La Guerra Invisible

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La Guerra Invisible

Notapor djtopgun el Jue Jul 14, 2005 10:19 pm

Aqui os dejo un Reportaje, q se encuentra en la pagina del investigador Iker Jimenez, q os recomiendo, sobre el q se trata otra forma diferente de guerra fuera de neustros alcances pero q de ser asi, nos afectaria muchisimo.Es larguito, pero os lo recomiendo.

"Por Alejandro Polanco Masa"

Vivimos inmersos en un océano que no podemos sentir, un mar invisible que, sin embargo, nos envuelve perpetuamente. Es el océano de las ondas electromagnéticas que, aparte de las luminosas que nos abren el mundo de la visión, pasan desapercibidas por completo. Pero la radio funciona gracias a ellas, al igual que la televisión. Atraviesan paredes y objetos, son capaces de dañar al cuerpo humano pero también de sanarlo y, aunque lo ignoramos, pueden servir como arma de guerra. En este tipo de ataques, las ví­ctimas ignoran su suerte y desconocen que son objeto de agresión. Son cobayas humanos, elegidos para servir de sujetos pasivos en atroces experimentos.



Todos recordamos las horrendas calamidades sufridas por millones de seres humanos durante la Segunda Guerra Mundial y cómo algunos “médicos”nazis experimentaron con personas vivas para probar nuevos tipos de armamento. Aquello terminó, afortunadamente, hace mucho. Pero la pesadilla que suponen los experimentos con seres humanos no terminó ahí­.



Son menos conocidos y, en gran parte, continúan ocultos bajo el sello del secreto oficial. Durante la Guerra Frí­a, tanto norteamericanos como soviéticos, además de otros implicados, realizaron espeluznantes experimentos sobre población civil desprotegida para comprobar la eficacia de nuevas formas de control mental o armas recién descubiertas.



De todas estas experiencias, algunas ya desclasificadas, las más conocidas son aquellas llevadas a cabo por el ejército de los Estados Unidos para comprobar los efectos de la radiación tras un posible conflicto atómico. Así­, se movilizaron tropas para ocupar áreas donde se habí­an detonado bombas nucleares, exponiendo a los soldados, ignorantes de ello, a peligrosas radiaciones, al igual que se hizo con cientos de “voluntarios”forzados en cárceles, por medio de la administración intravenosa de compuestos radiactivos.


Eso mismo se hizo con población civil, sobre todo de color.

En los años cuarenta, durante experimentos de explosión atómica,

se expusieron a los efectos de la radiación tanto a militares como a civiles.




Pero existe un lado aún más desconocido y oscuro en la trama de los cobayas humanos. Se sabe desde hace décadas que las radiaciones electromagnéticas, como las que hacen posible la radio, tratadas de forma especial, son capaces de interferir en el funcionamiento de organismos vivos. Hoy se está desarrollando un área de la ciencia médica y biológica, con grandes expectativas, denominada bioelectromagnetismo, cuya meta es descubrir los mecanismos de esa interacción entre las ondas y los cuerpos vivos para averiguar su peligrosidad y diseñar nuevos tratamientos terapéuticos.



Sin embargo, lejos de la ciencia médica, se han venido realizando muchos experimentos con ondas electromagnéticas y seres humanos, casi siempre con un solo objetivo: desarrollar armas no letales capaces de modificar la conciencia a distancia, incluso de grandes grupos de población al mismo tiempo.



¿No serí­a la panacea para un ejército el conquistar un paí­s en el que toda la población estuviera condicionada mentalmente para aceptarlo? Sobre esto hay mucho más de lo que parece y, a pesar de los secretos, ya se conocen muchos datos, los suficientes como para intuir que todos somos ví­ctimas en potencia, da igual dónde estemos, llegado el caso de un ataque no lo sentirí­amos, no habrí­a casi ninguna forma de protegerse. En realidad esto serí­a muy complejo, aunque existen algunos sistemas muy complejos de apantallamiento contra ondas electromagnéticas de baja frecuencia, son demasiado aparatosos y caros.



