en aquellos tiempos: "Los franceses saben qué ha hecho Rusia y también saben que precisamente Rusia desempeñó un papel principal en su liberación".

El almirante Leahy, asesor de Roosevelt, señaló en sus memorias: "Sin el admirable heroí­smo batallador de los rusos, los aliados hubiéramos tenido poca esperanza de éxito".

El escritor Alexander Werth recordó: "Los rusos sintieron en su cuerpo los golpes principales de la guerra contra la Alemania nazi y precisamente esto fue lo que salvó millones de vidas británicas y norteamericanas".

El periódico yugoslavo Borba escribió después de la guerra: "Sin la grande y poderosa Unión Soviética, el mundo hubiera quedado transformado en un gran campo de concentración. Sin la Unión Soviética - esto deberí­an tenerlo claro todos - desaparecerí­an de la superficie del globo terrestre, según la criminal intención de Hitler, todos los pueblos eslavos... El triunfo hoy celebrado por todos los hombres honrados fue conseguido en primer lugar gracias al pueblo soviético".

El periodista francés Jean Catala declaró: "No encontrarán un solo francés honrado que ignore que debemos nuestra liberación al Ejército Rojo".

Incluso el presidente de los Estados Unidos Harry Truman escribí­a en un mensaje a Stalin: "Apreciamos altamente la aportación de la poderosa Unión Soviética en beneficio de la civilización y la libertad. Ustedes, como nación libre y valiente al extremo, lograron derrotar las bárbaras fuerzas del mal por muy fuertes que fueran".

La Unión Soviética desempeñó un papel decisivo en la derrota del fascismo hitleriano y la liberación de los pueblos de Europa. Al Ejército Soviético le corresponde el 80 por ciento de las pérdidas totales de fuerza viva sufridas por las tropas hitlerianas, el 75 por ciento de sus pérdidas de tanques, cañones y otra técnica de las fuerzas terrestres. La aviación y la artillerí­a antiaérea soviéticas destruyeron más de 57 mil aviones de la Luftwaffe de Goering. Casi 2.5 veces más que sus pérdidas totales en todos los frentes restantes de la segunda guerra mundial.

La Unión Soviética volvió a intervenir en la guerra contra el Japón militarista, cuyas dos agresiones ya habí­a repelido a finales de los años treinta, sólo después de terminar los combates en Europa. Pero también en este terreno el papel de la URSS fue incomparablemente más relevante de lo que suele admitirse. La revista norteamericana Foreign Affairs escribí­a en enero de 1957: "En el verano de 1945 los especialistas de los servicios de inteligencia americanos llegaron a la conclusión de que ni el bloqueo ni el bombardeo podrí­an garantizar la capitulación incondicional del Japón, por cuanto serí­a deseable la participación de la URSS en la guerra". Harry Truman escribió en sus memorias: "Mi viaje a la conferencia de Potsdam obedecí­a a varias causas, pero la más importante, en mi
opinión, consistí­a en obtener de Stalin la confirmación personal de la participación rusa en la guerra contra el Japón, considerada de excepcional significación por nuestros jefes militares".


La Unión Soviética cumplió su compromiso en el plazo fijado. El 9 de agosto de 1945 declaró la guerra al Japón. Sus fuerzas armadas junto con las fuerzas de la República Popular de Mongolia, del Ejército Popular de Liberación Chino y con unidades guerrilleras coreanas y chinas, derrotaron en 24 dí­as numerosas formaciones enemigas. Su núcleo - el ejército de Kuangtung - totalizaba en sus unidades 800 mil hombres. Contaban con un armamento imponente: 1,215 tanques, 6,640 cañones y lanzaminas, 1,907 aviones de combate y 26 embarcaciones de guerra. Fue la victoria más rápida conseguida sobre una fuerza tan numerosa y tan sólidamente armada en toda la historia de la segunda guerra mundial.

Winston Churchill escribió en sus memorias: "Serí­a equivocado concluir que las bombas atómicas decidieron el destino del Japón". Sin la operación del Ejército Soviético en Manchuria, admití­a Churchill, la guerra contra el Japón habrí­a durado como mí­nimo hasta el año 1946, costando la vida de un millón o millón y medio de soldados norteamericanos. El mando norteamericano compartí­a este criterio. En el libro "Servicio activo en la paz y en la guerra", publicado en 1948 en Nueva York, tocaron el tema H. Simon y M. Bundy, dos hombres conocidos por ocupar puestos importantes en el aparato militar y de polí­tica exterior de Estados Unidos. Dicen en este libro que sin la ayuda de la Unión Soviética "Estados Unidos probablemente no habrí­an logrado terminar la guerra ni hasta el final del año 1946".


¿QUIEN LLEVO EL FARDO ECONOMlCO PRINCIPAL?

En Gran Bretaña, EE.UU. y otros paí­ses aliados se fueron constituyendo diversos fondos y asociaciones de "ayuda a Rusia" desde el instante en que recayó sobre la Unión Soviética el peso principal de la lucha contra el fascismo. Con bastante frecuencia los encabezaban personalidades de la calidad del escritor norteamericano Theodore Dreiser, Eleanor Roosevelt y otros más. Summer Welles, citado más arriba, escribirí­a más tarde: "Las exigencias de proporcionar a la Unión Soviética toda forma de ayuda llegaron a tener carácter nacional".

Tengo grabado en la memoria un noticiario-documental de aquella época. Un tren cargado con camiones recién salidos de la fábrica se dirigí­a desde una fábrica en el interior del paí­s al puerto, donde lo esperaban convoyes dispuestos a salir hacia la Unión Soviética. A fin de acelerar el suministro, el último barnizado se hací­a en camino. Recuerdo los rostros de aquellos jóvenes obreros pintando a pistola los camiones en los vagones del tren en marcha. En esos rostros se notaba la conciencia de estar ayudando a una causa justa. El pueblo soviético expresó en reiteradas ocasiones su altí­simo aprecio a la ayuda de los aliados. Supo estimarla y sigue estimándola debidamente todo hombre honrado.

Sin embargo, ¿podemos o no podemos estar de acuerdo con las conclusiones extraí­das al respecto por algunos autores actuales? "Los resultados militares de los rusos dependí­an de los suministros británicos y norteamericanos", declaran H. Bragdon y S. McCutchen en el libro "Historia de un pueblo libre", publicada hace poco en Nueva York. "Sin esta ayuda, la Unión Soviética no hubiera podido conseguir el viraje en la guerra", afirma H. Patcher en la publicación "Caí­da y ascenso de Europa", publicado hace cierto tiempo en la misma ciudad. No resulta demasiado difí­cil comprender la proliferación de versiones de esta Á­ndole en numerosos medios de comunicación de masas. Es un modo más de poner en tela de juicio los hechos que fundamentan la lección y el memento de la segunda guerra mundial.

