¡¡¡ La Legión !!!

Ejércitos de tierra de todo el mundo y elementos que los componen

Moderadores: poliorcetes, Lepanto, Orel, Edu

Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Mié Ago 20, 2008 8:01 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

ATLATEN

La columna del General Sanjurjo se concentra el dí­a 5 de Octubre al pie del Ulad-Dau para la operación de Atlaten. Un extenso cortado hace que esta posición sea solo abordable por la derecha; una rocosa loma, intermedia entre Ulad-Dau y el cortado, nos ofrece lugar apropiado para proteger la salida.
Durante los primeros momentos, el enemigo, oculto en las huertas, nos dirige sus disparos; despliegan las guerrillas y cruzando entre las casas del poblado ascienden a la loma intermedia; a su abrigo se reúnen las otras unidades, y establecidas en ellas las ametralladoras, se empeña el combate.
Pronto descienden por las rápidas pendientes de la barrancada las secciones de vanguardia, y pasada ésta efectúan la penosa ascensión por entre los peñascos de la cañada; aquí­ se han de concentrar las unidades de la Legión para preparar el asalto de la posición principal.
Marcha en vanguardia la quinta compañí­a de la Segunda Bandera, que con rapidez asombrosa va subiendo la graderí­a de peñascos del acantilado. Cuando se asoman a la meseta las primeras fracciones, entablan empeñada lucha con el enemigo, mientras las demás compañí­as van cruzando el barranco y concentrándose en lo alto de la cañada.
Al llegar a la cresta, unos soldados conducen el cuerpo inanimado de un oficial; es el Teniente Ochoa; una bala enemiga le habí­a herido en el corazón. ¡Pobre Ochoita, muerto gloriosamente en plena juventud¡
Unos proyectiles de nuestra propia artillerí­a explosiona a pocos metros. El Comandante de la Segunda Bandera queda envuelto en humo; al disiparse éste. Fontanes se encuentra tumbado en tierra; acudo solicito a su lado y con alegrí­a veo que solo es la conmoción de la explosión; tiene sólo ligeras contusiones, pero a su lado yace con una pierna destrozada un viejo legionario.
Después de momentáneo descanso avanzan la primera y segunda compañí­a a reforzar a la quinta para el asalto; de la guerrilla se retira el Teniente Navarrete, herido de dos balazos en el cuello y pierna; viene suspendido, entre dos soldados.-“¡No he podido llegar, me han herido, me han herido¡â€.- Nos dice.
El asalto se efectúa, y entran en el fortí­n central los primeros legionarios; pronto las banderas de las dos Banderas ondean en lo alto de la derruida fortaleza; al pie de ellas un negro y atlético legionario de la segunda compañí­a se encuentra agonizando; mientras por los caminos de Ufxan y valle de Maxin, se alejan numerosos harqueños.
Atlaten es un precioso mirador rodeado de enorme acantilado. Desde el se domina medio Beni-bu-Ifrur y se divisan a lo lejos las antiguas posiciones españolas.
Establecidas las ametralladoras y baterí­as persiguen con sus fuegos los grupos enemigos.
Tomado Atlaten, la calma reina en todo el campo; solo en la posición, sobre un parapeto, unas cabezas con sus ojos vidriosos nos recuerdan el horror de la guerra. Pertenecen a los últimos defensores de Atlaten, a los que nos ocasionaron las sensibles bajas.
Desde Ulad-Dau apoyaron nuestro avance los Regulares de Ceuta. Es su última acción en este territorio. Dí­as después habí­a de reembarcarse aquel puñado de valerosos indí­genas. Estos Tabores habí­an perdido en dos meses la mayorí­a de sus soldados. Con dolor vemos marchar a los queridos compañeros, algunos de los cuales habí­an de encontrar en la otra zona muerte gloriosa.
Ocupado Atlaten en un paseo militar, se conviene la ocupación del antiguo campamento se Segagan; la Primera Bandera, que ha quedado destacada en Atlaten, descuelga unas secciones a ocupar fortines, y la columna entra en el poblado sin ser hostilizada; solo delante, hacia el servicio de protección de los blocaos en construcción, suena algún paco.
A la media hora de encontrarnos en este campamento, una enorme explosión se siente hacia las laderas de Uixan. Una gran columna de humo y tierra se eleva en el espacio nublando el horizonte. El polvorí­n de las minas habí­a sido volado por los moros; habí­an sin duda calculado lo que tardarí­amos en subir la ladera, pero nuestra permanencia en Segagan les habí­a hecho fracasar en el intento.
El campamento y poblado se encuentran destrozados; los edificios sin puertas ni ventanas, están llenos de escombros y en algunos barracones ha sido quemada la techumbre.
El poblado de San Juan de las Minas parece haber sido respetado; las pequeñas y bonitas barriadas de obreros se ven blancas y alineadas, pero al acercarnos comprobamos el destrozo causado por el enemigo; las puertas y ventanas habí­an sido arrancadas, destrozando las paredes, y algunos pequeños arboles de sus calles estaban cortados.
Los legionarios des su llegada se han extendido por los poblados de los que traen mil baratijas; platos, cucharas. Sillas, todo lo que los moros habí­an anteriormente saqueado; un sin número de puertas y ventanas son conducidas al campamento y con ellas se van tapando los huecos de los barracones.

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Jue Ago 21, 2008 7:16 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

TAXUDA 1º (Gurugú)

el dí­a 10 de Octubre es un dí­a glorioso en la historia de la Legión. Mientras varias columnas desde la plaza escalarán el Gurugú, la columna Sanjurjo, saliendo de Segangan, debe cortar el paso al enemigo en Taxuda.
La empresa se creí­a fácil; la harca habí­a abandonado los picos del Gurugú y las confidencias señalaban su presencia en la meseta de Telat y de Ras Medua; los poblados parecí­an inclinarse a nuestro lado y la resistencia se esperaba fuera escasa.
La noche anterior a la operación se tuvieron noticias más concretas; el Alto Comisario comunicaba que la harca se concentraba en el Telat y que tal vez tuviéramos un serio encuentro con el enemigo; la actitud de los poblados era dudosa.
En la oscuridad de la noche y en el mayor silencio se concentra la columna en las huertas de Segangan y media hora más tarde la vanguardia se reuní­a delante del blocao de Atlaten.
El dí­a empieza a clarear. Con los gemelos se observa un gran movimiento de moros en las esponjas de peñas que forman el horizonte y que debemos ocupar. Y en la larga espera que precede a la concentración de la columna, los comentarios giran alrededor del próximo encuentro.
Lo estrecho del camino y la oscuridad de la noche retrasan un poco la llegada de las baterí­as. Ya el sol lucia cuando, establecidas estas, el Coronel Castro nos ordena el avance. El General Sanjurjo, con su tí­pico pijama a rayas, presencia a caballo el desfile de la columna.
La Legión avanza en doble columna. Las Banderas marchan inmediatas; sus vanguardias han desplegado y muy alto se siente el maullido de las primeras balas.
En dirección a Telat se ve bastante enemigo, pero en las esponjas del frente el movimiento de moros ha desaparecido; solo alguna cabeza asoma entre las peñas de la izquierda que desaparece después de dirigirnos sus disparos.
La cuesta que tenemos que subir es muy pedrosa; un crestón o esponja intermedia, facilita nuestra reunión antes de dar el asalto a la esponja alta y peñas al frente. En estos momentos el enemigo hostiliza poco y con gran facilidad se han ocupado los objetivos; los moros se han retirado; pero al llegar a las crestas el fuego que nos hacen es muy intenso.
Conforme van llegando las unidades van reforzando los distintos puntos del frente; las ametralladoras se establecen, el fuego se intensifica y las camillas van y vienen de las guerrillas al puesto de socorro. El combate se empieza a poner serio. El enemigo ocupa el extenso anfiteatro donde las crestas de peñas le ofrecen un abrigo natural. La meseta de Taxuda a nuestra derecha y a tiro de fusil, nos domina un poco; está cortada a pico por este lado y el ascenso a ella está al Norte por una estrecha senda.
A la llegada de los batallones, el Coronel Castro ordena elr relevo de nuestro flanco izquierdo con objeto de reunir a la Legión por si se continua el avance. Fuerzas de tres batallones ocupan posiciones en este flanco. Compañí­as de la Legión reciben orden de reunirse a retaguardia; una de ellas no llega a cumplimentarla. El enemigo arrecia el ataque y, en los momentos que se retira, recibe noticias de que las fuerzas peninsulares necesitan apoyo.
Los harqueños hostilizan como nunca. En los dos frentes se suceden las bajas. Tenemos delante el grueso de la harca y el terreno no es de los más apropiados para el combate.
¿Se ha de seguir avanzando? ¿Subiremos a Texuda?. Nosotros estamos preparados. Yo recordaba en estos momentos mi visita en el año 12 a las ruinas romanas de la meseta y el estrecho sendero por el que desmontados tuvimos que subir. El camino de la meseta no es por este lado, pero esta bajo el fuego de nuestros fusiles.
Un aeroplano, volando sobre las tropas, arroja un parte con gallardete rojo, que cae a nuestro lado. Avisa “la presencia de numeroso enemigo en el frente y flanco izquierdo, al que no puede batir nuestra artillerí­a por ocultarse tras las esponjas rocosas”. A los pocos momentos, las bombas de los aeroplanos suenan en la barrancada y su humo negro asoma detrás de los peñascos.
El Gurugú ha sido tomado sin resistencia y la harca esta entretenida en combate duro. El General Sanjurjo ha llenado cumplidamente su misión y el Alto Comisario aprueba no se avance más y se mantengan las posiciones ocupadas hasta que esté el Gurugú fortificado.
Las bajas se multiplican. El batallón de la Princesa ha perdido en los primeros momentos a muchos de sus oficiales. El Capitán Cobos, de la Legión, cae herido muy grave; no es nada nos dice: un balazo en el vientre. ¡Pobre as de las ametralladoras¡ Su herida le habí­a de causar la muerte.
Al pie del cortado de la izquierda y a cubierto de los fuegos enemigos, un capellán de un cuerpo auxilia a los heridos; a su lado se detienen breves momentos las camillas y se agrupan los guerreros ensangrentados que reciben la absolución, mientras los camilleros legionarios, rí­gidos y descubiertos, contemplan el emocionado cuadro.
En el ángulo de la lí­nea, la sexta Compañí­a de ametralladoras se porta bravamente; en mi visita a aquel lugar me pide una protección de legionarios; ya una vez en la mañana ha llegado el enemigo a pocos metros de sus máquinas y las tropas peninsulares inmediatas no están para dí­as tan duros. Una sección de la Legión es enviada, que más tarde habí­a de ser utilí­sima.
El combate de la izquierda sigue muy duro. De las peñas, bajan a in oficial muerto; es el Teniente Rodrigo, de la quinta Compañí­a; el enemigo está muy cerca y el fuego de fusilerí­a es intensí­simo.
Unos harqueños que se han corrido por la izquierda, disparan varios tiros desde retaguardia. Dos soldados son heridos en los sostenes. Esto produce cierta confusión entre las reservas; al mismo tiempo, el enemigo, concentrado en las barrancadas del frente, efectúa enérgica reacción sobre nuestras lí­neas.
Las Compañí­as de la izquierda ven aparecer, de pronto, a pocos metros, las cabezas enemigas. El enemigo, con gran arrojo, ataca por todos lados; el coeficiente moral de las tropas peninsulares es sobrepasado y el frente de la izquierda vacila en algunos puntos.
Los momentos son de gran emoción, en los puntos amenazados, volcamos nuestros hombres y nuestro espí­ritu, los sostenes de las unidades de legionarios acuden al lugar en peligro y acometen al enemigo. Los acemileros de nuestras compañí­as de ametralladoras y tren de combate, abandonando sus mulos, se suman a la reacción y el ataque es rechazado en todo el frente.
En las peñas lo legionarios rivalizan en entusiasmo. Se han registrado mil episodios: unos retiran en medio del fuego dos ametralladoras de otro cuerpo que, por muerte de sus apuntadores, estuvieron en peligro de caer en manos del enemigo; otros avanzan en la contra pendiente y a pecho descubierto aguantan la reacción; un acemilero ha rebasado bastante las guerrillas y de pie en la ladera dispara sobre los moros, su camisa blanca se destaca notablemente y está en el lugar en que el fuego enemigo es más mortí­fero.
En la izquierda, un soldado de Guipuzcoa acaba de ser herido; un harqueño se echa encima intentando rematarle y un legionario se arroja sobre él clavándole el machete en el corazón; un francés agente de enlace, muere gloriosamente gritando: “En avant, en avant. ¡Viva la Legión¡â€….
En el frente, el comportamiento de las baterí­as gallegas es, una vez más admirable; ven llegar al enemigo a corta distancia y siguen su fuego sin que se separe ninguno de sus soldados. Todas las alabanzas me parecen pocas para esos Oficiales y soldados que, como verdaderas baterí­as de acompañamiento, siguieron toda la campaña a las guerrillas de la Legión.
En esta fase del combate la densidad de la guerrilla ha aumentado mucho. Restablecida la situación, se hace preciso retirar del frente las fuerzas sobrantes y evitar la mezcla de soldados. Poco a poco se retiran las unidades peninsulares y quedan solo en el frente los legionarios. Los batallones van formando en orden cerrado y desfilando hacia retaguardia.
La retirada esta un poco difí­cil. El chorreo de heridos continua. El enemigo está muy próximo. Hay que dar tiempo a evacuarlos. Se dan dos veces la orden de retirada y los soldados que caen muertos retienen el repliegue de la lí­nea.
Cuando ya aparece el momento apropiado, un parte del Capitán, que se encuentra en flanco izquierdo, nos trae la noticia de que las baterí­as de Atlaten han colocado sus proyectiles en la guerrilla propia, causándonos sensibles bajas; el Teniente Moneo está gravemente herido, esto origina un nuevo y pequeño retraso.
A la retaguardia y en la Segunda Esponja, están colocadas nuestras ametralladoras con fuerzas de otro Cuerpo para apoyar el repliegue y, por fin, a una señal las guerrillas abandonan sus puestos.
En estos momentos cae con la cabeza atravesada mi fiel ayudante. El plomo enemigo le habí­a herido mortalmente. Desde la guerrilla, dos soldados conducen su cuerpo inanimado. Con dolor, veo separarse de mi lado para siembre al fiel y querido Barón de Misena.
En estas peñas intermedias hay que detenerse para dar tiempo a que se alejen los heridos. El Coronel Castro, Jefe de la vanguardia, dirige la retirada y el Comandante Abriat, Ayudante de la Segunda Bandera, acaba de ser herido; le vemos alejarse con la cara ensangrentada cubierta de algodones.
Se ha prolongado tanto la retirada que las municiones escasean. Hay que tirar muy poco y reservar los cartuchos. Aquí­ nos aguantamos hasta recibir un mulo con municiones. El enemigo se mueve entre las peñas que nosotros ocupábamos y enseguida sigue la retirada por la pendiente e interminable cuesta. Por fin llegamos a la meseta de Atlaten; el enemigo solo nos dirige algún disparo; nos detenemos, esperando el interminable desfile de los distintos elementos de la columna.
Anochece cuando atravesamos las huertas en dirección al campamento. En estos momentos recibimos orden de adelantarnos en apoyo del batallón de Toledo, que delante de Atlaten; protege la retirada de las baterí­as ligeras. Para ello, cruzamos por delante del campamento; unas cajas de municiones sobre el camino nos permiten municionarnos al paso y es de noche cuando empezamos a subir la carretera.
En las lomas del fondo se ven las explosiones de nuestra artillerí­a. A mitad de la cuesta nos detenemos. El batallón de Toledo no necesita apoyo; se retira con las baterí­as después de haberse sostenido en fuego con el enemigo durante todo el dí­a. Ha tenido cincuenta bajas. Es uno de los batallones que más se han distinguido en la campaña.
Nuestras bajas en este dí­a han sido 25 muertos y 91 heridos; muertos los Capitanes Cobo y Tenientes Moore y Rodrigo; heridos graves el Teniente Moneo y leve el Teniente Pérez Mercader. Imagen
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Vie Ago 22, 2008 6:31 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

