Historia de lo nuestro

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Batalla de Tudela y camino a Madrtid.

Notapor juantono carro 001 el Jue Feb 14, 2008 2:59 pm

En Tudela (Navarra) se reúnen Castaños y Palafox para decidir lo que han de hacer ante el ataque que se aproxima. El Coinsejo de Guera lo presiden ambos generales, que no están ni han estado nunca de acuerdo. Castaños es partidario de retirarse a las provincias marí­timas del sur. Palafox, en cambio, lo centra todo en la defensa de Zaragoza. No hay acuerdo. Como en la fábula, en plena discusión llegaron los podencos... Palafox se retira a Zaragoza. Mientras tanto las tropas aragonesas que manda el general Juan O`Neill, los andaluces de La Peña y los valencianos Pedro Roca resisten valientemente las promeras acometidas de losimparables de losimperiales. En realidad la Batalla de Tudela fueron dos combates. El primero se da en Cascante, en el que son derrotados los andaluces, aunque pueden retirarse ordenadamente a Borja. El otro se produce en Tudela, donde la maestria y valor de Mathieu y sus hombres y las cargas imparables de la caballerí­a de Lefébvre-Desnouttes precipitan el gran desastre. En la batalla de Tudela se pierden los almacenes y casi toda la artillerí­a española. Los franceses hacen más de 2.000 prisioneros. La victoria de los galos es tan rápida como rotunda.
En desorden y de manera atropellada, el general Castaños ylo que queda de sus hombres, llegan a Borja. El mariscal Ney toene órdenes de cortarles el paso. Desde Aranda de Duero por el camino de Burgo de Osma (Soria) y Soria capital marcha a su encuentro, pero se entretiene demasiado saqueando esta última ciudad y Castaños, al frente de sus diezmado ejército y en precipitada escabullirse por tierras marcha, consigue de Aragón y de Guadalajara.
La batalla de Tudela deja las manos libres a Napoleón. El planteamiento de la guerra está claro. La decisión no se hace esparar: Moncey irí­a a Zaragoza; Ney persiguirí­a a Castaños; Soult mantendrí­a inmovilizados a los ingléses; Lafébvre ocuparia Casrilla por Valladolid, Olmedo y Segoví­a, este último mantendrí­a la victoriosa batalla de Medina de Rí­oseco y, élsegurí­a su marcha hací­a Msdrid interviniendo en los combates de Somosierra.
El gran general francés hubiera deseado una victoria más rotunda. Su plan era destrozar en un sólo combate al ejército español, pero la ausencia de un plan estratégico y sobre todo la indisciplina de las tropas españolas schaba por tierra sus propósitos. Cuando él esperaba que el ejército español, para hacerle frentre, se concentrara de una manera lógica y tratara de frenar a sus veteranos, las tropas epañolas desorganizadas, indisciplinadas, se disparsaban a las primeras de cambio, aceptaban la derrota y huí­an a la montaña dispuestas a reagruparse de nuevo. La batalla de aniquilamiento que tanto deseaba Napoleón núnca llegó a realizarse. El Emperados habóa proyectado minuciosamente una operación militare. Lo que nunca pansó es que las tropas españolas no siguieran las reglas del juego, por impericia e insubordinación. La lógica, el espí­ritu cartesiano de aquel genio de la guerra podí­an serle válidos en todos los campos de batalla de Europa, pero no en aquella ilógica España.
En esta ocasión la gran capacidad estratégica, la voluntad de guerrero, el celebro lógico del gran genio de la guerra no ha conseguido su propósito. e ha faltado enemigo. Todo estaba previsto. La victoria era suya; sin embargo,el enemigo no acudió a la cita. Cuando creyó tenerlo en las manos se le escurrió entre los dedos cuál tal anguila.
Napoleón Bonaparte no se da cuenta que no lucha contra ejércitos, sino contra un pueblo. Napoleón desprecia demasiado a los españoles. Cuando escribe a su hermano Jesé desde Aranda el dí­a 27 de noviembre le dice:
"Los asuntos de Espinosa de los Monteros, pero singularmente el de Tudela, hacen ver lo que sin las tropas españolas. En Tidela habí­a 30.000 hombres de fuerzas escogidas y 60 piezas de artillerí­a: 6.000 de los nuestros apenas si tuvieron que emplearse. Si el mariscal Ney, dice, no se hubiera entrtenido dos dí­as en Soria, creyendo que los españoles tení­an 80.000 hombres, deberí­a haber llagado el 23 a Agreda, según mis órdenes, no hubiése escapado ni un sólo soldado español.".
Desde el punto de vista militar, en campo abierto y luchando según las reglas de la estratégia, Napoleón ni tení­a enemigo. Con razón habí­a dicho el general Lannes aludiendo a la batalla de Tudela;: "Jqamás he visto una derrota tan completa".
El Emperador escribe a Caulaincourt, embajador francás en Rusia:
"Podeí­s dcir que dento de seí­s dí­as estaré en Madrid. Nada hay tan malo como las tropas españolas: 6.000 de los nuestros en combate cargan contra 20, 30 y hasta 36.000. Es verdaderamente una canalla.
Pero verdaderamente esa canalla a la que se referí­a Napoleón fue en el transcursi de siete años la que sistemáticamente minó la retaguardia y plantó cara con sus aliados a las fuerzas de L` Grande Armée.

Seguiremos, con las visicitudesdel ejército regulare e irreglas español.
Saludos.
"Siempre en lucha desigual cantan su invicta arrogancia Sagunto, Cádiz, Numancia, Zaragoza y San Marcial; en tu seno virginal no arraigan extraños fueros, porque indómitos y fieros, saben hacer tus vasallos frenos para sus caballos con los cetros extranjeros... Y aún hubo en la tierra un hombre que osó profanar tu manto...
Helegí­a Heróica. Fdo. López Gª . 1.840-1.877.
...Aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie...¡Resistiré!...
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Las RRGG en la batalla del Gamonal.