En su discurso del 20 de mayo de 1944, Franklin Delano Roosevelt declaró ante el Congreso: "La Unión Soviética dispone principalmente de armas procedentes de sus propias fábricas". A finales del mes de mayo de 1945 el asesor de Roosevelt, Harry Hopkins dijo: "Nunca hemos creí­do que nuestra ayuda por conducto del «Lend-Lease» fuera el factor principal de la victoria soviética sobre Hitler en el frente oriental. La victoria fue conseguida por el heroí­smo y la sangre del ejército ruso".

Las conclusiones del documento confidencial elaborado en 1945 por el órgano responsable de la ayuda norteamericana a los paí­ses de la coalición anti Hitleriana fueron idénticas: "El material militar suministrado por conducto del «Lend-Lease» desempeñó indudablemente n papel de importancia en los éxitos de las fuerzas armadas de Gran Bretaña y la URSS, sin embargo, constituyó sólo una parte reducida, comparando con su producción propia de armas y material. Nuestros aliados cubrieron sus necesidades básicas principalmente con recursos propios". En el caso de Gran Bretaña, decí­a el documento, EE.UU. habí­an suministrado aproximadamente la quinta parte de armas y técnica militar. "En cuanto al ejército ruso, nuestra ayuda cubrí­a sus necesidades en una media notablemente inferior".

En todos los años de la guerra la Unión Soviética recibió de los Estados Unidos 14,700 aviones, 7 mil tanques, 427 mil camiones, cierta cantidad de técnica de comunicaciones, alimentos y otros artí­culos. Todo ello representaba el 4 por ciento de la producción total de la economí­a bélica de la Unión Soviética. El valor de los suministros norteamericanos a la URSS equivale a 10 mil millones de dólares, o sea, el 3,5 por ciento de los gastos totales de guerra de los Estados Unidos.

El pueblo soviético tuvo que llevar el fardo económico principal de la lucha contra el fascismo. Este se habí­a preparado durante largos años para la agresión. Merced a la ocupación de los paí­ses europeos, anterior a la campaña en el Este, las capacidades del agresor aumentaron notablemente: se multiplicaron por 2.1 en la generación de energí­a eléctrica, por 1.9 en la extracción de hulla, por 2 en la producción de acero, por 1.7 en la producción de aluminio y por 4 en la producción de cereales. En los primeros meses de la guerra la Unión Soviética perdió el territorio habitado por el 40 por ciento de su población total. La economí­a nacional soviética se vio separada del 63 por ciento de sus recursos carboní­feros, del 68 por ciento de sus capacidades productoras de hierro, del 68 por ciento de sus capacidades productoras de acero, del 60 por ciento de sus fuentes de producción de aluminio y del 38 por ciento de su producción de cereales. Desde julio hasta noviembre de 1941, la producción industrial de la URSS disminuyó a menos de la mitad. El agresor destruyó o trasladó a Alemania 175 mil máquinas herramientas, los equipos de varios centenares de fundiciones, 18 millones de toneladas de producción agrí­cola, 17 millones de cabezas de ganado bovino, 7 millones de caballos...

Tanto más impresionantes resultan las cifras sobre la superioridad conseguida por la Unión Soviética en un plazo relativamente muy breve. Ya a comienzos del año 1943 el Ejército Soviético tení­a una superioridad de 1.4 veces mayor en cuanto al número de tanques y cañones automotrices; el doble de aviones de combate; en cañones y lanzaminas sobrepasaba el enemigo en 1.7 veces. Hasta el mes de mayo de 1945 se produjeron en las fábricas soviéticas 102,800 tanques y cañones autopropulsados, 112,100 aviones de combate y 482,000 cañones. La economí­a de guerra de la URSS logró producir casi el doble de armas y pertrechos militares que la Alemania hitleriana con todos los recursos acaparados en los paí­ses ocupados.

En el libro "La guerra. Estudio histórico, polí­tico y social", publicado a finales de los años setenta en Estados Unidos, se indica al respecto: "La economí­a soviética demostró durante la guerra una capacidad arrolladora de alcanzar un elevado nivel de producción industrial... y de mantener el nivel necesario de la producción agrí­cola" .

El historiador francés H. Giraud escribe sobre ello: "La retaguardia supo resistir en los años 1941-1942 e incluso aseguró el abastecimiento del frente en armamento tan sólo merced al excepcional esfuerzo fí­sico y moral del pueblo soviético, organizado por el Partido Comunista... Era como en un barco, donde todos los pasajeros, sin distinción por la clase en la que viajaban, se convirtieron durante el temporal en marineros, sin que se les viniera a las mientes que sólo la tripulación estaba llamada a la lucha por llevar el barco al puerto seguro".

El colega británico A. Clark constata en su libro "Barbarossa. El conflicto ruso-alemán 1941-1945", publicado por primera vez en Londres en 1965: "Los rusos podí­an ganar la guerra solos... sin la ayuda de Occidente. El alivio proporcionado por nuestra intervención en la guerra a la Unión Soviética... no fue decisivo en absoluto".

Las memorias de Truman no disimulaban otro aspecto relevante. "El dinero invertido en el Lend-Lease" escribió en 1955 el antiguo presidente norteamericano, "sin duda salvó las vidas de muchos norteamericanos. Cada soldado ruso, inglés o australiano que recibí­a armas por conducto del Lend-Lease y participó en las acciones de lucha, reducí­a proporcionalmente el peligro de la guerra para nuestros jóvenes".

Según datos del Ministerio del Comercio norteamericano, los EE.UU . recibieron durante la guerra de la URSS unas 300 mil toneladas de mineral de cromo y 32 mil toneladas de mineral de manganeso, grandes cantidades de platino, pieles y otras materias primas y artí­culos. El entonces ministro del comercio de EE.UU., J. Jones, escribió más tarde sobre este tema: "Por medio de los suministros procedentes de la URSS recuperábamos nuestro dinero e incluso obtení­amos beneficio, cosa poco frecuente en las operaciones comerciales regidas por nuestros órganos estatales".

En su libro "Ayuda a Rusia 1941-1946", publicado en Nueva York en 1973, el historiador norteamericano J. Herring señala: "El «Lend-Lease» no fue el acto más desinteresado en la historia de la humanidad. Fue un acto de egoí­smo deliberado y los norteamericanos estaban perfectamente conscientes de las ventajas que les ofrecí­a"
.