ZELUAN Y MONTE ARRUIT

Los dí­as siguientes a los combates en que las empresas guerreras no exigen nuestro concurso. Los legionarios se dedican al instrucción y tiro de combate. El crecido número de bajas desde el principio d la campaña nos ha hecho nutrir nuestras filas con soldados de reciente ingreso que llegan de Ceuta sin la indispensable preparación guerrera: es necesario perfeccionar su instrucción y adiestrarlos en el tiro, despertando en ellos la confianza en el arma y enseñándoles a aprovecharse del terreno. Esto, unido a las diarias conferencias teóricas sobre el combate y la guerra en Marruecos, hace que su instrucción adelante muchí­simo y en los nuevos combates aumente la eficiencia de nuestra sección.
El 14 de Octubre salimos en vanguardia de la columna Sanjurjo, en dirección a Tahuima; a la derecha de esta posición se encuentra nuestra columna para más tarde cooperar con las de Berenguer y Cabanellas a la toma de Zeluán y Buguensein.
Los momentos pasan lentos en espera de la señal de avance; las alturas de Buguensein se ven coronadas de moros. Nuestra caballerí­a, a la derecha, permanece en observación entre las lomas de Beni-bu-Ifrur, y momentos más tarde, paqueada, se retira al abrigo de la columna.
La hora ha llegado y con frente extenso despliegan las Banderas en dirección a Zeluán, sirviéndoles de directriz la ví­a del ferrocarril. Una pareja de camiones blindados nos precede por la carretera y un grupo de policí­as de una Mí­a de reciente organización nos acompaña.
Llevamos recorrido unos tres kilómetros cuando silban las primeras balas. Los legionarios son tan rápidos en los avances que dejan retrasadas a las otras columnas. La presencia de un núcleo de jinetes enemigos, a nuestro flanco izquierdo, nos obliga a desplegar una sección y sorprenderles con el fuego de nuestras ametralladoras.
La Segunda Bandera avanza a ocupar unas lomas frente a Burguensein, y la Primera ocupa el aeródromo. El enemigo huye disparando.
A la izquierda, desde la Alcazaba, nos disparan unos jinetes; los policí­as con varios legionarios se dirigen al poblado alejándoles, y a nuestra llegada se nos presentan una vez más los dolorosos cuadros del desastre.
El camino que hemos seguido, está jalonado de cadáveres en actitud de sufrimiento. En el poblado, la casa de Laina, nos ofrece uno de los espectáculos más horrendos de crueldad.
Seguimos a Buruensein. Aunque la posición es muy dominante, el enemigo no podrá resistir en ella; su retirada esta descubierta y se le cogerí­a en la huida. Un aeroplano describe sobre la posición pequeños cí­rculos y con gran precisión deja caer sus bombas entre las murallas. El avance de los legionarios es impetuoso y pronto nos asomamos al balcón de la posición; numerosos grupos huyen por el llano, y aunque están lejos, son alcanzados por el fuego de nuestras ametralladoras.
Por la tarde se emprende la retirada a Segangan. Nuestro papel en retaguardia nos hace ir cargando con los numerosos soldados de los batallones, que la falta de entrenamiento va desgajando rezagados y al paso de las distintas posiciones los vamos entregando.
La noche cierra antes de llegar al campamento. Próximo a Segengan unos pacos nos hacen objeto de sus disparos, y una patrulla de legionarios les persigue y aleja.
La vida de los legionarios en Segangan es distraí­da; cuando la instrucción o el tiro no les retiene sujetos, se esparcen por los alrededores y se registran pequeñas escaramuzas.
Uno de los que más se distinguen por sus arriesgadas salidas es el maltes, un legionario en estado primitivo; si afición la razzia ha hecho que no le dejen el fusil para que no se interne por loa aduares, pero con la llegada de soldados nuevos ha encontrado medio de seguir sus razzias. Hoy ha llevado a dos para que le protejan mientras razzia un aduar, en el que se tropieza un moro cargando un burro con la cebada de los silos. Una morita joven desde dentro del silo le va entregando un cubo con el grano. El moro, sorprendido, quiere huir. El maltés le persigue, agarrándole por la chilaba; los quintos le disparan sin herirle. El enemigo se aproxima al ruido de los tiros y como la mora no quiere salir del silo, la tapan, y cogiendo el burro se retiran barranco abajo al campamento, en donde el maltés protesta indignado de sus compañeros de excursión: “él poder traer mora bonita y colorada para Comandante y ellos estar quintos, tirar mal y marchar moro”, dice con su habitual estilo indí­gena.
Otro legionario, de aduares lejanos, viene con un baúl cargado; le persiguen a tiros y parapetándose en la cuneta, se viene defendiendo hasta llegar al campamento. Así­ se suceden las excursiones de los legionarios, alguna de las cuales costó más de una vida. Pero esto aleja del campamento los paqueos.
El dí­a 23, por la tarde, sale la columna a pernoctar en Zeluán, para emprender al dí­a siguiente la marcha sobre Monte Arruit; lo fácil del terreno nos indica que el enemigo no ha de hacernos resistencia y con esa idea nos acostamos.
A las siete de la mañana se encuentra formada la Legión para el avance; a retaguardia y a lo lejos, una fuerza con sus banderas españolas avanzan cantando hacia nosotros. Son las nuevas compañí­as de la Legión, que vienen a incorporarse a sus Banderas. Llegan en los momentos de emprender el avance y entre los vivas a la Legión, les cedemos el puesto de vanguardia.
El avance se efectúa tranquilo; ni un solo moro se ve en el horizonte; nuestra caballerí­a avanza por el llano y la de la columna de la izquierda, que ha salido primeramente, entra en la posición.
Rebasando Monte Arruit detenemos nuestra marcha, y concentrada la columna nos dirigimos al poblado.
Renuncio a describir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista; la mayorí­a de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados. Los hermanos de la Doctrina Cristiana recogen en parihuelas los momificados y esqueléticos cuerpos y en camiones son trasladados a la enorme fosa.
Algunos cadáveres parecen ser identificados, pero solo el deseo de los deudos acepta muchas veces el piadoso engaño. ¡ Es tan difí­cil identificar estos cuerpos desnudos, con las cabezas machacadas¡.
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Nos alejamos de aquellos lugares sintiendo en nuestros corazones un anhelo de reivindicación, de imponer el castigo más ejemplar que hayan visto las generaciones.
Cuando regreso, un legionario se me acerca: -Mi Comandante, he venido de Cuba por vengar a mi Patria y a mi hermano que estaba en Monte Arruit. ¿Me permite usted llegar a ver si puedo encontrarlo, ya que hoy no se presentara la ocasión de vengarle?
-Vete allá, pero tu labor es difí­cil.
Se aleja de nosotros el recto soldado, regresando al poco tiempo. - ¡es imposible¡ Alguno de ellos es, pero ¿Quién le conoce?...En la fosa común he echado mi puñado de tierra….. Gracias mi Comandante.
La retirada se hace sin ser hostigados. Solo a lo lejos unos moros paquean débilmente a nuestra caballerí­a. Este dí­a pernoctamos en Zaluán y el siguiente llegamos a nuestro campamento de Segengan.
Una noticia entristece estos dí­as al campamento. El Coronel Castro Girona, Jefe de nuestra vanguardia, ha de alejarse camino de Gomara. La Patria lo necesita allí­. Oficiales y soldados sentimos su marcha como algo querido. La labor de este jefe, al mando de la vanguardia, ha ganado la ciega confianza de Oficiales y soldados, y por eso el homenaje que se le tributa a su marcha es uno de los actos más sentidos. Al ver las caras tristes, no hay que preguntar cuál es la causa. “¡El Coronel se va¡â€.

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Sab Ago 23, 2008 7:27 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

TAXUDA 2º (Esponja)


Se repite la operación de Taxuda. El dí­a 2 de Noviembre es la fecha señalada para colocar una posición en la esponja alta y ocupar la alta meseta.
La misión de nuestra columna es tomar análoga forma al dí­a del primer combate, las esponjas de la piedra que dan vista al Telat; la columna Riquelme desde Taquigriat ha de avanzar sobre Taxuda; y la columna Berenguer, por nuestra derecha, se adelantara en forma de cuña entre las anteriores.
La concentración se efectúa en los mismos sitios y hora que el primer dí­a. El enemigo, que en los primeros momentos se ve coronar las esponjas de peñas, desaparece oculto por la espesa niebla; no volvemos a ver el terreno a lo lejos y esto nos privara de la protección artillera.
Con contadas bajas ocupamos las primeras esponjas; la niebla ha facilitado hasta aquí­ nuestro avance; nos concentramos al abrigo de nuestras guerrillas y las ametralladoras se establecen en las peñas. Dos moros a corta distancia aparecen parapetados en la esponja alta y lí­nea de piedras. El asalto promete ser duro.
En el pequeño collado se adelanta una baterí­a para abrir las peñas. El sitio esta muy enfilado y, al avanzar al brazo las piezas, hieren a dos soldados; el fuego se rompe a corta distancia y el enemigo permanece firme entre las piedras.
Las órdenes para el asalto están dadas. Dos compañí­as se adelantarán por la derecha e izquierda a desbordar la posición, mientras otra de frente asaltará las piedras enemigas. Los soldados arman los cuchillos que relucen a los primeros rayos del sol. En el asalto han de tomar parte las nuevas compañí­as integradas por muchos sudamericanos y hay materialmente que contenerlos para que no se lancen al asalto antes de avisar a Atlaten que suspendan el fuego.
El General está con nosotros, y cuando se da la señal, las oleadas de legionarios avanzan a la carrera sobre el enemigo.
Los momentos son de gran emoción. Los moros nos esperan haciendo fuego tras sus parapetos. Los soldados siguen avanzando. Ya estamos a pocos metros. Al enemigo se le ven los detalles de sus caras. Algunos soldados ruedan a nuestro lado en aparatosa caí­da; entre los moros enemigos también brillan los machetes; unos pasos más y el enemigo vacila. ¡Ya son nuestros¡. Por la ladera opuesta bajan los moros mezclados con los legionarios. La esponja alta se ha tomado de nuevo.
Entre los primeros soldados marcha el heroico sargento Herben, de la segunda Compañí­a. A los pocos momentos rueda barranco abajo abrazado a un moro. A su lado yace otro harqueño muerto. Un sargento se arroja a recogerlo y consigue retirar su cuerpo y armamento, dando muerte a su vez a otro moro que se defendí­a entre las peñas.
El Teniente Agudo, que es la primera vez que marcha al frente de su sección, recibe en el asalto muerte gloriosa. En las peñas de la izquierda vemos expirar a un valiente chileno. Sus últimas palabras son “¡Viva la Legión¡….¡Viva Chile¡”y muere….pobre chileno, muerto gloriosamente por España en su primer combate.
El Teniente Pérez Moreno ha sido herido graví­simo; el Teniente Montes, herido levemente en el avance, es de nuevo alcanzado por el plomo enemigo; y el Capitán Fortea, de la Policí­a, que viene como Ayudante del Jefe de la vanguardia, cae herido en el pecho; a su lado, un ordenanza moro llora silencioso. En la meseta de Texuda observamos movimientos de moros; la duda que puedan pertenecer a la otra columna nos mantiene sin batirlos con nuestra artillerí­a, pero muy pronto las baterí­as de Taquigriat nos anuncian que son enemigos y a los pocos minutos los belloncitos blancos de nuestras piezas de montaña se ven sobre las ruinas romanas; a lo lejos y por el otro extremos de la meseta, empiezan a verse las banderitas españolas de los policí­as.
Desde estos momentos el combate se mantiene franco; al enemigo se le ve retirar por las lejanas sendas de Telat numerosos heridos en caballerí­as; ya nuestro flanco izquierdo ocupa una larga trinchera que muere en la barrancada.
A la izquierda de nuestra guerrilla un soldado americano combate festivo. Está entre un grupo de piedras y a cada disparo siguen sus gritos de alegrí­a. Ha colocado su sombrero en las peñas más altas y él desde la derecha, disimulado entre dos piedras, está a la caza. El sombrero ha recibido varios balazos y cada agujero que le producen es contestado desde su rendija por el americano, que va tumbando con su procedimiento a los cercanos pacos.
Hacia las dos en el campo enemigo se nota movimiento y el combate se recrudece un poco. Los moros se concentran en las barrancadas tratando sin duda de reaccionar contra nuestras lí­neas, pero descubierta la concentración por los legionarios se adelantan un poco las guerrillas y rompen sobre ellos un mortí­fero fuego, mientras las baterí­as de Atlaten, avisadas por teléfono, colocan también allí­ sus grandes explosiones. Desde las peñas altas se les ve como locos correr por la barrancada queriendo retirar sus bajas, pero éstas se hacen mayores, y en pocos minutos queda disuelta la concentración de la harca.
Fortificada la posición, se efectúa el repliegue sin apenas ser hostilizados. La posición tampoco fue atacada durante la noche, pero se observó durante ella numerosas luces en el barranco recogiendo muertos.
Las confidencias comprobaron dí­as más tarde las numerosas bajas enemigas; todos los moros encargados de la defensa de la esponja habí­an sido muertos o heridos y Abd-el Krim los cito en la harca como ejemplo.
A partir de este dí­a la resistencia habí­a de ser menos empeñada.
Nuestras bajas fueron 10 muertos y 71 heridos; los cubanos y sudamericanos habí­an tenido gran parte de esta gloria.
El combate habí­a tenido muchos espectadores. Nuestro General y su Estado Mayor presenciaron desde las primeras peñas los momentos del asalto y la obstinada defensa de los moros. “Es el dí­a más grande de la Legión”, nos decí­an… Yo creo que fue el dí­a que nos vieron más cerca.
La orden general del dí­a 5 de Octubre dice así­: “la operación verificada sobre Taxuda ha demostrado una vez más el elevado espí­ritu y perfecta disciplina de las tropas de esta columna que dan orgullo al Mando, muy especialmente la Legión, cuya moral, siempre muy elevada y ardorosa acometividad, no ha podido entibiar las numerosas bajas hasta hoy sufridas, siendo también distinguida la conducta de una compañí­a de Sevilla que acompaño a la Legión en el asalto”