Notapor juantono carro 001 el Dom Feb 17, 2008 1:22 pm

Haremos un paréntesis, en la história de la venida de Bonaparte a España para narrar la destacada y sacrificada intervención de las RRGG Valonas en la Batalla de Burgos del 10 de Noviembre de 1.808, de la que ya hemos hablado y en la que fueron derrotados nuestras fuerzas por los franceses.
En el Cuerpo de la Real Guardia al servicio de los monarcas de España desde el reinado de Felipe I en 1.530 hasta mediados del reinado de Fernándo VII en 1.820, siempre hubo unidades flamencas al servicio de los reyes de España. Unas como los "Archeros de la Cuchilla (1.506-1.704 o las RRGG Walonas o valonas (1.704-1.820) que demostraron su fidelidad a la Corona. Como ejemplo narraré esta Batalla en la que el Cuerpo de RRGG Walonas participo, hasta casí­ sucumbir, demostrando que en la Victoria (Bailén y en la Derrota (Gamonal) supieron combatir por España y su Rey.
El redoble de los tambores y el melodióso sonido de los pí­fanos, se oí­a claramente desde la ciudad de Burgos, en la frí­a mañana del 10 de noviembre de 1.808.
De madrugada de ese dí­a, habí­a salido en busca del enemigo la 1ª División del pequeño ejercito de Extremadura, la 2ª saldrí­a después a cubrirla, y la 3ª aún andaba camino de Burgos por Lerma.
Desde la victoria de Bailén, se habí­a extendido por todo el ejército y casí­ todos los mandos, un optimismo colectivo y desmedido, que se traducia en la creencí­a de poder derrotar fácilmente al ejército napoleónico y expulsarle de la Pení­nsula.
Nada más lejos de la realidad y aunque el rey José y sus tropas se hubieran retirado de Madrid y de todos lugares y poblaciones hasta la lí­nea del Ebro, ahora era el propio Napoleón Bonaparte, quien tomaba las riendas y entraba en España con la Grande L´Armee veterana de las guerras en Europa y con la determinante decisión de destruir al ejárcito español , como hemos leido anteriormente., y de paso a los inglesés que se encontraban en Portugal y ocupar Madrid y Lisboa y lavar de este modo la afrenta que habí­an recibido su hermano y sus soldados meses atrás.
Cuando los Batallones de la 1ª Divisón pasaron el bosque de pinos de El Gamonal, al este de Burgos avanzando por la carretera de Francia, a la altura del pueblo de Villafrí­a, tropezarron con la Caballerí­a francesa, vanguardia del enemigo, la cual retrocedió, perseguida por los confiados soldados de Belveder, que al divisar las columnas de infanteria galas de Mounton acercandose junto con la caballerí­a de Lasalle y los Dragones de Milhand mandados por el Mariscal Soult, comenzaron a recular en desorden, hasta llegar al lí­mite occidental del bosque donde se encontraba el general Henestrosa con la 2ª Div. y la caballerí­a del tercer C.E. español.
Belveder intentó poner orden, organizó una lí­nea defensiva de norte a sur. Este joven general, antiguo alférez de los Guardias de Corps, habí­a sido puesto al mando del ejército de Extremadura por cuastiones polí­ticas y no contaba con experiencia suficiente para esa responsabilidad, lo que contribuyó a la derrota.
Sirva todo este prefacio para comprender la heroica actuación en la batalla del 4º Batallón de las RRGG Walonas.
El dispositivo español, quedo formado en la lí­nea de batalla, con 9 Batallones (7 en primera lí­nea y 2 en la retaguardia) y la artilleria con 14 piezas en el centro como era costumbre, enfilando con sus piezas la carretera a la salida del bosque. En el flanco derecho y apoyandose en el rí­o Arlazón, dos Regimientos de Húsares, el 1º y 2º de Extramadura (antes de Mº Luisa). El norte de la lí­nea, el rgto. de Cazadores Voluntarios de España, cubiertos a su izquierda por una compañí­a de Cazadores de infanterí­a, parapetados trás la vallas de piedra de los huertos. Fuerzas éstas a todas luces insuficientes para contener a las excelentes que se les vení­an encima.
A la espera del enemigo , en la larga lí­nea española, con las filas de a tres en fondo y blanca , de viejos uniformes o parda de los nuevos, se destacaban dos Batallones de oscuro colorido y porte si cabe más marcial, con uniforme azul turquí­, eran los batallones 4º de las RRGG Españolas y el 4º de las RRGG walonas.
Estos se formaron provisionalmente en los dias siguientes al 2 de mayo, cuando desertaron de sus cuarteles madrileos y se uní­an camino de Andalucia a otras tropas leales.
Las Banderas "Batallonas" y "Coronela" flameando al viento, blasonadas de colores con las Reales Armas, axpeadas de cruces de Borgoña, tintas en rojo las "Batalllonas"...y ochomil bayonetas cerrando el camino, con punzante barrera, al poderoso enemigo que se acerca.
Arrecian los redobles de tambor se elevan las voces de mando de los oficiales...¡Atenta la lí­nea!, los veteranos esperan con paciencia, los bisoños más numerosos van a recibir su bautismo de fuego estan crispados y tansos.
Aparecen por el bosque las columnas enemigas, dos, cinco, ocho...Masas compactas blanquiazules, que a intervalos se detienen y disparan...¡Viva l´emperadeur!. Los cañones españoles abren fuego replicando con metralla, pero no se detienen, caen algunos, más se acercan, disparan, otra andanada de perolos de metralla que van a parar entre las filas francesas, pero no se detienen, cierran filas y siguen avanzando...¡Viva l´emperadeur!.
Nuestros Batallones contestán: ¡Fuego! gritan los oficiales.
Hay que tener mucho entrenamiento para coger la rapidez necesaria y hacer todos los pasos en un mí­nimo de tiempo: pólvora, estopa, bala, más estopa, baqueta...disparar.
Los pocos veteranos lo hacen los reclutas no, las filas clarean, ¡cerrad filas! gritan los sargentos que desde atrás impiden que se retroceda. Pero los hombres flaquean, vacilan, tiran el fusil y salen corriendo...Retirada, huida, desbandada, la llanura del Gamonal se cubre de fugitivos que corren hací­a Burgos.
La caballerí­a de Lasalle aprovecha la ocasión, carga contra el flanco derecho. Los valientes Húsares de Extremadura contracargan en columna de escuadrones, tocan las cornetas a "degí¼ello", los curvos sables relucen, los caballos al galope largo, gritos, relinchos el choque es inevitable el impetú de los veteranos Cazadores franceses es incontenible los españoles son diezmados, el flanco derecho se hunde.
En el centro la artillerí­a ha sido rebasada y sus servidores muertos al defender sus piezas.
El flanco zquierdo, también ha sido roto. Sólo resisten impasibles los dos batallones azules de las RRGG.
El 4º de las Españolas que tiene en sus filas más reclutas, acaba por retirarse, dejándo solas a las heroicas Guardias Walonas que mandados por Don Vicente Genaro de Quesada y en el número de 340 resisten firmes las acometidas del francés. Su jefe al verse en tan peligrosa situacion, pués ya no hay tropas propias para cubrirse mutuamente y al estar rodeados, manda formar el cuadro.
Con esta formación defensiva, erizada de bayonetas por los cuatro costados, van conteniendo los ataques del cada vez más numeroso enemigo.
Emulando al espartano Leonidas y sus 300 hóplitas, los heróicos veteranos resisten. Ya sólo queda un puñado, cuando el animoso Quesada cae herido varias veces y es apresado junto a la Bandera Batallona, los pocos que siguen en pie, intentan llegar a Burgos, llegando apenas 60 hombres a Lerma donde se agrupan y se vuelven a orgánizar.
Más de 2.000 bajas sufrió el ejército español, pero pudo haber sido más si el glorioso 4º Batallón de la GR Walona con su profesionalidad y sacrificio no hubieran dado tiempo de salvarse a muchos más que los que huí­an de la caballerí­a francesa.
Diré que todos los Batallones Walones combatieron hasta el final de la guerra distiguiéndose en todas las acciones en que participaron.