Veinte millones de ciudadanos soviéticos pagaron con sus vidas el triunfo sobre el fascismo. Varios millones de heridos quedaron para siempre o temporalmente excluidos de la vida productiva. El agresor destruyó 1,710 ciudades y más de 70 mil poblaciones soviéticas; más de 6 millones de edificios, 31,850 fábricas, 65 mil kilómetros de ví­as férreas 4,100 estaciones de ferrocarril. En el primer perí­odo de postguerra, cerca de 25 millones de personas tuvieron que vivir en sótanos o refugios provisionales. Un tercio de la riqueza nacional del paí­s quedó destruido. El mundo esperaba que Estados Unidos - cuyo territorio no se vio afectado por la guerra principalmente gracias a la Unión Soviética - proporcionarí­a a su aliado una ayuda eficaz en la reconstrucción del paí­s . En efecto, llegaron a proponerla. Claro que en condiciones inaceptables. En septiembre de 1945 vino a Moscú una delegación, encabezada por el presidente del Comité especial del Congreso para las cuestiones de la polí­tica económica y la planificación de postguerra, W. Colmer. El historiador americano P. Gaddis dice sobre su misión en el libro "EE. UU. y el origen de la guerra frí­a, 1941-1947": "Colmer y sus colegas pedí­an que la Unión Soviética modificara a cambio de los créditos norteamericanos su sistema de dirección de la sociedad y renunciara a sus compromisos contraí­dos con el Este europeo". El trabajo de otro autor estadounidense L. Rose, "Victoria dudable. Estados Unidos y el final de la segunda guerra mundial" documenta los mismos hechos. Rose escribe que los cí­rculos dominantes de EE.UU. tomaron la decisión de negar a la Unión Soviética los créditos de postguerra si no modificaba su actitud.

La consabida retórica, harto conocida de varias fuentes actuales, ocultaba y sigue ocultando con escaso éxito el verdadero trasfondo de estas exigencias. La expectación de que la Unión Soviética renunciarí­a a lo conquistado por la Revolución de Octubre en 1917, lo que tuvo que defender al precio de siete millones de vidas humanas contra la intervención extranjera y la guerra civil subsecuentes, todo aquello, por lo que luchó contra Hitler, pagando un precio tan terrible por la victoria, fueron pretensiones tan vanas en ese entonces como lo siguen siendo hoy. El pueblo soviético se vio obligado a asegurar la reconstrucción del paí­s después de la guerra contando exclusivamente con las fuerzas y los recursos propios.

CONCLUSlON

Cuando se poní­an a la caja estas lí­neas, en la República Federal de Alemania seguí­a resonando el escándalo en torno a los "Diarios de Hitler". Recordemos por qué delito juzgan a Konrad Kujau y a sus cómplices, que le ayudaban a pasarlos en limpio por las noches. ¿Por hacer propaganda a un criminal sin par en la historia? De ningún modo. Los juzgarán sólo y exclusivamente por falsificación. Mejor dicho: por los nueve millones de marcos que se metieron en el bolsillo "La libertad ilimitada de expresión" acaba de dotarse de una nueva muestra publicitaria llamativa.

Evidentemente, la empresa excedí­a las fuerzas de los que hoy van dando explicaciones al fiscal. El contenido de estos "diarios" confirma qué mano estuvo detrás del asunto. Consideremos uno de los pasajes que impregna toda esta enciclopedia de la diligencia e industria neonazi: "Según mis cálculos", se lee en el "apunte de puño y letra del Fí¼hrer" fechado en los dí­as de la derrota en Stalingrado, "la correlación de fuerzas no podí­a ser tan desventajosa, ¿No me habrán engañado de nuevo esos oficialillos? Necesito un nuevo cuerpo de mando. Estos oficiales viejos se dejan condecorar constantemente, pero no acatan mis órdenes. Si dejo obrar libremente a los viejos prusianos, lo echarán a perder todo".

Una nueva variación sobre la cantinela de siempre. El fracaso de la guerra relámpago" antisoviética como están explicándolo varios decenios determinados cí­rculos - fue causado por los "desatinos personales de Hitler". Cuando se admite que el propio "caudillo" podí­a equivocarse, toda la estrategia de la "cruzada" queda expuesta a serias dudas. Hay sólo un remedio cosmético para corregir este desperfecto. Fueron los oficiales en el frente los que cometieron "errores personales". Y todo "por falta de disciplina" (¡?!). Un "viejo prusiano" agregarí­a un artí­culo adicional al acta de acusación de Kujau y Cí­a.

Esta variación ya no es una coartada falsa para los que añoran las multitudes con el brazo levantado en el saludo romano. Encaja perfectamente en el guión según el cual decenas de versiones variopintas del militarismo actual sobreviven a costa de los acontecimientos de hace cuarenta años. Quieren acallar a gritos la lección principal y decisiva de los tiempos que aquí­ recordamos. El memento a la "cruzada", cuyos estados mayores siguen "completando su armamento".

Por eso consideramos inadmisible que se vayan silenciando los hechos que permiten su conocimiento correcto. El testimonio de estos hechos es rotundo. No es necesario descubrir la cara de esta moneda: lo hizo por nosotros un tal W. S. Schlamm, durante largos anos vocero del anticomunismo caverní­cola en la RFA. En su libro "Lí­mites del Milagro", publicado a finales de los años cincuenta, escribió: "La esencia terrible del conflicto entre el comunismo y Occidente estriba en el hecho de que el comunismo medra en la paz, desea la paz y triunfa en la paz... Si se llega a considerar que es más importante evitar la guerra generalizada que prevenir el triunfo del comunismo, nada podrá impedir este triunfo... La aceptación efectiva de la coexistencia pací­fica equivaldrí­a a renunciar a la victoria de Occidente en la «guerra frí­a» y a reconocer su derrota".

El socialismo, en efecto, siempre propuso y siempre propondrá la paz. Siempre pidió y sigue pidiendo el desarme. Un desarme general y completo. Si no se quiere aceptar el desarme, que por lo menos se contraigan compromisos formales que atajen al máximo toda amenaza mortí­fera. Por eso la Unión Soviética se comprometió a no ser la primera en recurrir al empleo de armas nucleares. Por eso garantiza no hacer uso de ellas contra paí­ses que no las posean y en cuyo territorio no se encuentren. Por eso pedimos, los paí­ses socialistas, la congelación inmediata, cuantitativa y cualitativa, de los arsenales nucleares. Por eso presentamos nuevas y nuevas propuestas relativas a su reducción paulatina. Por eso proponemos la celebración de un convenio que prohiba todo ensayo de armas nucleares. Por eso pedimos la interdicción y la liquidación de todas las armas quí­micas y bacteriológicas. Por eso proponemos constantemente a los gobiernos de los paí­ses de la OTAN; aceptemos el compromiso de no emplear recí­procamente armas nucleares ni armas convencionales...