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Dom Ago 24, 2008 9:34 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

SEBT-TAZARUT Y RIO DE ORO

Las operaciones por el Zoco el Had en dirección a Yazanen empiezan. El dí­a 7 una columna desde la posición del Zoco saldrá a ocupar posiciones importantes en la meseta de Iguerman; la columna del General Sanjurjo distraerá al enemigo llamando su atención en Sebt-Tazarut.
Las dificultades que representa nuestra empresa son las que lleva unidas el tener que librar un combate en el estrechamiento de Bu-Asasa, en que hombres y acémilas tienen que pasar a uno por un terreno dominado por las lomas enemigas. El hacer el movimiento de avance por sorpresa facilitara nuestra misión.
Salimos de noche del campamento. Un frio muy intenso se siente en la penosa subida hasta Taxuda; conforme ascendemos y se acerca el amanecer el frio aumenta y la vanguardia se concentra a la derecha se la posición de la Esponja Alta.
Reunida la Legión, vamos coronando rápidamente los espolones anteriores al estrechamiento y el pequeño aduar de Bu-Asara, para al abrigo de ellos, pasar a ocupar las lomas de Sebt-Tazarut.
El enemigo no se percibe y sin ser hostilizados ocupamos las alturas de Sebt-Tazarut dando tiempo a que se incorpore el resto de la columna, que por dificultades del terreno viene bastante retrasada.
La posición por nosotros ocupada es muy dominante. A su frente se extienden las mesetas de Talet y de Ihuaua en donde los aduares aparecen esparcidos. A retaguardia el barranco de Rio de Oro forma un enorme cortado en cuyo fondo las huertas se extienden. A nuestra derecha sobre la meseta de Iguerman, como pequeñas manchas negras, se ven las tropas de la otra columna.
Una porción de pequeños puntos se acercan por la meseta y se pierde más tarde entre las casas y peñascos del pie de la posición. Son los moros concentrados en Ras Medua que acuden al combate y las balas empiezan a silbar.
La situación en todo el frente es muy buena. Solo a la izquierda, un terreno de peñascos y arbolado, permite al enemigo acercarse a cubierto; en este lugar los pacos se suceden pegajosos mientras nuestras baterí­as dispersan a lo lejos los grupos.
Conforme avanza el dí­a va acudiendo más gente y en el angulo de la izquierda la acción se entabla seria.
Cumplida nuestra misión y terminada la formación de las posiciones ocupadas por la otra columna, recibimos orden de repliegue.
Antes de retirarnos, sentimos abandonar estas posiciones, desde las cuales, en marcha franca, se llega por el llano de la meseta, a la posición de Ras Medua, seguramente tendremos que volver.
Los distintos batallones se van retirando con la artillerí­a a tomar posiciones a retaguardia pasado el estrechamiento. Nuestra retirada es difí­cil. Los moros se encuentran pegajosos y hay que evitar que el enemigo, coronando las alturas, nos coja por el paso. Hay que abordar la retirada, como decimos en el vocabulario militar.
Tan pronto nos replegamos del extremo derecho de la loma, los humos blancos de la artillerí­a coronan los lugares ocupados por los legionarios; pero es necesario detenerse. Unos soldados del extremo izquierdo caen heridos en el repliegue y las tropas vuelven nuevamente a ocupar la lí­nea; los camilleros los conducen rápidos, y una vez alejados, continúa la retirada.
Nuestras ametralladoras, situadas a retaguardia, barren la loma que abandonamos, pero no pueden evitar que algunos moros se filtren por las piedras de los costados y rompan el fuego sobre las fuerzas que se retiran, siendo herido el Capitán Alonso de la 14 Compañí­a. Pasado este mal paso la retirada sigue fácil hasta ponernos al abrigo de las posiciones.
Nuestras bajas este dí­a han sido dos muertos y cinco heridos.
Los presentimientos no nos engañaban. El dí­a 11 salimos nuevamente a Sebt-Tazarut. Debemos llamar la atención del enemigo en Iguerman, siendo más tarde la marcha al Zoco del Had , donde pernoctaremos mientras la otra columna efectuará el avance desde el Zoco de Had Yazanen y Tifasor.
La operación puede ser dura si el enemigo se presenta numeroso. El terreno es muy accidentado, la marcha muy larga y las bajas tienen que seguir con la columna.
La primera parte del avance se efectúa en forma análoga al primer dí­a, y cuando amanece ya están los legionarios en Sebt-Tazarut; una baterí­a de montaña se establece en los picos de la derecha, y en esta situación, en ligero tiroteo con el enemigo, esperamos ordenes.
El resto de la columna a nuestra retaguardia, desciende por la profunda barrancada de Rio de Oro para subir más tarde por nuestra derecha a los poblados de la meseta de Iguerman. Nuestra retirada ha de hacerse por las rocosas pendientes de la derecha, al abrigo de las tropas establecidas; pero el terreno se presenta tan cortado que el paso de los mulos es imposible; por esto y en previsión de recibir la orden de repliegue, nuestra sección de Zapadores se encarga con los artilleros de la construcción de una senda para mandar por ella la artillerí­a y ganado de las Banderas.
El enemigo va aumentando pero no es muy numeroso.
Recibida la orden de repliegue, enviamos por nuestra retaguardia todos los elementos a lomo con nuestros caballos.. Nosotros nos hemos de descolgar más tarde por las peñas; repartimos entre la tropa un suplemento de municiones y vemos alejarse el ganado por el cortado; cuando se han alejado por el valle del Rio de Oro efectuamos muy rápido nuestro repliegue. Necesitamos alejarnos antes que el enemigo pueda coronar las crestas.
Al llegar al moravo del, se retiran de Iguerman los batallones de la columna. Los moros ha coronado la loma y persiguen de cerca las últimas unidades en retirada. Están tan lejos que no es posible llegar a auxiliarles.
El enemigo se echa encima. Necesitarí­an reaccionar y tomar posición nuevamente, pero no la hacen, y la retirada sigue precipitada con el enemigo a pocos pasos. El terreno y la situación táctica de estas unidades es tan difí­cil que todo es perdonable.
Nuestras últimas compañí­as se han detenido y ocupan unas cercas inmediatas al moravo, para prestar apoyo, a esos batallones. Los legionarios recogen y conducen heridos a las ambulancias y allí­ permanecen hasta que toda la columna esta replegada.
Las compañí­as de ametralladoras, en estos últimos momentos han intervenido oportunamente prestando un eficaz apoyo a las distintas fuerzas; sirvientes y acemileros se disputaron el recoger y conducir heridos en los momentos más peligrosos.
La noche cierra; la retirada se hace por escalones, y con frecuentes paradas seguimos en estrecho camino que nos lleva al Zoco.
Nuestras bajas en este dí­a con solo siete heridos.
El dí­a 12 sale la columna a pernoctar en Nador.
A nuestro paso por la Plaza y en un descanso en el Hipódromo escuchamos en el café a un grupo de soldados la inspirada “Canción del Legionario”de que es autor el Comandante Cabrerizo.
Es uno de los cantos más bonitos hechos a la Legión. Dice así­:
I
¿Quiénes son esos bravos soldados
Con bustos de bronce, curtidos al sol?
Legionarios del Tercio Extranjero
Que llevan la savia del suelo español.
Un laurel brota siempre en las huellas
Que los legionarios dejan al pasar.
No vacilan jamás en el fuego
Porque enardecen con Á­mpetu tal.
Y germina regado con sangre
Formando una hermosa corona triunfal
Que arrollándolo todo, su empuje
Es un torbellino como un huracán
Y olvidando los hondos misterios
Que todos encierran en su corazón,
Dan al viento las notas vibrantes
De esta alentadora y alegre canción.
Acogido a la bandera
Que tremola mi Legión
Se ha dormido la quimera
Que guardé en mi corazón.
Soy Legionario de España
Que una hazaña sin rival
Daré al libro de su Historia
Para ofrendarla la gloria
De otra pagina inmortal.
II
Cuando avanzan sedientos de lucha
Para detenerlos no hay fuerza capaz,
Pues asolan, incendian y matan
Como poseí­dos de furia infernal.
Segadores de vida les dicen;
Cada legionario semeja un titán, y gozosos, usan el machete
Como un acerado y agudo puñal.
Pendencieros y bravos en guerra y en paz
Como aquellos valientes Cadetes
Que a CARDONE tení­an por su Capitán.
Y al volver de la ruda jornada
Rendidos los cuerpos más no el corazón
Aún renacen los viejos ensueños
Y, para acallarlos, brota su canción:
Acogido a la Bandera
Que tremola mi legión
Se ha dormido la quimera
Que guardé en mi corazón.
Soy Legionario de España
Que una hazaña sin rival
Daré al libro de su Historia
Para ofrecerle la gloria
De otra pagina inmortal.
III
Legionario que siembra la muerte
Y audaz la persigues con ansia febril;
A tu empuje ni aun ella resiste;
La Muerte va huyendo delante de ti.
Será en vano que la desafí­es
Cuando en el combate te ciegue el furor….
¡Tu destino es sonar la quimera
Que hoy hecha girones va en tu corazón¡
Y hará yermo el terreno que pises.
Campo de exterminio y desolación
Y aún habrá una sonrisa en tu boca;
Su amarga sonrisa de desilusión.
Y es que dentro, muy dentro del alma,
Fundido en tu sangre con llanto y con hiel
Aún revive contra tu deseo
Un inolvidable nombre de mujer.
Legionario, Legionario,
Canta alegre tu canción
Que el cantar es legendario
En nuestra heroica Legión.
Soy Legionario de España
Que una hazaña sin rival
Daré al libro de su Historia
Para ofrendarle la gloria
De otra página inmortal.