Seguiremos. Saludos.
PD. Pido disculpas por la manera que se ha descrito esta epopeya, como lo que fué, ¡un hecho heróico e histórico! Gracias.
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El Avance hací­a Madrid y batalla de Somosierra.

Notapor juantono carro 001 el Jue Feb 21, 2008 3:04 pm

Napoleón aunque no habí­a podido dar la batalla definitiva y aplastar para siempre el ejército español, piensa que aquel ejército dispersado, sin equipo y apenas municiones está para siempre liquidado, y prosigue su marcha sobre Madrid, trás dejar en Burgos al general Darmagnac, con fuerzas suficientes para no perderla, ya que la consideraba clave para sus operaciones.
La manrcha sobre Madrid, se hace en dos columnas, una por el camino de Segoví­a, mandada por el mariscal Lefébvre, precedida por los Dragones a de Milhaud;la otra al mando del propio emperador, lo hace por Somosierra.
Ante la inmomente llegada de los franceses, el ejército de reserva de Madrid, al mando de los generales Castelar, Morla y Eguí­a salen hací­a los puertos de Somosierra.
Napoleón obra con prudencia y astucia. No desea conquistar la capital de España por la fuerza, conoce de mano de sus oficiales lo ocurrido en Zaragoza y Gerona, no quiere una ciudad mártir y arrasada como Moscú desea no conquistarla sin tiros, casí­ que fuese entregada a su hermano.
El emperados aguarda en Aranda. desea que el ejército que defiende Madrid salga a su encuentro. Savaray recibe la órden de hacer una descubierta para localizar al enemigo que se acerca. Eavaray llega hasta Sepúlveda (Segoví­a) para desde allí­ asomarse a Somosierra. Las tropas españolas se retiran a Sagoví­a. Al conocerlo, Napoleón se pone , literalmente, a la cabeza de sus escuadrones y se lanza camino de Somosierra. Sabe que es en la parte adrupta y montañosa de la peninsula donde sus tropas han de luchar en inferioridad contra las españolas; de ahí­ su preocupación de querer plantear la batalla en la llanura, donde su caballerí­a es invencible. Sin embargo, hay que atravesar el macizo montañoso para llegar a Madrid. Pero el destino fatal quiso que las tropas españolas fueran a Segoví­a en vez de cortar el camino de Somosierra, Napoleón se hubiera visto en un gran aprieto. Por eso al conocer libre el paso se lanza sobre él sin dudarlo.
El puerto de Somosierra, situado a 1.500 metros de altitud y para superarlo habí­a que seguir un desfiladero de 5 kilómetros a lo largo del rí­o Duratón. Está defendido por 9.000 españoles, no son muchos pero el terreno les es favorable.Napoleón no se amilana. Da órdenes tajantes. Los franceses inician su progresión. Es el 30 de noviembre de 1.808, invierno y hay niebla pegada en los riscos donde están los hombres de Benito San Juan. La marcha es penosa. El brigadier San Juan ha colocado sue tropas escalonadamente sobre la falda de la montaña y cuatro cañones baten el desfiladero. Tan pronto asoman las tripas napoleónicas abren fuego.
El coronel Piré, a quien Napoleón ha enviado a realizar el reconocimiento, regresa al lado de el emperador, que sentado bajo un árbol, está calentándose ante una fogata.
-Imposible pasar, Sire- dice Pí­ré a lo que Napoleón contesta: "yo no conozco esa palabra".
Está dispuesto a conquietar los altos cueste lo que cueste. Sabe que el paso es difí­cil y que va a costarle muchas bajas y que si se demora mucho más el grueso las tropas españolas, que no anda muy lejos, se concentrarán en aquel punto haciéndole imposible de verdad el paso hací­a Maldrid.
Llama a su presencia al comandante de la caballerí­a polaca Kozietulski y tajante ordena: ¡"Tomadme eso al galope!.
Dicho y hecho, en un ataque, temerario, cuesta arriba, enfrente los cañones y la infanterí­a española fusilándolos a tiro limpio los lanceros polacos (que por cierto en esa carga, no usaron lanza) enfilan hacia la cresta del puerto, la primera carga resulta infroctuosa, dejan la cuesta llena de cadáveres de hombres y caballos, a laq segunda carga los soldados españoles huyen el general San Juan trata de mantener las lí­neas y heroí­camente se bate junto a su Estado Mayor hasta que cae herido que es retirado. Dí­as después los camilleros que llevan al herido camino de Andalucia son sorprendidos por desetores españoles y asesinados con el general a la cabeza, ¡paradojas!
Napoleón descansa en Buitrago y reemprende su marcha a Madrid.

Seguiremos.
Saludos.

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Detale del cuadro de Louis-Franí§ois "La Batalla de Somosierra" del Museo de Versalles.
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El General Moore y la Batalla de La Coruña. (I).

Notapor juantono carro 001 el Vie Feb 29, 2008 5:22 pm

Prosiguiendo con los hechos de armas, más relevantes de nuestra guerra Independencia, pasaremos a hablar de nuestros "aliados" los británicos.
Esos a los que yo no considero tan "amigos" y "aliados" ya que causaron más daño en sus retirada desde Salamanca a La Coruña, que los propios franceses en sus razzias y saqueos. Arrasaron a su paso los telares, las alfarerias, las fraguas, los tejares, con ello se beneficiaban de que ellos sólos podí­an tener la hegemoní­a de tidas aquellas industrias. Ejemplo fue la destrucción de la fábrica de porcelana de Sagrélos. En esa misma politica la siguió llevado el propio Wellington, que al recibir las quejas de los españoles, se contuvo un poco más.

En enero de 1.909, Napoleón recibe a un emisario del general Mathieu Dumas, que le lleva la noticia de que los ingleses ha cruzado de Portugal entre Almeida y Ciudad Rodrigo, al mando del general sir Jhon Moore y amenazan cortar la ruta de Francia. Desde su Cuartel General en Charmartí­n, el emperador manda emisarios despues de estudiar los mapas de campaña la actuación de sus generales. Le alegra que por
fin van a planterle batalla. Hasta ahora sólo han presentado perlea por mar, amparándose en su poderio naval. Al fin podrá vengar en tierra las derrotas en el mar.