Dentro de la cabeza



De todas las tecnologí­as desarrolladas para alterar, de manera forzada, el estado de conciencia de las personas, el uso de ondas electromagnéticas de frecuencia extremadamente baja (ELF) es una de las más investigadas, junto con la utilización de substancias psicoactivas, como el LSD. Desde los años cincuenta se vienen realizando decenas de experimentos, tanto en los Estados Unidos como en Rusia, en los que se utilizan pulsos de ELF para comprobar qué efectos causan sobre los estados mentales.



Muchas de estas prácticas se pusieron en marcha en forma de implantes electrónicos en alguna parte del cráneo del sujeto experimental. Así­, se verificó la capacidad de modificar las sensaciones, sentimientos y emociones de una persona por medio de la estimulación electromagnética de diversas áreas del cerebro. Se demostró que era posible inducir emociones concretas, crear alucinaciones auditivas y visuales o simular sí­ntomas que, generalmente, están asociados a trastornos psiquiátricos, como la esquizofrenia.



Algunas de aquellas personas, generalmente militares “voluntarios”, desconocí­an que eran portadores de un implante gobernado a distancia, que era el causante de sus trastornos mentales. El tema de los implantes cerebrales, amplio por sí­ mismo, viene de lejos, ya que han sido utilizados desde mediados de los cuarenta, aunque aquellos simples electrodos controlados por cables no pasaron a ser “independientes”y manejados por radio hasta los años setenta, cuando fueron miniaturizados.






Paciente sometido a una exploración con

estimulación magnética transcraneal

Fuente: M.I.T.



Aunque parezca ciencia ficción, existe bastante conocimiento por parte de la neurologí­a acerca de la modificación del comportamiento y la percepción a través del uso de campos electromagnéticos. La conocida como estimulación magnética transcraneal (EMT) es una técnica utilizada en la investigación del funcionamiento del cerebro y constituye la base teórica para muchos de estos experimentos. Consiste en el uso de potentes campos magnéticos, con variaciones muy rápidas en su intensidad, capaces de inducir campos eléctricos en el interior del cerebro. Así­ se logra modificar la percepción y las sensaciones de la persona expuesta pues, a fin de cuentas, el funcionamiento de esa máquina maravillosa que es el cerebro humano se basa en impulsos electroquí­micos, como si fuera un ordenador de complejidad inconcebible.





Naturalmente, la EMT no es un arma de guerra, ni mucho menos, aunque sí­ que ha servido de “inspiración”para algunos experimentos militares. Inicialmente esta tecnologí­a se desarrolló para crear una “cartografí­a”del cerebro humano. Así­, se pueden “activar”o “desactivar”diferentes regiones cerebrales para comprobar su función, además de servir como agente terapéutico experimental en el tratamiento de enfermedades como la depresión severa. Ášltimamente han recibido bastante publicidad las investigaciones del neurocientí­fico Michael Persinger, de la Laurential University de Ontario, Canadá, quien, por medio de tecnologí­as similares a la EMT, parece haber replicado en sujetos voluntarios sensaciones o emociones cercanas a una experiencia religiosa o como las que dicen sentir muchas de las ví­ctimas de presuntas abducciones e incluso viajes “astrales”inducidos.




Uno de los documentos desclasificados del Proyecto MK-Ultra.



Entonces, dado que la base teórica y experimental es sólida ¿se han utilizado alguna vez estas técnicas para conseguir el control mental de poblaciones o sujetos a distancia? Parece ser que sí­, y no pocas veces, sino de manera sistemática. El listado completo aburrirí­a, por lo que sólo voy a citar algunos ejemplos norteamericanos, que son los más conocidos aunque no todos confirmados, y a hacer hincapié, posteriormente, en el Proyecto HAARP.