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Lun Ago 25, 2008 8:34 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

UISAN Y RAS MEDUA

El tiempo ha empeorado. Llegan os lluviosos dí­as de invierno y circula el rumor de que se va a avanzar sobre Ras Medua, donde las confidencias señalan concentrado el grueso de la harca. Como preparación, en la mañana del dí­a 14 la Legión fortifica las casas en el poblado de Bu Atlaten que constituirán, el dí­a del avance, un apoyo en nuestro flanco izquierdo.
La operación se anuncia para el dí­a 17, concentrándose con anterioridad en las huertas de Segangan la columna del General Berenguer. El frio en este dí­a es intensí­simo. Los chubascos se suceden y el Uisan, cubierto de nubarrones, anuncia que va a seguir el agua. Muy difí­cil nos ha de ser la marcha por la coronada y arcillosa tierra de la meseta de Ras Medua.
A las cuatro de la mañana el campamento está en pie, pero no se forma. Una lluvia torrencial ha caí­do durante la noche y los caminos están intransitables. La operación queda suspendida hasta que mejore el tiempo.
Desde que ocupamos Segangan nuestra mirada tropieza con el macizo montañoso del Uisan, actualmente en poder del enemigo. Tras los espesos muros de sus fortines se ocultan las guardias, y las múltiples barrancadas facilitan a los pacos el acercarse algunas noches a turbar nuestro descanso. El grueso de la harca en este lado se encuentra al pie del monte, en los poblados inmediatos a la carretera de Kaddur.
La ocupación de este macizo con sus grandes pendientes y profundas barrancadas, dominadas por los potentes fuertes, serí­a muy costosa en pleno dí­a. El terreno se presta a la defensa y los disparos de nuestra artillerí­a no lograrí­an perforar los gruesos muros de los fuertes, a los que llegarí­a la harca en contados minutos, solo por sorpresa podemos hacer nuestro el gigante monte. Los legionarios soñamos con la idea de una noche llegar a los fortines sorprendiendo las guardias enemigas.
Este dí­a llega. El General ha aprobado nuestros proyectos y si el tiempo no nos permite ir a Ras Medua, tomaremos el Uisan.
Las precauciones para la empresa están tomadas y con anterioridad estudiamos los sitios de las guardias, el camino a recorrer por las unidades y la posibilidad de que pueda fallarnos la sorpresa.
Gran sigilo se lleva en los preparativos. Solo en la tarde de este dí­a avanzan los Capitanes a una loma próxima y, sin llamar la atención se adentran por los caminos a recorrer, señalados en un plano anteriormente. Antes de separarnos me cerciono de que todos conocen su misión.
A las cuatro de la mañana, sin el menor ruido ni encender luces marchan las compañí­as a retaguardia del campamento, donde permanecen pegadas a la tapia.
Las prevenciones han sido dadas. Los mulos y caballos quedan en el campamento con los soldados acatarrados. Los fusiles se ocultaran bajo el capote para evitar que brillen sus cerrojos, no se fumara y nadie disparara sus armas bajo severo castigo. Las compañí­as de ametralladoras llevaran a brazo el material y de la conducción de las municiones se encargaran treinta hombres de la sección de trabajos. Las baterí­as quedan en el campamento, estableciéndose a la salida del mismo. Un batallón se adelantará al amanecer, como reserva y con él, el ganado de nuestras unidades.
Cuando nos despedimos del General se encuentra levantado. Salimos por la puerta de la carretera de Nador y dando un rodeo, bajamos por la aguada del cajón del arroyo. Unos policí­as, con el Capitán Orteneda, se unen a la expedición, y el capataz de la compañí­a española de Minas del Rif nos acompaña como practico.
El silencio es profundo y pegados a los taludes del profundo arroyo, nos encaminamos en dirección de las guardias enemigas. Inmediatos a nosotros, un grupo de policí­as y legionarios explora el terreno deteniéndose al menor aviso. Al llegar al recodo del arroyo se separan las unidades que nos han de proteger en el caso de fracasar el intento. Por la derecha, una compañí­a y una sección de ametralladoras va a ocupar la loma frente al poblado y moravo de Sidi Busbah, para cortar en caso preciso el paso a los fuertes del grueso de la harca y flanquearan al mismo tiempo la marcha por el barranco del resto de legionarios. Otra compañí­a con su sección de ametralladoras, avanzara por las lomas de la izquierda, procurando no destacarse en el horizonte. El resto de la Legión se aventura por el profundo cajón del arroyo.
No se escucha el menor ruido. Los soldados avanzan por la arena con precaución, como un desfile de negros fantasmas, y a nuestro y enfilando la barrancada, blanquean los muros del fuerte del Carmen. Pronto dejamos de verlo y nos encontramos al pie de la loma. Es preciso escalar la pendiente y resquebrajada ladera. La ascensión es lenta y penosa, y en el desmonte anterior al fuerte, se concentran los legionarios antes de dar el golpe sobre las guardias.
Los momentos son de mucha emoción. Ni un solo tiro ha señalado nuestra presencia. En uno de los fortines, una pequeña columna de humo delata la existencia de una guardia.
Empieza a amanecer, cuando a una señal se lanzan sobre los fuertes las primeras unidades. En el pequeño fortí­n de San Enrique suenan algunos disparos; es la guardia enemiga que se apercibe y huye disparando sus fusiles en señal de alarma.
No hay que perder un minuto y llegar al fuerte alto antes que el enemigo. La parte más penosa de la ascensión empieza. Legionarios y policí­as gatean por el plano inclinado de las peñas en busca del elevado fuerte, mientras la gente de la harca, por la otra pendiente, también trataba de ganarlo. Una veintena de metros les faltan a los moros para llegar al fortí­n, cuando los nuestros entran en él y pronto los harqueños ruedan la ladera sorprendidos por el fuego de nuestros fusiles.
La operación se ha terminado felizmente y, una bandera española ondea en el pico más alto de Bieni-bu-Ifrur.
El fuego dura todo el dí­a. Los moros comprenden la importancia de la posición y tratan de estorbar su fortificación y aprovisionamiento, pero su situación es tan desventajosa, que muchos mueren cazados por nuestros tiradores, ocultos tras las aspilleras.
Desde este alto pico se baten los caminos a Kaddur y el Harcha. El dí­a transcurre en el fuerte entre los gritos y hurras de los legionarios.
En esta operación es herido en un pie el bravo capitán de la policí­a. Durante el dí­a hemos tenido tres soldados muertos y cinco heridos.
Esta noche la orden de la columna, publica el siguiente telegrama:
“Felicito a V.E. y tropas a sus ordenes por brillante éxito obtenido al ocupar Monte Uisan. Me es muy honroso y muy grato transmitir esta valiosa felicitación a las tropas de la columna que ha tomado parte en la operación y muy especialmente a las fuerzas del Tercio que han acreditado una vez más su recia instrucción y disciplina”.
Ha mejorado el tiempo y la operación proyectada sobre Ras Medua va a realizarse. La coliumna Berenguer, con los Regulares en Vanguardia, ha de subir la cuesta de Taxuda y por Bux Asasa y Sebt-Tazarut, irá a ocupar la meseta por Telat. La columna Sanjurjo, una vez tomado por la primera su objetivo, abordará de frente la meseta de Ras Medua.
El sol está ya alto cuando rompemos la marcha por el llano de Maxin. La caballerí­a indí­gena se ha dirigido hacia Tanut Er Ruman, poblado en que se anunciaba la harca enemiga, pero desde los primeros momentos se nota la ausencia de los moros; solo a lo lejos, en el reducto de Ras Medua, parece señalarse su presencia.
La Legión avanza por el llano con las Banderas inmediatas y sus secciones de vanguardia desplegadas. Las ametralladoras y mulos se quedan retrasados en el paso de barrancos. Se hace preciso acortar la marcha. Cruzamos más tarde por los poblados del valle y frente a la aguada de Ras Medua, se separan las Banderas y mientras la primera salva la barrancada siguiendo la antigua pista militar, la segunda cruza el arroyo y asciende por la senda de la aguada de las moras. El enemigo no ha hecho resistencia y los legionarios ocupan el poblado de Medua en la meseta.
A nuestro abrigo se concentra la vanguardia. Las ametralladoras y baterí­as rompen el fuego sobre los grupos que se presentan en la antigua posición.
Entre las piedras y torreta se ven las cabezas de los moros, nuestros “shrapnels”explosionan sobre las ruinas y después de una preparación artillera se continúa el avance sobre el reducto.
Un aeroplano que vuela sobre la torreta arroja en sus inmediaciones numerosas bombas, una de ellas envuelve en su nube de humo el torreón y, cuando el polvo se disipa, el torreón habí­a desaparecido.
El avance y asalto del reducto se efectúa muy rápido; mientras una compañí­a avanza por el borde del barranco de la derecha envolviendo la posición, otras, de frente, se lanzan sobre las piedras del reducto; las balas silban sobre nuestras cabezas y un aeroplano a nuestro lado deja caer un parte: “El enemigo se retira a caballo por la ladera opuesta”.
Coronada la posición, vemos huir por las barrancadas vecinas grupos enemigos que son perseguidos con el fuego. Por la derecha y entre los puntos negros, se ve un grupo de gente de chilabas blancas; una sección le dirige sus fuegos. “¡Alto el fuego¡”¡no tirar que son moras¡ ordena un Capitán que con los gemelos observa el campo. Los soldados obedecen cesan en su fuego.
Los poblados de la meseta de Beni-Facian, lucen banderitas españolas y combaten a nuestro lado.
La posición es construida por los legionarios que aprovechando la abundante piedra, levantan en una hora el fuerte parapeto que pasa a ocupar la guarnición.
La columna pernocta en el poblado de Medua y en la mañana del siguiente dí­a, regresa a Segangan.

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Mar Ago 26, 2008 8:12 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

TAURIAT-HAMED, HARCHA, TAURIAT ZAG

Alrededor de la larga mesa, en el comedor del General, en Segangan, se encuentran sentados los Jefes de los Cuerpos que integran la columna. Un plano está extendido y un Ayudante en alta voz, va leyendo las órdenes para la operación del dí­a siguiente: objetivo de la columna, camino a recorrer, unidades que han de quedar destacadas, lugar para establecer el vivac, misión de cada uno de los Cuerpos que componen la columna. Todo se va aclarando por nuestro General.
El terreno donde va a desarrollarse el próximo combate no es un misterio para el General. Ha combatido en él y conoce los peligros que encierran sus múltiples y profundas barrancadas, de las que los moros saben sacar un gran partido. El veterano soldado no se cansa de dar sus prevenciones para el combate. Toda la vigilancia ha de ser poca en este terreno en que el enemigo aparece sin ser visto en cualquier punto.
Los legionarios hemos de salir antes del amanecer a ocupar la loma negra en la derecha del Uisan, marcada por el plano con la cota 520; a su abrigo se concentrará la vanguardia, y una vez establecidas las baterí­as ligeras que han de marchar por la carretera con la otra columna, se seguirá el avance.
La Policí­a de la columna Berenguer ocupará igualmente, durante la noche, las alturas de Belusia y Hianen.
Al amanecer del nuevo dí­a nos encontramos ocupando la loma Negra sobre el antiguo camino del Harcha; la ausencia del enemigo nos permite adelantarnos a ocupar las siguientes lomas, abriendo de este modo la marcha y concentración de la columna. El enemigo se divisa muy lejos, en las alturas y chumberas próximas a Tauriat Hamed.
Siguiendo el antiguo camino nuestra columna llega a la inmediación de la carretera; las vanguardias ascienden por las lomas inmediatas, pero aún tenemos que esperar el establecimiento de las baterí­as. Pasados unos minutos, las granadas empiezan a caer sobre la población de Turiat Hamed y poblados próximos; entre ellas unas enormes explosiones de humo negro nos indican la presencia del Grupo de Instrucción de Artillerí­a, y pronto avanzan las dos Banderas en dirección a Tauriat Hamed y lamas de su izquierda.
Los moros se han dispersado a nuestra visita y hostilizan desde las crestas cercanas; una Compañí­a se destaca delante de la posición, en un extenso espolón, y los trabajos de fortificación empiezan.
En el frente del combate y a lo lejos se ven numerosos grupos en actitud expectante; las laderas del Milón están llenas de moros y de los poblados de Trebia se acercan numerosos grupos.
Durante todo el dí­a el combate se desarrolla tranquilo; solo por la tarde el enemigo, que se ha filtrado por los barrancos de la derecha, hostiliza de flanco a la columna; una compañí­a de legionarios les aleja, y sigue el aprovisionamiento de la población.
El sol está próximo a ponerse cuando empieza la retirada de las tropas avanzadas. Por la izquierda, el batallón de Sicilia, que se encontraba adelantado en tiroteo con el enemigo, se retira por escalones con la tranquilidad de un ejercicio; es el primer dí­a que entra en fuego y a todos nos produce gratí­sima impresión sus primeros pasos en la campaña.
En la posición se retiran las tropas hacia el vivac y en estos momentos el enemigo hace de nuevo su aparición en los barrancos rompiendo el fuego sobre la carretera y ganado de las baterí­as. Los legionarios, que han empezado su retirada, detienen el repliegue, mientras varias secciones con granaderos avanzan a limpiar el barranco. El sol se ha puesto, y sin luz apenas la ola de legionarios avanza; los tiros y estampidos de las bombas se suceden y los soldados se alejan barranco abajo; al enemigo se han cogido cinco muertos y los pacos se terminan. Al dí­a siguiente, la descubierta de la posición encuentra en el barranco once muertos más con su armamento.
Las bajas de la Legión han sido: heridos el Teniente Gallego, y alféreces Dí­az Criado y Dí­az de Rebago, y 12 soldados.
La noche pasó tranquila; el vivac no fue hostilizado y al amanecer del dí­a siguiente se encuentra de nuevo formada la Legión para la ocupación de Harcha.
El enemigo no ha de ofrecernos resistencia. Los disparos de nuestra artillerí­a truenan durante nuestra subida y la explosión de uno de ellos alcanza al Capitán Valcázar y un soldado, que son heridos levemente.
Hace un crudo dí­a de Diciembre, en que un viento frio molesta nuestros trabajos, y terminados estos, pernocta la columna en el antiguo campamento de Yadumen.
La cabila de Beni-bu.Ifrur ha sido rodeada, y el dí­a 2 de Diciembre la columna ha de regresar recorriéndola e imponiendo duro castigo a los aduares.
A nuestro paso, las columnas de humo, se levantan de las casas y la ola de fuego alcanza los poblados de la montaña; todo va quedando devastado.
Las otras dos columnas, en este dí­a, se han internado también en Beni-bu-Ifrur, y esta cabila que tanto se habí­a distinguido en sus crueldades, ha quedado destruida.
Las últimas operaciones han traido consigo la sumisión de varios aduares próximos a Tauriat Hamed y del jefe moro Kaddur-Ben-Ab Selam. Algunos moros se ven en las inmediaciones del camino de Tauriat Hamed, pero su fidelidad no ha de confirmarse.
Cae la tarde, cuando un cabo legionario, con una escuadra de servicio de leña, se nos presenta en el campamento. Los soldados son portadores de cinco fusiles máuser cogidos al enemigo: “Mi Comandante- nos dice- aquí­ traemos estos cinco fusiles de unos moros que hemos matado en el servicio. estábamos cortando leña en la derecha del Uisan, cuando escuchamos tiros hacia la carretera; acudimos al fuego, cumpliendo nuestro Credo Legionario, y al llegar nos recibieron tirándonos desde uno de los aduares; como los moros estaban parapetados y con los pocos hombres que llevaba no podí­a castigarlos, me apodere de un ganado que estaba próximo y de dos chicos pastores, uno de los cuales mandé al aduar para que viese al jefe de los hombres armados a entregarse o me llevaba el ganado al campamento. Llegaron cinco moros, uno de ellos al parecer jefe, a los que sin dar tiempo a defenderse, desarmamos he hice venir delante de nosotros al campamento.. Nos siguieron de buen grado mientras creí­an ir a la oficina de Policí­a, pero cuando vieron que torcí­amos por el camino de Segagan, pretendieron huir por un barranco, siendo perseguidos y muertos por nosotros. El ganado, para que no se pudiera pensar que habí­a sido el origen de este episodio, lo he entregado, al paso en la posición de Bu-Atlaten”.
Estas mismas declaraciones hicieron los demás soldados. Un rato después un sargento y un soldado de ingenieros vinieron a comprobar lo sucedido. Ellos eran los que estaban tendiendo lí­nea telefónica cuando fueron tiroteados por el enemigo y querí­an manifestar que la presencia de los legionarios les habí­a salvado de la agresión.
Aquella tarde, ya anochecido, el jefe de uno de los aduares, que en otra agresión dí­as después fue muerto, viene a hacer sus protestas de fidelidad. A la hora de marchar tení­a miedo de alejarse hacia el poblado; temí­a pudiera pasarle algo y se ordena que le acompañe un cabo y una pareja de soldados legionarios, que aumentan sus temores. Al despedirse de ellos, ya cerca del aduar, agradecido, les besa las manos. No comprendí­a el moro que estos hombres, cuya fama de fieras ha llegado en esta zona a los más escondidos aduares, le permitan marchar, le hayan acompañado hasta su casa.
Dos dí­as después y precedidos por los poblados amigos y Policí­a se ocupan, sin ser hostilizados las posiciones de Kaddur y Tazarut, próximas a Kert.
Ocupado Ras Medua, los aduares de Beni Sidel, al pie de la meseta, han pedido el avance de nuestras tropas a las antiguas posiciones de Tauriat Buchit y Tauriat Zag, que cortando el paso de la harca por el desfiladero, les permita vivir en sus aduares.
Para esta operación se concentran en Ras Medua las fuerzas organizadas de policí­a que precedidas por los moros de los poblados, han de ocupar, al amanecer del dí­a 20, las posiciones indicadas. La columna Sanjurjo saldrá antes de amanecer por el valle de Maxin para cooperar al buen resultado de la operación y fortificación de las posiciones.
Al amanecer, los legionarios se agrupan alrededor de las hogueras, esperando al pie de Atlaten la concentración de la columna, y reunida esta, emprenden la marcha en dirección a los poblados del pie de Ras Medua.
En los aduares se para la vanguardia a esperar la concentración y el establecimiento de las baterí­as.
A lo lejos, al pie de Tauriat Zag, y del desfiladero de Trebia, se ven bullir las concentraciones enemigas. Muchos de los grupos parapetados en las piedras de la contrapendiente, parecen esperar la llegada de la fuerza; pero el número de enemigos no está en correspondencia con lo benigno de la acción.
Llegamos a Tauriat Buchit, donde con los soldados de Policí­a y harca amiga se encuentran los Regulares, que van a efectuar el segundo asalto a Tauriat Zag. Los moros parecen poco interesados por la defensa y Tauriat Zag se ocupa con poca resistencia.
Los legionarios han ocupado posiciones a vanguardia y mantienen ligero tiroteo. El enemigo huye por el llano en dirección al Kert y la paz reina en la retirada.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Mié Ago 27, 2008 8:52 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