Las noticias se confirman, John Moore, efectivamente, ha ctuzado la frontera cerca de Ciudad Rodrigo, donde esparaba encontrarse con la división de Baird y que desembarcaron a madiados de octubre en La Coruña. El plan de operaciones de Moore, aparte de a destiempo, pues tení­a que haber pasado a España antes y ayudado a las tropas españolas, era incoherente, ya que la infanterí­a sigue una ruta y la artillerí­a se desplaza hací­a Talavera dando un considerable rodeo.

Las tropas inglesas marcharon lentamente, lo que permitió a Napoleón dispersar a los españoles y ocupar Madrid. Moore sigue imperterrito su camino. Ahora considera el momento de actuar. En una carta al embajador inglés el general Moor se despacha reveladoramente:
"La inbecilidad del gobierno español rebasa todo lo imaginable... Hasta ahora no estoy en contacto con ningún ejército español. A Castaños..., acaban de destituirlo La Romana esta ausente. Sabe Dios donde se encuentra... De continuar así­ las cosas, la ruina de España parece inevitable, y sólo debo pensar en la salvación del ejército inglés."

Moore se pasa de prudente, pero luego se lanza a una temeridad extrema, y se lanza al frente de 30.000 ingleses sobre Valladolid para cortar a Napoleón las comunicaciones con Parí­s. Gana algunos choques en Toro, en Rueda y Sahagún, sin darse cuenta del riesgo que corre. El mar´qués de la Romana, que manda un pequeño ejército, le avisa del peligro. Un gran contingente de tropas francesas ha salido en su busca. El general de la Romana le propone actual juntos y hacerse fuertes en Astorga, donde les será fácil resistir. Pero el petulante de Moore, ante el temor que le corten la retirada, sale a toda marcha camino de La Coruña, dejando solo y desamparado al marqués de la Romana y a toda Castilla a merced de los franceses.
En realidad sir Moore nunca tuvo fe en la victoria ni gran estusiasmo por pelear, aunque cuandi llegó la hore supo morir como un valiente. Es de señalar su desprecio por la causa española. Desprecio del que hay constancia en un texto revelador de su correspondencia con el embajador Frére:
"De haber conocido antes, la debilidad del ejército español, la apatí­a del pueblo y el necio egoismo de su gobierno, a buen seguro no hubiera avanzado por España. Cabe esperar desgracias", dice.
Sin duda alguna, el gobierno español le ha dado motivos más que justificados para su desilusión, pero es indudable que conocí­a poco, muy poco al pueblo español.

Seguiremos.
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Re: Historia de lo nuestro

Notapor andres el Dom Jun 01, 2008 10:41 pm

sigue sigue es muy interesante los ingleses nunca an sido de fiar ni lo seran
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2º Sitio de Zaragoza (1ª parte).

Notapor juantono carro 001 el Vie Jun 13, 2008 5:04 pm

Los franceses tení­an en Zaragoza una cuestión pendiente. No era fácil de olvidar la trágala de la heróica defensa de la ciudad y de la humillación que ello significó para el invencible ejército francés; por eso Napoleón prepara ahora con minuciosidad el asalto y conquista de la ciudad aragonesa, que, por otra parte, le es imprescindible para dominar la extensa región de Aragón.

La operación se le confí­a al mariscal Lannes y se pone a su disposición los cuerpos de ejército 3º y 4º, al mando respectivamente, de los generales Moncey y Mortier.

Lannes se presenta ante Zaragoza el dí­a 20 de Diciembre de 1.808. No cogw por sorpresa a los patriotas aragoneses su aparición. Desde el 23 de noviembre en que lod franceses conquistan Tudela (Navarra), el camino de Zaragoza estaba libre para ellos. Los zaragozanos se han entregaron afanosamente a la tarea de fortificar su ciudad, dispuestos a defenderla hasta la muerte. Jóvenes, viejos, hombres, mujeres y niños, se encuadran en los batallones de voluntarios y van a engrosar la poca guarnición de la ciucad. De Tudela han llegado tropas dispersas, entre las que hay algunos destacamentos del ejército de Andalucí­a, voluntarios de Doyle y restos del tercer regimiento de Valencia.

Palafox, que sigue al frante de la ciudad, cuanta con unos 32.000 hombres distribuidos en cuatro divisiones de infanterí­a, a cuyo frente coloca como jefes a Fernándo Butrón, Diego Fivaller, José Manso y Felipe Saint-March. Cuenta también con tres regimientos de caballerí­a, 1.500 artilleros con 160 cañones al Mando de Luis Villala, y unos 800 soldados de ingenieros, de los que Carballero mandará a los zapadores, y el jóven coronel Asn Gení­s se hará cargo de las fortificaciones. A estas tropas habrí­a que sumar unos 8.000 ó 10.000 paisanos, entre ellos numerosas mujeres y niños.

San Gení­s prepara la defensa. Empoeza por mandar cortar todos los árboles de las cercaní­as para dejar a los sitiadores en campo abierto, manda levantar redutos en las puertas de la ciudad, colóca baterí­as a lo largo del recinto, y manda abrir fosos y levantar parapetos, tapia callles, ciega pasos y hace pasadizos. El pueblo se Zaragoza tení­a ya experiencia y conocí­a a fondo las necesidades que impone la defensa. La ciudad queda preparada para una larga resistencia casa a casa; para ello se han tapiado todas las ventanas y puertas de las primeras plantas y se han provisto de troneras los pisos altos.

El ejército con que contaba Palafix era bisoño. Los paisanos estaban mal armados y tení­an escasa preparación militar; escaseaba la pólvora, y la artillerí­a era de escaso caslibre. Por el contrario, las tropas francesas que se acercaban, además de la superioridad númerica, contaban con un moderno material bélico, un tren de sitio y una perfecta organización. El tercer Cuerpo de Ejército, al mando de Moncey, estaba formado por 16.500 hombres y el cuartro cuerpo, mandado por Mirtier, alcanzaba unos efectivos aún mayores, ya que contaba con 18.000 soldados.

Los zaragozanos tienen una fé ciega en Palafox. Como hemos visto, es él quién, trás de ser derrotado por los franceses en más de una ocasión, se refugió enla ciudad maña y planteó y mandó la defensa diurante el primer sitio, Palafox es hoy un héroe nacional....Pero como siempre surgen dudas con respecto al gen aral español, nosotros los españole somos mal intencionados por naturaleza y quienes han estudiado a fondo la psicologí­a de los personajeshan llegado a unas inquietantes conclusiones. Dos novelistas, Baroja y
Galdós nos han dejado el retrato del héroe. En el "Escuadrón de Brigante", Baroja nos pinta a Palafox como un hombre sin escrúpulos, un intrigante en los momentos de Bayona, un inepto duya ambición le lleva a intervenir en los sucesos de Aranjuez; está entre los que aconsejan a Fernándo VII que vaya en busca de Napoleón, y luego escurre el bulto y, trás algunos reveses militares, se cuela en Zaragoza para cubrirse de gloria gracias al heroí­slo del pueblo.

