Grandes Batallas y militares olvidados

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Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor Aprendiz el Jue Feb 28, 2008 12:49 pm

Pues eso, abro este hilo para que todos pongamos aquellos hitos y hagomos referencia a aquellos personajes que dandolo todo por nuestro pais, en la actualidad estan casi olvidados
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Asedio a Cartagena de Indias

Notapor Aprendiz el Jue Feb 28, 2008 12:51 pm

La derrota de la Armada Inglesa en Cartagena de Indias en el siglo XVIII es un acontecimiento silenciado en la historia inglesa y desconcocido para la gran mayorí­a de españoles. La Historia está hecha de muchas mentiras, silencios y exageraciones y ésta página gloriosa de la época colonial está injustamente olvidada por el saber popular español y merece la pena contribuir a su difusión.
En Octubre de 1739 Inglaterra declara a España la guerra de la oreja de Jenkins y planea tomar la ciudad donde confluyen las riquezas de las colonias españolas, Cartagena de Indias (Colombia), dominar el comercio en el Caribe y, en una operación combinada con las fuerzas del Comodoro Anson que con el navio Septrentión y dos buques menores acosaba las colonias del Pacifico Sur, aniquilar el imperio español en América.
Aunque el origen de la guerra fue la rivalidad comercial entre las dos potencias, la causa inmediata de la conflagración fue un incidente cerca de la costa de Florida cuando el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño, interceptó el Rebbeca al mando de Robert Jenkins y le hizo cortar a éste una oreja; después de lo cual le liberó con este insolente mensaje: "Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". Este suceso enardeció a la opinión pública inglesa y dió lugar a que su Gobierno, presidido por su Primer Ministro Mr. Walpole, declarara la guerra a España presionado por comerciantes de la City que apetecí­an la conquista de nuevos mercados.
El 13 de Marzo de 1741 apareció por "Punta Canoa", poniendo en vilo la ciudad de Cartagena, la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandí­a: 2000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre naví­os de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte. La flota, muy superior a la Invencible de Felipe II que sólo disponí­a de 126 naví­os, está dirigida por el almirante Sir Edward Vernon y transporta 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica. En la expedición vienen 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George.
Las defensas de Cartagena no pasaban, en cambio, de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traí­dos del interior más la marinerí­a y tropa de desembarco de los seis únicos naví­os de guerra de los que dispone la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el Africa, el Dragón y el Conquistador.
Este pequeño contingente está dirigido por hombres decididos a defenderse hasta morir: el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General de los Reales Ejercitos con larga experiencia militar, y bajo su mando, pero en el mar, el celebre General de la Armada D. Blas de Lezo, lobo de mar que ya ha participado en 22 batallas y expediciones navales perdiendo la pierna y el ojo izquierdo en Málaga y Toulon y quedándole lisiada la mano derecha en Barcelona. Seguí­an en la jerarquí­a el Mariscal de Campo D. Melchor de Navarrete, Gobernador de la ciudad, a cuyo cargo quedó la parte administrativa y el abastecimiento de ví­veres, y el Coronel D. Carlos Des Naux, Ingeniero militar y Director de obras de fortificación, quien actuó primero como Castellano del Castillo de San Luis de Bocachica y luego como Castellano de San Felipe de Barajas. Aunque con algunas discrepancias de criterio en materia estratégica entre Blas de Lezo y el Virrey los cuatro hombres lograron por fin unificar su acción baja la dirección de Eslava y resistir a pie firme el embate inglés.
Años antes Vernon ya habí­a merodeado dos veces Cartagena, y trazando cí­rculos de buitre se habí­a presentado frente a la bahí­a, pero Lezo lo habí­a puesto en fuga con maestrí­a de consumado marino. En la primera ocasión cerró el puerto con cadenas y situó sus buques en Bocachica para que los ingleses no pudieran entrar sin batirse con ellos e instaló en tierra un grueso cañón de 18 libras de su nave capitana lo que sorprendió al enemigo al contestar con artillerí­a por un lado de la ciudad que consideraban desguarnecido. En la segunda dispuso sus naves de manera que con su fuego se encerrará a los navios ingleses dentro del campo de tiro largo y corto, los cuales de nuevo sorprendidos abandonaron la zona.
Ahora Vernon, envalentonado tras una acción de rapiña en la mal defendida ciudad de Portobelo (Pánama), vuelve con efectivos considerables y escribe a Lezo cartas desafiantes. Á‰ste, como buen vasco, es tozudo y quisquilloso en cuestiones de honor: 'Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Usted insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardí­a..."
Vernon despliega la flota bloqueando la entrada al puerto, y tras silenciar las baterí­as de "Chamba", "San Felipe" y "Santiago" desembarca tropas y artillerí­a. Es tan impresionante el despliegue de barcos en el horizonte que algunos vecinos consideran la situación perdida y procuran ponerse a salvo. Vernon ordena un cañoneo incesante que durará 16 dí­as y noches al castillo de San Luis de Bocachica con un promedio de "62 grandes disparos por hora". El castillo está defendido por 500 hombres al mando de Coronel Des Naux. Por su parte Lezo coloca cuatro de sus naví­os, el Galicia, el San Felipe, el San Carlos y el Africa del lado interior de la bahí­a y en las proximidades del Castillo para apoyarlo con sus cañones. Aunque la defensa de Bocachica fue heroica con Lezo y Des Naux peleando en primera fila los defensores han de evacuarlo ante la abrumadora superioridad enemiga. Lezo hace barrenar e incendiar sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, cosa que consigue parcialmente ya que el Galicia no coge fuego a tiempo. Sin embargo, se ha logrado retrasar el avance inglés de forma considerable y ello favorecerá el desarrollo de epidemias entre los asaltantes.
Los defensores optaron por replegarse totalmente a la Fortaleza de San Felipe de Barajas, motivo por el cual ni siquiera intentaron la resistencia en el Castillo de Bocagrande. Y muy contra la voluntad de Lezo, que trató de evitarlo hasta el fin pero se vió obligado por disciplina, se hundieron los dos únicos naví­os que quedaban, el Dragón y el Conquistador, con el ilusorio objeto de impedir la navegación por el canal de Bocagrande. Pero al igual que en Bocachica, el sacrificio resultó en vano pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos para restablecer el paso y desembarcaron en las islas de Manga y Gracia dejando a un lado el Fuerte de Manzanillo. Hecho lo cual, un regimiento de colonos norteamericanos al mando de Lawrence Washington tomaron la colina de la Popa próxima ya a San Felipe de Barajas y que habí­a sido abandonada por los españoles.
Vernon entró entonces triunfante en la bahí­a con su buque Almirante con las banderas desplegadas y el estandarte de General en Jefe escoltado por dos fragatas y un paquebote, y dando la batalla por ganada despachó un correo a Jamaica e Inglaterra con tan fausta noticia. Tras ello ordena el desembarco masivo de artilleria y cañonear el Castillo de San Felipe desde mar y tierra con el fin de ablandar la resistencia final.
La defensa está formada por sólo 600 hombres bajo el mando de Lezo y Des Naux. Á‰ste ya habí­a resistido en Bocachica e iba a batirse de nuevo contra el empuje inglés hacia la fortaleza de San Felipe.
La defensa fue numantina y la batalla violenta. Al fin Vernon resuelve que la infanterí­a tomará fácilmente la fortaleza pues se encuentra con daños considerables. La noche del 19 al 20 de abril se dan los hechos decisivos, los atacantes al mando del General Woork avanzan entre sombras en tres columnas de granaderos y varí­as compañí­as de soldados, además de los esclavos macheteros jamaicanos que van en vanguardí­a. Su progresión es lenta por el pesado equipo de guerra que transportan y por el fuego de fusilerí­a desde las trincheras y lo alto de la fortaleza. El avance se frena ante las murallas ya que por imprevisión la longitud de las escalas para salvar el foso resultan cortas y los atacantes quedan aturdidos al no disponer de fajinas y materiales para facilitar la aproximación al fuerte. Los defensores arrecian en su fuego nutrido y certero desde lo alto, lo que origina una mortalidad espantosa.
Al alba un macabro espectáculo de muertos, mutilados y heridos vagando como espectros aparece alrededor de San Felipe haciendo evidente la hecatombe inglesa. La salida de los españoles que cargan a bayoneta calada provoca la huida desordenada de los asaltantes que pierden cientos de hombres y todos sus pertrechos.
El bombardeó inglés prosigue desde el mar 30 dí­as más sin un objetivo claro, pero el cólera y el escorbuto comienzan a provocar decenas de muertos que flotan en la bahí­a lo que hace la situación desesperada.
Vernon, altivo y malgeniado, recrimina al parsimonioso General Wentworth, Jefe Supremo de las tropas de desembarco, por el ignominioso fracaso y las desavenencias llegan a un punto insostenible. Al fin el Alto Mando inglés ordena la retirada, lo que se realiza de forma lenta y sin cesar de cañonear la ciudad hasta que "no quedó ninguna vela inglesa". Los últimos veleros parten el 20 de Mayo, pero los ingleses han de incendiar cinco de ellos por falta de tripulación. En el regreso a Jamaica hunden otro y cada barco parece un hospital.
Mientras en Inglaterra se supone como cierta la victoria con arrogancia y orgullosa satisfacción. Aún se desconoce el infausto final y se acuñan medallas conmemorativas mostrando a Lezo arrodillado ante Vernon entregándole la espada con la inscripción "el orgullo español humillado por Vernon". En ellas el vencido aparece con dos piernas, dos ojos y dos brazos para obviar que es un hombre lisiado. En el reverso habí­a seis navios y un puerto, y alrededor la inscripción: quien tomo Portobelo con solo seis naviós, Noviembre de 1939. Á‰stas medallas, de las que se conservan algunas todaví­a, fueron motivo de burla durante mucho tiempo por parte de los enemigos de Inglaterra, "debiendo ser en sus autores tanta mayor la vergí¼enza cuanto fue mayor su ligereza y arrogancia".
Semanas después Lezo malherido y extenuado por la batalla se hunde en las tinieblas del olvido. Sus últimos momentos se enmarcan dentro de la ingratitud y la amnesia de un camastro en algún hospital de Cartagena. Su cuerpo cercenado se deposita sin honores y se ignora donde esta enterrado.