RAS TIKERMIN

Ha sido proyectada la operación sobre Ras Tikermin, el dí­a 21 vivaquean las dos columnas próximas a la posición del Hilanene; la operación la dirigirá el General Berenguer (Federico) y son Jefes de columna los Coroneles Saro y Fernández Pérez.
Los poblados inmediatos al puente del Kert combatirán a nuestro lado y han entregado los explosivos y mechas con que el enemigo pretendí­a volar el puente. La Policí­a y harca amiga ocuparan antes de amanecer Calcul, defendiéndose hasta la llegada de la columna.
Al amanecer del dí­a 22 salen las Banderas de la Legión en cabeza de la columna Fernández para abordar de frente las posiciones enemigas, mientras por la izquierda la columna Saro ira a ocupar Tiemsalen.
Cruzamos el Kert por el soberbio puente de piedra, obra de nuestros ingenieros, y llegamos a Calcul ocupado por la Policí­a; allí­ queda por orden superior una compañí­a de legionarios en espera de la columna; este es el lugar señalado para la concentración antes de dar el asalto a Ras Tikermin, donde los policí­as y gente del poblado se han establecido antes del amanecer.
Llegan noticias de que el fuego es muy grande y que en Ras Tikermin las municiones escasean.
Con gemelos se distinguen los grupos enemigos, ocultos en los espacios desenfilados de la posición. Varios aeroplanos, volando sobre ellos, nos dejan escuchar el tableteo de sus ametralladoras; se les ve trazar pequeños cí­rculos sobre las barrancadas, ametrallando los grupos enemigos. Vuelan tan bajo, que tememos puedan alcanzarles los disparos. Otro aparato deja caer bombas que levantan negras humaredas. Todo el fuego se concentra en el pequeño espacio, desenfilado delante de la posición. Hay que ir enseguida, sin esperar la concentración de la columna.
Rápidamente van lo legionarios ocupando las alturas de los flancos y llegamos a Ras Tikermin, a donde ha ido al galope la caballerí­a. Relevamos a los jinetes, que encontramos en la loma anterior a la posición, y entramos en la misma los primeros legionarios.
La posición se compone de un alto muro de piedra con unos pequeños tambores; en ella se agrupan los moros del poblado y los policí­as con un Oficial; parecen escasearles las municiones y el enemigo hostiliza desde las próximas lomas. Por los barrancos del Mauro y posición de Sidi Salen, se acercan a su vez numerosos cabileños.
La entrada de la posición y rampa de acceso están tan enfiladas, que los proyectiles enemigos levantan en ella un hervidero de polvo; es necesario alejarlo para que puedan avanzar los ingenieros y empiecen los trabajos de fortificación.
Las únicas fuerzas de que disponemos son dos compañí­as de legionarios menos una sección y una compañí­a de ametralladoras; el resto de las Banderas se encuentra ocupando las lomas del flanco izquierdo y posiciones anteriores, y la columna se está aun en Calcul. Apoyados por el fuego de nuestras ametralladoras salen de la posición a batir al enemigo las compañí­as 2ª y 3ª, mientras por la loma de la izquierda, otra compañí­a de la Legión rebasa el flanco enemigo. Ante el avance de los legionarios, los moros parecen declararse en huida y con poca resistencia las guerrillas ocupan el frente y flanco derecho en las lomas, delante de la posición; pero en estos momentos el enemigo reacciona y el combate se empeña a pocos pasos; en los fusiles de los legionarios brillan los machetes, los vivas e interjecciones se suceden: ¡perros¡ ¡cobardes¡….¡toma¡..¡ay¡. al banderí­n de la 13ª Compañí­a, enarbolando su bandera, se le oye gritar. Cae a tierra; es el célebre cuentista de la 13ª Compañí­a, el que en los dí­as de fiesta nos entretiene con sus cuentos y canciones.
Las secciones de sostén acuden al sitio del ataque, pero rechazados en este lado tienen que retirarse y acudir al otro. Nadie piensa en recoger las bajas; ya se hará luego; nuestros ordenanzas y agentes de enlace intervienen también en la lucha.
Un Oficial cae herido o muerto. Sobre él muere un legionario. Los moros ruedan la ladera, pero el fuego sigue muy intenso. Es preciso resolver el combate alejando al enemigo con la maniobra; pero no nos quedan tropas; los acemileros y conductores de ametralladoras se encuentran ya formando un sostén en el frente. Entonces echamos mano de los policí­as y moros adictos, enviándoles a ocupar por la derecha unas lomitas que baten la ladera al revés. La empresa no les agrada mucho, las disculpas se repiten: “¡No tener cartas¡â€(municiones). Se las entregamos, y por el barranquillo de la derecha, les hacemos aparecer en su puesto sin ser vistos. En estos momentos, el enemigo, al verse amenazado por retaguardia se declara en huida y las ametralladoras y fusileros se encargan de perseguirle con sus fuegos por las múltiples barrancadas.
La calma renace en nuestro frente y llega el momento de retirar las bajas. Dos Oficiales, el Teniente Infantes y el Alférez Marquina han muerto gloriosamente. El Teniente Hidalgo, que manda la Segunda Compañí­a, es herido de gravedad y son muchas las clases y soldados caí­dos en la lucha.
En la extensa loma de la izquierda, el combate sigue duro durante todo el dí­a y la primera compañí­a. Que se ha establecido enlazando las dos lomas, ocupa un pequeño collado donde el enemigo ataca constantemente.
Los aeroplanos siguen incansables su tarea y delante de las guerrillas colocan sus bombas prestándonos importante ayuda.
Los trabajos de fortificación adelantan y pronto se emprenderá la retirada. Un cañón enemigo nos dirige sus disparos.los proyectiles caen delante y detrás de las guerrillas; algunos dentro de la posición; pero son muy contados los que explosionan y causan bajas.
Recibida la orden de repliegue, el enemigo esta tan cerca que en algunos puntos del frente hay que falsear la retirada.
A la primera Compañí­a que ocupa el collado, en los momentos que intenta el repliegue, le aparece el enemigo coronando la loma; por esto avanza nuevamente, matando a varios de los harqueños; pone al resto en huida y aprovecha este momento para retirarse a su vez. Un rato después los moros aparecen en el collado.
Una baterí­a de montaña y las ametralladoras protegen el repliegue de las tropas, manteniendo a raya al enemigo.
El combate nos ha costado a la Legión seis muertos y cuarenta y un heridos; han sido heridos los tenientes Virgilio Garcí­a y Toribio Marcos; pero los legionarios regresan satisfechos, las bajas enemigas han sido muy crecidas.
Al dí­a siguiente la Legión regresa al campamento de Segangan.
En mi visita al Hospital, pregunto por el cuentista. Le operaron de su herida del vientre sin resultado. ¡Ha muerto¡ En sus últimos momentos habí­a echado su discurso. Le iban a dar el cloroformo y presenciaba la operación un hijo del General Sanjurjo, que estudia medicina.- “Toma Sanjurjo, le dice el médico al hijo del General, entregándole la mascarilla del cloroformo. ¿Sanjurjo?....-dice el legionario- ¿Sera usted pariente de mi General?- Si hijo- ¡Cuánto lo celebro¡ Yo a su padre le quiero mucho; bueno, como todos los legionarios, ¡ ese si en un hombre….más valiente¡ Es un General estupendo; es el General que acompaña a los soldados. Si nos encuentra en el campamento, nos habla como un camarada y nosotros le queremos mucho……
Y así­, sigue un buen rato hablando al chico de su padre. El médico tiene que imponer su autoridad;”vamos, calla, ya hablaras luego”.
Le dan el cloroformo y le operan. No habí­a de volcar a la vida….
¡Hermoso ejemplo de soldado; que sus últimas palabras son cantar las glorias de su General¡.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Jue Ago 28, 2008 10:24 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