Gáldos, que estudió más a fondo el aspecto histórico y que es tan buen conocedor como Baroja, o más aún, del alma humana, nos hace este retrato de Palafox en su episodio de Zaragoza:

"Debí­a en gran parte su prestigio a su gran valor; pero también a la nobleza de su orí­gen, el repeto con que siempre fue mirada allí­ la familia de Lazan, y a su hermosa y arrogante presencia. Era jí­ven. Habí­a pertenecido al cuerpo de Guardias y se le elogiaba mucho por haber despreciado los favores de una muy alta señora... Si carecí­a de dotes intrelectuales para dirigir tan ardua tarea como aquélla, tuvo el acierto de reconocer su incompetencia, y rodeóse de hombres insignes por distintos conceptos. Á‰stos lo hací­an todo, y Palafox quedábase tan sólo con lo teatral...Los zaragozanos habí­an simbolizados en él sus virtudes, su contancia, el patriotí­smo...Palafox no podí­a hacer nada malo; lo malo era obra de sus consejeros. Y, en realidad, el ilustre caudillo reinaba y no gobernaba. Gobernaban el padre Basilio, O´Reilly, Saint-March y Butrón, clérigo escolapio el ptmero ilustre los otros tres... En los puntos de paligro aparecí­a siempre Palafox como la expresión humana del triunfo. Su voz reanimaba a los moribundos, y si la Virgen del Polar hubiera hablado, no lo habrí­a hecho por otra boca. Su rostro expresaba siempre una confianza suprema...Como comprendí­a por instinto que parte del éxito era debido, más que a sus cualidades de general, a sus cualidades de actor, siempre se presentaba con todoa sus arreos de gala, entorchados, plumas y veneras, y la atronadora musica de aplausos y los vivas le alagaban en extremo..."

Seguiremos narrando más. Gracias y saludos.
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2º Sitio de Zaragoza (2ª parte).

Notapor juantono carro 001 el Sab Jun 14, 2008 6:09 pm

Por su parte Marbot, en sus memorias, nos de otra visión. Es la visión de un coetáneo que lucha contra él; la opimión de un militar francés.

Se refiere al segundo sitio cuando afirma:

"¡Ironí­a de las cosas humanas! Como Palafox fue proclamado gobernador de Zaragoza en el momento de la insurrección, la fama y la historia le han atribuido el mérito de la heróica defensa de esta ciudad, y, sin embargo contribuyo muy poco, porque cató gravemente enfermo desde los primeros dí­as del sitio y entregó el mando al general Saint-March, un belga al servicio de España, que fue el que contuvo todos nuestros ataques con un valor y un talento admirables. Pero como se trataba de un extranjero, el orgullo español hizo recaer toda la gloria de la defensa sobre Palafox...."

De todos los retratos que se han colocado, el que parece más lógico se el de Galdós. Es evidente que Palafox tiene dos grandes cualidades: es valiente y muy teatral en sus gestos. Si a esto añadimos su buena presencia, su alta cuna, su fama de conquistador, cabe pensar que era el prototipo del héroe español, tal como entonces lo entendí­a el pueblo. No es, pues, extraño que Zarsgoza vea en él un sí­mbolo. ¿Qué importan esos tropiezos polí­ticos anteriores a la gesta zaragozana a que alude Baroja? ¿Qué él, por enfermedad, abandinara el mando en sus colaboradores? Lo cierto es que con su valor, con sus frases altisonantes y sus posturas teatrales de llevaba tras de sí­ al pueblo. Su figura era un sí­mbolo de la resistencia.

El General Lannes, a quien de le ha encomendado la rendición de Zaragoza, cae enfermo y es relevado del mando. Moncey, que le sustituye, dispone que la divisiónm de Gazan ataque la orilla izquierda del rí­o Ebro, mientrás él opera por la derecha. En el primer envite el general Haberte tomó el fortí­n de Torrero, clave para la resistencia, obligando a su defensor Saint-March a abandonarlo tras destruir las piezas de artillerí­a y volar el puente sobrte el rí­o Huerva.

También les fue mal a los zaragozanos en la parte del Arrabal. Palafox, que desde el palacio arzobispal dirige las operaciones, al ver que los suyos llevaban las de perder, se lanza al galope al frente de su caballerí­a y decide la lucha a su favor. El combate ha sido muy duro: los defensores pierden 200 hombres, entre ellos dos coroneles de caballerí­a; los gabachos tuvieron 650 bajas, entre ellas 48 oficiales. Sin embargo, la victoria la alcanza Moncey, que ha conquistado Torrero, posición de gran valor estratégico. El general francés, trás seta operación que considera decisiva, enví­a una carta a Palafox intimándole a rendirse. Le hace ver que la defensa de Zaragiza es ya inútil y que entregando la ciudad evitará derramamientos de sangre. Pero Palafox no ve las cosas de la misma manera; por el contrario, se considera el vencedor en aquel primer enfrentamiento y le contesta que lo cuerdo serí­a que ruera éwl quien mandara al enemigo una carta como aquélla, intimándoles a que abandonaran su propósito y se alejaran de la ciudad.

Seguiremos. gracias y saludos.

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Palafox. Retrato de Goya.
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Re: 2º Sitio de Zaragoza (2ª parte).

Notapor racta46 el Sab Jun 14, 2008 6:58 pm

juantono carro 001 escribió:........ Sin embargo, la victoria la alcanza Moncey, que ha conquistado Torrero, posición de gran valor estratégico. El general francés, trás seta operación que considera decisiva, enví­a una carta a Palafox intimándole a rendirse. Le hace ver que la defensa de Zaragiza es ya inútil y que entregando la ciudad evitará derramamientos de sangre.


para situar...

efectivamente , los montes de torrero al sur de la Inmortal Zaragoza y la ruta natural al Levante español , cuya puerta era/es ( que aun está ) la del Carmen, fué la zona etrategica de mayor importancia ,al estar situado ( torrero ) en la parte alta de la actual ciudad....ideal para situar la artilleria ''gabacha'' , que armó la de ! Dios ¡.
la otra era el arrabal ,al otro lado del rio Ebro ( obstaculo natural por entonces ) y donde la resistencia fue encarnizada.
en efecto Palafox es la imagen pero.....'' ¡Ellos son el pueblo! Sin cuya abnegación y empuje no se hubieran singularizado, ni Palafox, ni Boggiero ni ninguno de los héroes que en el monumento aparecen mezclados entre anónimos valientes".
el monumento mas emblematico de la ciudad , en referencia o relativa a estos acontecimientos ,no es la estatua ecuestre de este general ,sino la de los ''Imnumerables Martires'' situada , como no , en la Plaza de España de la ciudad.....

saludos
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2º Sitio de Zaragoza (3ª parte).