Vernon, sabedor de la muerte de Lezo, rondó de nuevo Cartagena en 1742 con 56 navios, pero sus espí­as le informaron de la reparación de las defensas y de la presencia del Virrey Eslava en la ciudad por lo que no se decidió a atacar y partió a enfrentarse al juicio de la historia. Murió en 1757 repudiado y olvidado por su pueblo, y el rey Jorge II prohibió toda publicación sobre el asalto a Cartagena que quedó así­ sepultado en la historia. Inglaterra no volvió a amenazar seriamente al Imperio español que subsistió un siglo más. España, en cambio, contribuyó añós más tarde al desmoronamiento de las colonias inglesas en Ámerica, hecho que también ha tratado de silenciarse: España en la Guerra de Independencia y Bernardo de Gálvez (1746-1786) .Poco después de ello los ingleses promoverí­an la figura de Nelson para elevar la moral y el patriotismo ante la amenaza napoleónica.
El asalto a Cartagena de Indias pasó así­ a ser un anecdótico episodio de mala suerte debido a enfermedades tropicales mal conocidas. El propio Nelson fue en cierto modo ví­ctima de esta conspiración de silencio. Poco después de afirmar que los Dons sabí­an hacer barcos pero no pelear tuvo que retirarse humillado y sin su brazo derecho tras el intento de captura de Tenerife (Julio de 1797), cosa que también daba por hecha, y entregar su vida en Trafalgar ante los Dons que pelearon de forma valiente bajo un inepto mando francés.
Y los españoles, por contra de los ingleses, somos tan miserables que nos avergonzamos de nuestras hazañas y hurtamos al saber popular figuras como la de Blas de Lezo y Olavarrieta, marino español y vasco de Pasajes (Guipuzcoa). Su legendaria vida, y anónima muerte, contribuyó a cambiar la historia en América y no desmerece frente al mejor guión de aventuras de Hollywood.
Todo lo que se pueda hacer por difundir esta figura silenciada por unos y olvidada por otros parece insuficiente. Su lugar en la historia ha de estar junto a los grandes nombres de la época colonial. Por mi parte sólo espero que mediante esta página contribuya, aunque fuera de forma modesta, a lograr ese objetivo.

Marco A. Gandarillas (Junio de 2000)

http://es.youtube.com/watch?v=QoRB5fwy0xQ

http://es.youtube.com/watch?v=c94R2_CtQjQ
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Blas de Lezo