OPERACIONES SOBRE DRIUS

Los primeros dí­as del año 1922 siguen de descanso en el campamento de Segangan, pero se dice que muy pronto ha de seguir el avance a Drius.
A las once de la mañana del dí­a 7 llega la orden de pernoctar en Monte Arruit.
El camino a seguir es el de Jemis de Beni-bu-lirur y la hora de partida, las dos. Con anterioridad han salido los carros con la impedimenta, pero al llegar al Zoco del Jemis, los encontramos detenidos al lado de la posición; la pista acaba allí­; el camino no permite el paso de los carros y lo avanzado del dí­a no les deja volver.
Es preciso que lleguen y la sección de zapadores les abrirá el camino.
Se adelantan los legionarios armados de picos y palas; en poco tiempo quedan salvados los pasos difí­ciles y a las siete de la noche, entran en el campamento de Monte Arruit los carros con la sección de zapadores.
En la mañana del siguiente dí­a, después de una misa de campaña, salimos para Batel. En el camino no dejamos de pensar en los dí­as de Julio y en la retirada del ejército por el ardiente llano.
En el campamento de Batel concurren las columnas de Berenguer y Cabanellas. La aglomeración de tropas es grande y los animales tienen que esperar su turno para abrevar; el agua es muy escasa en este lugar y se hace preciso traerla en aljibes, de retaguardia.
Junto al pozo numero 2, se agrupan los caballos esperando la codiciada agua; mientras, un Oficial del Batallón de África me va refiriendo la defensa de de aquel pequeño fortí­n han hecho un cabo y tres soldados de su Cuerpo y un cabo y dos soldados de Ingenieros. El pozo de Batel, es el que surte de agua a todo el llano y su agua es solicitada por los indí­genas.
Al pasar por Batel la columna en retirada, la guarnición del pozo recibió del General Navarro orden de repliegue, que no cumplió, por no haberla recibido de sus jefes naturales; y más tarde, tuvieron que resistir los ataques enemigos.
Los moros creyeron en un principio empresa fácil rendir a este pequeño número de soldados, que en el llano son los dueños del agua. Desesperados de su empeño, entran en tratos con los defensores y a cambio del agua, los soldados reciben gallinas, huevos y otros ví­veres. Diariamente hay una tregua en que cambian sus productos.
En sus conversaciones con los moros, se enteran que tiene en el aduar un Oficial herido y un soldado prisionero; se niegan a darles agua si no les hacen entrega de ambos. La falta de agua fuerza a los moros a entregarlos; pero pasan los dí­as, los cartuchos escasean y una noche, enterrando los fusiles, abandonan el pozo en dirección al Muluya.
En el camino aun tienen que probar su recio temple. Sorprendidos por dos moros, luchan con ellos, consiguiendo desarmarles y darles muerte; con los dos fusiles llegan tranquilos a la zona francesa. ¡Cuánto heroí­smo encierra la conducta de estos sencillos cabos y soldados¡.
En la tarde de este dí­a, el General Belenguer nos reúne y nos explica el objetivo de la operación, misión de la columna y parte que cada uno ha de tomar en el combate. El terreno es ideal para combatir. Un llano extenso y lomas suaves, en que solo la cuenca del Kert y el Gan pueden servir de refugio a los tiradores enemigos.
Varias son las columnas que han de tomar parte en la operación y el frente de combate es muy extenso.
La columna Fernández, por la derecha, ocupara la Hariga; la del General Cabanellas, compuesta en gran parte de Caballerí­a, Dar Azugag y Casa Quemada, mientras la nuestra se dirigirá a Dar Buzada y a Amesdan. El terreno es tan fácil que nos prometemos muy felices.
De madrugada se concentra la vanguardia y antes de amanecer rompemos la marcha en dirección al Gan; en el habí­amos de encontrar restos de las tristes escenas del pasado Julio, y sin ser hostilizados, nos concentramos pasado el rio Seco.
Un escuadrón de Caballerí­a en exploración, avanza sobre Dar Busada; suenan unos tiros y vemos a los jinetes galopar hacia la posición; avivamos el paso; al llegar a aquella, unos pacos desde las lomas de enfrente nos hostilizan; una compañí­a de la Legión, marcha a ocupar los derruidos muros de la avanzadilla.
De las lomas cercanas siguen disparando, aunque débilmente, pero una maniobra del escuadrón de caballerí­a, los pone en huida; ocupamos la posición y el dí­a transcurre tranquilo para la Legión, habiéndose recogido armones de artillerí­a y proyectiles de campaña y montaña abandonados.
A media tarde, un movimiento de tropas que van y vienen se distingue con los gemelos en dirección a Dar Azugag; unos escuadrones de Regulares avanzan al galope hacia aquel lado; algo raro pasa. A los pocos momentos recibimos la orden de que una Bandera vaya en aquella dirección; parece que el enemigo esta farruco.
Cuando llegamos a Amesdan, nos ordenan relevar a las tropas desplegadas. Los Regulares han empezado el repliegue y el enemigo, que entonces se presenta, no corresponde a la alarma.
A nuestro lado pasan los Regulares; preguntamos a un moro lo sucedido y solo nos sabe decir: “Caballerí­a de rifeño estar como diablo; nos otros tirar, tirar y no hacerles nada”
La retirada la hacemos sin ser hostilizados y en las inmediaciones de Dar Busada vivaquea la columna.
En la madrugada del siguiente dí­a se reanuda el avance en dirección a Drius. Nuestra columna, por la parte del monte, a la izquierda de la carretera, ira ocupando las alturas de Uestia y Haman, en las que se encuentran las ruinas de las antiguas posiciones y si la columna de la derecha no encontrase resistencia podremos seguir a Drius.
Los camiones blindados nos preceden por la carretera y alejan de la barrancada del Kert a los tiradores enemigos, y hostilizados débilmente, ocupamos Uestia y Haman. Cuando nos preparamos a seguir a Drius, donde llevan ya un rato los camiones blindados, vemos entrar en la posición la caballerí­a de General Cabanellas. El enemigo, en su huida, habí­a abandonado varios cañones.
Nuestro campamento es establecido a un kilometro de Drius, junto a unas casas moras y a él nos encaminamos.
La operación ha sido muy brillante. En ella se comprobó una vez más la escasa resistencia que el enemigo opone al segundo dí­a de combate; esto ha sido aprovechado por nuestro General para llegar con tanta facilidad a Drius, pese a los alarmistas que creí­an ver la empresa dura y preñada de peligros. Frente a la posición se extiende un enorme llano. Cuando más avanza, menos se explica lo pasado ¿Cómo no se habrá detenido en Drius la triste retirada?.
Recorrer estos campos; conversad con los soldados y clases que participaron en el desastre e interrogar a los indí­genas. Solo entonces encontramos la clave de la retirada que empezó en Annual y acabo en las matanzas de Zeluan y Monte Arruit.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Vie Ago 29, 2008 9:58 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

EN DRIUS

Durante los primeros dí­as de la ocupación, la vida en Drius es tranquila. Nuestras descubiertas avanzan sin ser hostilizadas. Los poblados próximos de la Abbada parecen estar en actitud pací­fica y solo los cadáveres y huesos, de que el llano está salpicado, nos habla de la crueldad indí­gena.
Conforme nos internamos, los montones de costillas, cráneos machacados, quemados y sin posible identificación, jalonan el camino; algunas ropas, con el numero 59, indican pertenecieron a soldados del Regimiento de Melilla. En espuertas recogemos los restos de aquellos soldados, algunos de los cuales, encerraran heroí­smos sublimes para siempre ignorados.
En estos dí­as se presentan los jefes de los poblados situados en la pequeña elevación del llano en dirección a Tafersit. El Coronel de policí­a, con los escuadrones indí­genas, va a conferenciar con los moros, una columna compuesta por legionarios y artillerí­a se pone en movimiento y se aproxima al lugar de la conferencia como reserva de los escuadrones.
Cuando llegamos a la mitad del camino una orden urgente nos hace avanzar sobre Abbada.
El Jefe de Policí­a, en medio de numeroso corro de moros, conferencia con los indí­genas que aparentan sumisión; los silos de las casas están llenos de grano, pero los ganados se encuentran alejados en dirección al monte. En los patios de los aduares se encuentran mil huellas de su crueldad. Un patio llama nuestra atención; junto a una pared están los restos de unos cadáveres y sobre ellos en el blanqueado muro, los impactos de los disparos salpicados de sangre.
Una ola de indignación pasa por nosotros. Que hagan alto los legionarios y no entren en el poblado. ¡No vean tanta infamia y estropeen la polí­tica¡.
La conferencia termina pronto. Los grupos que se veí­an en dirección a Tafersit y que motivaron nuestro avance, parecen acercarse; recibimos la orden de repliegue y nos volvemos con el sentimiento de no poder hacer justicia a nuestros hermanos, cruelmente asesinados.
A los dos dí­as, los moros de estos poblados habí­an desaparecido una vez trasladado el grano.
Dí­as después salimos las Banderas, constituyendo una pequeña columna con elementos de Artillerí­a, Sanidad, Ingenieros e Intendencia, a Gag, que habí­a quedado sin fortificar el dí­a de la toma desea posición.
Avanzamos hasta la orilla del Kert sin ser hostilizados; en tres horas queda fortificada la posición y nos retiramos al campamento.
El resto del mes pasa tranquilo en el campamento de Drius. Solo en la noche del 28 numerosas descargas enemigas nos llevan al parapeto. Las balas silban por encima de los sacos terreros, y rápidamente las unidades ocupan sus puestos de alarma.
Los fogonazos de los disparos enemigos se suceden a corta distancia; al campamento le tiran de todos los frentes y rápido se siente el martilleo de nuestras ametralladoras.
Una sombra blanca anda por el parapeto del tabor. Una pequeña chispa se mueve en el aire y un estampido como un cañonazo se siente en el barranco. Es el Teniente de la sección de granaderos que ha salido desnudo al saber que el enemigo está próximo. Unas cuantas granadas mas son arrojadas y los moros se alejan.
A la pequeña plazoleta del campamento llego una camilla con un soldado muerto. Trae la cabeza atravesada. De la puerta de la posición conducen otro soldado herido y de uno de los puestos de servicio avisan que hay un muerto. El fuego enemigo sigue intenso y se siente el sonido antipático de la arbala.
El campamento ya no tira y de nuestros tambores salen gritos e insultos para el enemigo. Se les pide que vengan, que ataquen de nuevo y en burlas y bromas en árabe se cambian disparos. El enemigo, muy alejado, nos contesta en castizo castellano sin finezas.
De pronto, rasgan el espacio las notas vibrantes de un clarí­n de guerra. Se hace un silencio profundo en todo el campo y unos aires de Granada siguen dulces y conmovedores. La corneta parece interpretar el momento, y, al morir sus notas lentas y vibrantes, los vivas a la Legión se producen hasta en los puestos del servicio avanzado…..
La corneta ha impuesto el silencio con su sentido canto y el campamento duerme soñando con el recuerdo que evoco la corneta.
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Con el mes de Marzo parece haber llegado otra época de movimiento. A un paseo Militar al boquete de Tamasusi, sucede el dí­a 7 la ocupación de la Cania, a tres kilómetros del campamento y el dí­a 8 la ocupación en el llano, a la derecha, de una posición que tomas el nombre de Sepsa. Este dí­a se mantiene fuerte tiroteo con el enemigo.
Mientras las tropas se encuentran fuera del campamento un ataque por el cauce del Kert, ocasiona sensibles bajas al batallón de Álava, de servicio en la aguada.
El dí­a 14 sale la Legión en vanguardia de la columna Berenguer a ocupar una posición en la meseta de Arkab dominando el poblado de Itihuen.
Con escasa resistencia se ocupa las posiciones y se establecen los legionarios a vanguardia de las mismas; pero los arbolitos y matorrales de que está cubierta la extensa meseta, facilitan al enemigo acercarse sin ser visto y en algunos puntos del frente el fuego es más intenso, encontrando gloriosa muerte el Alférez Ojeda, de la 2ª Compañí­a. Así­ tení­a que morir este joven Alférez, siempre alegre y decidido para el combate.
La retirada se hace más tarde con facilidad, al abrigo de las posiciones establecidas.
En el campamento se habla de que seguirán las operaciones sobre Beni-Said, cuyos moros han prometido someterse cuando nuestras tropas lleguen a la posición de Tuguntz.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Sab Ago 30, 2008 7:48 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