A principios de los cincuenta la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA, organizó el Proyecto Moonstruck que consistió en el uso de implantes electrónicos en el cráneo de sujetos forzosos para verificar la viabilidad del control mental a distancia. Posteriormente, durante el desarrollo del muy conocido Proyecto MK-Ultra, se intentó sugestionar a distancia a varios sujetos de control e incluso, el borrado de memoria y su substitución por “nuevos”recuerdos, todo ello utilizando ondas electromagnéticas en combinación con potentes drogas psicoactivas. Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, por su parte, utilizaron ondas ELF, combinadas con el uso de drogas e hipnosis para modificar el estado mental, todo ello durante el llamado Proyecto Orión, en 1958.



La CIA, muy interesada en las posibilidades de esta tecnologí­a, puso en marcha en los sesenta el MK-Delta para intentar inducir fatiga o miedo en la población civil a través de ondas moduladas. Ya en los años ochenta y noventa, con el gran desarrollo de la tecnologí­a de comunicaciones, tanto la CIA como la NSA y otras agencias estadounidenses pusieron en marcha infinidad de programas de investigación, como el Phoenix, Trident o el RF Media, que siempre tuvieron versión su “gemela”en Rusia.



En éstos se seleccionaban grupos de población que se irradiaban con microondas de diversos tipos y gran potencia. Los efectos perseguidos eran la creación en el conjunto de personas expuestas de una serie de sí­ntomas, desde la somnolencia al terror irracional. Pero, de todos los programas, el más potente es el HAARP, aunque oficialmente poco tiene que ver con el control mental.



Instalaciones secretas



Un nutrido grupo de investigadores, sobre todo británicos, piensan que muchos de los casos que tienen que ver con el fenómeno conocido como “tiempo perdido”no son más que efectos secundarios de la exposición a ondas electromagnéticas potentes que provendrí­an de instalaciones militares secretas. La tecnologí­a utilizada en esos lugares podrí­a afectar la mente humana, generando efectos psí­quicos extraños y modificando la percepción para que los testigos sean capaces de “sintonizar”con otra escala de tiempo. Muchos sucesos calificados como de tipo OVNI pueden tener cierta relación con este tipo de contaminación radioeléctrica.



En los fenómenos de “tormenta de tiempo”, los hechos extraños que suceden se inician dando la impresión de ser fenómenos naturales. Algunas de esas “tormentas”que modifican la percepción del continuo espacio-tiempo podrí­an deberse a causas naturales, otras en cambio parecen sospechosamente humanas.



Se cuenta, a modo de anécdota, que durante los experimentos que Nikola Tesla realizaba en su laboratorio de Colorado Springs, los caballos que pasaban por zonas aledañas sufrí­an descargas eléctricas a través del suelo, siendo sus herraduras perfectos atractores para aquellas extrañas chispas. Igualmente, otros animales se veí­an afectados, como las aves migratorias e incluso las personas, pues muchas de ellas dijeron haber sentido súbitos dolores de cabeza, zumbidos inusuales en sus oí­dos y otros efectos negativos cuando Tesla activaba sus aparatos de transmisión. Se cuenta que a varios cientos de metros del laboratorio las bombillas se iluminaban mágicamente, sin que nadie conectara el interruptor de la corriente, sin duda gracias a la radiación emitida por el trasmisor de Tesla.


Nikola Tesla



No fueron esos los únicos incidentes relacionados con emisiones radioeléctricas en la atmósfera en la primera mitad del siglo XX. Prácticamente en todos los lugares donde se investigó con microondas, radares o sistemas de comunicación potentes, surgieron informes de daños y enfermedades raras.



El equipo que desarrolló el radar para la fuerza aérea británica, RAF, trabajaba en los años cuarenta de forma totalmente secreta en Rendlesham Forest. Durante aquellos vitales experimentos para definir el curso de la Segunda Guerra Mundial a favor de los aliados, se produjeron muchos accidentes. Se informó de muchos fallos en motores de automóvil, electrodomésticos y fábricas. Se vieron nubes de formas inusuales y resplandores verdosos en el cielo nocturno y muchas personas se vieron afectadas por erupciones cutáneas rojizas sin causa determinada. En esa misma zona se instaló tras la guerra un potente radar transhorizonte capaz de detectar misiles o aviones enemigos mucho más allá de la lí­nea del horizonte.