Notapor Aprendiz el Jue Feb 28, 2008 12:53 pm

Hay que ponerse de pie para hablar de este señor

Nació en Pasajes (Guipúzcoa). En 1701 ingresó como guardiamarina y
en 1704, ya iniciada la Guerra de Sucesión española, entró en combate como
tripulante de la escuadra francesa que se enfrentó a las fuerzas combinadas
de Inglaterra y Holanda en batalla librada frente a Vélez Málaga y en la que
perdió la pierna izquierda por una bala de cañon, mostrando en el terrible trance tal sangre frí­a que admiró al mismo Almirante. Su intrepidez y serenidad en el combate fue premiado con el ascenso a alférez de naví­o y luego a teniente de naví­o. Participó en la
defensa del castillo de Santa Catalina en Tolón donde perdió el ojo izquierdo. Ostentó el mando de diversos convoyes que socorrí­an a Felipe V en Barcelona burlando la
vigilancia inglesa. En uno de ellos fue rodeado por fuerzas superiores, y apurado supo salir incendiando alguno de los buques que le seguí­an lo que rompí­o el cí­rculo que le rodeaba.
En 1713 fue ascendido a Capitán de naví­o, y un año más tarde fue destinado al segundo sitio de Barcelona donde perdió el brazo derecho. En esa época, y al mando de una fragata, hizo once presas a los británicos entre ellas la del emblemático Stanhope, buque bien armado y pertrechado.Terminada la Guerra de Sucesión se le confió en 1723 el buque insignia Lanfranco y el mando de la Escuadra de los Mares del Sur,. limpiando de piratas las costas del Pací­fico y capturando doce naviós holandeses e ingleses.
Contrajo matrimonio en el Perú en 1725 y en 1730 regresó a España siendo ascendido a Jefe de la Escuadra Naval del Mediterraneo. Se trasladó a la Republica de Genova para exigir el pago de los 2.000.000 de pesos pertenecientes a España retenidos en el Banco de San Jorge, y que en desagravio se hiciera un saludo excepcional a la bandera española sopena de bombardear la ciudad. Ante la enérgica actitud el Senado genovés cedió de inmediato.
En 1732 y a bordo del Santiago hizo una expedición a Orán comandando 54 buques y 30.000 hombres. Orán fue rendida pero Bay Hassan reunió de nuevo tropas y sitió la ciudad poniéndola en grave aprieto. Lezo acudio en socorro con seis navios y 5.000 hombres logrando ahuyentar al pirata argelino tras reñida lucha. Persiguió su nave capitana de 60 cañones que se refugio en la bahia de Mostagán defendida por dos castillos y 4.000 moros. Esto no arredró a Lezo, que entró tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes incendiándola y causando además gran daño a los castillos. Patrulló luego durante meses aquellos mares impidiendo que los argelinos recibieran refuerzos de Constantinopla hasta que una epidemia le forzó a regresar a Cadiz.
En 1734 el Rey premió sus servicios promoviéndolo a General de la Armada. En 1737 regresó a América con los navios Fuerte y Conquistador y fue nombrado Comandante General de Cartagena de Indias, plaza que defendió de los embates del almirante inglés Sir Edward Vernon, página gloriosa de las armas españolas

http://es.youtube.com/watch?v=QoRB5fwy0xQ

http://es.youtube.com/watch?v=vk9vmTa8N-0
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Asedio a Castelnouvo