Esta es nuestra verdadera voluntad, la voluntad que tenemos nosotros, a los que mentirosamente imputan la "amenaza militar". Pero no se trata de una manifestación de debilidad. Esto lo comprendió, demasiado tarde y pagando un precio terrible, también la soldadesca que se vio obligada a rendirse levantando las manos y enarbolando banderas blancas exactamente hace cuarenta años. Frente a ella seguí­a en pie el único paí­s socialista. Paí­s joven que sólo iba cobrando la estatura de un Estado moderno y desarrollado. Poseyendo solamente un fragmento Á­nfimo de lo que hoy golpearí­a al agresor.

Serí­a un paso suicida. Un holocausto que no perdonarí­a a nadie. Es preciso saberlo. Y reflexionar sobre todas las consecuencias. Sin ello, las reflexiones con tanta insistencia solicitadas por George Kennan se debatirí­an en un cí­rculo vicioso, extremadamente peligroso.

FIN
Publicado en Praga en 1985
fuente: http://libros.virtuales.org/varios/tabues.shtml


En definitiva, que la guerra del este, el 1er frente, el mas desconocido por la propaganda, y envenenado a base de topicos,desinformacion,etc... Fue el decisivo, el que salvo a Europa, y posiblemente al mundo, consecuentemente, salvando a Judios,Eslavos etc, del exterminio.
La Ayuda aliada no supuso ni siqueira el poder mencionar como se hace de una AYUDA decisiva para que los Rusos ganasen, y ademas, lo mas desconociodo aún, que los rusos en su guerra contra japon donde derrotaron a mas tropas en una semana que lso americanso en toda la guerra tomando muchos mas preisioneros, fue decisiva para la derrota de Japon.
Sacando que los aliados, mas en vista de perder su influencia ECONOMICA-POLITICA,frente al sistema de los Soviets, iniciaron el desembarco de Normandia, mas avistas de contener el avance Sovietico, que realmente una ayuda significativa contra la lso NAZI

saludos!
Última edición por R.Gusarof el Dom Feb 08, 2009 12:48 am, editado 1 vez en total
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Sab Feb 07, 2009 1:12 pm

Bufff!!
que lio! no sabia que daban problemas los post tan largos!

"Jean Salem, en su importante libro Lenine et la Revolution (v .odiario.info ,08.07.2007) descodifica con lucidez la polí­tica de satanización del socialismo. Ese discurso promueve la alienación progresiva de millones de personas y alcanza en gran parte su objetivo. Salem cuenta, por ejemplo, que solamente 20% de los jóvenes franceses que respondieron a un sondeo sabí­a que la Unión Soviética desempeñó un papel decisivo en la derrota del Reich Nazi. En otro sondeo, 50% afirmaba que la URSS habí­a sido aliada de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Un escritor, también francés, escuchó de una amiga rusa que, en la escuela de Moscú donde el hijo estudiaba, un profesor decí­a en las aulas que la batalla de Stalingrado habí­a sido ganada por los EEUU. Frente a la objeción de uno de los muchachos, afirmó que fue el bombardeo de la ciudad por la Fuerza Aérea Norteamericana el que destruyó al VI Ejército alemán de Von Paulus. La mentira hace estragos porque ni uno solo de los alumnos tení­a noción de que la aviación de combate de los EEUU nunca intervino en el Frente Oriental."

Respecto a lo anterior, decir, que salvo excepciones que pueden ser bastantes de vosotros que se interesan por el tema, si preguntas a la mayoria de poblacion, sobre quien gano la SGM, te dira, LOS YANKEES, y igual que en francia o incluso con datos peores nos podriamso encontrar aqui en españa, el trabajo americano, via Hollywood y PREES, ha sido esplendido.
Yo mismo sufri en mis carnes como profesores de HISTORIA daban solo la parte desde normandia de la salvacion de Europa gracias a los USA, curioso que incluso los libros para niños son asi.

Da muchisimo que pensar, y que plantearse. Para que despues se hable de propaganda Sovietica, que de ser tan fuerte como dicen...... Habria que haber visto que hubiese pasado de ser la propagadna igual de fuerte o más que la de USA, que de esta ultima ni se menciona, parece que no existe, es mas , existe, no solo la que creemos que se ve, tambien la que tenemos ya grabadas en nuestra conciencia.

Siento los post tal largos, no los volvere a hacer asi!, para el que le interese leerlo, y ver una verdad desde otro punto de vista.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor Orel el Sab Feb 07, 2009 11:18 pm

Gusarof, menciona las fuentes, por favor.
Publicado en Praga en 1985, autor Josef Skála pero... ¿en qué libro o revista? Es lo más importante (son ellos quienes tienen los derechos)

"Son muy pocos los que en Occidente se dan cuenta de la envergadura colosal de la guerra en el Este. Alemania perdió la segunda guerra mundial en los campos de Rusia y no en los arrecifes de Normandí­a".

Excepto por gente inculta al respecto (que, obviamente, es la gran mayorí­a de la población) considero históricamente reconocido que Alemania perdió "concluyentemente" la II GM en el frente ruso, sin duda.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Dom Feb 08, 2009 12:52 am

Saludos Orel!

Ya lo arreglé!
Tristemente ese tipo de informacion solo lo sabe la gente como tu,la mayoria de la poblacion no es que no lo sepa si no que te dira que fue USA, en una estadistica creo que seguramente peor que la de Francia.
La cuestion que la gente culta, sabe que fue Rusia, sin embargo la Inculta (la grandismia mayoria)dice que fue USA, por que?
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor racta46 el Dom Feb 08, 2009 7:42 am

Orel escribió:
considero históricamente reconocido que Alemania perdió
"concluyentemente" la II GM en el frente ruso, sin duda.


yo estoy de acuerdo tambien en que ...( y lo resalto ) Alemania perdió la guerra en cuanto dió luz verde a la operación ''Barbarroja''.
pero con una matización de que la URSS no la ganó ( la ganaron entre todos los aliados incluida la URSS obviamente) ...la apertura de un segundo frente ayudó bastante al ejercito rojo.
los sovieticos tambien recibieron ayuda aliada y ademas de USA en un principio y antes de que USA entrara en la guerra ( algo que considero de vital importancia para el desarrollo del final de la guerra) ..los sovieticos no las tenian todas consigo.
sin ese segundo frente ...quien sabe :roll: :roll: a lo mejor habria tardado mas en acabar la guerra y los rusos hubiesen entrado igual en Berlin , pero me temo que nunca lo sabremos.

un saludo
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor armada62 el Dom Feb 08, 2009 12:54 pm

Estoy de acuerdo con Racta. Hay, cómo en todo, muchas matizaciones al respecto.
A grosso modo en la wiki.
Después de la caí­da de Francia en 1940, el Reino Unido estaba sin recursos económicos. Franklin Delano Roosevelt persuadió al Congreso de los Estados Unidos, para que aprobase el acta de Préstamo y Arriendo el 11 de marzo de 1941, que proveyó al Reino Unido y a otros 37 paí­ses (entre ellos la URSS) con 50.000 millones de dólares en equipo militar y otros suministros.