AMBAR Y TUGUNTZ

Se establece, el dí­a 17, En Itlhuen el campamento provisional de la columna. En este dí­a llegan los carros de asalto de Infanterí­a, que han de tomar parte en la acción. Los Oficiales cenan en nuestro campamento. El Teniente Coronel ofrece todos los elementos de la Legión a sus compañeros de la Escuela de Tiro, y después de un apretón de manos, deseándoles un buen éxito, se retiran todos en busca del descanso.
Al amanecer del dí­a 18, sale la Legión precedida de los carros, en vanguardia de la columna. Los moros hostilizan débilmente y los carros de asalto avanzan por la barrancada anterior al aduar del Ambar. Siguen los legionarios a ocupar los aduares; después de breve detención, descienden los carros por el profundo barranco que separa Ambar de la “loma de los tanques”. Las guerrillas de la legión ascienden las cortadas laderas y toman posiciones pasando el barranco.
El avance ha sido largo y penoso. El enemigo hostiliza vivamente y la columna aun viene retrasada. ¿Dónde está Tuguntz? ¿Se ha de seguir el avance? El combate se sostiene duro y los de Bent Said y Beni-Ulisek, se extreman en el ataque.
La columna, al borde de la meseta inmediata a los aduares de Ambar, sostiene fuego en su flanco izquierdo con el enemigo. Después de un gran rato llega la orden de dar por terminado el primer asalto hacia Tuguntz y que se fortifiquen las casas de Ambar.
Los tanques que se adelantaron unos ochocientos metros delante de nuestras guerrillas, desaparecen durante un rato de su vista. Cuando reaparecen, los moros les rodean arrojándoles piedras. Furiosos. Tratan de luchar con el nuevo elemento de combate; buscan el ángulo muerto se sus ametralladoras, pero inútilmente, muchos caen acribillados por sus fuegos.
Un carro regresa a las guerrillas. La ametralladora se encuentra interrumpida. No es extraño, el dí­a anterior fueron desempacadas y colocadas en los carros, y el personal que debiera estar muy práctico en su conocimiento, no parece estarlo. El apuntador llega ligeramente herido. Un moro metió por la mirilla su gumí­a hiriéndole ligeramente.
Los moros, escarmentados de su primer ataque contra tanques, esperan ocultos en las barrancadas el momento del repliegue.
Las guerrillas, siguen durante el dí­a en fuego con el enemigo, y terminada la fortificación de las posiciones, el grueso de la columna se repliega a Itihuen, mientras la vanguardia ha de retirarse sobre la posición de Ambar. El Teniente Compaired, de la 13ª Compañí­a, ha sido herido.
Los carros de asalto, que hace unos momentos se encontraban a la altura de las guerrillas, se han de replegar a retaguardia de las mismas, evitando que el enemigo se eche encima, mientras las tropas cruzan las profundas barrancadas.
Empezado el repliegue, el enemigo, muy numeroso, ataca por todas partes y el combate se entabla duro. En estos momentos, cuando las ultimas unidades de legionarios han cruzado el barranco, ven a las guarniciones abandonar los tanques y correr cuesta abajo por la loma. Los legionarios recogen al Capitán de los tanques y un soldado heridos; entran en la posición; entran en la posición. El enemigo ataca duramente y se encuentra algunos puntos cerca de las alambradas; los defensores les hacen sufrir descargas que les causa muchas bajas.
En estos momentos, al bravo Comandante Fontanes, que manda la segunda Bandera durante toda la campaña, le traen herido con un balazo en el vientre. A su lado, viene su Ayudante el Teniente Lizcano, también herido. Mientras, a lo lejos, los moros se agrupan rodeando los tanques. Las sombras de la noche impide ver a distancia y las posiciones rechazan el ataque.
El padre Antonio Vidal, escolapio, agregado voluntario a la Legión, muere gloriosamente.
La noche es triste en Ambar. El Comandante Fontanes está herido muy grave; todos saben lo que significa una herida de vientre con el Hospital tan lejos. El Doctor Pages, es toda la preocupación del herido. El podrí­a salvarle. En la Legión se siente admiración por este notable cirujano, que ha librado a tantos legionarios de una segura muerte. Por esto piensa en Pages el bravo Comandante de la Segunda Bandera.
En la madrugada del 20 muere en la posición el heroico Comandante. La Legión está de luto. Ha perdido uno de sus mejores jefes; los soldados están tristes; sus ojos no lloran porque en sus cuencas ya no quedan lágrimas. ¡Han visto caer a tantos Oficiales y camaradas¡…..
La operación de Ambar y la pérdida de los carros de asalto, suscitan en la opinión, diversos comentarios. “Los tanques han fracasado”, se oye decir. “Los tanques no sirven para Marruecos, no son apropiados para el terreno”. Suposiciones todas hechas sin más conocimientos que los relatos poco verí­dicos que se hicieron de su actuación.
LOS CARROS DE ASALTO Y TANQUES SON DE GRAN APLICACIí“N EN ESTA GUERRA. Veremos si el tiempo me da la razón.
Prescindiendo de las caracterí­sticas de los carros de asalto de Infanterí­a, aquí­ empleados, superados por otros carros de asalto de servicio de los ejércitos extranjeros, las causas de su poca eficiencia en los primeros combates y de su perdida, han sido muy diversas.
El armamento del carro de asalto, consistente en una sencilla ametralladora, es necesario mejorarlo. Debese dotarlos de una doble ametralladora, como llevan en otros ejércitos; medio único de asegurar la continuidad de su acción, y que la menor interrupción no deje sin armamento al carro.
La ametralladora Hockiss, no obstante sus excelentes condiciones balí­sticas, necesitan una cartucherí­a seleccionada que disminuya las interrupciones, tan frecuentes en nuestras unidades de ametralladoras por las municiones tan diversas que emplean.
El personal de estos carros ha de ser competentí­simo y su instrucción perfecta, además de estar escogido entre personal entrenado en la campaña.
Los tanques en esta clase de guerra han de operar prestándose mutuo apoyo. En los periodos de instrucción han de practicar sus ejercicios en combinación con aquellas tropas con quienes han de sostener enlace en el combate.
La falta de gasolina, causa a que se atribuyo la perdida de los tanques, es, como se ve, tan pequeña e indica al mismo tiempo tal falta de preparación en el personal, que no por ello han de sentenciar esas unidades al fracaso.
Los enemigos de los tanques son: la artillerí­a y los fusiles y ametralladoras contratanques. Si nuestro enemigo no dispone de estos medios de acción, evidentemente su empleo no ha de tener contratiempo y causara a los harqueños hondo quebranto. Evitando al mismo tiempo las bajas propias.
No quiero decir con esto que el carro de asalto vaya a solucionar la campaña, pero si que ha de ser poderoso elemento para nuestra acción militar; su empleo, en mayor numero, encajara dentro de las aspiraciones de la Nación de reducir los efectivos que en África combaten. La construcción de un tanque ligero, con más de un tirador, especial para Marruecos, aumentarí­a la eficacia y radio de acción de esta arma.
Las unidades de tanques tienen un valor que hoy parece desconocerse. No hay que olvidar que lo más caro de esta guerra no es el material, sino los hombres.
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El avance sobre Tuguntz continúa. El dí­a 29 sale la columna a las órdenes del General Berenguer y se concentra al abrigo de las posiciones de Ambar y Velázquez, permaneciendo las baterí­as ligeras y del Grupo de Instrucción en el borde de la meseta de Arkab.
Con la Legión por la derecha y los Regulares por la izquierda, avanza la vanguardia en dirección de “la loma de los tanques”y va coronando las sucesivas alturas hasta llegar a las que se han de conocer en lo sucesivo con los nombres de Tuguntz y Cala. El enemigo, en estos momentos tirotea con alguna intensidad, pero el combate se desarrolla fácil. Descendiendo de estas posiciones ocupamos las alturas siguientes, anteriores al rio bas. A nuestra derecha avanzan las tropas de policí­a; por este lado, y la retaguardia, se ve a lo lejos la caballerí­a de la columna Cabanellas.
El terreno hacia el bas es malí­simo. Las lomas están surcadas de profundas grietas que, muriendo en el calon del rio, constituyen magní­ficos caminos cubiertos. La altura de estas lomas ocultan el valle de Bas a las baterí­as de montaña establecidas en la posición, que solo de muy lejos pueden batir los caminos que bajan de Dar Quebdant.
Por la izquierda avanza un escuadrón de Regulares. En el collado aparece, de pronto, numeroso enemigo. Le deja avanzar; cuando esta a media ladera, rompe sobre él sus mortí­feros fuegos. Muchos jinetes caen, otros mueren con sus caballos, y varios de estos, sin jinete, galopan asustados entre el nutrido fuego, mientras los restos del escuadrón se retira al galope por los costados de la loma.
La Infanterí­a de Regulares avanza a apoyarles y el combate se entabla duro en todo el frente.
Las grietas del terreno son empleadas como trincheras y los moros llegan sin ser vistos hasta pocos metros de las guerrillas.
En esta situación transcurre el dí­a. A lo lejos, por los caminos de Beni Ulixek y Dar Quebdani, se ven venir numerosos grupos de moros que se pierden en las profundas barrancadas del Bas. Algunos, entre ellos, llegan a caballo; estos son los que frecuentemente se adelantan en la retirada y ocupan al galope las lomas por nosotros abandonadas. Es una de las herencias del desastre. La abundancia de caballos les permite emplearlos como infanterí­a montada para poder caer rápidamente en las retiradas sobre escalones de retaguardia, y en el avance defender las lomas hasta el último momento.
Todos estos grupos que acuden al combate, llegan a él al mediodí­a, que es cuando generalmente se empeña la acción. En estos momentos, toda la vigilancia es poca, y los barrancos, a los flancos y retaguardia, deben de ser observados con pequeños destacamentos. Muchas veces la práctica en esta clase de guerra nos dice por adelantado donde ha de aparecer el enemigo.

La presencia de unos grupos a pocos pasos de los policí­as de nuestra derecha, motiva una vacilación en este lado, al que tenemos que acudir haciendo reaccionar la lí­nea. El fuego sigue muy intenso y en estos momentos duros de la acción, el Alférez Llaneza, de la 13ª, recibe muerte gloriosa.
Los cañones enemigos colocan sus proyectiles entre nuestros sostenes sin causar bajas, mientras en la izquierda, una compañí­a del Batallón de Galicia, avanza en auxilio de los Regulares. Con los gemelos vemos aproximarse al lugar donde el fuego es mas empeñado un enorme guerrillón; los moros de Regulares retrasados en la loma y parapetados, nos indican lo que va a pasar, ¡Quien pudiera detenerlos¡ El enemigo espera que se adelanten. Cuando están al descubierto, rompen el fuego y caen sin combatir una porción de soldados. Muchos se tumban y disparan, pero ¿A dónde? ¡Uno de los problemas de esta guerra es aprenderá ver al enemigo¡ La gente se porta bravamente, pero como dicen los moros: TODAVIA NO SABER MANERA.
La retirada se hace difí­cil. Los harqueños están ya próximos que en pocos metros pueden coronar las lomas y nosotros tenemos que descender de ellas y subir las anteriores.
Al empezar la retirada, los nuestros se detienen. Vuelven unos momentos, y después de hacer unas descargas descienden por la pendiente, mientras las ametralladoras y unidades colocadas a retaguardia ponen sobre la cumbre de barraje. La retirada sigue luego ordenada al abrigo de las posiciones.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Dom Ago 31, 2008 9:33 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

CHEMORRA, DAR QUEBADNI, TAUIMA.- EN EL PEí‘ON.

El mes de Abril es feliz en operaciones, con escasas bajas se alcanzan los distintos objetivos.
Sigue el avance sobre Beni-Said. Esta vez nuestro papel es distraer la atención enemiga batiendo con nuestra artillerí­a las concentraciones en el valle del Bas, mientras la columna de Cabanes ocupa Chemorra y otras posiciones.
Salimos antes dl amanecer y a las siete de la mañana se ocupan las alturas a la derecha de Tuguntz, sin ser hostilizados. El enemigo se presenta a lo lejos en actitud de espera. Los cañones de nuestra columna y del grupo de Instrucción, baten las concentraciones y aduares enemigos. En el fondo del valle las fuerzas de Cabanellas empeñan combate y fortifican las posiciones.
La retirada se hace normal y regrésanos sin novedad al punto de partida.
Para el dí­a 6 se prepara la toma de Dar Quebdani. La columna Cabanellas lo abordara de frente y nosotros avanzamos a establecer contacto con ella y cortar el paso del enemigo en la cuenca del Bas.
La operación resulta preciosa. Las columnas avanzan en direcciones perpendiculares. Llegamos al Bas y desde Ambar Oriental al rio, extendemos nuestra lí­nea cortando el paso al enemigo. Nuestra situación es muy favorable y las ametralladoras y fusilerí­a mantienen a raya a los harqueños, causándoles bastantes bajas. En la retirada, aunque los moros pretenden acercarse, no consiguen más que causarnos tres heridos.
Cuando regresamos a Dar Quebdani, el General nos da la noticia de que el Peñón de Vélez de la Gomara, es constantemente atacado y ordena el envió urgente de 50 legionarios voluntarios con dos oficiales a reforzar la guarnición.
En las compañí­as todos los soldados se presentan voluntarios para la empresa. Se disputan el honor de ser nombrados y por fin son designados un cabo y ocho legionarios entre los mejores tiradores de cada compañí­a.
Entre los oficiales se repite la misma escena y es nombrado el Teniente Esparza Jefe de la expedición.
En el “Bustamante”, en la obscuridad de la noche, se acercan a la costa; a un kilometro del Peñón transbordan a una gasolinera; protegidos por el cazatorpedero, se aproximan al Peñón.
Una lí­nea de pequeñas luces se ve hacia la playa. Los disparos de la artillerí­a y fusilerí­a enemiga, avisan que el enemigo se ha apercibido de la maniobra; siguiendo una luz roja, llega la gasolinera al abrigo del cortado.
Una escala de curda se ofrece para el desembarco. Con dificultad, suben por ella muchos de los soldados, mientras otros asciendes metidos en el serón de subir la carga. Los legionarios pasan desde este dí­a a ocupar el sector peligroso.
Los puestos de servicio son seis en unas pequeñas cuevas a la orilla del mar y a cuarenta metros, en la costa, se encuentran los tiradores enemigos.
La situación del Peñón no es mala. No obstante los bombardeos de la artillerí­a enemiga, los legionarios se encuentran encantados y con sus fusiles y ametralladoras, han organizado un contrapaqueo que no deja parar a los indí­genas a la vista de la posición.
Los trabajos de fortificación se activan; algunas noches bajan los legionarios por una cuerda de nudos al pie del cortado y por medio de otra cuerda, han subido más de mil tablones en la playa abandonados, y refuerzan con ellos las obras de sacos.
Durante la noche se cruzan mil insultos con los cabileños que han aprendido los nombres de las clases y oficiales hasta el extremo de que la misma noche que los legionarios llegaban preguntaban los moros:”¿Si llegar los del Tresio?”.
A los pocos dí­as de llegar los legionarios, se siente decaimiento en el campo moro. Entre los que a diario vocean en la Plaza se encuentra Hamido, el hijo del dueño de un comercio del Peñón, el Marrajo, moro que también habitaba con los españoles. Hamido algunas noches corea y aún canta la jota Navarra, aprendida en sus muchos años de convivencia con los cristianos.
Estos moros abandonaron en ví­spera del ataque al Peñón, y se pasaron al enemigo creyendo en las promesas de Abd-el-Krim y en la toma de la Plaza por los indí­genas. Hoy están arrepentidos. Perdieron las mercaderí­as de sus tiendas y sus fardos de té , tabaco y azúcar, abandonados en el muelle. Son de noche recogidos por los legionarios.
Las malas condiciones en que se hace el convoy, la falta de desembarco y el tener que efectuar de noche la maniobra de descarga, hace que los convoyes se lleven de tarde en tarde y que la guarnición pase algunas privaciones. La carne no existe y los ranchos tienen que reducirse al condimento de alubias, garbanzos, arroz con tocino y, en algunas épocas, un poco de chorizo. Los legionarios han encontrado compensación; durante el dí­a se dedican a cazar gatos que, adobados y puestos al sereno, se les convierte en riquí­simos conejos, y así­ han ido dando cuenta de los cincuenta o sesenta gatos que habitaban en el Peñón, solo uno era respetado, el del Comandante Militar; pero un dí­a el convoy tardaba, cuentan los legionarios que el gato se suicido; nadie lo habí­a matado.
La situación en el Peñón sigue siendo tranquila y la guarnición de legionarios reducida a treinta hombres.
Dí­as después de salir los legionarios para el Peñón, se recibió de S.M. el Rey (q.D.g.) el siguiente telegrama: “El Rey al Teniente Coronel Millán Astray, Jefe del Tercio. Felicito al Tercio por la hermosa defensa del blocao Miskrela y por el espí­ritu que muestra al ser todos voluntarios para ir al Peñón los de las Banderas de Melilla y tú como creador de estas fuerzas recibe las gracias de tu Rey y un fuerte abrazo.- Alfonso, Rey.
Las incursiones de algunos merodeadores enemigos en el camino de Batel motiva la colocación de un blocao que, vigilando los pasos de la montaña entre Haman y Uestia, aleje el peligro de la carretera; para conseguirlo, sale la Legión con una baterí­a a proteger los trabajos de fortificación, ocupando por sorpresa el rocoso y alto pico frente a las posiciones antes dichas.
Quince legionarios decididos, con sus oficiales, hacen la penosa ascensión y a los pocos momentos sus disparos alejan al enemigo, que intenta molestar los trabajos.
Conforme avanza el dí­a, de la harca de Tamasusi se acercan por el monte, algunos grupos de harqueños, pero los legionarios, en su nido de águilas, se entretienen en cazar a todo el que se aventura en los collados.
Al medio dí­a, construido el blocao en piedra, descienden los legionarios. Al poco tiempo, los moros aparecen en las estribaciones del crestón el fuego se intensifica un poco en la retirada y tenemos tres heridos.
Este puesto fue durante varios dí­as objeto de preferencias del enemigo, que no pudiendo pasar hacia la carretera, lo hostiliza diariamente, llegando una noche a atacarlo con artillerí­a sin lograr hacerle bajas.
Las confidencias acusan estos dí­as el aumento de efectivo de la harca de Tamasusi. Una mañana, los proyectiles de un cañón de montaña, caen delante de la posición de Drius. Se observa el campo y no es posible ver el humo de los disparos. Es admirable el arte con que ocultan de la vista estos fantásticos pacos del cañón.
Estos dí­as se proyecta la ocupación de Tamasusi. Al amanecer del dí­a 14 avanzamos, en vanguardia de la columna, en dirección al collado.
El paqueo empieza. Débilmente hostilizadas las dos compañí­as emprenden la subida al monte. El enemigo se pronuncia en su huida por la otra vertiente y al coronar la loma le perseguimos con nuestro fuego por el llano. No es este el moro duro y valiente de dí­as anteriores. Son los judí­os de MTalza que huyen al primer encuentro.
Por la derecha, en dirección a Midar y montes del fondo, se ve venir numeroso enemigo que se oculta en los barrancos. Entre ellos abundan los jinetes y todos parecen dirigirse hacia la loma rocosa que ha de ocupar la caballerí­a.
Nuestras baterí­as de montaña, batiendo la loma protegen el avance de Policí­a y caballerí­a de Regulares. Los carros de asalto, por el llano cooperan en la acción.
A los pocos minutos, los Regulares llegan y el enemigo se dispersa hacia la montaña. Nuestras baterí­as les alcanzan con el fuego. Se ven caer los jinetes. Muchos muertos quedan diseminados por el llano. Desaparece del escenario del combate aquella gran concentración guerrera y al pie de Tamasusi se recupera el cañón enemigo.
Las bajas de la columna son escasí­simas y el repliegue se efectúa sin apenas ser hostilizados.
Tres dí­as después se ocupa la Chalf. Los camiones blindados y carros de asalto avanzan por el llano y orillas del Kert, manteniendo a raya al enemigo. Las baterí­as dispersan las concentraciones enemigas, que intentan acercarse desde Mildar.
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Cada legionario es tu compañero de arma cualquiera que sea su nacionalidad, su raza, su religión.Tú lo manifestaras siempre en la estrecha solidaridad que debe unir a los miembros de una misma familia.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Mar Sep 02, 2008 9:32 pm