Notapor Aprendiz el Jue Feb 28, 2008 12:55 pm

LA HEROICA RESISTENCIA DEL TERCIO VIEJO DE FRANCISCO DE SARMIENTO

Por Manuel Claro Delgado Cte.O.M. y Doctor en Historia

Los hechos que vamos a referir ocurrieron durante el reinado de Carlos I, y más concretamente entre los años 1538 y 1539.
Desde que Carlos I fue proclamado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, dos de los más graves problemas con los que tuvo que enfrentarse, fueron la hostilidad del rey de Francia, Francisco I, con el que sostuvo varias guerras por la hegemoní­a de Europa, y la constante amenaza del poderí­o turco representado por su emperador Soleiman el Magnifico, enemigo acérrimo de la Cristiandad de la que Carlos I se habí­a convertido en su mayor paladí­n.
Como consecuencia de ambos problemas, el monarca español se vio obligado a concertar diversas alianzas para hacer frente a la amenaza que uno y otro representaban. Una de estas alianzas fue la que estableció con el papa Paulo III, la República de Venencia y Fernando I, hermano del Emperador.
La unión de estas tres potencias con Carlos I, recibió el nombre de Santa Liga y se trataba de una alianza ofensiva-defensiva, cuyo objetivo era no sólo detener el avance turco hacia el centro y sur de Europa, sino la conquista de la misma Constantinopla.
En los documentos firmados para sellar dicha alianza, además de otros detalles, se especificaban las fuerzas militares con las que las partes contribuirí­an. El Emperador lo harí­a con 82 galeras, Venecia con otras 82 y el Papa con 36, lo que hací­a un total de 200 galeras; pero además entre los tres componentes mencionados deberí­an aportar 100 naves auxiliares de transporte. En cuanto a las tropas se estipulaba la reunión de 50.000 infantes y 4.500 caballos, así­ como la suficiente artillerí­a de sitio y todos los pertrechos de guerra necesarios para tal ejército.
Por su parte, a Fernando se le asignó la misión de hostigar a los turcos por tierra, pues hay que recordar que el hermano del Emperador era Rey de Romanos y de Hungrí­a; por tanto su reino formaba frontera terrestre con las posesiones de Soleiman en Europa.
Las negociaciones de los futuros aliados tardaron bastante tiempo en consolidarse y aunque finalmente se firmaron los tratados de alianza en 1538; lo cierto es que en los meses de verano del mismo año se pudo constatar que la Santa Liga no contaba más que con 131 galeras y de unos 15 a 16 mil soldados, la mayorí­a de ellos españoles de los que habí­an participado en anteriores campañas bélicas. Estos efectivos militares resultaban escasos para conseguir los objetivos propuestos de dominio del mar y la conquista de Constantinopla; sobre todo porque aunque la armada turca contaba de momento sólo con 130 galeras, en cualquier momento podí­a disponer de un número mucho mayor, además tripuladas por unas fuerzas militares perfectamente instruidas para esta clase de combates y con una disciplina extraordinaria, lo que hací­a temibles algunos de sus cuerpos especiales como el de los célebres jení­zaros.
También hubo problemas en cuanto al mando de las fuerzas marí­timas y terrestres de la Liga, pues los cuatro jefes que debí­an mandarlas no se poní­an de acuerdo. En teorí­a, Andrea Doria, marino genovés al servicio de España, debí­a tener el mando supremo naval, pero el citado almirante sólo disponí­a de unas 49 galeras, mientras que el almirante veneciano Capelo contaba con 55 y Grimaldi mandaba las 27 del papa; por tanto entre estos dos últimos reuní­an un número muy superior al de Andrea Doria, así­ pues el mando de éste era más ficticio que real.
El cuarto jefe militar era el virrey de Sicilia Ferrante Gonzaga, que asumirí­a el mando de las operaciones terrestres, al parecer sin grandes inconvenientes.
Pero hemos de resaltar esta falta de unidad en el mando conjunto de la Liga, pues esto serí­a una de las causas fundamentales de su fracaso y de su disolución antes de tiempo.
Pese a todos los inconvenientes, la marina reunida por la expresada alianza entró en acción y estuvo a punto de conseguir una resonante victoria, pues la escuadra cristiana habí­a conseguido encerrar a la turca en el golfo de Artá; pero de un modo que resulta incomprensible para los historiadores, el almirante turco Barbarroja consiguió sacar a su escuadra de aquella ratonera casi sin sufrir daño alguno.
En definitiva, el resultado de la falta de un mando único y sin discusión fue la pérdida de una oportunidad de oro para destruir el poderí­o marí­timo del imperio turco, que tantos quebraderos de cabeza les estaba produciendo al Emperador y después se los producirí­a a su hijo Felipe II hasta la batalla de Lepanto.
Lo único positivo que se logró sacar, si se puede considerar esto positivo a tenor de lo que ocurrió después, fue la toma de CASTELNUOVO.
Se trataba de una plaza fuerte situada en la costa dálmata del Mar Adriático, relativamente cercana a la ciudad de Ragusa y entre ésta y el golfo de Cattaro. Es una zona costera muy abrupta debido a que cercana a ella discurren diversos tramos de la cordillera de los Alpes Dináricos, con alturas como las del monte Dormitor de 2.522 metros, en la actual República de Montenegro.
Dicha fortaleza estaba bien defendida por tropas turcas, que la consideraban como un bastión defensivo de sus posesiones en aquella costa; pero fue atacada y conquistada por fuerzas de la Santa Liga, especialmente españolas y venecianas.
Según lo convenido en los acuerdos firmados para constituir la Santa Liga se reconocí­a el interés de Venecia por conseguir el control del Adriático, que resultaba vital para su comercio en dicho Mar y en el que además tení­a bajo su protección la pequeña ciudad-estado de Cattaro; por tanto los venecianos reclamaron que la mencionada fortaleza pasara a ser ocupada por ellos; pero el Emperador con sus consejeros decidieron que el lugar quedara guarnecido por tropas de los viejos tercios españoles.
Venecia, por supuesto, protestó del incumplimiento de lo pactado y esto lo tomó como pretexto para que a partir de entonces abandonase la Liga.
Teniendo en cuanta todas estas circunstancias, los historiadores se preguntan ¿Por qué querí­a el Emperador conservar dicha fortaleza, que tan alejada estaba de España y, por tanto, lo difí­cil y costoso que podrí­a resultar su apoyo logí­stico para conservarla en un buen estado de defensa?
Se ha barajado la posibilidad de que la mencionada fortaleza entrara en la estrategia general del Emperador, de un ataque contra el Imperio turco, mediante la acción combinada de las fuerzas navales que actuarí­an directamente sobre Constantinopla y las fuerzas terrestres que partiendo de los territorios del hermano del Emperador y con la colaboración de las fuerzas concentradas en Castelnuovo convergieran por tierra hací­a el mismo lugar.
Pero en realidad la suerte de los defensores del mencionado castillo dependí­a casi por completo de la continuación o no de la Santa Liga; si ésta se disolví­a, la guarnición y la propia fortaleza quedaban en inminente peligro de caer en poder de los turcos si, por el contrario, la expresada alianza se mantení­a, el peligro se minimizaba bastante. Sin embargo, la Santa Liga se deshizo en la práctica; ya que Venecia consideraba más beneficioso para sus intereses económicos establecer nuevos pactos con Soleimán el Magnifico, el cual ya habí­a expresado su deseo de reconquistar Castelnuovo con objeto de demostrar su gran poderí­o en el Este de Europa.
Así­ pues, tanto el Emperador Carlos V, como sus consejeros tení­an conciencia clara de que era necesario abandonar la citada fortaleza, pues de lo contrario podrí­a convertirse en un sacrificio total y estéril de su guarnición. En consecuencia, la suerte de los soldados del tercio viejo de Sarmiento estaba echada, pues una vez disuelta la Santa Liga, las 49 galeras con las que contaba Andrea Doria, resultaban una escasa fuerza naval para hacer frente a las 130 y 70 galeotas de las que disponí­a el almirante turco Barbarroja; que además llevaba embarcado en dichas naves unos 20.000 soldados de los mejores del ejército otomano. Por tanto, el almirante genovés comprendió que ante una desproporción tan abrumadora no tení­a ninguna posibilidad de acudir en auxilio de la guarnición de Castelnuovo; que habí­a sido sitiado por mar por la escuadra que se acaba de indicar, mientras que por tierra, la habí­an rodeado tropas terrestres al mando de Ulema, gobernador turco de Bosnia, que habí­a reunido un número aproximado de 30.000 soldados.
Los defensores del expresado castillo los constituí­an unos 3.000 hombres, según el historiador Modesto Lafuente, 2.500, según Laiglesia y de 4.000 a 4.500, según Manuel Fernández Álvarez.
Nosotros nos inclinamos por las últimas cifras, pues el citado historiador además de ser una de las mayores autoridades en el conocimiento del reinado del Emperador Carlos V, maneja normalmente una muy fidedigna información, basada fundamentalmente en documentación de archivos españoles y extranjeros. Por tanto, nos quedamos con el dato que en el castillo habí­a entre 4.000 y 4.500 hombres a mediados del mes de julio de 1539.
Pero esta guarnición tuvo problemas de abastecimiento casi desde un principio, pues si bien la escuadra aliada le habí­a dejado una cierta cantidad de provisiones, en general, para su mantenimiento, dependí­a de las poblaciones de la zona, especialmente en la relacionado con alimentos frescos y la carne; para lo cual se confiaba en que la facilitarí­an ciudades como Ragusa y Cattaro, así­ como otros pueblos más cercanos a la mencionada fortificación, pero las esperanzas de recibir dichos suministros no se cumplieron, posiblemente por el miedo que producí­a el enorme ejército turco o también porque las poblaciones próximas al castillo consideraban un peligro que estuviera ocupado por tropas del Emperador.
El resultado fue que la guarnición se encontró sola y sin posibilidad de recibir aprovisionamiento de ninguna clase.
Parece ser que en los primeros momentos, los turcos estuvieron ocupados en ir estrechando el cerco sobre la plaza con objeto de impedir a sus defensores que pudieran recibir socorro por ningún sitio.
Después buscaron asentamientos para emplazar ventajosamente su potente artillerí­a de sitio en lugares estratégicos desde los cuales poder batir sin apenas oposición las defensas del castillo.
Terminados estos preparativos, el jefe de las tropas turcas dio la orden de atacar, pero durante varios dí­as los soldados españoles dieron muestras una vez más de su extraordinaria capacidad de combate y rechazaron los numerosos ataques de los turcos. Entonces, viendo Barbarroja el estrago que la acción de los defensores causaba en sus tropas decidió, primero pedir a Sarmiento que le entregara la plaza ofreciéndole unas condiciones muy honrosas; mas el jefe español, después de consultar con sus capitanes y soldados, se negó a hacerlo. Ante tal negativa, el almirante turco ordenó ejecutar un terrible fuego artillero de todas sus piezas sobre Castelnuovo que duró varios dí­as, quedando arrasado por completo todo el sistema defensivo del mismo. Sin embargo, a pesar de tan graves daños causados en la infraestructura defensiva y al gran número de bajas causadas a los soldados de la guarnición por el bombardeo de la artillerí­a enemiga, los pocos que quedaron vivos aún le causaron mucho daño al ejército turco que tuvo que emplearse a fondo para reducir a aquel puñado de valientes soldados españoles; pero sólo lo lograron después de haber muerto la mayor parte de ellos y sus principales mandos.
Sarmiento y sus capitanes, luchando unos al lado de otros, sucumbieron ante el inmenso número de enemigos que le atacaban, pero no antes de haber sembrado de cadáveres de soldados turcos los alrededores del lugar donde se produjo la lucha final de estos héroes, genuinos representantes de las más altas virtudes castrenses del soldado español.
Según los historiadores que hemos consultado, casi todos los soldados de la guarnición murieron defendiendo el castillo, otros fueron ejecutados allí­ mismo a manos de los turcos y el resto fueron llevados prisioneros a Constantinopla como botí­n de guerra.
Es posible que su sacrificio fuera estéril, pero con su comportamiento dieron un ejemplo más al mundo de lo que es el cumplimiento del deber, el amor a la patria, el honor del militar, que prefiere morir antes que abandonar una fortaleza que se le ha confiado para defenderla hasta la muerte.
Serí­a exagerado por nuestra parte comparar esta extraordinaria gesta con el holocausto de Numancia o Sagunto, pero hay que reconocer que existe una cierta similitud entre ambos acontecimientos; pues en los tres casos se manifestó la más indomable bravura y la más extraordinaria manifestación del sacrificio y heroí­smo como valores eternos propios de los hombres y mujeres de todos los tiempos del pueblo español