En el verano de 1941, la Unión Soviética entró en la guerra al lado de los Aliados.
Habí­a perdido mucho de su equipo y de su base industrial en las primeras semanas que siguieron a la invasión alemana. Los Aliados Occidentales (sobre todo USA y Reino Unido) intentaron remediarlo enviando los Convoyes Árticos, que viajaban desde el Reino Unido y los Estados Unidos hasta los puertos del norte de la Unión Soviética (Archangel y Múrmansk).

La batalla de Grecia y la Invasión de Yugoslavia retrasaron la invasión alemana seis semanas crí­ticas, como posteriormente se puso de manifiesto. Casi desde el principio de la Operación Typhoon el clima se habí­a ido deteriorando continuamente, haciendo más lento el avance alemán sobre Moscú, hasta llegar a ser de 3 kilómetros diarios.
El 31 de octubre, el Alto Mando del Ejército alemán ordenó un alto en la Operación Typhoon para que los ejércitos pudiesen reorganizarse. La pausa dio tiempo a los soviéticos para construir nuevos ejércitos y traer las tropas soviéticas desde el este, cuando el Pacto de Neutralidad firmado por soviéticos y japoneses en abril de 1941, le aseguraba a Stalin que ya no serí­a amenazado por los japoneses por más tiempo.


Es fácil intuir que las aperturas de diferentes frentes, el retraso de la invasión de la URSS, la paralización de la amenaza japonesa en el frente oriental de la URSS y los recursos enviados en ayuda de UK primero, y la URSS después, con gran éxito por la organización de convoyes y el desarrollo de una defensa antisubmarina eficaz, sobre todo por UK, donde la RN mantuvo el control del Atlántico, influyeron decisivamente en el desenlace de la guerra.
Las verdades tienen muchas lecturas y todas son ciertas.
Saludos
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Dom Feb 08, 2009 6:08 pm

racta46 escribió:
Orel escribió:
considero históricamente reconocido que Alemania perdió
"concluyentemente" la II GM en el frente ruso, sin duda.


yo estoy de acuerdo tambien en que ...( y lo resalto ) Alemania perdió la guerra en cuanto dió luz verde a la operación ''Barbarroja''.
pero con una matización de que la URSS no la ganó ( la ganaron entre todos los aliados incluida la URSS obviamente) ...la apertura de un segundo frente ayudó bastante al ejercito rojo.
los sovieticos tambien recibieron ayuda aliada y ademas de USA en un principio y antes de que USA entrara en la guerra ( algo que considero de vital importancia para el desarrollo del final de la guerra) ..los sovieticos no las tenian todas consigo.
sin ese segundo frente ...quien sabe :roll: :roll: a lo mejor habria tardado mas en acabar la guerra y los rusos hubiesen entrado igual en Berlin , pero me temo que nunca lo sabremos.

un saludo


Saludos!!!
Es esto parte del tema que me refiero,
Fue realmente una ayuda necesaria? o como el post que he publicado al principio, fue mas para hacerse con el mayor territorio en europa, para que no lo ocupasen los Sovieticos antes,
Hasta que punto sirvio a la URSS que , estaba casi como quien dice rumbo a berlin en el 44 , al maximo de su industria, y con un ejercito poderosisimo. Claro que le habria costado mas tiempo ,poco mas, desacerse de las 58 divisiones del oeste que hicieron frente a los Aliados, el tiempo que hubiese tardado de mas, en llegar hasta los pirineos.

Segun el post pubicado, una de las cosas que quiero tratar, hasta que punto fue mas, una ayuda, que la real intencion de frenar pacificamente, lo que no podia frenar militarmente ya el derrotado ejercito aleman.

citando de mi post del principio

Roosevelt habló sobre el tema al reunirse con los comandantes en jefe de los estados mayores de las fuerzas armadas norteamericanas el 19 de noviembre de 1943, a bordo del acorazado Iowa. "Las fuerzas soviéticas", subrayó, "se encuentran a 60 millas de la frontera polaca y a 40 millas de Besarabia. Si cruzan el rí­o Bug, cosa que pueden conseguir dentro de dos semanas, estarán a las puertas de Rumaní­a... Por eso es indispensable que ocupemos sin demora la parte más grande posible de Europa". Según opinaba Roosevelt, Gran Bretaña deberí­a ocupar de urgencia Francia, Bélgica, Luxemburgo y el sur de Alemania. "Estados Unidos deben ocupar el Noroeste de Alemania. Podemos penetrar en puertos como Brema y Hamburgo, al igual que en los puertos de Noruega y Dinamarca, y debemos llegar hasta Berlí­n. En ese caso los soviets pueden ocupar el territorio al Este de Berlí­n. Pero Berlí­n debe ser tomado por los Estados Unidos". El general estadounidense Bradley escribió más tarde: "El derrumbamiento total de Alemania bajo los golpes soviéticos mezclarí­a todas las cartas y nos obligarí­a a abandonar la operación «Overlord». A fin de prevenir el caos, tení­amos que lanzar a Europa todas las fuerzas a nuestra disposición, cruzar de urgencia el Canal de la Mancha, invadir Alemania, desarmar su ejército y tomar en nuestras manos el control del paí­s".
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Dom Feb 08, 2009 7:11 pm

armada62 escribió:Estoy de acuerdo con Racta. Hay, cómo en todo, muchas matizaciones al respecto.
A grosso modo en la wiki.
Después de la caí­da de Francia en 1940, el Reino Unido estaba sin recursos económicos. Franklin Delano Roosevelt persuadió al Congreso de los Estados Unidos, para que aprobase el acta de Préstamo y Arriendo el 11 de marzo de 1941, que proveyó al Reino Unido y a otros 37 paí­ses (entre ellos la URSS) con 50.000 millones de dólares en equipo militar y otros suministros.