Notapor juantono carro 001 el Dom Jun 15, 2008 4:02 pm

Ha decir verdad, es que Moncey tiene ya las posiciones que estima oportunas para establecer en toda regla el sitio de Zaragoza. De Pamplona, por la ruta de Tarfalla, recibe el material de artillerí­a que necesita. Las tropas imperiales enpiezan a abrir trincheras frente al convento de San José y establecen eficazmente sus lí­neas de ataque. El 23 de diciembre la ciudad queda totalmente cercada por los franceses, los cuales, el dí­a 30, comenzaron a levantar perelelas para atacar la Alfarerí­a, el puente del Huerva frente a Santa Engracia y el convento de San José. Con el propósito de imperirlo, los españoles efectúan varias salidas, entre las que destaca la que realiza Butrón con sus jinetes.

La linea de ataque de los gabachos queda terminada y Moncey es reemplazado por Junot, Duque de Abrantes, que solicita del emperador más fuerzas y más artillerí­a. El 7 de enero colocan los franseses sus baterias de sitio frente al convento de San José y comienza el bombardeo. Los defensoren aguantan bien. El dí­a 9, 100 piezas de artillerí­a están descagando durante todo el dí­a sobrer zaragoza, salva tras salva de explosivos y los disparos se concentran principalmente sobre el reducto del Pilar, que defiende el puente del Huerva y contra el conventa de San José. Mueren en la defensa del citado convento don Pedro la Gasca, coronel de voluntarios, el coronel Arzu, jefe de los voluntarios valencianos y el heróico San Gení­s. Entran los franchutes en el convento y los defensores zaragozanos de retiran, empleandose en la defensa del puente.

Para que no decaiga el espí­ritu. Palafox ordena publicar una "gaceta Extraordinaria" el 10 de enero, en la que se inventa una serie de triunfos de las tropas españolas. Dice que el ejército español victorioso se acerca a Zaragoza, y que la llegada es inminente. El pueblo zaragozano recibe las falsas noticias con gran alegrí­a y lo celebra con fuegos de artificio y fiestas. Al otro lado de las lí­neas, los galos observan con estupor esta reacción de los sitiados y quedan desconcertados. Para ellos es de todo punto inexplicable aquella alegrí­a en un pueblo que esta siendo tan duramente castigado. El espí­ritu de las tropas españolas acusa esta inyección de optimismo, que se reflejará en en la pelea. Los franseses llegan a sospechar que quizás haya algo de cierto en aquella noticias.

El sitio prosigue. Junot tiene prisa por alcanzar los objetivos. Renovales, que dominaba el puente sobre el rí­o Huerva y que se mantení­a heroí­camente frente a los ataques franceses con sólo dos cañones y sin ningún artillero profesional, se sostuvo aún durante un largo dí­a de incesante lucha. El reducto del Pilar enarboló bandera roja de no rendición y rechazó con bravura varios asaltos. Cinco dí­as duró la defensa de este reducto, cinco intermonables dí­as de ataque tras ataque; si al fin abandonaron sus posiciones los defensores, fue siguéndo órdenes de Palafox, que se habí­a enterado de qie los capotanes Simonó, Velasco, La Ripa, Marí­n y Bethezá que formaban la oficialidad del redicto, se habí­an juramentado para enterrarse en las ruinas antes de entregar la posición a los franceses.

Con la caida de estas posiciones pudieron los galos vsdear el rí­o Huerva, dejando a los defensores de la ciudad encerrados dentro de las tapias de Zaragoza y privados de los molinos de harina que habí­a el otro lado del rí­o. A partir de ese momento la defensa se efectuarás casa por casa.

Seguiremos. gracias.
Saludos.
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2º Sitio de Zaragoza (4ª parte).

Notapor juantono carro 001 el Lun Jun 16, 2008 3:59 pm

Restablecido Lannes, vuelve a Zaragoza, dispuesto hacerse cargo del mando. Junot, que lo sabe, ordena un asalto general para apunterse la victoria antes de ceder el mando. Era una barbaridad y el general Lacoste le diasuade de tan disperatado intento. Junot que ya empazaba su decadencia y cya fama de buen militar ya entraba en crí­sis, se retrira a la cartuja de la Concepción. Lannes, es en aquellos dí­as el hombre de confianza de Napoleón. Tan pronto como se hace cargo del mando, envia una misí­va a Palafox ofreciéndole condiciones muy honrosas si se rinde. Le pinta muy negro el panorama de la ciudad y le hace ver cúan disparatado es ya resistir. Palafox se apresura a contestale que "mal podí­an intimidar los ejércitos franceses a un pueblo que los habí­an vencido antes tantas veces..." "Los españoles no se rinden -le añade-, tengo cien mil hombres decididos, y para el sr Mariscal será un honor el vencerlos."

El MariscalnLannes ordena un atque, que piensa será el definitivo. Anteriormente, el dí­a 26, la artillerí­a gabacha ha disparo sin cesar sobre Zaragoza. El dí­a 27 de enero se lanza la infanterí­a sobre las brechas que han abierto los cañones en la muralla. Se apoderan de la baterí­a de Santa Engrancia, de las Descalzas y de la del convento de los Trinitarios.

Durante los dí­a siguientes continúa el bombrdeo, cada vez más encarnizado, sembrando la muerte en la ciudad. Desde los pueblos de los alrededores de Zaragoza escuchan con pavor aquel tronar de los cañones. La noticia circula por el resto del paí­s. España entera vive pendiente de la gran gesta zaragozana.

Comienza la lucha dentro de la ciudad; se pelea palmo a palmo, casa por casa, calle por calle. Serí­a interminable relatar la gran cantidad de hechos heroicos que se recogen en los diarios del sitio. En una casa aislada, que necesitaban conquistar los franceses para ganar la calle de Puerta Quemada. la lucha dura dos dí­as, se pelea habitación por habitación, planta por planta. En la pelea se mezclan con hombres las mujeres y los niños. Se cuenta que en un sólo dí­a el cura Sas ha matado por su mano a 17 franceses luchando cuerpo a cuerpo. Se combate con armas de fuego, y llegado el caso con navajas y cuchillos. El dí­a 31 se pierde Santa M;ónica, trás una defensa que cuesta 1.400 muertos.

En la iglesia de San Agustí­n los patriotas comienzan defendiendo las puertas, luego sigue la defensa dentro de la iglesia. Algunos no ven otra manera de mantener la lucha que haciendose fuertes en el campanario. Se pelea en la escalera peldaño a peldaño. El combate sigue que ni queda ni un solo defensor con vida.

Seguiremos. gracias y saludos.

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Pintura de Louis-Franí§oise Lejeune que representa la lucha en el caustro del convento de Santa Engracia (Museo de Versalles).
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Nuestros "aliados" los ingléses.