http://es.youtube.com/watch?v=pnEWhMjkmbk
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Re: Blas de Lezo

Notapor Gus el Jue Abr 03, 2008 2:53 pm

Buenas,

Aprendiz escribió:Hay que ponerse de pie para hablar de este señor

....


pues si, un autentico héroe, sin duda.

En esta web estan recogiendo firmas para que se le dedique una calle en Madrid:

http://www.elguaridadegoyix.com/puente- ... -blas-lezo

Saludos
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El hijo de Stalin prisionero de los nazis

Notapor HERZOG-70 el Sab May 10, 2008 1:03 pm

El hijo de Stalin prisionero de los nazis
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Yakov Dzhugashvili

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En el año 1943, las autoridades del campo de concentración de Sachsenhausen recibieron un inesperado chivatazo: entre sus presos, y bajo una identidad secreta, se encontraba el hijo del mismí­simo Josef Stalin. Los jerarcas nazis no daban crédito a la noticia: Yakov Dzhugashvili, (Yakov era el hijo de Stalin de la primera esposa) capturado dos años antes en la batalla de Smolensko, habí­a conseguido mantener oculta su identidad durante todo aquel tiempo, sin que ninguno de los internos le delatara.

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Después de meses tratando de pasar desapercibido, aquel año de 1943 la suerte de Yakov cambiarí­a. Alguien (tal vez algún compañero molesto con su comportamient) dio el soplo a las autoridades alemanas, que decidieron entonces hacer todo lo posible por quebrar su voluntad y convertirle a la causa nazi, lo que habrí­a sido todo un golpe para la moral soviética. Sin embargo, Yakov se mantuvo firme y obligó a los nazis a cambiar de estrategia.


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Meses después, el alto mando alemán, afectado por la catástrofe de Stalingrado, sugirió que Yakov fuera intercambiado a través de la Cruz Roja por el Mariscal de Campo Friedrich von Paulus. Dicen que la respuesta de Stalin dejó frí­o al mismí­simo Hitler: "Yo no tengo ningún hijo llamado Yakov".


Otras versiones de la misma historia aseguran que Stalin dijo también que no se canjeaban soldados por mariscales de campo. En cualquier caso, Stalin no parecí­a tener un alto de concepto de su propio hijo y pensaba que se habí­a entregado a las fuerzas alemanas. A ello se sumaba el hecho de que Stalin habí­a anunciado duras medidas contra todos aquellos que fueran capturados, e incluso decretó que se arrestara a sus familias. En este caso, el dirigente soviético hizo una excepción y no se arrestó a sí­ mismo, sino que envió a prisión a la mujer de Yakov.

Pocas semanas después, el 15 de Abril 1943, Yakov Stalin cayó abatido por los disparos de los guardas del campo de Sachsenhausen. Se dijo que habí­a tratado de escapar, aunque recientes investigaciones aseguran que se trató de un suicidio, ya que Yakov se arrojó voluntariamente sobre las vallas electrificadas de la prisión. En la versión de Milan Kundera, Yakov, que compartí­a su alojamiento con oficiales británicos, no pudo soportar sus crí­ticas porque dejaba el retrete sucio y dejó su cuerpo entre las alambradas por puro orgullo. Así­ pues, tal y como afirma el autor de “La insoportable levedad del ser", "el hijo de Stalin dio su vida por la mierda”.

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Curiosamente, el general Von Paulus, al que Stalin no quiso canjear, sí­ se convirtió a la causa soviética y fue utilizado durante años como elemento propagandista por el régimen de Moscú.
El hijo de Yakov, Yevgeni, dio muchas entrevistas acerca de su abuelo Stalin . También tuvo una hija, Galina, que murió en 2007

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Re: Blas de Lezo

Notapor armada62 el Sab May 10, 2008 1:17 pm

[quote="Aprendiz"]Hay que ponerse de pie para hablar de este señor

Yo tengo el honor de haber estado en dos de los tres buques de la Armada q han llevado su nombre. El primero no por razones obvias de edad. Luego en el D-65 y F-103. Un lujo si señor.
Saludos
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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor A.M.E. Nº 4 el Jue Jun 12, 2008 8:19 pm

El héroe vasco del 'Dí­a D'

El donostiarra Alfredo Ruiz, que participó en el desembarco de Normandí­a del 6 de junio de 1944 con la Armada británica, fue incinerado ayer en Inglaterra con honores militares

«1923. Fui el penúltimo hijo de Pedro y Felisa Ruiz López. Nací­ en la bella ciudad de San Sebastián, en el norte de España. No podí­a yo imaginar las aventuras que me esperaban y cómo las circunstancias me llevarí­an a vivir en otro paí­s». Así­ comienzan las memorias que Alfredo Ruiz escribió antes de morir. Son nueve páginas escritas en inglés, mecanografiadas con mimo y firmadas con una rúbrica simple. Comienzan recordando que él y sus amigos en el barrio de Gros se mofaban de un policí­a con piernas arqueadas -«!No nos puedes coger, ja, ja, ja!»-- y terminan con el autor declarando su esperanza cristiana y un sentimiento de privilegio por amar a dos paí­ses.