Para lograr esto, se emite un haz muy potente de energí­a a la atmósfera, como hace el HAARP. Á‰ste haz rebota en la ionosfera y se refleja a la superficie más allá del horizonte, siendo capaz de detectar intrusos a miles de kilómetros de distancia. Toda una ventaja militar que, sin embargo, provoca problemas, como un exceso de carga eléctrica en el aire cercano a la instalación que hace saltar chispas de estática por doquier.



Fue en ese lugar donde sucedieron algunos de los casos OVNI más famosos de los años ochenta. Con gran seguridad puede decirse que lo observado en aquellas noches estuvo causado por los sistemas de emisión instalados en el área secreta. En diciembre de 1980 un equipo de agentes de seguridad de la cercana base de la fuerza aérea norteamericana en Woodbridge, salió en persecución de una estructura luminosa que flotaba sobre los árboles del bosque circundante.



Según información de la agencia Reuters del 11 de diciembre del 2002, el asunto sigue siendo calificado como OVNI, aunque tiene todos los visos de pertenecer a la categorí­a de tormenta de tiempo artificial. He aquí­ algunas afirmaciones recogidas por esa agencia de noticias sobre el caso en la citada fecha:



El gobierno británico intentó encubrir uno de los avistamientos más famosos de objetos volantes no identificados, según revelaron fuentes parlamentarias el martes. (...) A finales de diciembre de 1980, los oficiales estadounidenses que investigaban lo que creí­an un avión estrellado en el bosque, vieron un extraño objeto brillante triangular que produjo el caos entre los animales de granja. El objeto fue descrito como de apariencia metálica y forma triangular, de aproximadamente dos o tres metros de base por dos metros de alto según explicó un informe archivado por el encargado de la base, Teniente Coronel Charles Halt. Iluminó el bosque entero con una luz blanca, añadió. El objeto tenia una luz roja parpadeante en la parte superior y un grupo de luces azules por debajo.



El objeto flotaba, o bien tení­a patas. Los escépticos dicen que los testigos solo vieron el haz de luz procedente de un faro en la costa cercana. Pero el informe añade que al dí­a siguiente, se encontraron tres huellas de dos metros de diámetro en la hierba y los Á­ndices de radiación beta y gamma eran diez veces superiores a lo normal. También se detectaron perturbaciones en el radar de la fuerza aérea en aquel momento. Mas tarde, aquella misma noche, se pudo ver un segundo OVNI, descrito como una luz rojiza parecida a la del Sol. En un instante determinado pareció que arrojaba partí­culas incandescentes y que se dividí­a en cinco objetos blancos, según el informe (...)



Los protagonistas de este caso contaron que, al aproximarse a la luz, el aire se cargó de electricidad estática y comenzaron a sentir mareos. Percibieron el mundo a su alrededor de forma difusa, casi surrealista, algo tí­pico de los efectos de la exposición a grandes campos electromagnéticos. Cuanto más se acercaban al “objeto”más lento transcurrí­a el tiempo, todo sucedí­a a cámara lenta, hasta que de pronto todos dieron un “salto”instantáneo a otra zona del bosque.



Lo que para ellos fue un momento, en el tiempo real constituyó una hora. Literalmente, aquel efecto óptico extraño, posiblemente debido a alguien experimento con radiaciones electromagnéticas, hizo que el tiempo se moldeara en su mente hasta lí­mites insospechados para los asombrados protagonistas del caso que fue atribuido a un OVNI.