Notapor juantono carro 001 el Jue Jun 26, 2008 4:33 pm

Dejeremos por un tiempo el sitio de Zaragoza y lo dedicaremos a otras cuestiones de esta guerra internacional, no en vano actuaban; españoles, portugueses e ingleses por un lado y por el otro, francéses, italianos, alamanes, polacos e incluso españoles afrancesados como catalanes que encuadrados en las unidades de; Guí­as Catalanes, Miqueletes o Miqueletes de Don Pujol, cántabros como las Compañí­as francas cántabras y vascos como las compañí­as de guarda-costas vascas, y los Lanceros de la Mancha. Todas estas unidades de afrancesados se encuadraban en unidades regulares del ejército del rey José Bonaparte y combaten o hacen funciones de policí­a a favor de los imperiales.

Vamos pués a escribir algo sobre todo ésto:

Tras la retirada de Sir Jhon Moore habí­an quedado en la Pení­nsula algunos contingentes de tropas inglesas al mando del general Craddok. Son alrededoe de 10.000 a 12.000 hombres, escasas tropas para actuar con independencia. Ya estaban a punto de embarcar para Inglaterra cuando Wellesley logra convencer a Castlereagh de la necesidad de mantener un ejército en Portugal, pese a la derrta y fracaso de Sir Jhon Moore. Inglaterra no podí­a mantener en la Pení­nsula un ejército capaz de enfrentarse con los 300.000 hombres que Napoleón habí­a desplazado a España; pero Sir Arthur Wellesley propone a Castlereagh mantener a ultranza la defensa la defensa de Portugal, cosa que se creí­an serí­a posible realizarse independientemante de lo que ocurriera en España.

Según Wellesley, bastarí­a formar un ejército portugués de unos 30.000 soldados de tropa regular y 40.000 de milicias, al que se unirí­a un cuerpo expedocionario inglés de 20.000 soldados mas. Con estas tropas se podrí­a defender Portugal con toda seguridad, ya que Napoleón una vez sometrida España, no podrí­a dssplazar a Portugal un ejército de fuerza comvativa similar a la de sus defensores, pues tendrí­a que guardar la retaguardia y tener de guarnición tropas en las ciudades de España. Lord Castlereagh y su gobierno no sólo aceptan la propuesta, sino que encargan a Sir Arthur la pueta en marcha del plan y le confí­an el mando en abril de 1.809. Decisión que harí­a de tener una gran trascendencia en la guerra española y, a la larga, el futuro de Napoleón Bonaparte.

El propósito inglés es, por lo tanto defender Portugal dentro de sus fronteras t sólo en segundo término aceptaróan colaborar con los ejércitos españoles, y esto en el caso de que fuera necesario para la seguridad de Portugal. De acuerdo con estas instrucciones, Wellesly proyecta su desembarco en Lisboa al frente de 12.000 hombres, a fin de expulsar a Soult de Oporto; pero ve al poco de desembarcar el 22 de abril, que tras de liberal el norte de Portugal, tendrí­a que atacar al mariscal Victor, que peraba en Extremadura. Esto le hace insistir en la necesidad de obtener poderes más amplios para, con el ejército español, continuar la lucha en España. Serí­a una pena, comunica a su gobierno, no aprovechar la victoria, en el caso de que se produzca, y no llevar hasta el fin la lucha contrra el francés. Lord Castlereagh contesta en un despacho de fecha de 25 de mayo autirizándole en su propósito a condición de que, ello sea favorable al éxito de las operaciones y que no fuese incompatible con la seguridad de Portrugal.

Seguiremos. Gracias y saludos.
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Los años sangrientos 1.921-1.926

Notapor juantono carro 001 el Mar Nov 04, 2008 3:21 pm

-Acciones del Ejército español en África-
-------------------------------------
ANTECEDENTES

Con este tí­tulo y encabezamiento,voy a dejar plasmado en este hilo histórico, los acontecimientos más relevantes o sonoros que tuvieron lugar en nuestro protectorado de Marruecos durante la última guerra acaecida durante la década de los veinte de la pasada centuria, que tanto marcaron e influyeron en la sociedad y acontecimientos polí­ticos de nuestra nación.

Dejaré la guerra de la Independencí­a para más adelante, que por supusto, quiero seguir relatando más cuestiones sobre ella, ya que como dije a lo primero, antes de empezar a escribir cosas relativas a estos acontecimientos, este años se cumplí­an los 200 del alzamiento del pueblo y ejército contra Napoleón Bonaparte, empezando así­ su declive, en tierras españolas.

La guerra de África, podemos decir, las guerras, fueron la gloria yt miséria de nuestro Ejército conseguidas a sangre y fuego. Aunque sólo conocemos bastante bien, la producida en los años veinte con los rifeños fronterizos, mandados por Ab el Krim, ha habido alguna más y como nos muestra la historia muy sangrientas, que incluso produjeron el rechazo de una gran mayorí­a de la población, el ejemplo lotenemos en la semana trájica de Barcelona, en donde la ciudadaní­a se amotinó y protestó trégicamente contra el embarque de tropas españolas hací­a Marruecos a principios del siglo XX.

Dejándo aparte décadas anteriores, nos ceñiremos en las más modernas, tomándo como iní­cio la gurra producida a mediados del siglo XIX para terminar con el fin de las contiendas africanas en 1.926 (después se producirí­a en 1.958 otro enfrentamiento y posteriormente llegarí­a los acontecimientos que produjeron el abandono total del último vestí­gio de la presencia española en el norte del continente africano) cuando la dictadura del general Primo de Rivera acabó con ese goteo de pérdidas humanas y rcursos económicos, que fueron aquellas campañas.

Para no hacer estos escritos plomizos o pesados por lo cronológico de tema, ha decidido no seguir, como serí­a usual, un órden establecido, sino que para contemplar realmente los medios blindados allí­ usados, que es realmente de lo que verdad entiendo y que fueron los primeros ingénios que nuestro ejército usó militarmente, tanto medios terrestres (camionsprotegidos y carros de combate) como aéreos (globos y aéronaves), con más o menos acierto.

Siguiendo con los antecedentes, partimos en 1.856, comenzando en este año las acciones de guerra que como dijimos anteriormente acabaron en 1.926. En este año de 1.856 se produce la derrota de las tropas de Mlilla mandadas por el general de brigada Buceta, compuestas por el Rgtº Granada y fijo de Ceuta, ue fueron muy castigados por la kabila de Benisidel. A partir de entonces y espoleado el gobierno español por la aventura emprendida por los franceses de conquistar Argelia, empazó a mostrar una agresividad inusitada, ya qaue sólo hasta eotnces limitábase el Ejército a acciones de castigo, esto y un desafortunado resbalón polí­tico del ElSetib Sidi-Mohammed, al amenazar a Ceuta con lanzar sus kabilas a conquistar la ciudad.