En medio, la modesta autobiografí­a de un héroe. Su familia era republicana -tres hermanos se habí­an alistado tras el estallido de la Guerra Civil- y, tras la caí­da de San Sebastián, se refugió en Bilbao. Tras el bombardeo de Gernika, el Gobierno vasco organizó la evacuación de niños de familias que corrí­an peligro.

Alfredo y dos hermanos llegaron a Inglaterra. Á‰l fue a Brampton y luego a Coventry, donde se empleó como mecánico. En 1943, a los 20 años, en plena Segunda Guerra Mundial, se alistó voluntario en el Ejercito británico. Fue enrolado en la Armada, hizo un curso de radares y se adiestró en el manejo de pequeños botes en Escocia.

Rumbo a Juno

Escoltó buques de aprovisionamiento en el Canal de la Mancha, dejó caer cargas de profundidad contra los submarinos alemanes que esperaban el paso de objetivos aliados en la costa sur de Irlanda y, el 6 de junio de 1944, participó en una de la mayores operaciones militares de la historia, el desembarco de 130.000 hombres y 20.000 vehí­culos en las playas de Normandí­a.

En los dí­as anteriores a la operación que marcó el comienzo del fin de la barbarie desencadenada por Adolf Hitler, Ruiz navegó con su unidad hacia la costa francesa sumergiendo boyas con sonares y balizando el camino para el avance posterior de los dragaminas que debí­an limpiar la zona antes del desembarco.

«El 6 de junio, al amanecer, fuimos en la primera oleada, escoltando a los canadienses hasta la playa de Juno. Su comandante viajó con nosotros. Yo fui responsable de darle las distancias exactas desde nuestro bote hasta la playa», escribió en su memoria. Tras seis meses en la costa francesa, su unidad retornó a su base.

Cuando terminó la guerra, se reunió con toda su familia en Parí­s. Vivió en Coventry, trabajando como mecánico en la cadena de montaje. Tras una vida de aventuras imprevistas y laboriosidad, tras dos largos matrimonios, cinco hijos, tres hijastros, catorce nietos y dos biznietos, Alfredo Ruiz murió la pasada semana, a los 84 años.

Retreta de honor

Y fue incinerado ayer, en el tanatorio de Nuneaton, rodeado de su numerosa familia, de sus ex compañeros de trabajo y de otros miembros de la rama local de Real Sociedad Naval, que agrupa a veteranos de la Armada británica. Habí­a coronas de flores enviadas por el Ayuntamiento de San Sebastián y por el Gobierno vasco. La Embajada española en Londres envió también a un suboficial uniformado de la agregadurí­a de Defensa.

Los veteranos hicieron una guardia de honor a la entrada del coche fúnebre en el tanatorio Corazón de Inglaterra y lo acompañaron con su enseña. El oficiante dirigió los himnos religiosos y, más tarde, en el momento de la incineración, la megafoní­a hizo sonar 'The Last Post', que comenzó como un toque de retreta en el Ejército británico, en el siglo XVII, y es ahora un toque de honor en las ceremonias fúnebres.

Unidades británicas donde habí­a niños vascos evacuados en 1937 y otros cuerpos de combate con españoles desembarcaron en Normandí­a. Pero Alfredo Ruiz era quizás el último español superviviente que participó en el 'Dí­a D'. ¿Cómo era? «Dedos ágiles», decí­a ayer a la salida del acto Don Jacques, miembro de la asociación. ¿Dedos ágiles? «Sí­, era un gran bailarí­n de salón».

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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor racta46 el Jue Jun 12, 2008 9:28 pm

A.M.E. Nº 4 escribió:El héroe vasco del 'Dí­a D'

El donostiarra Alfredo Ruiz, que participó en el desembarco de Normandí­a del 6 de junio de 1944 con la Armada británica, fue incinerado ayer en Inglaterra con honores militares....


interesante.. este si que podia decir con orgullo ! soy Vasco ,con 2 coj..es ¡ :roll: no como algunos que yo me se.
releyendo el hilo me doy cuenta de que ya habia material posteado sobre D. Blas de Lezo , aunque no creo que fuese un militar olvidado ( como encabeza el hilo ) ..precisamente ,y a dia de hoy mas bien parece lo contrario.

saudos
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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor racta46 el Vie Jun 13, 2008 7:51 pm

una mas ...una de tantas , olvidada a pesar de tener muchas hermanas gemelas, a lo largo del tiempo :roll: quizas con distintos artilugios e incluso motivos y razones , vendran mas.es inevitable ,es consustancial con
Última edición por racta46 el Mar Mar 24, 2009 4:26 am, editado 1 vez en total
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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor racta46 el Sab Jun 14, 2008 5:40 pm

[
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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor benitez el Mié Jun 25, 2008 10:32 pm

No voy a hablaros de grandes batallas, sino de militares olvidados. Y no grandes generales, oficiales.... no. De los olvidados por todos, de esos "regulares", que cimentaron la leyenda , consiguieron las laureadas , medallas militares ... de las que se enorgullecen hoy. Esos que en 1936 eran muchos unos casi niños, que hicieron la guerra entera, sin volver a sus montañas del Rif, esos que todo el mundo ha olvidado .

En plena campaña de la memoria histórica,serí­a saludable recordarlos, aunque claro, como son del "otro bando" , del bando "demodé", del politicamente incorrecto... pues la vieja y ruin España ( parafraseando al ilustre académico) los sigue manteniendo en el olvido.

A los que aún viven, si les queda una pensión, son cinco "eurazos", algunos "sólo" hicieron la guerra, otros sirvieron lealmente al ejercito español hasta el 56 e incluso más. Y se les tiene olvidados. Con agravio comparativo incluido; se les concedieron pensiones medianamente dignas a los combatientes de las Brigadas Internacionales ( que no hiciero siquiera la guerra entera) y a estos venerables ancianos, se les ningunea.

Aún quedan bastantes vivos, en España y en Marruecos,muchos son españoles, aunque claro,no de "pleno derecho", ya que no disfrutan de una pension algo digna. Sólo los Regulares, se acuerdan de ellos , al menos cuando conmemoran su fundación que los invitan a los actos. Sin embargo ... no existen para nada más.

Desde aquí­ , estimados foristas, quiero reivindicar el recuerdo y la justicia , por lo menos social, para estos ancianos.

Y recomendaros , que si teneis la oportunidad, no os perdais el documental "Los perdedores" de mi paisano Driss Deyback.