Complejo de antenas australiano de Pine Gap





Hoy, las investigaciones sobre radares transhorizonte continúan en los laboratorios de Pine Gap , en Australia. En las cercaní­as de ese lugar también se agolpan los informes sobre OVNIs luminosos, comportamientos anómalos de los vehí­culos, interferencias eléctricas y otros muchos fenómenos, incluyendo desfases temporales y que podrí­an ser generados como efectos secundarios por las emisiones energéticas emanadas de esa instalación. Por todo esto, y por las muchas coincidencias entre lugares donde se investiga con altas energí­as y los casos de OVNIs y tiempo perdido, parece estar clara la relación entre estos experimentos y las anomalí­as de ese tipo, que se tienden generalmente a atribuir a extraterrestres, cuando el origen está mucho más cerca de nosotros.



Los peligros del Proyecto HAARP



El 2 de abril de 1978 la pequeña localidad de Bell Island, en Terranova, fue alcanzada por un “rayo”de extraordinaria luminosidad que generó una tremenda explosión y dañó varias construcciones. En el lugar del impacto aparecieron dos pequeños pero profundos agujeros y los cables eléctricos situados en sus cercaní­as se encontraron fundidos.



Sin embargo, no habí­a indicios de tormentas cercanas ni de incendios. Algo extraño habí­a caí­do del cielo. Algunos habitantes del área sufrieron durante dí­as de fuertes dolores de cabeza y desorientación. Varios representantes de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos se personaron poco tiempo después para investigar el hecho, pero no se dio a conocer oficialmente ningún informe sobre el caso. Hoy, tanto tiempo después, muchos consideran éste y otros muchos casos similares como resultado de experimentos con armas electromagnéticas de entre las que destaca el Proyecto HAARP.



Como en muchos grandes proyectos cientí­ficos, en este caso las opiniones están divididas, para algunos se trata de la oportunidad de desarrollar una tecnologí­a que será muy útil en geologí­a y, sobre todo, para aplicaciones militares. Los detractores piensan que estamos ante una de las más monstruosas aplicaciones de la técnica, capaz de modificar el clima y manipular la mente humana. Se trata del proyecto HAARP, un fascinante ejemplo de tecnologí­a avanzada, heredera con gran probabilidad de los experimentos prohibidos del genio Nikola Tesla acerca de la emisión de energí­a en la atmósfera, realizados a principios del siglo XX.



Las primeras referencias al proyecto surgieron en periódicos locales de Alaska, donde se sitúan algunas de sus instalaciones, construidas y controladas por militares del ejército de los Estados Unidos. HAARP son las siglas en inglés para proyecto de investigación de auroras activas de alta frecuencia, una forma compleja de definir a un aparato gigantesco capaz de inyectar enormes cantidades de energí­a en la ionosfera, una capa de la atmósfera superior terrestre.



El proyecto HAARP formarí­a parte de la Iniciativa de Defensa Estratégica, más conocida como "guerra de las galaxias." El objetivo final del proyecto es adquirir la capacidad para modificar las condiciones normales de la ionosfera, cambiando tanto su composición quí­mica como sus caracterí­sticas fí­sicas, con el consiguiente cambio climático y la alteración o el bloqueo de las comunicaciones en el área elegido como blanco. Inquietados por las noticias de la prensa, el cientí­fico Nick Begich y la periodista Jeanne Manning, escribieron un libro sobre el caso, donde denunciaron la peligrosidad de esta nueva tecnologí­a.



Estos dos investigadores afirman que el proyecto HAARP está enviando a la ionosfera haces de energí­a electromagnética enfocadas que favorecerí­an el calentamiento de la atmósfera. Desde la aparición de estas crí­ticas las voces oficiales han respondido. Para el gobierno norteamericano se trata de un experimento cientí­fico cuyo fin consiste en modificar la estructura atmosférica para mejorar las comunicaciones planetarias. Para eliminar la mala imagen inicial del proyecto, los militares han contraatacado en la prensa, donde periódicamente informan y comparan las instalaciones del HAARP con otras "similares" alrededor del mundo y que todos consideran como inocuas, como el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico. Los crí­ticos estiman que todo eso no son más que maniobras de desinformación.