En el verano de 1941, la Unión Soviética entró en la guerra al lado de los Aliados.
Habí­a perdido mucho de su equipo y de su base industrial en las primeras semanas que siguieron a la invasión alemana. Los Aliados Occidentales (sobre todo USA y Reino Unido) intentaron remediarlo enviando los Convoyes Árticos, que viajaban desde el Reino Unido y los Estados Unidos hasta los puertos del norte de la Unión Soviética (Archangel y Múrmansk).

La batalla de Grecia y la Invasión de Yugoslavia retrasaron la invasión alemana seis semanas crí­ticas, como posteriormente se puso de manifiesto. Casi desde el principio de la Operación Typhoon el clima se habí­a ido deteriorando continuamente, haciendo más lento el avance alemán sobre Moscú, hasta llegar a ser de 3 kilómetros diarios.
El 31 de octubre, el Alto Mando del Ejército alemán ordenó un alto en la Operación Typhoon para que los ejércitos pudiesen reorganizarse. La pausa dio tiempo a los soviéticos para construir nuevos ejércitos y traer las tropas soviéticas desde el este, cuando el Pacto de Neutralidad firmado por soviéticos y japoneses en abril de 1941, le aseguraba a Stalin que ya no serí­a amenazado por los japoneses por más tiempo.


Es fácil intuir que las aperturas de diferentes frentes, el retraso de la invasión de la URSS, la paralización de la amenaza japonesa en el frente oriental de la URSS y los recursos enviados en ayuda de UK primero, y la URSS después, con gran éxito por la organización de convoyes y el desarrollo de una defensa antisubmarina eficaz, sobre todo por UK, donde la RN mantuvo el control del Atlántico, influyeron decisivamente en el desenlace de la guerra.
Las verdades tienen muchas lecturas y todas son ciertas.
Saludos


saludos!!

En junio de 1944 se concentraban en Francia, Bélgica y Holanda 58 divisiones nazis. No llegaban a un millón de hombres. Más de la mitad de este total eran "unidades estacionarias". Es decir que prácticamente no disponí­an de parque automóvil. Eran "divisiones de infanterí­a del final de la primera guerra mundial" - según la expresión del dirigente hitleriano Speldel. Más de la tercera parte de las tropas destinadas a hacer frente a un ataque desde el Occidente se estaba formando o renovando. En septiembre de 1944, cuando Hitler desocupó Francia y trasladó una parte de sus fuerzas del frente occidental a otros sectores, los aliados se enfrentaban con 700 mil soldados alemanes con 100 tanques y piezas de artillerí­a pesadas.

En ese mismo tiempo 239 divisiones enemigas combatí­an con el Ejército Soviético. De este total, 181 divisiones de la Alemania fascista. Un total de 4.3 millones de hombres. Hitler tuvo que trasladar al frente oriental 40 nuevas divisiones a fin de hacer frente a la ofensiva desplegada por el Ejército Soviético en el invierno y la primavera del año 1944.

Winston Churchill poco tiempo después de la invasión aliada. El mensaje al Jefe del Estado soviético del 1ro de julio de 1944: "Es éste el momento oportuno para comunicarle qué impresión colosal nos causa a todos en Inglaterra la grandiosa ofensiva de los ejércitos rusos que van derrotando con intensidad cada vez más fuerte los ejércitos alemanes en el espacio entre ustedes y Varsovia y Berlí­n". El 7 de agosto en la Cámara de los Comunes: "No hay en el mundo otra fuerza capaz de destruir el ejército alemán y de causarle pérdidas tan colosales como el Ejército Soviético ruso". En el mismo lugar, a finales de septiembre: "Rusia ocupa y destruye fuerzas incomparablemente superiores a las que impiden el avance aliado en Occidente".

En el verano y el otoño de 1944 el Ejército Soviético avanzó unos 600 - 900 kilómetros hacia Oeste. Llegó hasta las fronteras de Prusia Oriental y Alemania. Expulsó al agresor de Bielorrusia, y de casi todo el Báltico soviético, así­ como de las zonas orientales de Polonia, Checoslovaquia, Hungrí­a y Yugoslavia. Liberó Rumania y Bulgaria. Aniquiló 96 divisiones y 24 brigadas independientes del enemigo. En ese mismo perí­odo, las fuerzas de los aliados occidentales destruyeron 35 divisiones fascistas.

En el invierno 1944 - 1945, los aliados se vieron en una situación grave en los Ardennes. A finales del mes de diciembre los alemanes abrieron una brecha de 80 km de anchura en la lí­nea norteamericana y lograron avanzar unos 100 kilómetros. El 1ro de enero de 1945 más de mil de aviones de la Luftwaffe llevaron a cabo un ataque sorpresa a 27 aeropuertos, almacenes y puntos de concentración de tropas y técnica militar. Las pérdidas fueron importantes. El comandante en jefe del 3er ejército norteamericano general George Patton apuntó el dí­a 4 de enero en su diario: "Aún podemos perder esta guerra".

La Unión Soviética atendió sin demora la solicitud de los aliados y aceleró los preparativos de su ofensiva. "Si no fuera por esta ayuda soviética", escribió entonces el general americano y posterior presidente de EE.UU. Dwight Einsenhower, "las tropas aliadas se hubieran encontrado en la situación más difí­cil de lo que pudiésemos imaginar"


esto tambien es de mi post de arriba

20 de mayo de 1944, Franklin Delano Roosevelt declaró ante el Congreso: "La Unión Soviética dispone principalmente de armas procedentes de sus propias fábricas". A finales del mes de mayo de 1945 el asesor de Roosevelt, Harry Hopkins dijo: "Nunca hemos creí­do que nuestra ayuda por conducto del «Lend-Lease» fuera el factor principal de la victoria soviética sobre Hitler en el frente oriental. La victoria fue conseguida por el heroí­smo y la sangre del ejército ruso".


Nuestros aliados cubrieron sus necesidades básicas principalmente con recursos propios". En el caso de Gran Bretaña, decí­a el documento, EE.UU. habí­an suministrado aproximadamente la quinta parte de armas y técnica militar. "En cuanto al ejército ruso, nuestra ayuda cubrí­a sus necesidades en una media notablemente inferior".


En todos los años de la guerra la Unión Soviética recibió de los Estados Unidos 14,700 aviones, 7 mil tanques, 427 mil camiones, cierta cantidad de técnica de comunicaciones, alimentos y otros artí­culos. Todo ello representaba el 4 por ciento de la producción total de la economí­a bélica de la Unión Soviética. El valor de los suministros norteamericanos a la URSS equivale a 10 mil millones de dólares, o sea, el 3,5 por ciento de los gastos totales de guerra de los Estados Unidos.