Saludos desde la vieja Rusadir.
"... quedan doce cargas de cañon, al escuchar la última fuego sobre nosotros..."
Cmte. Benitez. Igeriben. Julio 1921
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Re: Grandes Batallas y militares olvidados

Notapor A.M.E. Nº 4 el Jue Jul 03, 2008 7:02 pm

SAN SEBASTIíN La calle de la memoria

Una Salve por el regreso de la tropa


E l Regimiento de Zapadores nº. 6 puede resultar el nombre de uno más de los muchos Regimientos existentes en la actualidad y totalmente desconocido para la casi totalidad de nuestros jóvenes, pero para quienes conocimos «la mili obligatoria», para varias generaciones de donostiarras, fue su destino durante un par de años de su vida.

Experiencias y opiniones personales aparte, su vinculación a un elevado número de donostiarras es indudable y su sola mención origina el regreso de interminables batallitas de la mili que tanto juego dan en las tertulias familiares o de amigos.

Se trata de volver a una etapa en la que ir voluntario a la mili tení­a sus beneficios: aunque permanecí­as en filas unos pocos meses más, te quedabas en casa, es decir, en Loyola, y, salvo los dí­as del campamento inicial, prácticamente se podí­a seguir haciendo una vida normal durante el periodo militar.

Y para quienes se quedaban en Loyola, ya fuera en Infanterí­a o Ingenieros, el Regimiento de Zapadores nº. 6 resultaba «muy familiar».

No es de extrañar, por todo ello, que EL DIARIO VASCO del 4 de julio de hace cincuenta años publicara en primera página el regreso de los soldados pertenecientes a este Regimiento que habí­an acudido al frente de Ifni: la mitad eran vascos y el resto gallegos y riojanos.

La entrada del tren a la Estación, nos cuenta el cronista, se produjo «Entre aplausos y ví­tores, lloros y lágrimas de emoción por parte de los familiares y de dolor por el recuerdo de los tres chicos que habí­an perdido la vida en tan lejanas tierras».

Al mando de la Compañí­a llegó el capitán Motos Rodrí­guez recordando que habí­an partido de San Sebastián el 30 de noviembre y llegado a Ifni el 19 de diciembre después de una travesí­a por mar «a bordo de un barco viejo», y que el regreso se habí­a realizado en ocho dí­as.

Terminada la «vibrante salutación» del gobernador militar, coronel González Vidaurreta, se pasó a comentar algunos recuerdos de los meses transcurridos como, por ejemplo, que por las arenas del desierto se organizó una tamborrada la noche del 19 de enero y que también hubo momentos de peligro cuando debieron demostrar su destreza en el manejo de las ametralladoras, motivo por el que varios de los soldados regresaban propuestos para recibir la Cruz del Mérito Militar.

En acción de gracias por el regreso de la Compañí­a Expedicionaria de Ifni, en la iglesia de Santa Marí­a se celebró una solemne Salve en la que el Orfeón Donostiarra cantó la Salve del maestro Eslava.

Fuente: El Diario Vasco
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La batalla de las Naba de Tolosa.

Notapor juantono carro 001 el Jue Jul 10, 2008 8:09 pm

Bueno, haber si ahora por querer escribir sobre esta famosa batalla del siglo XIII, me van a catalogar polí­ticamente incorrecto por alegrarme y reseñar la victoria de los tres reyes cristianos hispanicos (lo digo porqué aún no existí­a España como tal), que vencieron al ejército almohade de Al-Nasir en tierras de Jaén.

Y con la vení­a de sus señorí­as.......:

Hay tres grnades batallas en la historia de España que marcarón unos hechos por los cuales nuestra nación cambió su rumbo para bien de la misma. La primera acaeció en 1212 en tierra de Santa Elena, muy cerca de Despañaperros por la cual gracias a la victoria de la unión de las armas de tres reyes cristianos de entonces, se venció a los moros de los Miramamolí­n que se hacen con el control de al-Arandalus y intentaban hacerse con el control de Castilla.
La segunda, ocurrida no muy lejos de allí­, por cierto, en 1.808, la batalla de Bailén, donde los ejércitos españoles de Sevilla y Granada y los restos de que pudo escapar de Madrid ganaron en campo abierto a los inperiales de Napoleón, invictos en Jena, Marengo y otras muchas batallas más en las que demostraron ser maestros en el arte de la estratéga y la táctica. En tierras de Bailen se vino abajo el mito de la invatibilidad de la Grand Armée en campo abierto.
Y la tercera, la batalla del Ebro, donde sorprendido el ejército franquista, estubo a punto e perder toda la hegemoní­a que tení­a y mno poder así­ aislar a Cataluña y ganar la guerra, Gracias al Estado Mayor del Gral Franco, se evitó una catástrofe, y se contraatacó con la consecuente derrota del último ejército coherente repúblicano, evitando así­ que se alargara la guerra civil, en espera de la 2ª mundial, que era lo pretendido por los gobernantes de la república, con consecuencias impensables para España y su posterior camino en la historia.


Pasemos a continuación a narrar laprimera de estas grandes batallas.

No quiero hacer mucho preabulo, pués resultaria muy largot tedioso, simplemente me referirá que antela decadencí­a almirávide favoreció el surgimiento de los beréberes del Atlas, que formando una confederación de cábilas regentadas por las asambleas de jeques se enfrentan a los alnohades, conquistándo el norte de África y pusiereon los ojos en el-Alandalus. Sus califas adoptaron el tí­tulo de Miramamolí­n (Amir-ul-Muslimin) o OPrí­ncipes de los creyentes.

Se alí­an con el rey Motamid de Sevilla y vcencen a los cristrianos de Castilla en la batalla de Sagrajas en 1.086. Después de esta victoria aliminan a los reyezuelos de taifas adueñándose del territorio de Andalucia, pero en el siglo XII el rey Alfonso VII de Castilla lográ asegurarse los pasos que comunican Andalucia con la mesete castellana, y en en una audaz expedición conquosró el puerto de Almerí­a en 1147, pero una vez muerto se perdió todo lo conseguido. Los almohades pasan despeñaperros y derrotan a Fernando VIII en Alarcos en 1.195.

Después de esta derrota, Castilla no tení­a nada para contrarretrar a la furia de los seguidores de los Miramamolí­n, que asaltan en sus correrias Calaterva e incluso llegan hasta Toledo y Magerit (Madrid), pero ante el desgastes de unos y de otros se llega a una tregua de diez años. Después de esta firma de paz, Alfonso VII se las ve con el rey de León y el de Navarra, llegando trás, algunos enfrentamientos a firmar la paz. Así­ después de obtenida una floreciente pas, Alfonso VIII, que tení­a clavada la espina de la derrota de Alarcos, se une a los calatravos y preparan la revancha.
Invaden Jaén, Baeza y Andujar.