Varios cientí­ficos han relacionado al HAARP con otras tecnologí­as militares destinadas a cambiar el clima, como método para construir un "escudo" impenetrable a cualquier intruso en un área de la atmósfera seleccionado.


La inyección de energí­a por medio de las gigantescas antenas del proyecto contribuirí­a al calentamiento de zonas del planeta elegidas, pues se puede enfocar desde Alaska sobre cualquier objetivo en la Tierra. No se ha descartado que pueda tener potencia suficiente como para crear terremotos, inundaciones o cualquier otra catástrofe climática.



Los militares tendrí­an así­ un "juguete" muy útil ante cualquier enemigo, arrasando el terreno a conquistar o represaliar con lluvias, vientos o movimientos sí­smicos. En las nuevas "guerras limpias" preconizadas por los militares occidentales, este tipo de armas electrónicas serí­an capaces de inutilizar sistemas de comunicación o manipular las mentes humanas por medio de radiaciones moduladas. Oficialmente las aplicaciones serí­an más benignas.



Barrera contra efectos electromagnéticos de las armas nucleares, investigación geológica, comunicaciones avanzadas con submarinos... La investigación de la Tierra sí­ serí­a posible con esta máquina porque sus rayos pueden sondear bajo la superficie terrestre en cualquier lugar del planeta, descubriéndose nuevos yacimientos de petróleo o gas, minerales... o armas escondidas. Serí­a como tener la capacidad de ver a través de la roca. También muestra utilidad como sistema de detección más avanzado que el mejor de los radares, nada escaparí­a a la vista de este ojo escrutador global. Todas estas aplicaciones son ciertamente útiles pero, como con toda tecnologí­a, hay un lado oscuro que depende de quien lo utilice.



La aplicación más aterradora del HAARP consiste en manipular las mentes. Radiaciones pulsadas de alta frecuencia se pueden emitir sobre áreas concretas de la Tierra con estas grandes antenas, interfiriendo en los procesos mentales, creando malestar e irritabilidad entre sus ciudadanos, tendencia a la violencia o al suicidio. Curiosamente, las frecuencias investigadas en neurologí­a que se sabe son capaces de interferir con el funcionamiento del cerebro, están entre las que el HAARP puede emitir. Un ataque de este tipo de radiación sobre una población serí­a imposible de evitar, no hay forma de contrarrestarlo.



No se conoce realmente hasta dónde es posible llevar la potencia del HAARP, pero sí­ se sabe que todos sus "objetivos" han sido motivo de estudio serio por parte de los gobiernos estadounidense y ruso, pues éstos últimos también cuentan con una versión propia del sistema. Incluso si lo que se pretende es proteger a la población, el peligro estará presente. Si se desea desviar un tornado o aliviar el cambio climático, la potencia del HAARP puede hacer que, tocando los complejos hilos del clima terrestre, se desencadenen respuestas naturales peligrosas.


Según un análisis de la Unión Europea, que desembocó en una resolución publicado en el Diario Oficial de las Comunidades Europeas del 28 de febrero de 1999, se expresa un malestar claro por parte del viejo continente con respecto al HAARP:



...pese a todos los convenios existentes, esta investigación militar sigue basándose en la manipulación medioambiental como arma. (...) Consideramos que el HAARP es un asunto de interés mundial, debido a sus repercusiones sobre el medio ambiente. (...) será necesario que se celebre un convenio internacional para la prohibición mundial de todo desarrollo y despliegue de armas que puedan permitir cualquier forma de manipulación de los seres humanos.



No se puede decir que las duras palabras de la UE hayan servido para mucho. Hoy los norteamericanos, apoyados incluso por algunos de sus socios europeos, continúan con el desarrollo de la increí­ble tecnologí­a HAARP y otros equivalentes capaces de explotar el poder del “océano”invisible.


Extraido de http://www.ikerjimenez.com/reportajes/g ... isible.htm

Un saludo, Topgun

EDITADO: Si veis frases cortas sin sentido, son cabezeras de fotos.
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