Tanto más impresionantes resultan las cifras sobre la superioridad conseguida por la Unión Soviética en un plazo relativamente muy breve. Ya a comienzos del año 1943 el Ejército Soviético tení­a una superioridad de 1.4 veces mayor en cuanto al número de tanques y cañones automotrices; el doble de aviones de combate; en cañones y lanzaminas sobrepasaba el enemigo en 1.7 veces. Hasta el mes de mayo de 1945 se produjeron en las fábricas soviéticas 102,800 tanques y cañones autopropulsados, 112,100 aviones de combate y 482,000 cañones. La economí­a de guerra de la URSS logró producir casi el doble de armas y pertrechos militares que la Alemania hitleriana con todos los recursos acaparados en los paí­ses ocupados.


Segun las cifras, la ayuda se agradecio, pero no fue determinante, a pesar de las cifras de la ayuda, solo supuso un 4% de toda la produccion de la URSS, y eso que la ayuda segun creo recordar, al principio era muy escasa.

Sobre el pacto, lo que determino la contraofensiva de las tropas siberianas fue mas pro el documento del Espia que trabajaba para Stalin,(no me acuerdo del nombre)y las ganas de Japon de atacar la URSS se le quitaron en el 38, cuando Zukov les destrozo con lo mejorcito en armas de aquella epoca.
Es mas, Hasta el mes de abril de 1942 , es decir diez meses, Hitler perdió más de millón y medio de hombres, unos 4 mil tanques y cañones automotrices, más de 7 mil aviones de combate. Ello suponí­a casi el quí­ntuplo de las pérdidas totales en todas las campañas anteriores en Polonia, en el Oeste (FRANCIA frente a franceses y ingleses,superiores en numero y fuerzas a los alemanes)y el Noroeste europeo y en los Balcanes.

saludos!

P.D, otra pregunta podriamos hacer, los aliados podrian haber ganado la guerra sin Rusia?, que hubiese sido si Hitler no hubiese atacado a la URSS?, y algo de lo que no se habla, que hay de los japoneses si no se hubiese intervenido pro parte de la URSS en el bastion mas grande de las fuerzas de japon.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor armada62 el Dom Feb 08, 2009 9:25 pm

R.Gusarof escribió:P.D, otra pregunta podriamos hacer, los aliados podrian haber ganado la guerra sin Rusia?, que hubiese sido si Hitler no hubiese atacado a la URSS?, y algo de lo que no se habla, que hay de los japoneses si no se hubiese intervenido pro parte de la URSS en el bastion mas grande de las fuerzas de japon.


a eso es a lo que me refiero Gusarof....
La Historia se desarrolla de una manera por un conjunto de hechos y decisiones, muchas de ellas equivocadas, pero que a la larga pueden influir de forma positiva en el desarrollo de la Guerra.
No cabe duda que Hitler se estrelló a 25 km de Moscú. Para algunos historiadores fué determinante el tiempo que perdió en Grecia y Yugoslavia, cómo ya dije, quizás hubiera llegado a Moscú, etc etc, pero para mi es seguro que le hubiera sido de todo punto imposible conquistar la URSS.
El tiempo jugaba a favor de los aliados, mucha industria, mucha gente, mucho dinero.......
Saludos
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor Starfish Prime el Dom Feb 08, 2009 11:23 pm

Yo veo una cosa clara, si los Soviéticos en el 45 avanzasen más de la raya los paraban los EEUU con armamento atómico. En otro hilo ya debatimos sobre si los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki eran realmente una advertencia para Stalin.
Si la fuerza bruta no soluciona tu problema es que no has empleado bastante.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor Roger el Lun Feb 09, 2009 12:06 am

En definitiva, que la guerra del este, el 1er frente, el mas desconocido por la propaganda, y envenenado a base de topicos,desinformacion,etc... Fue el decisivo, el que salvo a Europa, y posiblemente al mundo, consecuentemente, salvando a Judios,Eslavos etc, del exterminio.La Ayuda aliada no supuso ni siqueira el poder mencionar como se hace de una AYUDA decisiva para que los Rusos ganasen, y ademas, lo mas desconociodo aún, que los rusos en su guerra contra japon donde derrotaron a mas tropas en una semana que lso americanso en toda la guerra tomando muchos mas preisioneros, fue decisiva para la derrota de Japon.

lo que hay que oir a estas alturas del siglo XXI, a algunos les pierde su fanatismo por ese frí­a zona del mundo que no quiere encajar con Europa

menudos valientes los rusos que declaran la guerra a Japón cuando ya está derrotado y mucho tiempo después de que la victoria contra Hitler fuera más que segura, tomaron casi 600.000 prisioneros y volvieron a casa unas decenas de miles a Japón, eso sí­ que es una historia oculta de lo que les pasó en los campos siberianos

esa misma ayuda aliada no les gustaba reconocer a los propios soviets que se encargaban de que no salieran en la prensa las fotos de carros de combate americanos o aviones británicos

muchos paí­ses de Centroeuropa no tuvieron la misma suerte de belgas o italianos que fueron liberados, otros fueron ocupados de nuevo como Polonia y no supieron lo que era la democracia hasta casi 50 años después
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor ruso el Lun Feb 09, 2009 12:20 am

Y antes de poner pie en la Europa continental los bombarderos de la USAAF bombardeaban un dí­a si y otro también las fábricas, ferrocarriles, centrales de energí­a etc.. alemanes. Supongo que si por esto se podí­an fabricar menos panzer los rusos lo tendrí­an un poquito más fácil.

Saludos.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor Orel el Lun Feb 09, 2009 12:57 am

Y antes de poner pie en la Europa continental los bombarderos de la USAAF bombardeaban un dí­a si y otro también las fábricas, ferrocarriles, centrales de energí­a etc.. alemanes.