Trás algunos incidentes fronterizos en 1.859, el Gabinete Africano mandó a vafrias potencias extranjeras un documento por el cual declaraba la guerra al Impri de Marruecos-Moghreb-el-Arka, dirigido por el sultán y dividido territorialmente n kabilas o tribus d rifños, como; Amazirgas, Bereberes, Karautas, Moros Negros, Rngados, Silcs, Árabs puros, Beduí­nos y Turiscos, en total cerca de 9.000.000 de almas. Muy bélicosos y fanáticos en sus creencias. A partir de entonces, para salvar el honor nacional, aunque habí­a otros fines, los polí­ticos den "luz verde" y organizan el Ejército expadicionario, mandado por el Mariscal de Campo Don Rafael Echagí¼e, que partiéndo de Cádiz se divide en tres Cuerpos, mandados por el propio Echagí¼e, el primero, el segundo por el Tenente General Don Juan Zavala y el tercero por el General Don Antonio Ros de Olano (introductor del Ros como prnda de cabeza) más una división de rserva mandada por el General Don Juan Prim conde de Reus, que se organiza en Antquera.

En el Puerto de Santa Merí­a se formó la División de Caballerí­a al mando del General Don Felix Alcalá Galiano, más una Escuadra de invasión compuesta por cuatro buques de vela, siete vapores de ruedas y tres de hélice, con una potencia de 225 cañones y 3.000 marinos. Todas las fuerzas quedan al mando del General en jefe O`Donell y se componen inicialmente de 35.000 hombres.

Seguiremos. Saludos.
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Re: Historia de lo nuestro

Notapor juantono carro 001 el Mié Nov 05, 2008 5:40 pm

Las fuerzas españolas expedicionarias al mando de Echagí¼e estuvieron representadas por 20 regimientos de Infª, 1 cí­a lanza cohetes, 17 regimientos de Cazadores de Infª, 1 Rgto. de Artª montado, 1 Rgto. de Artª de montaña, 1 Rgto. de Húsares, 2 Rgtos. de Caballerí­a, 1 Escuadrón de la Guardia Civil, 1 Rgto. de Ingenieros, Sanidad militar y Servicios administrativos.

Acontinuación cito las unidades expdicionarias, he de decir que aunque se mencione a Rgimientos, en algunos casos, éstos tan sólo expedicionaron un Batallón, Grupo e incluso una cí­a o un escuadrón.

Rgto.. Granada nº34, Cazadores de Cataluña nº1, Cazadores deAlcántara nº20, Rgto. Borbón nº17, Cazadores de Talavera nº5, Cazadores de Mérida nº19, Rgto del Rey nº1, Cazadores de las Navas nº14, Cazadores de Barbastro nº4, Rgto. Castilla nº6, Cazadores de Figueras nº8, Cazadores de Simancas nº13, Rgto. Saboya nº6, Cazadores de Arapí­les nº11, Rgto. Navarra nº25, Cazadores de Chiclana nº7, Rgto. Toledo nº35, Rgto. Húsare de la Princesa nº 4, Rgto. León nº38, Cazadores de Alba de Tormes nº10, Rgto. Zamora nº8 y Cazadores de Segorbe nº18, Cazadores de Madrid nº2, Rgto. Infª Albuera nº26, Cazadores de Ciudad Rodrigo
nº9, Cazadores de Baza nº12, Rgto. Infante nº5, Rgto San Fernándo nº11, Rgto. África nº7, Cazadores de Llerena nº17, Rgto. Cabª Almansa nº18, Rgto. Asturias nº 31, Rgto. de la Reina nº2, Cazadores de Barcelona nº3, Batallón de Cazadores de Vergara nº15, Rgto. Prí­ncipe nº3, Rgto. Luchana nº28, Rgto. Cuenca nº27; Rgto Cabª Villaviciosa.

Con esta impresionante fuerza inicia España las guerras, llamémosles modernas, en Marruecos desde 1.859 a 1.909 y por las distí­ntas épocas y campañas pasaron muchas unidades del Ejército, creándose otras expresamente para combatir en aquellas tieras. Primeramente fueron las harkas y los Regulares, para por último ya en 1920 dar paso al nacimiento del Tercio de Extranjeros, llamándose después La Legión, que tantas páginas de gloria ha escrito en ese territorio.

Comentaremos en estas lí­neas algo sobre la guerra como las acciones del Cabo Mur, la batalla de Castillejos, la acción de Wad-ras y otras más en las que nuestras tropas se cubrieron de honor y glorí­a a costa de la sangre de muchos de ellos.

En estos escritos no quiero expresar cuestiones polí­ticas, ya que no en el sitio sdecuado para ello, aunque sean crí­ticas o elogios a polí­ticos de aquellos años ya muy lejanos. Sólo si en alguna parte de los textos se vierte algo parecido a una idea polí­tica preconcebida, solamente será por necesidades de lo escrito, ya que durante años y aún hoy, desgraciadamente, se entremazclan malevolamente, la polí­tica con lo militar. Nada más lejos de la verdad en una cociedad democrática. Aunque se debe reconocer, que los hechos que voy a narrar, los militares acataron las órdenes de civiles y polí­ticos que nada sabí­an de cuestiones castrenses, llevando al Ejército en muchas ocasiones al descalabro y deseperación, de ahí­, que ante la sangrí­a de la guerra en Marruecos tubieran que tomar las riendas de los acontecimientos politicos en mchas ocasiones, justificadamente y en otra sin razón, llegando a situaciones dictatoriales.

Aunque los propios militares supieron hacer justicia, enjuiciando a sus propios altos mandos, responsables de los desastres africanos, sino véase la historia.

Seguiremos saludos.

Nota del autor: Podeí­s leer en los hilos históricos; " La acción de Ambar, los FT españoles en acción" o en "la carga del Alcántara" dos acciones protagonizadas por nuestas fuerzas en Marruecos.
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Re: Historia de lo nuestro

Notapor zhi_knox el Mié Nov 05, 2008 7:12 pm

Perdon, no quiero interrumpir y se que es nomal al escribir rapido (me pasara a mi mil veces, seguro). Pero es que me toca el corazoncito, estube destinado alli y guardo gratos recuerdos, de que el Regimiento de Infanteria Castilla es 16 (el 6 es el Saboya como bien haspuesto). Siento el haberte dicho esto pero es que uno tiene debilidad por esa unidad.

Un saludo y sigue que me encanta esta parte de nuestra historia.
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Re: Historia de lo nuestro

Notapor juantono carro 001 el Mié Nov 05, 2008 9:12 pm

Me alegro que haya veteranos que recuerden con orgullo sus destinos......¡Aúnque sean infantes! :mrgreen:

Sí­, es Castilla 16, se me habrá escapado el uno...es que tengo los dedos que parecen dátiles.

Saludos.
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