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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Mar Sep 02, 2008 9:50 pm

DIARIO DE UNA BANDERA

CONSIDERACIONES GENERALES

Llevamos un mes de paz en el campamento de Drius. Las empresas guerreras parecen suspendidas y nuestro sueño de ir sobre Alhucemas y dar digno remate a la acción militar, se aleja indefinidamente.
Acción polí­tica, Empleo de los grandes caí­des, protectorado civil y ejército colonial. Sobre esto giran en la actualidad todos los comentarios.
Un apasionamiento grande ha llevado al ánimo de los españoles la ausencia de polí­tica en nuestra acción africana. Olvidando tal vez demasiado la psicologí­a de los cabileños, han hecho creer al pueblo que la labor polí­tica nos ha de dar el territorio pacificado.
En Marruecos, en todas las épocas, la labor polí­tica y militar ha ido emparejada. No ha sido la ausencia de la primera lo que nos llevo como alguien cree al desastre de Julio. Si hubo algún error o desacierto en la labor polí­tica, no es justo atribuir a ello las causas del desastre; examinemos nuestras conciencias, miremos nuestras aletargadas virtudes y encontraremos la crisis de ideales que convirtió en derrota lo que debió haber sido pequeño revés.
Ni el protectorado civil, ni los campos de paz, ni nuestros deseos de amor y de concordia han de dar resultado. No olvidemos la psicologí­a musulmana se presta mucho a esas interminables labores polí­ticas, tan costosas como desacreditadas.
España necesita y necesita pronto, dominar la costa, establecer en ella y dar al mundo la sensación de que las calas y ensenadas marroquí­es han dejado de ser nido de piratas y que en ellas los faros de la civilización marcan la ruta de los navegantes.
Mientras tengamos enfrente contingentes armados; mientras Beniurriaguel no sea sometido, el problema de Marruecos ha de seguir en pie. De Beniurriaguel salió el levantamiento de Julio. De allí­ partieron los guerreros que levantaron Gomara, sitiaron a Magan; en Miskrela y los Peñones existen sobradas pruebas de su rebeldí­a.
“Alhucemas, es el foco de la rebelión antiespañola, es el camino a Fez, la salida corta al Mediterráneo y allí­ está la clave de muchas propagandas que terminaran el dí­a que sentemos el pie en aquella costa”
La organización militar del Protectorado y la creación de las unidades coloniales, es problema muy completo y digno de mayor estudio, en el que la calidad y no el número de tropas ha de dar la solución al problema.
Para organizar ese ejército, base legionarios o base Regulares, hace falta que los banderines enganchen al voluntariado y que en la vida militar encuentren los soldados los periódicos descansos y relativo bienestar de las tropas coloniales.
Su calidad no depende solo de la materia prima; el soldado voluntario es como todos los soldados y lo que mejora su calidad es la elección de cuadros, el poder llevar a ellos una oficialidad entusiasta y valerosa que les eduque en un credo de ideales, que no ha de sostenerse con unos puñados de pesetas. Es necesario el estimulo, que los oficiales se especialicen en la guerra, que conozcan al enemigo y que no sueñen con el momento de regresar a la pení­nsula cumplida su forzosa estancia. Solo el premio justo puede en esta época de positivismo conservar en África los cuadros de oficiales apropiados para las unidades de choque.
En la organización militar del protectorado, el empleo de las modernas armas automáticas con la organización de batallones de ametralladoras y fusiles ametralladores, permitirán en el porvenir de la reducción de las nuevas guarniciones de posiciones y los servicios de aprovisionamiento. Lo que unido a las modernas unidades de tanques, ha de ser la más firme base para la reducción de nuestros efectivos.
Relatadas las operaciones, no he de dejar de hacer unos comentarios, a esta clase de guerra, pues si en algún capitulo señalo defectos, no ha sido el deseo de la critica el que dicto mis palabras, sino por el contrario, el explicar los medios con que pueden corregirse.
Todos los que hemos servido en fuerzas indí­genas conocemos la frase tan frecuente en esta guerra entre los moros: TENIENTE FULANO NO SABER MANERA. Quieren decir con esto, que no tiene todaví­a la malicia de la guerra y hace la aplicación rí­gida de los reglamentos, sin amoldarlos a la Á­ndole especial del combate.
En esta campaña hemos visto frecuentemente los casos en que por NO SABER MANERA (Emplearemos la frase), se acrecentaron el número de bajas.
El combate en Marruecos, se caracteriza por no presentarse al enemigo en los avances de una situación decidida y franca. Los moros no aparecen al descubierto y hacen del terreno un aprovechamiento ideal. Si se avanza, generalmente retroceden combatiendo y si las tropas se estabilizan, se aproximan por las barrancadas y zona desenfilada y pronto existen un sin número de tiradores que aprovechan los momentos propios para causar numerosas bajas.
Si a esos tiradores oponéis las rí­gidas secciones de guerrilla de nuestros reglamentos, aumentaran vuestros heridos. Esto solo lo evita el Oficial, obligando a su tropa, al estabilizarse, a hacer un perfecto aprovechamiento del terreno, formando con piedras pequeñas parapetos, que más tarde han de resguardarles de los fuegos enemigos, sin colocar mas hombres que los necesarios para la acción, permaneciendo detrás, a cubierto, y todo lo próximo que sea posible, el resto de la unidad, despiertos y prevenidos para cualquier reacción enemiga.
Al subir a las lomas y en los avances, ocurre frecuentemente ver aparecer unos enormes guerrillones sobre las crestas. El enemigo hace unos disparos y ocasiona las consecuentes bajas. Por esto hay que enseñar al soldado a subir a las crestas con precaución y gateando si así­ conviniese los últimos pasos, dispuesto siempre a tropezar al enemigo y evitar la sorpresa.
El Oficial debe tener instruidas a sus escuadras y clases para que la sección no forme un todo rí­gido. Si la loma es pequeña o existe una casa, chumberas, etc.. las escuadras exteriores rebasarán por las laderas o por los flancos el obstáculo a ocupar y de esta manera se evitaran sorpresas.
Esto que aquí­ se indica deben practicarlo las compañí­as con sus secciones y el batallón con sus compañí­as formando un conjunto flexible en que las unidades o fracciones se apoyen o flanqueen.
El enemigo emplea en esta guerra mil procedimientos para ocasionar en nuestras tropas efectos de sorpresa. Así­ se ve una loma ocupada por numeroso enemigo, que este abandona, al parecer, ante el fuego preparatorio de nuestra artillerí­a. Las fuerzas avanzan a ocuparlo y en esos momentos en que el soldado se cree salvado de peligro, los harqueños en oleadas se presentas dando gritos y aprovechan sabiamente la impresión causada.
Contra esto hay que prevenir constantemente a la tropa. Volverlos desconfiados y que si llega este caso, serenos rehacer la agresión, convenciéndoles de que los moros no llegan al arma blanca más que cuando los soldados corren.
Otra de las modalidades se presenta en la ocupación de las crestas. En una guerra regular la colocación de las guerrillas en la cresta militar es lo apropiado, pero en Marruecos hay que abandonar en la mayorí­a de los casos esta práctica y ocupar las crestas topográficas, colocando solo en la militar un pequeño número de soldados que vigilen el acceso a la loma y el fondo de las barrancadas, escogiendo para ello lugares a los flancos o aquellos puntos en que el terreno permita llegar a cubierto.
Esta colocación de tropas que contraria a lo preceptuado, nos ofrece por la Á­ndole del combate muchí­simas ventajas, librándonos de los inconvenientes que lleva anexa la ocupación de la cresta militar.
En la cresta topográfica las guerrillas encuentran abrigo de los fuegos enemigos y el municionamiento y retirada de los heridos no ocasiona este sin número de bajas que lleva consigo el rebasar las crestas topográficas, y en el caso de ocupar la militar, los soldados estarán al descubierto, las bajas aumentaran, la retirada de cada hombre costara las de otros varios, y en el momento de la retirada es difí­cil evitar que quede abandonado algún soldado.
El único peligro aparente de este dispositivo es el caso de una reacción enemiga, pero para evitarlo están esos soldados o escuadras adelantadas en los sitios favorables y el buscar la observación sobre las laderas por otra unidad inmediata que domine este terreno. Sin olvidar, que la reacción enemiga no es la caracterí­stica general de los combates de Marruecos, en los que las mayorí­as de las bajas, son ocasionadas en las interminables esperas en tiroteo con el enemigo, mientras se construyen las posiciones.
Los barrancos tienen también para este enemigo más importancia que las lomas; constituyen excelentes caminos cubiertos para aproximarse y no basta ocupar las lomas y vigilar las alturas vecinas, es imprescindible vigilar los barrancos a los flancos y retaguardia y adelantar por ellos, si así­ conviniese, escuadra de seis u ocho hombres, que en la hora de la retirada lo hacen a cubierto siguiendo el barranco.
La retirada es una de las maniobras que más se practica y siendo estos movimientos la piedra de toque de la moral de las tropas, todas las precauciones han de ser pocas para llevarlas a feliz término. Esas retiradas lentas, por escalones, tan frecuentes en nuestras escuelas prácticas, en que los asaltos se acomodan a las reglas de la guerra regular olvidando tal vez demasiado la realidad del combate, tienen que desterrarse de nuestra campaña de Marruecos.
El moro aprovecha los momentos de la retirada para echarse encima, ganar la cresta y sorprender con su fuego a la tropa en los momentos del repliegue. En las retiradas, en que una fuerza se para a hacer un escalón, recorrido el espacio que dicen los reglamentos, si el enemigo ha ganado la cresta, aumentara muchí­simo el número de bajas y si la moral de las tropas no es excelente y si si la zona de fuego está muy enfilada, acaba abandonando los heridos y sembrando en ella el germen del “chaqueteo”.
Para evitar esto, es conveniente que los saltos se ajusten a las condiciones del terreno, teniendo establecidas previamente a retaguardia otras unidades que protejan la retirada, que harán los soldados al paso ligero y teniendo una señal convenida para volver a ocupar el puesto en caso de que alguno caiga herido, estando siempre los sostenes dispuestos para reaccionar en este sentido.
La situación a retaguardia de las ametralladoras batiendo las crestas y collados en que el enemigo hará su probable aparición, permitirá en la mayorí­a de los casos, colocando en ellas un fuego de barraje, retirarse sin ser hostilizados.
Si el enemigo esta tan próximo y el terreno puede favorecer su avance, entonces es preciso simular la retirada esperándole con serenidad que llegue a pocos metros, hacerles unas descargas y aprovechar la segura huida para replegarse, en la seguridad que no se echara encima nuevamente; pero para esto hace falta que la moral de las tropas sea muy elevada.
Todas estas prácticas, el aprovechamiento del terreno disimulando la situación de los tiradores, la ocupación de las crestas, las retiradas, etc., esa malicia del combate los moros la señalan con las palabras españolas de “saber manera”y es indispensable en esta guerra que todos aprendan a “saber manera”.
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Re: ¡¡¡LA LEGIí“N!!!

Notapor Sven el Jue Sep 04, 2008 10:24 pm

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