De dí­a la USAAF y de noche la RAF con sus Lancaster y compañí­a.
Aunque, en el balance final de la guerra, esos bombardeos se mostraron muy poco efectivos pero muy costosos (en vidas, aviones y combustible).
Debido a la falta de información sobre objetivos así­ como a la escasí­sima precisión tanto en navegación como en bombardeo.
Quienes más los sufrieron fue la inocente población civil de decenas de ciudades alemanas que ninguna culpa tení­an.
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Re: La Guerra Desconocida

Notapor R.Gusarof el Lun Feb 09, 2009 1:00 am

Roger escribió:En definitiva, que la guerra del este, el 1er frente, el mas desconocido por la propaganda, y envenenado a base de topicos,desinformacion,etc... Fue el decisivo, el que salvo a Europa, y posiblemente al mundo, consecuentemente, salvando a Judios,Eslavos etc, del exterminio.La Ayuda aliada no supuso ni siqueira el poder mencionar como se hace de una AYUDA decisiva para que los Rusos ganasen, y ademas, lo mas desconociodo aún, que los rusos en su guerra contra japon donde derrotaron a mas tropas en una semana que lso americanso en toda la guerra tomando muchos mas preisioneros, fue decisiva para la derrota de Japon.

lo que hay que oir a estas alturas del siglo XXI, a algunos les pierde su fanatismo por ese frí­a zona del mundo que no quiere encajar con Europa

menudos valientes los rusos que declaran la guerra a Japón cuando ya está derrotado y mucho tiempo después de que la victoria contra Hitler fuera más que segura, tomaron casi 600.000 prisioneros y volvieron a casa unas decenas de miles a Japón, eso sí­ que es una historia oculta de lo que les pasó en los campos siberianos



muchos paí­ses de Centroeuropa no tuvieron la misma suerte de belgas o italianos que fueron liberados, otros fueron ocupados de nuevo como Polonia y no supieron lo que era la democracia hasta casi 50 años después

Si claro, otros dirian lo contrario, por ejemplo la izquierda en italia que tenia practicamente todo el apoyo popular, o en Francia que practicamente estaba en la misma situacion, vease que su resistencia era practicamente pro-sovietica, y los que mas bajas por sus acciones sufrieron. Unos esperaban a los Yankes (polonia) y otros a los Sovieticos, Grecia,Francia ,Italia....
Y de esa democracia que me hablas, de un gobierno corrupto, no ? jejejej.
Que bonito en los discursos y en las peliculas, democracia, libertad, o FREEDOOM, es de Oscar, las interpretaciones de algunos.

esa misma ayuda aliada no les gustaba reconocer a los propios soviets que se encargaban de que no salieran en la prensa las fotos de carros de combate americanos o aviones británicos

Que tiene que ver esto, a que fuese una ayuda nada significante, de un 4% en total. Lo mismo que la prensa Yanke hace pensar que se gano la guerra en normandia, y otras tantas historias de todo tipo. Y de eso no nos quejamos? por que exactamente?

La revista norteamericana Foreign Affairs escribí­a en enero de 1957: "En el verano de 1945 los especialistas de los servicios de inteligencia americanos llegaron a la conclusión de que ni el bloqueo ni el bombardeo podrí­an garantizar la capitulación incondicional del Japón, por cuanto serí­a deseable la participación de la URSS en la guerra". Harry Truman escribió en sus memorias: "Mi viaje a la conferencia de Potsdam obedecí­a a varias causas, pero la más importante, en mi
opinión, consistí­a en obtener de Stalin la confirmación personal de la participación rusa en la guerra contra el Japón, considerada de excepcional significación por nuestros jefes militares"
.

La Unión Soviética cumplió su compromiso en el plazo fijado. El 9 de agosto de 1945 declaró la guerra al Japón. Sus fuerzas armadas junto con las fuerzas de la República Popular de Mongolia, del Ejército Popular de Liberación Chino y con unidades guerrilleras coreanas y chinas, derrotaron en 24 dí­as numerosas formaciones enemigas. Su núcleo - el ejército de Kuangtung - totalizaba en sus unidades 800 mil hombres. Contaban con un armamento imponente: 1,215 tanques, 6,640 cañones y lanzaminas, 1,907 aviones de combate y 26 embarcaciones de guerra. Fue la victoria más rápida conseguida sobre una fuerza tan numerosa y tan sólidamente armada en toda la historia de la segunda guerra mundial.

Eso sin mencionar que a los americanos les daba pavor el pensar tener que enfrentarse en asalto contra fuerzas japonesas, vista su ferocidad en al defensa, y fanatismo.

Winston Churchill escribió en sus memorias: "Serí­a equivocado concluir que las bombas atómicas decidieron el destino del Japón". Sin la operación del Ejército Soviético en Manchuria, admití­a Churchill, la guerra contra el Japón habrí­a durado como mí­nimo hasta el año 1946, costando la vida de un millón o millón y medio de soldados norteamericanos. El mando norteamericano compartí­a este criterio. En el libro "Servicio activo en la paz y en la guerra", publicado en 1948 en Nueva York, tocaron el tema H. Simon y M. Bundy, dos hombres conocidos por ocupar puestos importantes en el aparato militar y de polí­tica exterior de Estados Unidos. Dicen en este libro que sin la ayuda de la Unión Soviética "Estados Unidos probablemente no habrí­an logrado terminar la guerra ni hasta el final del año 1946".
Esto si que se oculta la prensa en USA y es mas significativo esto que un par de fotos de porquerias de Sherman, ademas quien te crees que diferenciaria a un Sherman de uno Sovietico, que ahora los ciudadanos van asaber diferenciar y se van a poner a estudiar las fotos de shrmans, o aviones britanicos, a ver si son.
Mas significativo es eso que las fotitos.

Alguien a tenido un mal dia!
Ya sabes sin que te conteste a tu alusion de "fanatismo" y ese pais tan frio que no quiere encajar con europa....... ante comentarios tan inteligentes me quedo sin argumentos.

La ayuda fue un 4% del total del esfuerzo sovietico en la SGM,y las ayudas mas importantes a partir de la mitad, cuando la produccion sovietica era la mas grande de toda la SGM, solo mira las cifras.

No se en que condiciones estas tu para hablar de lo que es liberacion o no de europa.
Sobre tus demas apuntes pseudopoliticos, de democracia y libertades, podriamos hablar largo y tendido y la verdad que muy aburrido, creo que postee el principio para leerlo , no para contestar a lo que se contesta, por que sin leer lo que pone , dificilmente se contestara en consecuencia.

Ahora niegame que indirectamente y directamente influyo y salvo, a millones de vidas, y naciones , etc del exterminio. A ver de que fanatismo hablamos.
Para empezar, de Europa a los Judios de Europa, y a las naciones Eslavas , todos sabemos que Hitler alavaba a los Britanicos y USA, anglosajones vamos, sus queridos Arios Germanicos, pero despreciaba a los Arios inferiores, como italianos y españoles, referencias hay de como hablaba sobre como los Yankees que no mezclaban su sangre pura,y exterminaban y no como los españoles, que no les importaba su sangre. Quien sabe, a lo que habria conducido un Hitler, vencedor en Europa.
Osea que Churchill confiesa y da las gracias a Stalin y al pueblo sovietico por la Victoria, y tu lo llamas Fanatismo de los que pasan frio ahi arriba.
Última edición por R.Gusarof el Lun Feb 09, 2009 1:47 am, editado 4 veces en total
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