Alfonso VIII convence al Papa Inocencio III para que declare una cruzada y así­obligar a los otros reinos cristianos de la Pení­nsula a luchar contra los infieles sarracenos, mta así­ varios pájaros de una sola estocada; promueve una cruzada, se garantiza que el reino de Leóm y Navarra, no le ataques por la retaguardoa y se alí­a con el de Aragón en su lucha, atrayendo de este modo a innumerables cruzados de toda Europa, además el Santo Padre amanazó conla excounión a todo aquél que pactara con los mahometanos y ordenó a los reyes cristianos que pactaran y aplazaran sus discordias personales en favor de la magna empresa común. Y de este modo los reyes; Alfonso VIII de Castilla, Sancho el fuerte de Navarra y Pedro II de aragón se alian con el Papa Inocencio III para derrotar al los moros en la famosa batalla de las cadenas, époco eposodio de la batalla endonde Sancho el fuerte asalta las tiendas rodadas de cadenas en donde se habí­an atado la guardia personal de Al-Nasir para así­ defender hasta la muerte a su jefe. De este hecho vienen las cadenas del escudo de Navarra.

Después de esta breve axposición muy limitada por no querer alargarme en exposiciones y más preambulos de esta decisiva batalla, pasaré a relatarla, pero será mañana.

DGracias por vuestra atención.
Saludos.
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La batalla de las Nabas de Tolosa.

Notapor juantono carro 001 el Vie Jul 11, 2008 6:01 pm

los cristianos se concentran en Toledo, los caminos que llevaban a esa ciudad, se llenaron de cruzados, ricos y pobres, caballeros con sus mesnadas, villanos solitarios, a todos les llevaba la idea de la salvación eterna prometida por el Papa para quién lparticipara en tan magna enpresa. Más bien creo yo que a muchos de aquellos, les llevaba la sóla idea de las razzias a los pueblos y ciudades del sur.

El primero en llegar a la cita fue, el rey Pedro II e Aragón quién aportaba 3.000 caballeros con sus correspondientes de peones, alló fue el arzobispo de Narbona con tropas ultrapirinaicas compuesta en su mayor parte por nobles franceses con sus mesnadas, habiéndo también: ialianos, lombardos y alemanes.

El 20 de junio de 1.212 el ejército cristiano se pone en marcha desde Toledo camino del sur. En vanguardia iban los cruzados franceses guiados don Diego Lopéz de Haro y los suyos. A las cuatro jornadas divisan la aldea y el castillo de Malagón, que era de los moros. Inmediatamente se lanzan al asalto y arrasan el lugar, pasando a cuchillo a todos los defensores y habitantes que s encontraron a su paso. Acampan allí­ en espera del grueso del ejército, para llegar hasta Calatrava.

El 25 de junio cruzan el Guadiana por los vados pertinentes, y se llega frante a Calatrava que sesde 1.158 lois templarios que defendí­an la villa y su fortaleza, huyen ante el empuje de los almohades, entonces un grupo de caballeros y monjes cistercienses la vueven a tomar, creando la Orden de Caballerí­a de Calatrava y en 1.164 la fortaleza-convento cae definitivamente en manos de los sarracenos. El ejército ejército cristiano acampa cerca y prepara el asalto a ese importante lugarm ya que estaba muy bien abastecida y por supuesto era un lugar ideal para el abastecimiento del ejército.

Calatrava es atacada el 30 de junio conquietan el castillo y Alfonso VIII perdona la vida a su jeque Abu Qadis y a los defensores que quedaban, este gesto indignó a los extranjeros que ya contaban con volver a perpetrar la misma degollina de Malagón. Por esta causa y por las penalidades del calor paninsular, la mayorí­a de los cruzados extranjeros se retiran de la empresa, reduciéndo bastante el ejercito cristiano. La perdida era importante en cuanto a que la mayorí­a de ellos eran comatientes veteranos de guerra y soldados profesionales.

En los dias que van desde el 7 de Julio hasta el 9, los ctuzdos acampan con Salvatierra a la vista frente al su fortaleza, otro castillo perdido antaño por los cristianos. Se pasa revistay se preparan para la batalla.

Mientras tanto llegaban informes del ejército almohade. Al-Nasir esparaba a los cristianos a pocos kilómetros de allí­, al otro lado de los desfiladeros y gargantas del Muradal, donde habí­a montado su campamento en estrtégicas posiciones. Donde el grueso del ejército moro se habí­a escondido en el desfiladero de Losa, garganta rocosa y muy difí­cil de atacar, donde " mil hombres podí­an defenderlo de todos los hombres de la tierra".

El 11 los cristianos acampan en las Fresnedas y don Diego López de Haro manda a su hijo don Lope con un destacamento a los altos del puerto del Muradal, hoy Despañaperros, para un reconocimiento y con el encargo de que conquiste la meseta allí­ existente. Los destacados suben rápidamente a las alturas y avistan el castillo de Ferrad atalaya destacada de Sierra Morena, donde se hayaba la avanzada mahometana de almohades que vigilaba el dsfiladero de Losa, en cuanto los moros avistan a los cruzados salen para hostigarlos.

Al dí­a siguiente, 12 de julio, llega todo el componente cristiano al pie de Sierra Morena y se refuerzan as avanzadas del Muladar. Al amanecer del dí­a 13 los cristianos avanzan hasta la llanada, entonces por prudencia los moros abandonan el castillo de Ferral y se repliegan al sur.

Los ejércitos cristiano y mahometano estaa separados solamente por el desfiladero de losa bien resguardado y defendido por los moro, por la que la situación de los cruzados era bastante delicada. El enemigo podí­a hacer una vesdadera carnicerí­a en el momento que se aventurasen a entrarpor aquella angosta ruta. Avanzar era suicida por lo tanto se reunen en consejo, reyes y señores, para solucionar la cuestiónj, los más prudentes aconsejaban volver a la meseta castellana y esperar allí­ a las huestes almohades, otros aconsejaban descender al pie de la sierra y buscar otro paso que atravesara las montañas. Alfonso VIII temí­a qu una retirada acabarí­a or agotar a sus fuerzas y las desmoralizarí­a. No habí­a alternativa; se tratasrí­a de forzar el desfiladero de Losa. La perpectiva de una derrota como la de Alarcos, amargó el dí­a a muchos veteramos.

Los cristianos necesitaban un verdadero milagro para salir airosos e aquél trance. Lo que entonces sucedió, para muchos si resultó un milagro, el milagro del pastor. Resulta que se presentó en el campamento cristiano un pastor que dijo conocer un paso que nadie conocí­a salvo él y que no haboá vigilancia de los moros en aquél. Seguido por dln Doego López de Haro seido de una destacamento y conducido por el pastor que les llevó hací­a el oeste y luego al sur, através de los actuales parajes del Puerto del rey y el Salto del Fraile. Asó salen de aquellas montañas a la explanada de la Mesa del Rey. Avisado el rey Fernando se dirige hasta alló con el ejército y acampan el la llamada Mesa del Rey.

Seguiremos.
Gracias.
Saludos,
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